De Dorrego a Cristina

Fusilamiento y conspiración

 

La historia es una disciplina que ha sido movida estratégicamente de los diseños curriculares, de los planes y programas de estudio de las escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires. Seguramente no hace falta dicha disciplina para un neoliberalismo que nos plantea el mundo como una totalidad global y homogénea dirigida por los mercados. Para qué enseñar una historia que nos venga con el cuento de que la humanidad es esencialmente plural y diversa. Eso es lo que se enseña —entre otros temas inconvenientes a juzgar por el Ministerio de Educación— en los históricos Institutos del Profesorado porteños y es una de las razones que impulsan al Ministerio de Educación para restarles un financiamiento adecuado.

Como de historia estamos hablando, tampoco hace falta una disciplina que recuerde algún día que, durante el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, la Vicepresidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, estuvo a punto de ser asesinada dentro de la geografía sobre la que reina y en el barrio de Recoleta. Ni que la historia consigne que, en la misma ciudad, se llevó a cabo el juicio más injusto y ridículo de la historia argentina, a partir del montaje de causas y delitos inexistentes y contra la misma persona que se quiso matar días antes.

En las escuelas porteñas no se hablará de ello, solo se reproducirán las versiones que sobre estos temas se han preparado prolijamente. Se les negará a lxs jóvenes de la ciudad el conocimiento de una historia que no sea racista, colonial, colonialista y mercadista. Porque para los dueños del planeta, la única historia posible es la presente, la historia de la homogeneidad global, aquella de que la realidad es lo que hay, la que permiten enseñar los dueños del poder real. ¿Para qué enterarnos de alguna otra versión del pasado, aunque sea el nuestro? ¿Para qué la historia, si total la bala no salió pero el fallo sí salió, como decía Clarín, luego del acto criminal? O ¿habrá peronismo sin Cristina y habrá Argentina sin peronismo, tal como nos instruía el legislador Gerardo Milman, desde su despacho conspirador, en un bar cercano al Congreso? Fue este un enorme ejercicio de adivinación, días antes de los hechos y refiriéndose al destino inmediato de la Vicepresidenta, a la que creyó muerta mientras él viajaba plácidamente a la costa atlántica.

Tampoco es deseable para el Ministerio de Educación que en las clases de Formación Cívica se hable sobre los exabruptos de la Cámara Federal Porteña, que le rechazó recursos a Cristina Fernández de Kirchner para que no dejaran libres a posibles cómplices de su abortado asesinato. Todos ellos, miembros de una organización neonazi llamada “Revolución Federal”, se auto-consideran salvadores de la patria e intérpretes de los deseos de la sociedad. Aunque ya estuvieran todos procesados por imponer sus ideas o enmudecer las ajenas por medio de la violencia, la difusión del odio y la instalación del miedo. No, porque esta no es la realidad y, para el neoliberalismo, este es el nuevo orden y la nueva justicia.

Para qué conocer en las escuelas citadinas al grupo al que Macri llamó “unos loquitos sueltos”, pero que fue la mano de obra del atentado. A ver si todavía descubrimos que tenían puerto, logística y financiamiento político para cometer el crimen, y si ese puerto, estaba nada menos que en Juntos por el Cambio.

Las argumentaciones negadoras y minimizantes, el silenciamiento en los medios hegemónicos sobre el crimen cometido en Recoleta, el aparato represivo montado desde la oscuridad por el Ministerio de Seguridad del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, así como el ataque focalizado a militantxs y políticxs del peronismo con anterioridad al 1 de septiembre y la desidia, ineficacia e ineficiencia de la investigación a cargo del caso que no hace más que permitir el crecimiento de estos grupos, nos eximen de argumentos.

La historia que se imparte en las escuelas omitirá la verdad y la significación de los hechos. Hechos sobre los cuales los docentes no se encuentran autorizados a hablar para que no los acusen de adoctrinadores y les hagan sumarios más penales que administrativos. Todos estos hechos hacen que el posterior viaje conspirador al patagónico Lago Escondido no nos extrañe demasiado.

Sin embargo, nada hay de nuevo bajo el sol, ya que aun en otros contextos históricos, con otros personajes y otras herramientas, algunos de los fenómenos descriptos ya ocurrían.

Por ejemplo y además fortalecido por la enorme pluma y prosa de D. F. Sarmiento y sin el ánimo de comparar al sanjuanino con esta banda de conspiradores de una pobreza lingüística soberana, culposa, machista y colonial puesta en evidencia en los chats que tomaron estado público, es que propongo alguna reflexión.

No es nuevo que en el viejo liberalismo unitario y conservador, la idea de la eliminación del otro ya era moneda corriente a principios del siglo XIX y que también se tejían conspiraciones, se cometían crímenes en nombre de la patria, acciones que luego se banalizaban y justificaban. Así, como si nada hubiera pasado o como si lo que ocurrió fuese un hecho natural, previsto, imposible de evitar, aunque se tratara de una tragedia política traducida en un asesinato. Nada, ni el casi permanente estado de guerra civil en el que se vivía por entonces, justifica la eliminación del otrx o de lxs otrxs. Desde ningún ángulo de la política ni en ningún tiempo o espacio.

Tales fueron, por ejemplo, los comentarios deslizados por Domingo F. Sarmiento en Facundo, Civilización y Barbarie, luego de los asesinatos del gobernador de Buenos Aires, general Manuel Dorrego, a manos de del general Juan Lavalle en 1828 y del general Juan Facundo Quiroga, gobernador de La Rioja, a manos de los (luego ejecutados por J.M. de Rosas) Santos Pérez y los hermanos Reynafé, traidores a la causa federal en 1835 e instigadores del asesinato de Quiroga.

Nos decía el celebrado padre de la educación argentina, Domingo Faustino Sarmiento: “La muerte de Dorrego fue uno de esos hechos fatales, predestinados, que forman el nudo del drama histórico”.

O “Dorrego estaba de más para todos”.

Agregaba Sarmiento: “Lo que Lavalle hizo fue dar con la espada un corte al nudo gordiano en que habrá venido a enmendarse toda la sociabilidad argentina. Dando una sangría, quiso evitar el cáncer lento”.

O “La muerte de Dorrego era una consecuencia necesaria de las ideas dominantes de entonces y que dando cima a esta empresa, el soldado intrépido [Lavalle] hasta desafiar el fallo de la historia, no hacía más que confesar el voto confesado y proclamado del ciudadano”.

O “Lavalle, fusilando a Dorrego, se proponía fusilar a Bustos, López, Facundo y los demás caudillos, respondía a una exigencia de su época y de su partido”, del que el introductor de Civilización y Barbarie en la Argentina fue cómplice e ideólogo.

Sobre Quiroga justificó el crimen. Lo atribuyó a la predestinación política, tomando en cuenta la vida que llevaba y los odios ganados por un hombre típico exponente de la barbarie.

Luego de la relectura del Facundo, ya que de allí extrajimos las citas, nos sentimos tentados a interrogarnos.

Primero: en caso de haberse consumado el crimen de Cristina Fernández de Kirchner, ¿no podrían los diarios hegemónicos haber escrito en el mismo sentido que lo hizo Sarmiento para describir casi como algo natural, deseado, el crimen de Dorrego a manos de Lavalle? De hecho, los chats entre los miembros de Revolución Federal y el resto de los procesados, así como los hechos llevados a cabo con antorchas, guillotinas, horcas y agresiones variopintas, dan por sentado que Cristina, Alberto, Máximo y el peronismo debían llegar a su fin. Que es algo esperado por la sociedad.

Segundo: parecieran existir entre ambos tipos de banalizaciones, las de Sarmiento y las de Juntos por el Cambio, alguna vinculación. Al fin y al cabo, cualquier comienzo de la actual y absurda binariedad llamada “grieta” reconoce sus orígenes en el enfrentamiento entre unitarios y federales. Y, en los casos mencionados, las palabras descriptas tuvieron origen en el lado liberal, unitario y conservador y en el hoy denominado neoliberalismo, ambos sectores socios a través del tiempo.

Los personajes que decidieron aceptar una invitación privada del diario Clarín para irse a esconder en la Patagonia a un lago que es propiedad de un extranjero e inglés y hacer lo que mejor saben, por ser conspiradores vitalicios, constituyen una mafia. No admiten reparos ni límites legales ni éticos para destruir las instituciones democráticas y llevarse por delante al pueblo argentino. Funcionan como un Estado paralelo. Deciden sobre el presente y futuro de todas y todos los argentinxs. Desparraman su odio, inoculando con este a toda subjetividad posible. Lo hacen a través de los medios concentrados de comunicación, como Clarín y La Nación.

Finalmente, Cristina Fernández de Kirchner se situó ante un pelotón de fusilamiento jurídico, mediático y político. Fue condenada y proscripta junto a millones de personas que sostienen que nada puede haber sin ella ni el Frente de Todos. Cristina redobló la apuesta renunciando a sus posibles candidaturas e interpelando con su ejemplo a la sociedad; desafiando a los poderes de facto y a los eternos colaboradores de los golpes militares.

Cristina no estaba de más para todos —como tampoco lo estuvo Manuel Dorrego— porque a ambos los respaldaron y respaldan mayorías. Es en la historia argentina y latinoamericana donde hace rato penetró Cristina Fernández de Kirchner, porque es una líder de masas del campo nacional y popular y una estadista latinoamericana y no hay escuela en el país que pueda silenciarla en beneficio de la ignorancia, ni siquiera las del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, enemigo acérrimo del peronismo, del federalismo y de cualquier historia que tenga como sujeto al pueblo trabajador y se oponga a su lógica racista, colonial, individualista y adoradora del mercado.

Con su actitud, la ex Presidenta volvió a burlar al poder real y le puso en claro al otro, al formal, que no está para ser títere de nadie. Que el momento no admite claudicaciones, menos de parte de quienes rinden fidelidad a la mejor discípula (junto con N. Kirchner) de Juan Domingo y Eva Perón y al peronismo. Que hay que definir el modelo político y económico de desarrollo. Que la Nación está en riesgo. Que los poderes concentrados de la economía, el Estado paralelo y la mafia judicial y seguramente otros intereses extranjeros esperan que el peronismo pase a ser solo un parque temático para ir de paseo. La movilización popular, la habilidad del gobierno nacional y la clase política del Frente de Todos serán herramientas indispensables para evitarlo. Que estén a la altura de los acontecimientos es lo que esperamos todos y todas.

 

 

 

Prof. Raúl Moroni fue supervisor de Educación Media y ex director de área de CABA. Pertenece al Grupo Rescate de educadores de la ciudad de Buenos Aires.

 

 

 

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