ARGUMENTOS DE UNA REFORMA

Ya nadie discute que es imprescindible discutir el futuro del sistema de salud

 

Reforma y contrarreforma en salud

El sistema de salud argentino, por su fragmentación, es caro, es ineficiente y es injusto. Este es el enunciado mayor de la necesidad de su reforma de la que se tiene evidencias irrefutables desde hace décadas. Luego, si esa reforma no se ha logrado con dos proyectos ministeriales (Liotta con el último Perón y Neri con Alfonsín) y con repetidas propuestas especializadas, no es por ignorancia ni tampoco por falta de racionalidad. Se trata, simplemente, del tipo de racionalidad llamada estratégica, esto es, que no está dirigida por fines éticos como lo es el asegurar para todo ciudadano el derecho universal a la salud sino que se restringe a satisfacer los intereses mercantiles o de poder de grupos minoritarios de la sociedad que han logrado imponer de hecho la contrarreforma de sus intereses sectoriales. En otra nota de El Cohete consideré brevemente esa historia.

El lunes, Cristina Fernández de Kirchner retomó su iniciativa afirmando que debemos repensarlo para ir a un sistema integrado entre los tres subsistemas que existen: público, obras sociales y prepagas. Se preguntó entonces si acaso no se lo ha debido integrar «a las patadas y a la fuerza» por la realidad de la pandemia y concluyó diciendo que «lo peor que les puede pasar a una sociedad o gobierno es negarse a discutir la realidad y las cosas evidentes».

Fernán Quirós, la figura más destacada de la oposición en el campo sanitario, coincidió en que el sistema de salud argentino tiene dificultades para coordinar sus tres subsectores con el modelo federal de salud y que la pandemia vino a demostrar que es indispensable mejorar el sistema para hacerlo más potente y de mayor calidad frente a los problemas modernos a partir de mesas amplias de diálogo, búsqueda de consenso y construcción colectiva de los diferentes subsectores en un proyecto coordinado. Hay que celebrar esta muestra de sensatez y apertura al diálogo político y social, en una oposición que tiene en algunos de sus referentes las peores muestras de intolerancia e irracionalidad moral.

De los otros dos subsectores, desde la CGT declararon que «es un tema delicado», aunque, en coincidencia con Quirós, reclamaron un amplio debate con todos los protagonistas. Algunos dirigentes hacen referencia a la deuda del Estado con las obras sociales. Otros ponen el foco en el supuesto intento de unificar el sistema o bien para afirmar que no es viable o bien para condicionarlo al pago previo de la deuda. Uno de los referentes sindicales más poderosos, Hugo Moyano, mostró su disposición favorable «si es para mejorar». De modo que discutir la realidad, diálogo y consenso, debate y mejora, son términos que si no son retóricos expresan la intención de tratar la propuesta de reforma del sistema de salud mediante una deliberación que aún considerando y atendiendo a los intereses particulares esté dispuesta a guiar las voluntades por los fines (éticos) de la salud como bien colectivo.

 

 

Sindicalista Moyano: vamos viendo.

 

 

 

La tercera posición: ¿estatizar las privadas o privatizar las obras sociales?

El contador Claudio Belocopitt, presidente de la Unión Argentina de Salud y de Swiss Medical Group, con su  conferencia «Situación del Sistema Privado de Salud en la Argentina» del pasado martes, y sus declaraciones posteriores en varios medios respecto a la iniciativa de reforma del sistema de salud argentino, dio una muestra representativa de «la posición» del sector, como dio en llamarla.

Sus conceptos fundamentales fueron que tanto los sistemas públicos como los privados requieren  financiamiento y más aún en pandemia donde sigue funcionando la ley de la oferta y la demanda. Y dado el aumento de la demanda por la necesidad indispensable de su uso, los valores de insumos y medicamentos se disparan y sus existencias muchas veces escasean. Sin embargo, el gobierno postergó la discusión del financiamiento y «cuando llamamos a los laboratorios nos dicen manden el cheque». Los medicamentos aumentaron un 140% durante la pandemia y el 60% del costo es el de personal, que se resuelve en paritarias. Y sin embargo no se cumple con la ley al no  permitir el aumento de las prepagas dejando congelada la cuota del afiliado. Pero, ¿si el Estado Nacional gasta más en salud, por qué el sector privado no? Debe entenderse —dice Belocopitt— que si en un sistema de salud del mundo los costos aumentan igual que la inflación tenemos un problema, porque en todos lados los costos en salud aumentan más. De lo que se desprende que hay un problema de financiamiento porque por ley de oferta y demanda los costos van a seguir aumentando en modo indiscutible.

En esa visión contable los salarios —que siguen a la inflación, en el mejor de los casos— están condenados a estar cada día más alejados del valor de la cuota del afiliado ajustada por los costos. O sea, la medicina privada se postula como cada vez más alejada de los ingresos medios y bajos. No hay ninguna propuesta de contención de costos, regulación, fijación de precios, fortalecimiento del Estado para la compra a gran escala, etc., que pudieran ordenarse por una reforma del sistema de salud actual. Sin embargo, así como no se observa en lo dicho por Belocopitt una voluntad de poner límites al financiamiento de los costos sin límite, tampoco se observa una voluntad de que la medicina privada se ocupe de un porcentaje cada vez menor de la población. Puede imaginarse entonces que si la medicina privada quiere crecer en el número de asegurados, ese crecimiento deberá lograrlo captando de algún modo a parte del sistema actual.

Al principio de su conferencia Belocopitt había dicho que la Unión Argentina de Salud que preside es una Confederación integrada por Cámaras del sector que incluyen obras sociales, prepagas con y sin fines de lucro, sanatorios, hospitales de comunidad, centros de diagnóstico y tratamiento, servicios de emergencia, personal en relación de dependencia y profesionales independientes, que atienden, en su conjunto al 70% de los pacientes de la Argentina, alrededor de 32 millones de personas. O sea, todo lo que no es el sector público es medicina privada. Por eso dijo: «Siempre pueden convivir los dos sistemas: el estatal y el privado».

Contador Claudio Belocopitt: la perinola del Toma Todo.

 

Desde esa posición, el sistema de salud argentino no tiene tres subsectores sino tan sólo dos. Sabemos que las obras sociales han pasado a financiar progresivamente al subsector privado pero nunca habíamos visto esa reducción ya consagrada de hecho aunque no lo sea de derecho, porque aunque las personas jurídicas sean para el Código Civil públicas o privadas, algunas de las obras sociales funcionan como entidades de derecho público no estatal, y la financiación —que es de lo que se trata— en las prepagas es de bolsillo y en las obras sociales es por porcentajes contributivos del trabajador y el empleador lo que exige un supuesto nada trivial que es que el afiliado tiene trabajo en relación de dependencia. De modo que la pretensión de absorber a las obras sociales como parte del subsector privado es una de las sinrazones del posible debate sobre la reforma.

En medio de esto, siguió diciendo: «Circularon borradores de decreto que mencionaban un eventual plan de gobierno para estatizar el sistema». El Presidente de la Nación los citó para decirles que estaba al tanto del grave problema de financiamiento y desmintió la intención de nacionalizar el sistema de salud privado. Sin embargo, dice Belocopitt, al mismo tiempo el Congreso de la Nación sigue incorporando prestaciones al programa Médico Obligatorio (PMO) sin mencionar nunca el origen del financiamiento. Y «la estatización de un sistema puede hacerse de hecho o de derecho como se hizo en su momento con las AFJP». Si se quisiera hacerlo de hecho bastaría con desfinanciarlo y así justificar su nacionalización. Dicho esto, afirmó que «el sector privado no es un sector combativo como ha demostrado a lo largo de la historia». Sin embargo, su terminología evocaba otros tiempos en que el sector privado en salud se asoció a sectores tan combativos como para dar un golpe de Estado y hablando de estatización hoy se asocia a la oposición política y mediática más combativa que vocifera «comunismo o democracia».

En conclusión, dijo cortésmente Belocopitt: si el Poder Ejecutivo quiere un nuevo sistema debe plantearlo a la sociedad en forma franca y transparente y estar dispuesto al debate. No nos oponemos al debate y a que podamos mostrar la realidad del sistema. Pero el sistema ya está funcionando y el sistema hoy funciona bien. Se desprende: para qué y por qué querría el Ejecutivo entonces un nuevo sistema si el que tenemos funciona bien. La sospecha queda lanzada.

 

 

Objeciones y propuestas

 

 Los primeros reparos que se han explicitado respecto a la idea de una reforma del sistema de salud argentino  ya se han resuelto o resultan posibles de resolver:

  • el gobierno nunca dio señal alguna de pretender disolver la medicina privada o de querer regularla fuertemente como se hace en Japón.
  • el endeudamiento que tiene el Estado con las obras sociales es una de las cuestiones que el proyecto de reforma debe considerar para resolver pero no resulta un argumento válido para no hacer la reforma, muy por el contrario es una de las razones para hacerla.
  • el financiamiento que pide la medicina privada basado en un criterio de no poner contención o regulación alguna a los costos y precios en salud es una objeción insostenible al comparar lo que se hace en todo el mundo. Esa libertad tan grande de mercado es el problema mayor que tiene el sistema de Estados Unidos, que aún siendo el país más rico del mundo no logra tener un sistema de salud justo aunque tiene el sistema más caro y ocupa el lugar 37 en la clasificación de los mejores sistemas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
  • la pretensión de reducir las obras sociales al ámbito de los seguros privados de salud no sólo es contrario al sistema tripartito actual sino que supone maximizar las debilidades de la medicina privada.
  • si algunos dirigentes sindicales creen que no es viable un sistema de salud integrado por la coordinación centralizada del Estado, mal pueden creer que de seguir como estamos resulte viable salir del estado actual y su pésimo pronóstico para las obras sociales.
  • los tres subsectores tienen debilidades y fortalezas pero su funcionamiento visto en perspectiva de la población en su conjunto lo muestra caro, ineficiente e injusto como se puede observar en esa clasificación de los mejores sistemas de salud (OMS) que ubica a la Argentina en el lugar 75 de 190 países por debajo de diez países de América Latina con mejor ubicación que la nuestra.

Debemos avanzar sobre una discusión de la realidad del sistema de salud argentino con diálogo y consenso, procurando mejorarlo a través del debate y la búsqueda de razones, mediante una deliberación que respete las diferencias e intereses particulares pero guiando las voluntades por los fines éticos de la salud como bien colectivo. Hay diez términos y sus razones que puedo ver como necesarias para esa deliberación acerca del lugar que hoy tienen en cada uno de los tres subsectores y el que podrían tener luego de una reforma del sistema de salud

  1. Vida saludable,
  2. Universalidad
  3. Pluralidad
  4. Equidad
  5. Solidaridad
  6. Equilibrio
  7. Eficiencia
  8. Responsabilidad
  9. Calidad y
  10. Satisfacción.

Quedan para tratarlas en la próxima nota.

 

 

 

 

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