De carne somos

Ganadería y peronismo, buenas migas. Un lock out circense y el desafío de abaratar los alimentos

 

“Esto fue un negocio para algunos y no para los pequeños productores que no hacen maíz porque no les cierran los números. Por eso se van a la soja. Y los grandes jugadores van de la mano de los exportadores. Fijate que cuando se cerró el acuerdo (con el Gobierno) el maíz apareció”.

Es difícil encontrar voces de productores agropecuarios que estén ancladas en la pampa húmeda y no respondan a los cánones que bajan desde la enclenque Mesa de Enlace, transformada en la pata agraria de Cambiemos. Pero las hay. En la ciudad de Máximo Paz, provincia de Santa Fe, la familia Baiocco las pasó todas. En pleno 2000, cuando las chacras eran rematadas por el Banco Nación, pasaron de tener 200 madres de cerdo a 60. Y el crédito que tenían de 100.000 pesos se les había duplicado.

Los medios de comunicación hegemónicos fueron exitosos al instalar que “el peronismo se lleva mal con el campo”, como si el campo fuese algo monolítico y uniforme. Pero no es así.

Walter Baiocco recuerda que por aquellos años críticos, antes de que la convertibilidad estallara por los aires, su padre decidió retirarse del manejo del campo –unas 120 hectáreas– que gestionaba con toda la familia.

Su hermano Darío también se había corrido para iniciar su propia carnicería. Y Walter se quedó para administrar las 60 madres de cerdos que les quedaban. Hoy Darío es el jefe comunal de la localidad y comparte la visión de su hermano sobre las lógicas que se mueven hacia el interior del sector, en plena pampa húmeda.

“A los que hacen agricultura les importa muy poco el que hace ganadería, como nosotros”, repite varias veces Walter, que tiene 41 años y lleva 27 metido dentro de la chacra para criar cerdos. Hoy su padre, Domingo, tiene un feedlot. “En 2003 nos empezamos a recuperar. De 60 madres pasamos a 150 para sacar por año 3800 capones”. Habla en plural porque de alguna manera toda la familia sigue viviendo de lo que genera esa chacra a través de una Sociedad de Responsabilidad Limitada.

Walter nunca militó en política. Ni siquiera se afilió a la Federación Agraria. Se encarga de repetirlo varias veces. También afirma que su hermano accedió a la función pública “por la gente”. Darío llegó a jefe comunal de Máximo Paz desde el Frente de Todos. Dicho prolegómeno tiene un sentido.

 

 

“La ganadería mejora en épocas del peronismo. ¿Qué es lo que hacen? Que la gente coma. Yo sé que cuando entra el peronismo, la ganadería repunta, la gente come asado, se va de vacaciones y sale a una parrilla. Sé que puedo planificar. Con un gobierno diferente, especulativo, no”.

 

Hundidos

Cuando Macri asumió en diciembre de 2015, lo primero que hizo fue devaluar el peso y eliminar y reducir drásticamente las retenciones. No habían transcurrido veinte días de gestión cuando Cambiemos les transfirió a los grandes tenedores de granos y exportadores casi 26.000 millones de pesos.

“Durante los primeros siete meses (de 2016) perdíamos 100.000 pesos mensuales. De un día para el otro duplicaron nuestros costos. Al tocar así las retenciones, el maíz se fue a la exportación. Por eso ahora no era mala la idea de cerrar las ventas al exterior, al menos por un tiempo”, piensa Walter.

En Máximo Paz hay pequeñas chacras de 50 hectáreas cada 500 metros. Muchos productores, pocos pools de siembra. Desde esta ciudad, Pedro Peretti, ex director de la Federación Agraria, engendró su idea de potenciar las chacras mixtas como negocio rentable y sustentable frente a la gran concentración del sector.

El Gobierno nacional había tomado la decisión de suspender las exportaciones de maíz hasta el inicio de la próxima cosecha porque el precio internacional de este commodity, cercano a los 200 dólares, había impactado en los costos de producción de carnes y huevos. Los grandes jugadores y exportadores aportaron lo suyo al escatimar el cereal.

De una cosecha de 58 millones de toneladas de maíz, 20 millones son para consumo interno. Las producciones avícolas necesitan 4,1 millones de toneladas, la carne vacuna otras 6,3, los cerdos 1,6 y después vienen los granos para aceites y biocombustibles.

 

 

“De alguna manera, la agricultura choca con la producción de cerdos y los precios se habían ido alto por la situación internacional. Por eso estaba bien la intervención del Gobierno”, enfatiza Baiocco.

—¿Qué opinás del lockout de la Mesa de Enlace?

—En la semana volvió a aparecer el maíz. Por eso digo que esto fue un negocio para alguien. Lo que veo desde acá es que el gran productor y el exportador van de la mano. Los medianos y pequeños están por fuera de cualquier especulación. Y el paro fue un circo. La nueva cosecha recién arranca en febrero. Y seguramente el precio seguirá subiendo.

 

A desacoplar

“Ya estamos recibiendo el maíz”, exclamó Roberto Domenech, presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas, a pocas horas de haber cerrado un acuerdo con el Gobierno nacional junto a los exportadores y demás actores de la cadena del maíz. “¿Qué pasó? ¿Hicimos reflexionar al Gobierno?”, ironizaron desde el Consejo Agroindustrial.

La situación de los últimos días fue una puja económica (y de poder) entre los grandes productores de granos y exportadores, las cadenas de valor que utilizan el maíz y el Gobierno nacional. El lockout de la dividida Mesa de Enlace pasó sin pena ni gloria como condicionante de esa negociación. Desde Agricultura consideran que todo sirvió para instalar un tema esencial: el desacople de los precios internacionales de las materias primas.

El instrumento de un fideicomiso que reuniera recursos de la exportación de granos para subsidiar el precio interno del aceite había funcionado de manera exitosa hasta 2015. Cuando llegó Mauricio Macri a la Casa Rosada lo desactivó. Quienes perdieron fueron los y las consumidorxs. El precio del aceite se disparó.

Por lo tanto, ahora se volverá a trabajar sobre la idea de un fideicomiso, para que a través de subsidios cruzados el propio sector financie el desacople. ¿Cuánto es lo que tendrán que aportar los exportadores? Ese es el número que se está negociando. En principio se piensa trabajar con el sector avícola. También se está evaluando un esquema similar para el trigo, aunque sería algo más complejo porque a diferencia de la soja y el maíz, donde más del 90% se exporta, predomina el consumo interno.

“¿Y por qué tenemos que perder plata nosotros?”, se quejó uno de los exportadores durante las negociaciones. Sin saberlo, Baiocco había dado en la tecla. A los que hacen agricultura les importa muy poco la ganadería. “O lo hacemos así o suben las retenciones. Es más interesante que entre ustedes definan quién pone y cuánto”, respondieron desde el Gobierno.

Cuando del otro lado del mostrador hay jugadores que son bastante rapaces, la autorregulación no es la mejor alternativa. Dependerá de la capacidad de seguimiento que se haga desde el Estado.

Otro tema interesante que dejó este conflicto podría ser parte de una solución más estructural. Si la idea es tener en caja a las empresas del sector con la propia lógica del mercado, ¿por qué no volver a reflotar la necesidad de una YPF Agro como actora testigo?

“Que funcione como una agencia, que cuando los precios internacionales son bajos sale a comprar para compensar a los pequeños productores. Podría marcar el rumbo en el abastecimiento y exportar de ser necesario”, reflexionaron desde Agricultura. Una propuesta, quizás, para otra correlación de fuerzas.

 

Causas del aumento

Para el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el precio de la carne tuvo un incremento del 75% durante el año pasado. El precio del maíz incidió en un 10%.

“El aumento general se explica por la tracción de la demanda de China, que hace tres años viene transformando el mercado, bajando el porcentaje de consumo interno de carne y aumentando la exportación. Este hecho se combina con el aumento de uno de los insumos de la carne vacuna, el maíz, que tiene una incidencia menor en la carne vacuna pero significativo en otras producciones como el pollo, la leche o la producción porcina. Y adicionalmente, los novillos actuaron, en el segundo semestre de 2020, como reserva de valor impulsando el precio al alza”, indicaron desde CEPA.

Más allá de todos estos condicionantes, nada justificó tamaño incremento de precios cuando la inflación anual fue del 36%. Hubo un gran componente de especulación de los supermercados.

El año pasado, la producción de carne vacuna totalizó 3,17 millones de toneladas (res con hueso), un incremento del 1,3% interanual. Hubo un mayor volumen que se volcó a la exportación y no al consumo interno.

Las exportaciones de carne vacuna –según los datos que maneja la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra)– alcanzaron las 917.000 toneladas, un incremento del 8,4% en relación al 2019. El resultado más alto de las últimas décadas. Es decir, se exportó el 29% de lo producido. En cambio, el consumo interno cayó el 1,3%.

En 2015, el consumo per cápita de carne vacuna era de 58,6 kilos. En 2019 fue de 50,9 kilos y el año pasado de 49,7 kilos. El sueño de los grandes exportadores.

 

Inversión

“Así como al inicio del Gobierno de Macri empezamos a perder 100.000 pesos mensuales, el año pasado pude dar vuelta el negocio en tres meses”, afirma Walter Baiocco.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que había cambiado?

—Al principio plancharon el dólar, levantaron el precio de la carne, se empezó a construir. Y eso es plata en el sistema. Y es lo que nos falta hoy.

Luego de tres meses, pandemia. Uno de los pocos sectores que nunca dejó de movilizarse y facturar fue el agropecuario. Algunos más que otros. Incluso algunas empresas tuvieron responsabilidad en las tensiones sobre el tipo de cambio al no liquidar divisas en tiempo y forma, tal como viene informando El Cohete.

“Muchos critican el IFE o el ATP pero fue la plata que se volcó a la rueda. Acá somos 4.000 habitantes. Y se notó el impacto de ese dinero. Algunos compraron ladrillos, otros carne. Al que se le da plata, la gasta”. El gasto, dentro de una comunidad, es inversión.

 

 

 

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