A FONDO

 

La negociación con el Fondo Monetario y el nivel de precios al consumidor son los temas centrales que ocupan y preocupan al gobierno, mientras la oposición sigue enredada en las disputas internas, tanto propias como ajenas. Y ambos están entrelazados. El eje de esa discusión pasa por determinar qué sectores sociales cargarán con la exigida reducción del déficit. Por decirlo en los términos simples de una campaña electoral: las grandes fortunas o los pobres jubilados y trabajadores.

En un mensaje grabado, que se emitió el domingo 14 a las 22, el Presidente Alberto Fernández anunció que en la primera semana de diciembre enviaría al Congreso “un proyecto de ley que explicite el Programa económico plurianual para el desarrollo sustentable”, que “contemplará los mejores entendimientos que nuestro gobierno haya alcanzado con el staff del FMI”. Precisó que el ministro de economía Martín Guzmán encabeza las negociaciones, “sin renunciar a los principios de crecimiento económico e inclusión social”.

Añadió que esta decisión política “ha sido el fruto del trabajo conjunto con la Vicepresidenta de la Nación, el Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y mi gabinete”. Que esta participación de Cristina en las medidas la haya revelado Alberto es parte de la decisión que ella ha tomado, de realzar la autoridad presidencial. Su carta en la semana posterior a las primarias y la renuncia de los ministros más próximos fue un baldazo de agua helada que despertó al gobierno y en los dos meses siguientes le permitió mejorar el desempeño electoral, evitando la catástrofe que se preanunciaba. Pero no puede constituir un modo permanente de relación entre el liderazgo político y la gerencia. Nadie lo tiene más claro que ella.

Responde también a la constatación de los negociadores oficiales, sobre la insistencia de los factores económicos internacionales por conocer la posición de Cristina acerca del acuerdo en ciernes. Bien saben que el poder es una construcción social más importante que las denominaciones institucionales. Ya el 31 de octubre, El Cohete señaló la sintonía alcanzada por el discurso de Alberto y de Guzmán con el de CFK. Esto es lo que permitió el trabajo conjunto expuesto por el Presidente, ratificado por el Ministro y no desmentido por la Vice.

 

 

Los puntos básicos

Si bien el proyecto no estará terminado antes de fin de este mes, hay algunos puntos básicos que ya están claros:

 

  • No habrá una extensión del plazo de diez años que el FMI establece para los Acuerdos de Facilidades Extendidas. La Argentina había planteado que se duplicara. Lo mejor que se consiguió es una cláusula de nación más favorecida, por la cual el país pueda acogerse a cualquier mejora que se otorgue a cualquier país o categoría de países en el futuro.
  • Tampoco se modificarán las sobretasas que el estatuto del FMI impone a aquellos países cuyos créditos excedan del porcentaje que les corresponde por su participación en el capital del organismo. Ese es claramente el caso del préstamo stand-by de 57.000 millones de dólares (de los cuales sólo se concretaron 45.000, porque el actual gobierno se negó a recibir el total pactado por su predecesor). El argumento de que el FMI fue corresponsable de esa demasía y que lo hizo por razones políticas y en infracción a sus propios reglamentos rebotó contra las limitaciones que los accionistas mayoritarios imponen al equipo técnico de la institución multilateral.
  • El FMI podría crear el año próximo un fideicomiso de resiliencia y sostenibilidad que permita a los países más poderosos transferir a los más pobres y los de ingresos medios, la ampliación reciente de Derechos Especiales de Giro. En tal caso, Alberto ya cuenta con el visto bueno de México, España, Francia y Portugal. Pero por ahora se trata de una bandada en vuelo y no de un pájaro en mano.
  • El Fondo no exigirá las temibles reformas previsional y laboral que limarían ingresos y derechos de jubilados y trabajadores y que generarían una guerra social.

 

Lo que se debate en definitiva es la reducción del déficit fiscal:

  • de qué magnitud,
  • en qué plazo y
  • de dónde saldrán los recursos.

 

 

De Camdessus a Georgieva

La idea de que el FMI ha cambiado y hoy muestra un rostro más humano es esgrimida por cada gobierno que debe sentarse frente a sus técnicos que hurgan en las cuentas públicas. Pero en realidad no hay nada demasiado nuevo bajo ese sol.

 

Camdessus, Lagarde y Georgieva, el club de los tiernos corazones.

 

En marzo de 1988 su director gerente Michel Camdessus, francés como Christine Lagarde y socialcristiano como Kristalina Georgieva, pasó un fin de semana reunido con el Presidente Raúl Alfonsín y su ministro Juan Sourrouille, sin anunciarlo al país. Venía a promover el innovador diseño de Henry Kissinger, por el que debía combinarse la privatización de empresas con la capitalización de deuda. Alfonsín dio algunos pasos, con la apertura accionaria de empresas públicas que diseñó su ministro Rodolfo Terragno y con los représtamos onlending que su secretario de finanzas Mario Brodersohn otorgó a empresas amigas. La combinación de ambos instrumentos recién fue aceptada por Carlos Menem, espantado por el final apocalíptico de Alfonsín y se instrumentó en los planes Brady y Baker, que consumaron el remate a precio vil del capital acumulado por generaciones de argentinos en las empresas públicas.

En un reportaje concedido al diario O Estado de San Pablo, el 18 de enero de 1990, Camdessus respondió a los reparos por las políticas de ajuste que reclamaba el organismo. Dijo que “no hay ninguna razón particular para que el precio del ajuste económico recaiga más sobre los pobres. Cuando esto sucede es porque el gobierno lo permite. El gobierno debe pedir más a los privilegiados de la sociedad, porque proteger a los más pobres es la clave del éxito”.

La propia Christine Lagarde pregonaba que existía un nuevo FMI con sensibilidad social, que permitía disponer cerca del 2% del préstamo a la Argentina para asistencia social a los más necesitados.

 

Kissinger, Brady y Baker. El trío más mentado.

 

 

El 22 de abril de 2020,  uno de los principales medios digitales de noticias financieras y empresariales, Business Insider, sostuvo que en plena pandemia el Fondo presionaba a los gobiernos para que consideraran nuevos impuestos con los que recaudar dinero fresco entre los más ricos. El artículo cita como fuente “un documento de política sobre cuestiones fiscales”, en el que el FMI “dijo que los encargados de formular políticas deberían revisar el aumento de los impuestos sobre la renta, la propiedad y el patrimonio”.

El punto IV del documento, producido por el Departamento de Asuntos Fiscales del FMI, sugiere a los gobiernos de los países miembros que consideren “aumentar las tasas más altas de impuesto sobre la renta / los impuestos a la propiedad de alta gama/ a la riqueza, quizás a través de un recargo solidario”. También propone establecer un Plan de Continuidad de Negocios e implementar o fortalecer las estructuras de gestión de crisis en las agencias recaudadoras”, con el propósito de “monitorear de cerca a los contribuyentes más grandes que puedan cumplir con las obligaciones standard de presentación y pago”, dado que su cumplimiento puede ser una carga excesiva para las pymes. Pero en forma oficial, el Fondo aconsejó a la Argentina reducir gravámenes a las exportaciones.

La primera parte del mensaje es impecable. La novedad es que hoy existe en la Argentina un gobierno dispuesto a tomarle la palabra a los directivos del Fondo y buscar recursos donde los hay. Pero allí reaparece el organismo con sus consejos contradictorios. Este es apenas un buen punto de partida, porque el Fondo nunca ha sido otra cosa que el auditor de los grandes capitales, y es imaginable que los bonistas presionarán, vía el Tesoro estadounidense, para que la Argentina genere un superávit fiscal que les asegure cobrar sus créditos reestructurados. Además, la sola mención al cobro de impuestos, tasas o contribuciones coloca en pie de guerra al patronato local, más transnacionalizado hoy que en tiempos de Camdessus, que amenaza con calamidades a quien se atreva.  Acaba de ocurrir con el tratamiento en el Congreso del proyecto de ley de envases (fusión de dos textos presentados en 2018 por María Emilia Soria y Facundo Moyano, y con el apoyo de Máximo Kirchner), que fija una tasa de hasta el 3% sobre el precio de los envases para su posterior reciclado.  Encabeza la denuncia en contra del proyecto la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense (Am-Cham). En cambio, el proyecto de ley para el Desarrollo Agroindustrial, que el Poder Ejecutivo envió al Congreso hace 50 días y cuyo tratamiento urgió Alberto esta semana, inhibe cualquier incremento de las retenciones por cuatro años.

La idea de recortar ingresos del sistema previsional surge de su peso dentro del gasto público. Pero la posibilidad de clavar allí el cuchillo tiene límites objetivos. La añoranza de los superávits gemelos del primer kirchnerismo, omite el punto de partida. La jubilación media era de 215 dólares al concluir la presidencia de Néstor Kirchner, casi se triplicó durante los ocho años de Cristina y desde entonces cayó, con Macrì y durante la pandemia, a un punto intermedio entre ambos extremos. Algo parecido sucedió con la jubilación mínima. Esos haberes eran los más altos de la región y hoy están entre los más bajos.

 

Pero además, la cobertura entre las mujeres en edad de jubilarse creció gracias a las moratorias del 45,6 al 70,1% durante la presidencia de Cristina, y volvió a caer a partir de 2019, hasta el actual 54,7%.

 

 

Más espacio hay en la reducción del subsidio al consumo eléctrico, siempre que esta vez se logre la sintonía fina que CFK anunció al ser reelecta en 2011 y Alberto en cuanto asumió, ocho años después, y que presenta dificultades técnicas hasta ahora irremontables.

 

El mostrador y la góndola

El índice de precios al consumidor y en especial el de los alimentos es el otro terreno al que debe prestarse atención. Allí se librará una de las batallas políticas decisivas. El congelamiento del precio de 1.400 productos hasta el 7 de enero no impidió que el índice de octubre creciera 3,5 puntos, porque comenzó avanzado el mes y porque no contempla alimentos frescos, como carnes, verduras y frutas, ni indumentaria ni atención de la salud. En la semana posterior a las elecciones, la carne vacuna aumentó un 25%, invitando a un congelamiento hasta la Navidad y el Año Nuevo.

El crecimiento de los precios internacionales de alimentos básicos como las distintas carnes y la leche, el pan y el aceite, sumado al aumento de los volúmenes exportados, presiona al alza de los precios. A esto se suma la dificultad política de incrementar las retenciones y la resistencia organizada a los cupos de exportación, que no se supera con discursos. El último año del gobierno de Cristina, los precios internacionales eran más bajos y las regulaciones más altas que ahora. Este cotejo mide la dificultad actual. Sólo el tipo de cambio oficial contenido desalienta la disparada en el  mercado interno del precio de trigo, maíz, carne y leche. Pero esto mantiene alta la brecha con el tipo de cambio paralelo que, si bien no tiene incidencia directa en los precios, reduce la oferta al acentuar las expectativas devaluatorias, y se combina negativamente con la preferencia del FMI por achicar la brecha. Esto a su vez encarece las compras directas por parte del Estado para los planes de asistencia a los sectores más necesitados.

En las varias entrevistas que le hice al Presidente Fernández quedó clara la disyuntiva entre la substitución de importaciones, que favorece la diversificación productiva y una mejor distribución del crecimiento, y el incremento de las exportaciones, que tiende a la concentración, la reprimarización y una distribución regresiva, generando excedentes que no se reinvertirán en el circuito productivo porque irán a pagar deudas.

 

 

Meditaciones acerca del dedo y la luna

El Ministro Guzmán cree posible que el Fondo haga una referencia explícita a la administración tributaria, que controle la evasión, la elusión y la fuga. Que el organismo se coloque del lado de la Argentina en una eventual confrontación con los grupos de presión como la AEA, dependerá en alguna medida de la capacidad de movilización social en su respaldo, lo cual remite a la plaza del Día de la Militancia. Allí el Presidente extendió hacia el método de la toma de decisiones la referencia a CFK que había hecho el domingo respecto de la deuda externa.

Destacó tanto los comunes denominadores del FdT (salud y educación públicas, generación de empleo, inversión productiva y no especulativa) como los matices y las diferencias, que no especificó pero que considera que deben ponerse sobre la mesa, para que las candidaturas de 2023 surjan del voto interno. El Presidente y la Vicepresidenta “quieren trabajar en el mismo sentido”, dijo. La interpretación generalizada fue que se trató de un desafío a Cristina y hubo quien ironizó que su criatura pretendía paralizar el dedo que lo había ungido. Se atribuye a Confucio el proverbio “cuando el sabio señala a la luna, el necio mira el dedo”.

No es cierto que Alberto prefiera siempre las internas y Cristina las rechace. Este año, por ejemplo, La Cámpora planteó dirimir en primarias las candidaturas en los municipios bonaerenses de los que provienen los ministros Gabriel Katopodis (San Martín) y Juan Horacio Zabaleta (Hurlingham) y fue Alberto quien intercedió ante Cristina para que se consensuaran listas comunes. En San Martín, el FdT había perdido en septiembre por 4,5 puntos y ganó ahora por 0,5%. En Hurlingham había ganado por menos de un punto, que extendió ahora a casi 4. Lo que cambió entre una cita y otra no fue la lista de candidatos. Cristina no está en desacuerdo con las elecciones internas, cuando implican la confrontación de propuestas diferenciadas, sólo las considera un dispendio cuando se limitan a dirimir ambiciones personales. Vale la pena escuchar el desconcierto de Héctor Daer cuando el periodista Iván Schargrodsky le preguntó si no se aplicaba a la CGT el reclamo que el sindicalista había formulado de una concepción política única.

 

Sin duda, el propósito de quienes idearon la convocatoria del miércoles 17 era blindar al Presidente, cuando presagiaban un desastre electoral. Pero esta vez, igual que en septiembre, Alberto impuso cierta racionalidad, e instruyó al jefe de gabinete Juan Manzur para que modificara el sentido del convite. Ese fue el objeto del encuentro del lunes 15, en la sede del Partido Justicialista para que nadie sintiera que estaba en terreno extraño. Por eso también participaron los sectores con los que la mesa chica de la CGT y el eviterismo se proponían confrontar, como la CTA y La Cámpora. Durante ese encuentro, Pablo Moyano pidió un aplauso para Hugo Yasky, “quien fue electo diputado nacional en representación del movimiento obrero”, cosa que no debe haber alegrado a sus co-secretarios generales. Se planteó en ese encuentro la posibilidad de una cabecera unificada con los dirigentes más representativos de cada sector, pero la propuesta se diluyó sin que se concretara. Máximo Kirchner no fue el más entusiasta por concurrir, pero aceptó los argumentos de Eduardo de Pedro y Andrés Larroque e hizo acto de presencia. Las imágenes del miércoles escenifican el concepto de juntos pero no mezclados.

Andrés Rodríguez llega a la Plaza. ¿Quién dijo inseguridad?

 

Hugo Yasky con sus culatas.

 

Andrés Larroque, en la columna camporista. Foto Luis Angeletti.

 

Es real que la ausencia de Cristina se debió a recomendación médica posoperatoria, aunque sea más rentable presentarla como un desdén. La semana anterior terminó muy dolorida el acto en Merlo, debido a las dos horas en auto que le insumió el tránsito para llegar hasta allí. Se sentía tan mal que para el regreso Alberto le cedió el helicóptero presidencial y él volvió a RPO por tierra.

 

 

Todos contentos

Las elecciones legislativas estaban definidas a las nueve de la noche, no hubo denuncias de fraude y durante la campaña previa sólo se produjeron unos pocos episodios anómalos. En las últimos cuatro décadas, la presidencia cambió de signo en elecciones nada menos que cuatro veces, con un rápido reconocimiento por parte de los oficialismos vencidos: de Raúl Alfonsín a Carlos Menem en 1989; de Menem a Fernando De la Rúa en 1999; de CFK a Maurizio Macrì en 2015 y de éste a les Fernández en 2019. Hubo incluso una quinta transición más agitada, en 2001, cuando De la Rúa renunció, ante el acuerdo Alfonsín-Duhalde-Bergoglio, y la Asamblea Legislativa escogió primero a un gobernador y luego a un senador como interinos, hasta que en 2003 hubo elecciones normales para que lo sucediera Néstor Kirchner.

Sólo en ese caso es válida la comparación con los convulsionados cuadros recientes de Bolivia, Chile, Perú, Paraguay, Brasil, Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Estados Unidos, lo cual no quita validez a las críticas por la situación socioeconómica, con atribuciones recíprocas de responsabilidad de unos elencos gubernativos a otros.

Que la primera candidata a diputada por la provincia de Buenos Aires y no el Presidente de la Nación haya sido quien llamó para felicitar al jefe opositor que la venció, es un dato menor que ningún estrépito mediático puede equiparar con lo que ocurre en otros países. Ni siquiera algunos provocadores, como Luis Juez, Waldo Wolf o Fernando Iglesias pueden compararse con el diputado del Partido Republicano por Arizona, Paul Gosar, quien esta semana fue separado de sus cargos en todas las comisiones del Capitolio por haber difundido un animé en el que mata a la diputada Alexandria Ocasio-Cortez. Por no hablar del ex Presidente Donald Trump, quien instigó a una turba a tomar el Congreso, en un explícito intento de golpe de Estado.

La apelación del ex Presidente Maurizio Macrì a favorecer una transición ordenada, el reclamo de la presidencia de la Cámara de Diputados que formuló la candidata porteña María Eugenia Vidal, la especulación del matutino Clarín de que la Asamblea Legislativa podría designar al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, para completar el mandato presidencial al que le faltan dos años, son opiniones que califican a quienes las pronunciaron y que no tuvieron efecto alguno, porque los resultados de los comicios no fueron complacientes con esas expresiones de deseos: los bloques del Frente de Todos siguen siendo la primera minoría en ambas cámaras del Congreso y no hay ningún obstáculo a la continuación del mandato iniciado en 2019.

Un colega que desespera por las primicias, reveló que durante la comida en Olivos posterior al acto de la Plaza de Mayo, Alberto acusó a Cristina ante cuarenta dirigentes políticos de haberle hecho perder 10 puntos al Frente de Todos con su carta. Contó con la complicidad del relator de partidos de fútbol que lo entrevistaba, que ni siquiera atinó a  observar que la carta  fue enviada el jueves 16 de septiembre, cuatro días después de las elecciones en las que el todismo recibió una tunda. El domingo pasado, carta mediante,  recuperó parte de esa pérdida. Mirar señales de noticias por cable es la forma más segura, de no entender nada de lo que ocurre en la política. Y ni siquiera la más entretenida.

Antes de la pandemia, había en Belgrano Chino un restaurante que se llamaba Todos Contentos. Ese nombre describe la evaluación post electoral de las distintas fuerzas:

  • La oposición liberal-radical consiguió la victoria por 8 puntos porcentuales, los mismos por los que había perdido el gobierno hace apenas dos años, después de una gestión desastrosa.
  • El alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta afirmó su aspiración presidencial, al validar en las urnas su audaz enroque de candidaturas entre la Ciudad Autónoma y la provincia de Buenos Aires.
  • Pero Macrì dejó sentada su voluntad de disputarle el rol central y de expandir la alianza hacia la derecha.
  • Patricia Bullrich, que compite por la misma franja, tuvo éxito en el propósito de quitarle cinco bancas en el Senado al oficialismo que a partir de la nueva conformación del cuerpo deberá pagar en obras provinciales un par de votos que hasta ahora no tenían costo.
  • El UCeeRreismo venció en las tres provincias que gobierna y se posicionó como alternativa nacional, con nada menos que tres precandidatos presidenciales: su jefe político, el carcelero de Milagro Sala, Gerardo Morales; el médico mediático Facundo Manes y el ex gobernador mendocino Alfredo Cornejo. También podría sumarse a ellos Martín Lousteau, bajo la inoxidable conducción de Enrique Nosiglia, cuya espada legislativa, Emiliano Yacobitti, intenta desalojar de la presidencia del bloque a Mario Negri, otro de los aporreados en las urnas.
  • Con 966.000 votos, el neofascismo se acercó en la Ciudad Autónoma y la provincia de Buenos Aires a los registros históricos de la UCeDé de la familia Alsogaray, que en las presidenciales de 1989 llegó a 1.200.000.
  • El FITU marxista se constituyó en la tercera fuerza nacional y obtuvo un bloque de cuatro miembros en la Cámara de Diputados.
  • Tanto Manzur como el gobernador y la vicegobernadora bonaerenses, Axel Kicillof y Verónica Magario, y los intendentes alineados con el jefe de gabinete provincial, Martín Insaurralde, sienten que fue la actividad que ellos desarrollaron la que hizo mutar una catástrofe en una derrota por escasa diferencia, la cuarta consecutiva del peronismo en las legislativas provinciales, como en 2009, 2013 y 2017, que no impide imaginar una reversión en las presidenciales de 2023, y por eso están todos como el restaurante taiwanés.

 

La fantasía de una Liga de Gobernadores Peornistas que actúen como contrapeso del kirchnerismo fue machucada a golpes de urna el domingo pasado. El peor castigo lo recibió el líder de esa entidad fantasma, el gobernador cordobés Juan Schiaretti. Las listas que presentó, encabezadas por su esposa, Alejandra Vigo, y por la nieta del ex gobernador Arturo Zanichelli, Natalia De la Sota, quedaron 30 puntos por debajo de las del radical Rodrigo De Loredo y el maestro del humor guarango Luis Juez. Se entiende mejor el slogan “Son ellas”, que Schiaretti impuso en la campaña. Pero no hay artilugio que oculte que el gran derrotado fue él.

De esa tribu, sólo le fue peor a Florencio Randazzo, quien pasó de los insultos a Cristina en los spots de campaña a ilusionarse con que el escrutinio definitivo le dé el acceso a la banca de diputado que en el provisorio no se vislumbró. Hasta en su Chivilcoy natal salió tercero, igual que la lista de Alicia Kirchner en Santa Cruz, lo que tuvo más difusión, por razones obvias. Con un atenuante: el electo diputado petrolero Claudio Orlando Vidal, que hace dos años apoyó la reelección de Alicia, se sumará al bloque del FdT en Diputados.

Pero entre derrotas y victorias por un pelo, no hubo una sola figura emergente en esa competencia por liberarse de Cristina. Por ejemplo:

  • Los candidatos del gobernador entrerriano Gustavo Bordet, perdieron por 23 puntos de diferencia.
  • Los de Manzur en Tucumán sacaron una luz de apenas 2 puntos.
  • El sanjuanino Uñac ni eso: sus candidatos aventajaron a los liberales por sólo 1,3%.

Quienes se impusieron con comodidad no forman parte de ese tren fantasma del antikirchnerismo:

  • El chaqueño Coqui Capitanich, quien logró dar vuelta una derrota  por más de 10 puntos en una victoria por punto y medio.
  • El santiagueño Gerardo Zamora consiguió para sus nómina de diputados una ventaja de 50 puntos sobre la oposición.
  • Los del riojano Ricardo Quintela duplicaron los votos de Cambiemos.
  • Los candidatos formoseños de Gildo Insfran se impusieron por 17 puntos.
  • Los de Lucía Corpacci en Catamarca vencieron por 13 puntos.

 

A los tironeos entre Macrì y Bullrich por un lado, y Rodríguez Larreta y María E. Vidal por otro, hay que sumar en Juntos la irrupción del UCeeReísmo, de cuyas aspiraciones da cuenta este mapa que difundieron para reivindicar su aporte al caudal electoral de la Alianza, que hasta ahora integraron pasivamente pero que se postulan para conducir.

 

 

Lo titularon: “Lo que te muestran los medios y la realidad”.

 

La música que escuché mientras escribía

 

 

 

 

 

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