De eso no se habla

El saludo de Bergoglio a la viuda de Perón y la impunidad de la Triple A

 

Hace unos días reapareció en los medios de comunicación la ex Presidente María Estela Martínez de Perón. La misma, refugiada en España desde hace varias décadas, es corresponsable ideológica de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la organización para estatal Alianza Anticomunista Argentina. Ha gozado de total impunidad por los acuerdos con quienes gobernaron el país desde el 10 diciembre de 1983 a la fecha, por lo que resulta incomprensible que haya recibido el saludo del Papa Francisco por sus 90 años. Sólo explicable por el alineamiento de éste –cuando era Jorge Mario Bergoglio– con el grupo de la derecha peronista autodenominado Guardia de Hierro.

La Triple A nació en octubre de 1973 para reprimir la “infiltración castro comunista en el Movimiento”. Era el “somatén criollo”, como la denominara el general. El nombre surge de una banda paramilitar que organizara José Antonio Primo de Rivera en España a principios de la década del ’30, dirigida a reprimir ilegalmente a los partidarios de la República.

Nuestra Triple A secuestró, asesinó e hizo desaparecer a más de 1.500 militantes populares entre 1973 y 1976. La dictadura cívico militar absorbió a los integrantes de la misma que pasaron a conformar los llamados grupos de tareas de las Fuerzas Armadas. Sumó en sus comienzos a bandas parapoliciales que operaban en diferentes provincias, entre las que estaban el Comando Libertadores de América en Córdoba y el Comando Entre Ríos en mi provincia. Este último, con claras vinculaciones con el gobernador Tomás Cresto, colocó el 29 de septiembre de 1973 un artefacto explosivo de alto poder en mi domicilio en Paraná, en la intersección de las calles San Martín y Paraguay. Podría haber asesinado a la que era mi compañera en esa época, a mis tres hijos y a mi madre, ya que fue ubicado en una ventana que daba a la calle que se podía presumir que era nuestro dormitorio pero no fue así, ya que estaba en la parte de atrás de la casa igual que el de los pequeños.

En febrero de 1974, cuando ocupaba la dirección del diario El Mundo, el entonces Presidente Juan Domingo Perón convocó a una conferencia de prensa en la Casa Rosada. La corresponsal acreditada Ana Guzetti nos requirió a mí y al equipo que integraba junto a Alberto Genoud y a Tito Baquela que la orientáramos sobre qué tema le podía preguntar. Le sugerimos que lo interrogara sobre cuál sería la conducta de su gobierno frente al accionar de bandas parapoliciales en los barrios. Así lo hizo y la reacción del entonces Presidente fue inesperada. La amenazó con iniciarle una querella criminal, para lo cual le pidió a un asistente presente que le tomara los datos. Así lo hizo e inició una persecución contra nuestra compañera. La conducta del general mostró que no era ajeno al surgimiento de esta banda criminal que en diciembre de 1973 había condenado a muerte a centenares de militantes populares, entre los que me encontraba.

En el peronismo reciclado que surge luego del regreso a la institucionalidad formal en 1983, que nada tiene que ver con aquel movimiento al que me sume en 1954 y en el que milite hasta 1974, hay una consigna: de eso no se habla.

En el país del No me Acuerdo los crímenes de lesa humanidad cometidos por la Triple A quedan impunes. No lo podemos permitir y tenemos que evitar que se siga manipulando la historia.

 

 

 

Nota: algunos de estos hechos forman parte del primero y segundo tomo de la saga de mi autoría Un Viaje Hacia las Utopías Revolucionarias. El primero ha sido editado por la Editorial De la Comarca.
*El autor es abogado y periodista, ex director del diario El Mundo y de las revistas Nuevo Hombre y Diciembre 20.

 

 

 

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