ABANDONAR LA UNIÓN

Hay una plataforma común de regreso social, económico y político, hacia modos discriminatorios

 

 

No sirve a mis intereses

El 14 de abril, Donald Trump afirmó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había fallado en su deber básico y debía rendir cuentas. La organización habría promovido la "desinformación" de China sobre el virus, dando lugar con esto a un brote pandémico que habría sido menor de no mediar ese ocultamiento. En consecuencia, suspendería por 60 días los fondos de los Estados Unidos al organismo.

El 18 de mayo Trump envió una carta al director de la OMS diciendo: «Si la OMS no se compromete a mejoras sustanciales en los próximos 30 días, convertiré en permanente el congelamiento temporal de la financiación de Estados Unidos y reconsideraré nuestra pertenencia a la organización (…) No puedo permitir que los impuestos de los estadounidenses continúen financiando una organización que, en su estado presente, claramente no sirve a los intereses de Estados Unidos (…) La única manera en la que la OMS puede avanzar es si, de hecho, demuestran independencia respecto a China”.

La medida tuvo de inmediato una andanada de críticas. El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, declaró: "Ahora es el momento de la unidad y de que la comunidad internacional trabaje en solidaridad para detener este virus y sus devastadoras consecuencias". Y hace diez días, Paul Krugman afirmó: “Estados Unidos en 2020, parece, está demasiado desunido, con demasiadas personas tomadas por la ideología y el partidismo, como para enfrentar de manera efectiva una pandemia”.

 

 

 

 

 

La creación

La actitud arrogante de Trump resonó en otras voces. Amanda Glassman, vicepresidenta del Center for Global Development y antes técnica en el área salud del BID, afirmó (26/5): “Los Estados Unidos crearon a la Organización Mundial de la Salud y al Sistema de las Naciones Unidas. Si hay un problema, los Estados Unidos deberían nombrarlo y arreglarlo, antes que renunciar a su asiento en la mesa”. Y en los medios concentrados de nuestro país comenzó a repicar ese discurso descalificador de la OMS asociado a una política de salud global corporativa.

Sin embargo, ya se ha probado que “el origen de la OMS está ligado al trabajo de los Aliados por socorrer a las poblaciones civiles que iban encontrando después de conquistar los territorios europeos tomados por las potencias del Eje, a través de la United Nations Relief and Rehabilitation Administration (UNRRA), creada en 1943” (M.Cueto y otros, “El proceso de creación de la Organización Mundial de la Salud y la Guerra Fría”, 2011). Y que entre sus funcionarios destacaron el chino Sze y el brasileño Geraldo de Paula Souza, que lograron incluir el término “salud” en el acto de Constitución de la ONU y que se aprobara su propuesta de una agencia multilateral especializada en la materia.

Aunque luego terminó aprobándola, Estados Unidos no quería al principio de la reunión que la salud internacional estuviera en la agenda. Su delegación temía que el Congreso estadounidense, defensor de una posición aislacionista en política exterior, no aprobara una agencia con mandato muy amplio. El Departamento de Estado, en cambio, tenía entonces una posición más internacionalista.

El presidente del Comité Técnico Organizador (marzo, 1946) de lo que sería la OMS, tampoco era de Estados Unidos: fue el belga René Sand, creador de la medicina social en su país. El experto de los Estados Unidos en el CTO, que jugaría un papel importante en la Conferencia Sanitaria Internacional (julio, 1946) que empezó a diseñar el futuro organismo, fue el cirujano Thomas Parran. El nombre, Organización Mundial de la Salud, una paradoja hoy, fue propuesto por la delegación de una China que todavía no era comunista. Estados Unidos demoró año y medio en tratar la cuestión en el Congreso, y por su disputa entre aislacionistas e internacionalistas llegó a último momento a la Asamblea Mundial de Salud (24/6 al 24/7, 1948) que creó la OMS.

 

 

 

El mito prometeico

Así como es un mito la creación de la OMS por los Estados Unidos, también lo es el supuesto filántrópico de su contribución al organismo. Los mayores contribuyentes a la financiación de la OMS en el período 2018-2019 fueron Estados Unidos con 893 millones de dólares, la Fundación Bill&Melinda Gates con 531 millones, el Reino Unido con 435 millones , la Alianza GAVI con 371 millones, Alemania con 292 millones y Japón con 214 millones.

En el caso de los Estados, las contribuciones se llaman evaluadas, según ingresos y población, o voluntarias. De los 893 millones de los Estados Unidos, 237 fueron contribuciones evaluadas y 656 voluntarias. China, en aquel período, contribuyó con 86 millones pero sólo un 12% de esa cifra fue voluntaria. Pero las contribuciones voluntarias, lejos de ser filantrópicas, posicionan a los Estados en condiciones de influir en las políticas de los organismos.

Quizá el punto culminante del distanciamiento con la OMS, sin embargo, fue en 1979 al oponerse a la implementación plena de la estrategia de atención primaria de salud aprobada por el organismo el año anterior. A partir de entonces, empezando con las políticas de Ronald Reagan, lo que siguió fue una profundización por el interés aislacionista del enfoque privatizador, corporativo, de mercado, del desarrollo biotecnológico nacional en el campo de la salud

 

 

Un Presidente abandónico

 

 

La posición aislacionista de Estados Unidos con la administración Trump ha tenido, además de la OMS, otros abandonos. En todos ellos se observa la disputa geopolítica con China y un mismo patrón: profundizar la concepción conservadora, secesionista, corporativa, del interés nacional y los acuerdos bilaterales, por sobre un sistema internacional de reglas no condicionadas por su poder.

Estados Unidos anunció sucesivamente:

  • su retiro definitivo del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (23/1/17);
  • que se retiraría del Acuerdo Nuclear con Irán (8/5/18);
  • que se retiraría del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (16/6/18);
  • su abandono efectivo de la UNESCO (31/12/18);
  • que comenzaría el proceso para retirarse del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (02/19);
  • inició formalmente el procedimiento para retirarse del Acuerdo de París dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (4/11/19); e
  • impidió la integración del Tribunal de Disputas de la Organización Mundial de Comercio (10/12/19).

 

 

Un modelo antiguo para el Nuevo Mundo

 

 

Navy Jack, Bandera Confederada 1863-1865, por William Porcher Miles.

 

Trump ha desplegado en su presidencia no sólo una creciente secesión del orden internacional, sino también una política interna crecientemente cercana a la simbología segregacionista. En junio de 2015, dos días después de anunciar su candidatura presidencial, ante la masacre de la iglesia de Charleston en la que un joven blanco asesinó a nueve personas negras, Trump dijo: “Yo la retiraría, sí”, a la bandera confederada que entonces flameaba en la sede del gobierno de Carolina del Sur. Pero después del atentado racista de Charlottesville en agosto de 2017, y de responsabilizar a “ambas partes” (supremacistas y víctimas), pasó a defender esa simbología.

Por eso es que el New York Times ha dicho (16/6/20) que “en su carrera hacia la reelección, Trump se ha comparado con Richard Nixon, aunque los analistas consideran que el posicionamiento del Presidente estadounidense se parece más al del candidato segregacionista de la campaña presidencial de 1968, George Wallace”. Y con el crecimiento actual del movimiento antirracista Black Lives Matter, potenciado por la mortandad pandémica que castiga especialmente a los afroamericanos, este parecido ha aumentado. Sin embargo, la semana pasada la Marina prohibió la representación de la bandera confederada en sus instalaciones.

 

 

 

 

Pero la base militar más importante de los Estados Unidos, Fort Bragg, lleva el nombre de un general de la Confederación que era propietario de esclavos. El general retirado David Petraeus, que comandó las tropas de la coalición en Irak y Afganistán, dijo que era una ironía formar soldados estadounidenses en una base con el nombre de quienes tomaron las armas contra los Estados Unidos por el derecho a esclavizar a otros. Desde el ejército se dejó saber que estaban dispuestos a una discusión para cambiar el nombre de Fort Bragg y de otras nueve instalaciones militares que llevan el nombre de comandantes confederados, pero Trump se opuso y canceló la idea.

No obstante, el general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, pidió disculpas por su presencia acompañando a Trump en la iglesia cercana a la Casa Blanca, luego de que la Guardia Nacional reprimiera a los manifestantes por la igualdad racial. Pero fue el general James Mattis, anterior Secretario de Defensa, quien resumió la visión sobre Trump: "El primer presidente en mi vida que no intenta unir al pueblo estadounidense, ni siquiera finge intentarlo".

 

 

La Confederación no es Unión

 

 

Hay que decir que después de los cuatro años de macrismo, esta línea política regresiva, ultraconservadora en la vindicación violenta de las desigualdades de su neoliberalismo y destructiva de la salud pública no nos resulta extraña. Como no es extraña la asociación de Trump con Bolsonaro en la pandemia. Hay una plataforma común de regreso social, económico y político, hacia modos discriminatorios de concentración de poder y desigualdades, en los que la salud seguirá ese camino en el mundo donde se imponga esta concepción política.

Es lo que afirmaba Mike Pompeo el 28 de febrero de 2020 en la American Conservative Union Foundation: “¿Puede alguien en esta sala recordar un mejor momento para ser un conservador estadounidense?”  Y es lo que Tom Paulson le preguntaba a Laurie Garrett de la OMS ya en mayo de 2012, en su nota ¿Por qué necesitamos una Organización Mundial de la Salud nueva y mejorada? (HumanoSphere): “Ahora que la salud global es casi una industria en sí misma, ¿realmente necesitamos esta vieja agencia chirriante de la ONU?” Queda claro. ¿Para qué la unión de la OMS dada en las Naciones Unidas? Ahora, lo que unos pocos necesitan, promueven e imponen hasta donde pueden, es el segregacionismo de una nueva Confederación: una Confederación Mundial de Corporaciones. Y entre ellas, las de salud. Pero el deseo de paz y justicia siempre ha tenido a la unión de todos, y no a la de unos pocos, como el camino a seguir.

 

 

 

 

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