Convivencia y memoria

Para la construcción de una identidad emancipadora

ID:70417447 24 de Marzo dia la memoria. Plaza Mayo Buenos Aires Argentina. Foto Santi Garcia Díaz - FTP CLARIN IMG_3586.JPG Z Invitado

 

El multitudinario acto popular que conmemoró el 50° aniversario del golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976 encontró a la Argentina en estado de emergencia. Gobernada por una ultraderecha en complicidad con derechas ultra-derechizadas, que no ofrecen reparos a la hora de clausurar los derechos sociales de los argentinos, destruir lo que va quedando de un Estado social y una economía productiva, ni en restituir nuestros territorios a una situación colonial que pone a la Argentina en camino de convertirse en un cuasi protectorado de los Estados Unidos, situación que una franja importante de la sociedad pareciera avalar.

La memoria colectiva es, en síntesis, una serie de hechos que han pasado a ser recuerdos, valores e historias compartidas, representaciones del pasado de las que diversos grupos sociales, políticos y culturales se dotan a sí mismos, para armar registros de su pasado, construir su propia identidad y contar con referencias válidas para el futuro. 

En la actualidad contamos con una memoria que monopoliza el espacio educativo escolar y no escolar. Que recupera para los estudiantes sólo registros históricos derivados de versiones escritas desde perspectivas elitistas fácticas y acríticas, como el liberalismo conservador y el materialismo histórico.

Está claro que existen unas u otras memorias, ocultas a las personas, desde que concurren a la escuela. Por ejemplo, las que surgirían si se reescribiera la historia argentina y se le diera espacio en todos los niveles de la educación argentina a una memoria nacional y popular. Esto pondría por lo menos en tela de juicio algunos mitos de la historia argentina, como por ejemplo, aquel del “crisol de razas”, acuñado durante el centenario (1916), creado para favorecer, en definitiva , un falso sentido de pertenencia nacional, que pusiera a resguardo, el acentuado racismo de las elites dirigentes de fin de siglo XIX y la pretensión de que se había generado una “raza argentina” homogénea con orígenes blanco-europeos.

Asimismo, podemos citar aquella otra “verdad” sellada a fuego en la escuela, como fue la de “orden y progreso”, de años anteriores, que ocultaba la verdadera situación social de la nación, y la contínua represión y exterminio de la que fueron objeto los sectores populares encabezados por los caudillos federales y las poblaciones indígenas.

Si la escuela desea constituirse como un poder simbólico para la emancipación de las personas, tampoco puede la educación formar a niños, adolescentes y adultos en el mito de la “modernización social”, aquel que impuso la idea de que el proyecto de las élites dominantes del siglo XIX, puesto en marcha en 1880, posibilitó el surgimiento de una Argentina más próspera, que trajo mayor bienestar a la mayoría de la población, y que de este modo, todxs lxs argentinxs podían aspirar a posibilidades de progreso en una nación que, además, sería una potencia mundial, algo absolutamente inexacto.

A partir de semejantes falacias y de otras, defendidas a ultranza no solo por las derechas y ciertas izquierdas conservadoras, un determinismo histórico opera sobre la totalidad de las disciplinas. Estas aparecen siempre pautadas por una narrativa reduccionista, que solo sirvió y sirve a los intereses de las minorías y elites políticas y económicas de la nación. La falta de conciencia histórica y formación ciudadana en la población es en buena parte responsable del apoyo que pudo concitar la propuesta de la “motosierra”, presidida por aquella alocución maniquea que el jefe del Estado argentino, Presidente Milei, anunciara, al asumir la Presidencia de espaldas al Congreso de la Nación el 10 de diciembre de 2023.

Discurso que no fue solamente escuchado, sino creído, a pesar de que era por lo menos la quinta vez, en 68 años desde 1955, que un Presidente le decía lo mismo a los argentinos, además de otras inexactitudes, como que “volveríamos a ser uno de los primeros países del mundo, como ocurría con anterioridad a 1920".

 

 

La memoria nacional y popular

En el pasado acto del 24 de marzo del corriente año, quedó en claro, una vez más, que la memoria, nacional y popular, cuenta en la contemporaneidad con el tema Malvinas y el terrorismo de Estado ejercido por la dictadura gobernante entre 1976 y 1983, consolidados, pese a los intentos continuos de minimizarlos y/o borrarlos del imaginario popular. 

Al respecto, no hay posibilidad de interpretaciones diferentes, ya que el partido militar y los sectores civiles que terminaron con el gobierno de Juan Domingo Perón en 1955 fueron siempre conscientes de que el hecho de haber violado la Constitución de 1949 con el golpe de Estado, que depuso, reprimió y proscribió al general Perón y al peronismo durante 18 años, podría generar en las mayorías perjudicadas, respuestas violentas , como las que efectivamente sobrevinieron en los años 60/70. 

Sin embargo, la historia argentina, que es en definitiva la que genera las memorias del pasado, es mucho más extensa, y su enseñanza en el sistema educativo se encuentra reducida a las versiones historiográficas mencionadas. Existe una evidente necesidad de construir una memoria colectiva nacional y popular, para que conviva, en la democracia, con el resto de las vigentes, que monopolizan la educación, aunque ello represente todo un dolor de cabeza para cierta intelectualidad “bien pensante”, de tinte racionalista-ilustrado, que prevalece a través de un relato individualista, patriarcal, colonial, destinado a suscitar una fuerte adhesión emocional, sobre “bases” poco edificantes y creído que la modernidad argentina fue alguna vez similar a la europea.

Al respecto, en ningún momento de nuestra historia, la Europa burguesa, capitalista, expansionista y colonial, exportó siquiera “deseos” como para que los pueblos de América Latina evitaran el neocolonialismo. En la actualidad podría ocurrir algo diferente, ante la necesidad imperiosa de librarse de la ultraderecha en argentina, para evitar la propagación de un experimento, que podría ampliarse no solo en América Latina sino crecer, aún más, más en Europa, 

Las versiones escolares que, en general, cuentan, no explican nuestra historia; coinciden en general con la autoridad del mercado como árbitro de la vida económica y política y rinden culto a todo lo acontecido post-Batalla de Caseros (1853), incluido el perfil inyectado a nuestra educación fundado en la matriz "civilización y barbarie". Ambos discursos han suprimido otras versiones de la historia, como no creíbles y “no autorizadas” para la enseñanza en las instituciones educativas. Cuando algún docente, con el debido fundamento, se anima, siquiera, a cruzar la línea permitida y las menciona, es acusado de “adoctrinamiento”, por el simple hecho de no respetar la versión considerada “oficial”, y es sancionado. 

La finalidad de orientaciones que monopolizan el relato histórico, que han despojado a una u otras memorias posibles de la posibilidad de visibilizarse en la escuela, ha sido la de construir una identidad colectiva, en la que el pasado es incuestionable y un futuro parecido no tendría por qué no serlo, aún en otro marco político, económico, social y cultural. Es decir, la “Alemania” que seremos dentro de 20 años, según dijera recientemente el Presidente Milei, dispondrá de un Estado colonial o neocolonial, represor, subordinado al poder de élites oligárquicas, a un mercado capitalista especulativo, productor de materias primas, importador de manufacturas, desinteresado por la educación, la ciencia y la tecnología, con fuertes índices de desempleo y pobreza, donde cada vez menos personas concentrarán mayores riquezas. Estaremos en una democracia de baja intensidad, escasamente representativa y participativa, cercana a la que va cumpliendo 42 años y no encontró todavía remedio para la redistribución de la riqueza.

Si la escuela argentina no puede afirmarse desde la construcción de un pensamiento crítico, si los relatos, aunque subjetivos, carecen de las explicaciones y los fundamentos necesarios, es por falta de voluntad política, por una limitada y desactualizada formación profesional de lxs docentexs y porque las mismas estructuras institucionales fragmentarias de la educación lo impiden, especialmente en la escuela secundaria, trampolín hacia la vida adulta.

Las afirmaciones precedentes, sin embargo, no implican sustituciones, sino convivencias políticas. Para el logro de una verdadera cohesión política y social, en democracia, no se debe apelar a una memoria opuesta a la vigente. Debe reescribirse la historia, con una memoria colectiva que incorpore la memoria nacional desde una perspectiva emancipadora y popular. Que sea capaz de elaborar los conflictos comunes, acepte, analice y confronte todos los problemas vividos, los coloque en su lugar y los articule en un relato elaborado, interiorizado y compartido, profundo, para la mayoría posible de los ciudadanxs, con valores aceptados por las mayorías posibles, tanto para convivir en el presente como en el futuro.

En los últimos 50 años la ciencia política y la historia no han sido consideradas a la hora de la construcción de la educación nacional. El análisis educativo quedó sujeto a la psicología y la pedagogía, que no han acertado siempre con los contextos pertinentes. Al respecto, el resto de las ciencias sociales tienen mucho que decir. Para la elaboración de una memoria nacional y popular que implique asimismo una construcción social y colectiva del pasado, no focalizada solo en individuos, como por ejemplo los próceres, sino en la totalidad de lxs ciudadanxs. Será de vital importancia para la construcción de una convivencia democrática, solidaria, en marcos de una globalidad que no puede conspirar contra la justicia social y la soberanía.

Creemos, en dicho sentido, que la escuela argentina puede y debe aportar alternativas, desde el pensamiento crítico, que ya es hora de poner fin a aquel “estado de guerra civil larvado”, en el que vive la Argentina por lo menos desde 1955 a la fecha, y que nos anunciara hace tiempo el fallecido historiador Tulio Halperín Donghi, a quien rendimos homenaje desde la presente nota.

 

 

* Raúl Moroni es miembro del Grupo Rescate, Apoyo Técnico Pedagógico, Secretaría de Educación Media UTE CTERA. Colabora con Grupo Boedo y Barrios del Sur, “Víctor Korn”.
Nos ayudaron en la presente nota :
Adamovsky, Ezequiel. Historia de la clase media argentina. Grupo Editorial Planeta SAIC, Buenos Aires, 2015.
Alemán, Jorge. La ideología. Ned Ediciones, Buenos Aires, 2021.
Carretero, Mario. Documentos de identidad. Paidós, Buenos Aires, 2007.
Chávez, Fermín; Manson, Enrique; Cantoni, Juan y Sulé, Jorge. Historia argentina. Homenaje a José M. Rosa, tomos 14, 15 y 16. Editorial Oriente, Buenos Aires, 1993.
Halperin Donghi, Tulio. La larga agonía de la Argentina peronista. Siglo XXI, Buenos Aires, 2024.
Sastre, Alfonso. La batalla de los intelectuales. CLACSO, Buenos Aires, 2005.

 

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