D´Alessio de ronda

Causa Traficante. Episodio 4

 

Se sabe que el fútbol es un deporte social, el más popular y difundido. En la cancha y, sobre todo, en el tercer tiempo, se intercambian anécdotas, intereses, y se tejen amistades. Traficante y esta ronda de testigos –Morilla, Di Pierro y Garcés– se conocieron jugando al fútbol en las canchas de los diferentes barrios en los que vivían. Y aunque D’Alessio no jugaba al fútbol con el resto, este mundo cerrado, “un pueblo chico” definirá cada testigo, tiene como punto neurálgico el SPA devenido en gimnasio que D’Alessio inauguró en Canning en 2006. Con gran despliegue de famosos y fotos en la revista Gente, el IDOR de D’Alessio tuvo el tamaño y la categoría como para atraer a los vecinos de las decenas de barrios exclusivos de los alrededores.

El primer testigo es el médico Alejandro Morilla, la persona que D’Alessio contacta primero. Se conocieron en el IDOR pero tuvieron más relación porque dirige el geriátrico donde D’Alessio alojó a su suegra, no recuerda bien cuándo. Pausado, correcto, con tono calmo, describe el llamado, la visita y lo que cree que pasó en la reunión. Es muy escueto y conciso: sentado junto a Traficante en el comedor, D’Alessio abre su computadora y empieza a mostrar imágenes de operativos antidrogas. Cuando Traficante le pregunta “¿qué tengo que ver yo con esto?”, Morilla se levanta y se va a la cocina a charlar con la esposa de D’Alessio. Dice que le pareció correcto darles privacidad para que arreglen “sus asuntos”. Al rato las voces empiezan a levantarse “como en una discusión”, dice. Declara no saber lo que hablaron, pero en la camioneta Traficante le dice que le quiso sacar dinero.

Juan Pablo Di Pierro, como Traficante, se dedica al comercio exterior. Se conocen desde hace 15 años, sus hijos iban al mismo colegio, pero tenían una relación más que nada “futbolística”. Se mudó al Saint Thomas y jugaban juntos al fútbol, comían asado, y “algún que otro” almuerzo en el ámbito de la Aduana.

A Marcelo D’Alessio lo conoció más o menos por la misma época, por el IDOR. En la inauguración invitó a toda la gente de la zona. Nunca tuvo relación por otro lado, salvo “algún que otro” encuentro casual. Vivía primero en el Lauquen, después en el Saint Thomas Sur y después en el Este, que es donde vive ahora. En el Este, D’Alessio era presidente del barrio (sic).

“No sabía a qué se dedicaba (D’Alessio). Siempre supe que estaba bien relacionado… Sabía que tenía poder, vínculos (…) era lo que decía la gente. Canning es chico. Todo el mundo sabía quién era él. Era intimidante (…) Por su forma de ser, su forma de hablar, cómo manifestaba sus cosas… no sé. Siempre hablaba de gente. Todo el tiempo… no le puedo decir ni siquiera qué gente”.

“Yo no tenía ni el teléfono de él, pero me manda un mensaje de WhatsApp diciendo que necesitaba hablar conmigo porque quería llegar a Traficante (…) por el tema de la mafia de los contenedores. Tenían una nota en contra que estaba por salir, y él la podía parar”. Esto es en noviembre de 2016. “Le comenté (a Traficante) lo que me había dicho D’Alessio, y me dijo: ‘Que haga lo que quiera, no tengo nada que esconder’”. Pero “una vez que sale la nota, hablé con él, estaba deprimido, no quería hablar con nadie. Todo el mundo hablaba de eso… estaba hecho pedazos. Estaba muy mal (…) No lo vi personalmente, sólo por teléfono”.

“Intercambié mensajes de WhatsApp con D’Alessio, porque después me quiso hacer lo mismo a mí”.

Para ese entonces, Di Pierro estaba terminando de construir su casa en Saint Thomas Este. En un par de oportunidades llegó hasta su puerta. “Venía a intimidar. Venía en un auto con la baliza prendida… que venía de un procedimiento de la DEA, no sé. Pero vino a traerme un listado de llamadas mías, y entradas y salidas del país. ‘Tengo todo lo tuyo’. Y yo le dije: ‘¿qué tiene que ver? No tiene nada de malo’. El resto de las veces vino sólo a mostrarse, a saludar. Había una persona que no se bajaba. Puede ser que sea (Rolando) Barreiro. Nunca vino solo. Siempre con la misma persona”.

“Ahí fue cuando me citó a su oficina, en las Toscas. (…) Cuando llegué a la oficina, había una recepcionista, una mesa larga. La oficina era chica, 50 metros. Unas armas contra la pared. Armas largas, no sé. Había tres varones, de 40 a 65 años. Personas normales, pero daban la idea de ser policías o algo así. Con el único que estuve sentado fue con él, pero estaban aparte. Supuestamente eran colaboradores de él. Parecían de la fuerza, pero no sabría decirle. Por el corte de pelo, por la apariencia. No tenían uniformes ni placas. D’Alessio a veces decía que era de la AFI, a veces de la DEA… (Dijo) que podría haber otra nota como la de Traficante y que él podía hacer que no salga, y que le recomendaba una colaboración con él para que no salga. Le dije que no, que no me interesaba… después no hablé más con él (…) Yo no hice denuncia. Conmigo siempre fue en tono de amigo, cordial. No sentí que me extorsionaba. Sentí, por un lado, que me estaba como apretando pero no directamente. Todo esto fue en noviembre o diciembre de 2016, un lapso de tiempo muy corto”.

“Mucho tiempo después de la reunión fui mencionado en una nota por Gladys Fernández, que vive ahí en el country, que declaró quién era, dónde vivía, etc. Yo lo leí en los diarios, todo lo que dijo eran mentiras. (…) Creo que tiene relación con lo que dijo D’Alessio”.

Gabriel Adrián Garcés conoció a Traficante de la misma forma: alrededor de 2006, jugando a la pelota en el Lauquen. A D’Alessio lo conoció en 2007 en su gimnasio IDOR. Es, también, querellante en la causa de Dolores. “Yo, que recuerde, decía que tenía casinos en Paraguay. No era que me interesaba, tenía un vínculo de gimnasio”.

“El 25 de noviembre de 2016 me suena un teléfono que ya no usaba. Era un mensaje de D’Alessio:

–Mañana salen todos en Clarín –dijo. No le contesto, hasta que me manda una hoja con un membrete de la embajada de Estados Unidos.

–¿Que querés con esto? Es un restaurante –dije.

–Tienen hasta estas cositas chicas –me respondió.

Cuando voy (el sábado) a su casa en el barrio Saint Thomas, me muestra una computadora con seguimientos de Gabriel Traficante: su casa, autos y demás. Todo lo que podía ayudar. Que todo se lo comunique a Traficante. Y después me muestra un arma con mira láser”.

En Canning se comentaba que era un tipo pesado, dijo Garcés. “Un conocido tuvo un problema y nunca dijo nada. Una persona a la que no le pagaron, y él apretó. Que si seguía reclamando plata iba a tener un problema.

El martes siguiente a las 8:30 me acerqué a la oficina suya en Las Toscas. Oficina 320. Toco el timbre. Me recibe una persona y me saca el teléfono. A un costado, como en un hueco, hay otra persona con una ametralladora. El escritorio estaba lleno de armas. D’Alessio me dice que es una oficina de la AFI. Un búnker, le decía. Me senté en la mesa. A su lado había otra persona. (Aparte de D’Alessio) había tres personas, masculinos todos. Me empieza a decir que van a ir presos Traficante y la señora. Que ‘la solución le va a salir más, que en el día tenía que poner 300.000 para el juez y la fiscal’. Yo a D’Alessio lo tenía como un salame, pero desde el sábado hasta ese martes se me había vuelto más agresivo, como queriendo intimidar. Acá puedo reconocer a Barreiro en la oficina. Él estuvo junto a D’Alessio. Lo presentó como ‘Rolo de la SIDE’. Él me dice que (Traficante) había ganado plata y la tenía que poner, si no iban a ir presos él y la señora”.

Después de esa mañana, a la tarde, Garcés recibe mensajes de D’Alessio cada 5 minutos, que debía pasarle a Traficante. Esperaba que su amigo tomara la decisión de pagarle 600.000 dólares, 300.000 en el día.

“‘Decile que ya tiene los autos en el departamento, el de Puerto Madero’, me dice. Y me manda la placa de los autos que estaban haciendo guardia para detenerlo”.

Traficante le pide que lo mantenga en línea, hasta que le dice que corte y le avise que se iba a manejar con sus abogados.

“Después no hablé más con D’Alessio –explica Garcés–. Hasta el 2017 no habló más. Un año que no lo veía. Me lo cruzo en un shopping, con Barreiro. Me dice:

–Nos vamos a tribunales por un problema de los contenedores.

Esto fue un viernes. El sábado a la noche me escribe que me habían mencionado, que vaya a verlo. No fui. El domingo sale la nota en tapa, fue algo muy duro”.

Garcés se refiere a una nota sobre la denominada causa de la mafia de los contenedores publicada en el diario Clarín. Aparece su nombre en alusión al caso Palomino Zitta y Costas. Ambos son conocidos en el expediente porque un día fueron a retirar un contenedor de la Aduana, liderados por Gladys González. Barreiro los esperaba afuera. Algo pasó ese día, porque los enganchó la policía y después, en el juzgado de Marcelo Aguinsky, D’Alessio les dice que tienen que nombrar a Traficante y Garces como dueños de los contenedores.

Siguió:

“Tiempo más tarde, supe que estas dos personas que me habían mencionado se presentaron en el juzgado de Dolores diciendo que D’Alessio los guionó. Hace unos años me dio unas filmaciones el dueño de Las Toscas, Walter Pérez. Vi los horarios de entrada, él entra a las 8 am, yo entro 8:30 am. Se ve cuando entra él y bajan las dos personas que están con él. D’Alessio entra con una valijita, algo llamativo, no puedo decir que sean armas, pero era raro”.

Cuando le preguntan si esos videos fueron agregados a la causa, él no recuerda si lo hizo o no lo hizo o si están en el juzgado de Dolores.

Cuando termina la ronda, la doctora Terzano hace uso de la palabra. Insiste en un peritaje. Precisar la geolocalización de los celulares de Garcés y de su defendido, Rolando Barreiro, el día de la reunión en la oficina de Las Toscas. Luego pide citar a declarar a Palomino Zitta y Saturnino Costas. Y con respecto a los videos que fueron entregados, exige que se oficie ante el juzgado de Dolores el pedido. Y, por último, pide también se cite a declarar a Walter Pérez: ¿por qué dos años después tenía estos videos en su poder?, se pregunta.

El doctor Finn adhiere a todos los pedidos de su colega.

 

Crónicas anteriores:
D´Alessio descascarado. Causa Traficante. Episodio 1
D´Alessio: esperando conexión. Causa Traficante. Episodio 2.
D´Alessio, el cazador. Causa Traficante. Episodio 3.

 

 

 

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