ACÁ CERCA Y HACE TIEMPO

Una novela monumental sobre Guillermo Hudson y su relación con Joseph Conrad

 

Aquellas décadas entre el siglo XIX y el XX encontraron a la Reina del Plata y derredores atravesada por antiguos y nuevos sacudones ideológicos. Por un lado, los resabios de una cultura hispana en retroceso, recluida en el comercio, una suerte de nobleza en decadencia y la incipiente inserción latifundista. En otro orden, un esnobismo afrancesado dictaba las normas de vestimenta y conducta, mientras un arrasador capitalismo inicial con sede en Londres imponía renovadas modalidades de producción y consumo. Asimilada a la vida rural, una pequeña comunidad británica sobrevivía en el afán de ampliar horizontes, sin demasiadas especulaciones colonialistas. Faltaba un cuarto de siglo para que la economía del campo se centrara en las vacas: los sistemas de refrigeración indispensables para exportar aún no se encontraban lo suficientemente desarrollados. Las ovejas eran la principal fuente de riqueza para estos campesinos, la lana era codiciada en Europa y los Estados Unido. Como ingreso subsidiario cundía el desarrollo de los quesos, mientras se experimentaban herramientas destinadas a optimizar “la limpieza de la lana y volverla más atractiva para la exportación. Si sus proyectos resultaban peregrinos era porque carecía de conocimientos fundamentales para desarrollarlos”. Esto vendría después.

Tal el panorama a mediado del siglo XIX, cuando la familia Hudson reforzaba sus ingresos proveniente de la cría de ovejas en las inmediaciones de Chascomús con la explotación de una telúrica pulpería. A cien kilómetros crecían las trescientas manzanas de Buenos Aires y sus 80.000 habitantes. Así conoció de niño la ciudad-puerto William Henry Hudson (1841-1922), quien a los 33 años viajó a Londres para convertirse en naturalista y uno de los escritores más destacados de su época, junto a sus amigos Robert Cunninghame Graham (1852- 1936) y nada menos que el autor de El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad (1875- 1924). Si la pasión de Hudson fueron los pájaros y la relación con la escritura derivó de su estudio como naturalista, la de Graham fueron los caballos a partir de su experiencia en América del Sur, y la de Conrad la vida marinera, a la que convirtió en letras, revolucionando la literatura y dejando una marca indeleble. Fervor y nostalgia por tierras y aguas recorridas, estímulos creativos externos a la escritura y paulatina profesionalización en torno a las Bellas Letras, resultaron la piedra de toque donde confluyó este singular trío para hacer trabajar sus respectivas máquinas de pensar.

 

El autor, Miguel Vitagliano.

 

Vidas de trabajo reunidas por aquellas confluencias en una amistad ahora explorada, documentada y recorrida en la monumental novela de Miguel Vitagliano (Floresta, Buenos Aires, 1961) Viaje a las cosas. Con prosa milimétrica, la obra se distingue de la mera biografía no menos que del frío testimonio histórico al ficcionalizar recortes de esas vidas, con la del autor de Allá lejos y hace tiempo, Hudson, al modo de hilo conductor. Construido cada capítulo en torno a fragmentos cronológicos sucesivos, avanza entre descripciones mechadas con acontecimientos y rotación de voces durante los eventuales diálogos, sin que se diluya la coherencia narrativa. Relato capaz de fluir en forma natural, por momentos destaca la maestría de estar viendo una película. Logro singular, señala un salto cualitativo en la escritura de Vitagliano, ya anunciado en Enterrados, su anterior ficción. En esta entrega, no obstante, el estilo se purifica hasta encontrar un juego de secuencias no solo facilitador de la lectura, sino, en especial, puerta de acceso a los respectivos universos de pensamiento, reflexión, aún sarcasmo al que eran tan proclives los protagonistas.

Un avestruz auto-percibido como perro, los hermanos Hudson llevados por la Guardia Nacional a combatir al indio: dos paisanos rubios más gauchos que los propios gauchos; el combate contra la moda de las aves embalsamadas en los sombreros de las damas victorianas; la tortuosa creación de la Sociedad de los Pájaros, resultaron hitos dispersos, entre tantos otros, para luego volcarse en escritura. De allí emana esa prosa singular: “Hudson escribía como crece la hierba, y eso quería decir, como crece la hierba en la pampa que se mece con el canto de los pájaros y las entonaciones de la lengua hablada por paisanos y cantores”.

 

Joseph Conrad.

 

No todo es naturaleza en Hudson, ni tampoco en la novela de Vitagliano. La relación entre el terceto es relevada con sus marchas y contramarchas, mediante un detalle capaz de tornar la minucia en apertura; cuando se le pregunta a Graham “cómo hacía para mantener una estrecha amistad con dos hombres tan distintos como Conrad y Hudson, Graham siguió la broma respondiéndole en serio. Dijo que no era difícil, con uno hablaba de asuntos mundanos que iban desde la literatura hasta la política en sus variedades más desconcertantes, y con el otro de todo lo demás, de la filosofía que agita la vidas y que el mundo menosprecia”.

“El arte es largo y la vida es corta, y la verdad, muy lejana”, le atribuye el autor a Conrad. Una premisa a no dudarlo, si no compartida en forma textual, extensiva a vida y obra de Hudson, para quien “en las casualidades podía oírse el rumor secreto de las cosas”. Posiblemente, tamaña operación sobre el silencio, sin excluirlo, deambule a lo largo y a lo ancho de toda la novela, hasta desembocar en el título mismo. Intuición literaria productora de paradojas que, sin anclarse en la expresión, la amplían: “¿Por qué la posesión de pájaros prisioneros haría que un ser humano se sienta más libre?”

Recluir Viaje a las cosas en una novela de caracteres, en un ensayo biográfico, en un rubro conocido, no sólo constituye un reduccionismo superfluo. Quita al texto la profundidad de una investigación de intensidad y rigor inéditos, pero por sobre todo minimiza una poética rutilante, imbricada entre las letras de cada párrafo, portadora de calidez y belleza. Rareza en la producción narrativa actual, traza un puente transitado por Hudson (y Conrad, y Graham), por años casi despoblado y que hoy se topa con Miguel Vitagliano para desenvolver su actualizada expresión.

 

 

FICHA TÉCNICA

Viaje a las cosas

Miguel Vitagliano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2023

464 páginas

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