DE PANDEMIAS, EPIDEMIAS Y ENDEMIAS

La desigualdad social es una pandemia más grave que el coronavirus.

 

¿Por qué mutan los virus? Es una pregunta sin respuestas consensuadas. En el caso del coronavirus, las respuestas van desde hipótesis conspirativas a la cuestión del cambio climático, las prácticas culturales de alimentación o la falta de control sanitario en mercados populares. Nada distinto se vivió con la epidemia de la gripe llamada porcina, en sus inicios, que mutó de repente a H1N1, tomando así un carácter científico y alejándose de la polémica con la industria porcina que denunciaba “discriminación”. Ahora no se habla de porcinos, sino de serpientes y murciélagos.

Las epidemias están ligadas a intereses comerciales, económicos y políticos a lo largo de la historia. Y en función de ellos se fomentan el pánico, la discriminación y las oportunidades de negocios. La gente transmite preocupación si siente que alguien tose en un transporte público, se producen miradas de temor. Ya se informa que ha aumentado la venta de barbijos. En ese contexto, debemos preguntarnos: ¿la población de origen chino comenzará a ser estigmatizada y los supermercados chinos perderán clientes? La información estructurada como alarma lleva a esas situaciones, he aquí la responsabilidad de los medios de comunicación social en una epidemia.

Pero otra pandemia azota al mundo y de ella no se habla, a pesar de que provoca todos los años millones de muertos y enfermos, y que convivimos con ella cotidianamente: se trata de la desigualdad social. Pero esta pandemia no es noticia, no recibe la atención que debiera, dada su magnitud. Esto señala la relación entre las catástrofes epidemiológicas y el poder. Ya no se trata de bacterias ni de virus que mutan, se trata de sociedades que dominan a otras sociedades, se trata de una misma sociedad en la que se han perdido principios básicos de solidaridad, situaciones mucho más peligrosas que cualquiera epidemia.

William H. McNeill en su libro Plagas y pueblos describe el impacto que las enfermedades infecciosas han ejercido en la historia, condicionando y modificando su curso. Cita cómo una plaga desmoralizó al ejército ateniense durante las guerras del Peloponeso; cómo una epidemia asoló el Imperio Romano antes de su decadencia; cómo en el siglo XVI la viruela fue lo que permitió a Hernán Cortés, con solo seiscientos hombres, conquistar el Imperio Azteca, conformado por millones de personas. Las epidemias han acumulados muertes a lo largo de la historia, se calcula que la viruela ha dejado más de 300 millones de muertos, el sarampión 200 millones, la gripe española 100 millones, la peste negra 76 millones, el tifus 4 millones y el cólera 3 millones. En diferentes épocas, otras epidemias —sin tener tal magnitud— azotaron a la humanidad: la lepra, la malaria, la sífilis y la fiebre amarilla son algunos ejemplos.

Tal como señala Eduardo Menéndez (antropólogo argentino radicado en México), durante las epidemias los medios de comunicación presentan la información en términos negativos, alarmistas y catastróficos, generando espectacularidad y sensacionalismo, concentrando la información en lo trágico, en el escándalo y en el desastre. Pero lejos está —en general— la intención de ayudar a pensar y a fortalecer mecanismos de solidaridad, evitando la discriminación.

 

 

Una información sesgada hacia el espectáculo.

 

 

La situación de la epidemia de coronavirus debe recibir nuestra atención, pero bajo ningún punto de vista puede hacernos olvidar nuestros problemas sociosanitarios, algunos crónicos, de carácter epidémico o endémico. Refresquemos la memoria con algunos datos de Argentina: los últimos registros oficiales del Ministerio de Salud informan que cada año hay 10.500 casos nuevos y más de 500 muertos por tuberculosis. La endemia de Chagas tiene más de 2 millones de infectados y 500 muertos por año. Desde hace mas de una década asistimos a una epidemia de sífilis congénita con muy alto subregistro que nos lleva a suponer de la existencia de decenas de miles de casos anuales. Las desiguales Argentinas se expresan en las endemias regionales como la leishmaniasis en NOA y NEA, la hidatidosis en la Patagonia, los casos dispersos por el país de leptospirosis y hantavirus, la amenaza real de epidemia de dengue desde hace más de 20 años; las casi 3.000 personas que cada año mueren por armas de fuego; las más de 500.000 mujeres que deben enfrentar cada año un aborto clandestino y de las cuales 500 pierden la vida; los casi 1.500 muertos anuales por SIDA. La epidemia no asumida de muertes violentas—sobre todo en jóvenes— entre 10 y 29 años con más de 2000 muertes todos los años, en su gran mayoría hombres y que se deberían relacionar con la cuestión patriarcal.

Frente a los datos anteriores, los medios de comunicación social comerciales callan, omiten los grandes y crónicos problemas sociosanitarios. Y si los informan, lo hacen desde lo extraordinario y no sobre lo común, ocultando las magnitudes en lo que comunican. Así la información entretiene y no obliga a pensar. Las epidemias se vuelven espectáculo. Los medios transmiten la idea del riesgo personal que fortalece el planteo de la sociedad del riesgo que lleva a vidas autocentradas, en las que el narcisismo desplaza a la solidaridad, y el riesgo disciplina, fundamentándose en la vieja estrategia de culpabilizar a la víctima, mecanismo descripto por la escuela de sociología de Chicago y utilizada tanto por la medicina, como por el racismo y el sexismo.

Vale ante esta nueva epidemia volver a recordar al primer ministro de Salud de la Argentina, Ramón Carrillo quién afirmaba: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios como causas de enfermedades son unas pobres causas”.

 

 

Ramón Carrillo con el matrimonio Perón.

 

 

 

 

  • Director del Instituto de Salud Colectiva, Universidad Nacional de Lanús

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20 Comentarios
  1. Sebastian dice

    Excelentes reflexiones! no puedo evitar centrar la mirada en los medios de comunicación, que a estas alturas, una vez mas demuestran su mezquindad y que solo se rigen bajo intereses económicos y siempre con ese estigma neoliberal diciendo lo que el estado debe o no hacer. Hoy atravesamos una pandemia sin precedentes, es el momento de ser humildes y solidarios, nadie tiene la verdadera solución, la economía no se debe ser prioridad nunca ante la salud de las personas, hay enfermedades que no deberían existir.
    En lo personal me ha quedado muy claro que el mundo que quiero para mi y para mis hijos es un mundo con conciencia social, solidaridad y distribución mas justa de las riquezas donde el estado llegue a donde mas se necesita.

  2. Ileana dice

    En cuanto a la identificación de funciones esenciales de la salud pública en el artículo de Spinelli puedo distinguir en relación al COVID-19:

    -El seguimiento, evaluación y análisis de la situación de salud especifica de la situación de pandemia actual.
    -La vigilancia de la salud pública, investigación y control de los riesgos.
    -Reduccion del impacto de las emergencias y desastres en salud.

    La salud en su conjunto es una tarea no sólo de los médicos sino de la sociedad y según los indicadores de las FESP algunos aspectos no se tendrían en cuenta p COVID 19 como para otros problemas de salud que atraviesan a las sociedades desde hace muchos años.
    En tal sentido es una cuestión de pensar en el contexto ( en el aire, en el agua,en los lugares) y en el acceso a derechos de ciudadanía. Pensar en salud implica pensar en salud social como un derecho y no como mercancía.
    Hay cuestiones que van a aparecer o agravarse, tal el caso de algunas enfermedades y/o situaciones sociales que van a estar ligadas a la profundización de la pobreza y que no han Sido consideradas o dimensionadas.
    La desigualdad social lo que produce es mortalidad.
    También me parece importante considerar que la pérdida de derechos, habilita la posibilidad de pensarnos como sociedad. Nos encontramos en un escenario de intervención dolido, dañado, por los acontecimientos de los últimos tiempos ya sea a nivel nacional como mundial, y esto incide en la construcción de sociabilidad y de ciudadanía. Esto significa que puede pensarse en prácticas ligadas a la percepción y no sólo a la presencia de un virus, así como también al «Cómo» se construye, comprende, explica el imaginario social alrededor de esa cuestión sino también como podría ser resuelto.
    En ese punto la mirada el territorio marca una singularidad y esa singularidad a su vez singularizada la enfermedad. No es lo mismo parecer coronavirus, en un barrio que en otro o la idea que se tiene de un barrio que en otro.
    Habría que entender la enfermedad como fenómeno, no sólo pensar en la diada causa y efecto sino también en las múltiples causas que condicionaron el ingreso del virus o enfermedades ( acceso al agua potable, al tipo de trabajo que las personas tienen, la posibilidad de lavarse las manos, etc).
    La enfermedad mirada como un fenómeno colectivo y no individual.
    El ASPO en tal caso no es un recorrido individual sino colectivo, de lo contrario se continúan vulnerando los derechos sociales más básicos que son el derecho a la salud, del derecho a la educación, el derecho a la justicia…también en este punto es importante- a mi criterio- resaltar que a veces esta falta de mirada más amplia y no tan individualizada, tienen que ver no sólo con el poder, sino también con esto que mencionaba anteriormente de la singularidad…es decir como cada sujeto mira su entorno más próximo… A veces también se juega el temor de que esa realidad, que no nos gusta o qué es espejo de otros, sea nuestra propia imagen.

    Por lo tanto, indicadores tales como:
    desarrollo de políticas y capacidad institucional de planificar y gestionar en materia de salud pública, el fortalecimiento de la capacidad institucional de regular, fiscalizar, evaluar y promocionar el acceso equitativo a los servicios de salud necesarios, el desarrollo de recursos humanos y capacitación en salud pública y el mejoramiento de la calidad de los servicios de salud individual y colectivo, tanto como la investigación; no están siendo tenidos en cuenta o por lo menos no dimensionados con la importancia que reviste. Los mismos se encuentran obturados o sesgados según la lógica de poder dominante (entendiendo al poder como la decisión de hacer o no hacer).

  3. Carlos HC dice

    Rodolfo, sin animo de polemizar de más, voy a tratar de hacer mis criticas más claras.
    1- Spinelli dice:
    “ ¿Por qué mutan los virus? Es una pregunta sin respuestas consensuadas.”
    Esta frase es muy general para ser creíble. Se sabe bien porque los virus mutan: son estructuras orgánicas relativamente sencillas. Pero Spinelli lo expresa de esa forma para poner en duda TODA la ciencia detrás de TODOS los virus.
    Y para fundamentar su aseveración da dos ejemplos:
    ” En el caso del coronavirus, las respuestas van desde hipótesis conspirativas a la cuestión del cambio climático, las prácticas culturales de alimentación o la falta de control sanitario en mercados populares.” “Nada distinto se vivió con la epidemia de la gripe llamada porcina, en sus inicios, que mutó de repente a H1N1, tomando así un carácter científico y alejándose de la polémica con la industria porcina que denunciaba “discriminación”. Ahora no se habla de porcinos, sino de serpientes y murciélagos”

    El hecho de que haya habido hipótesis iniciales no tiene nada de especial, y menos desmerecedor de la ciencia como lo expresa Spinelli. Siempre se hacen hipótesis para orientar búsquedas.
    En el caso del C-Virus aparentemente ya se han identificados los animales involucrados
    (https://www.pagina12.com.ar/246319-coronavirus-que-papel-cumplio-el-pangolin-en-la-transmision-),
    lo cual termina de desmentir a Spinelli. Había animales en el medio, y ya se saben cuáles son. Nadie inventó nada.

    Con la gripe porcina, Spinelli hace un paralelo totalmente engañoso. Dice “que mutó de repente a H1N1, tomando así un carácter científico y alejándose de la polémica “, sugiriendo que la ciencia medica es totalmente servil a los intereses económicos que la mantienen. Esa afirmación es también falsa: El origen de la fiebre porcina está bien identificado, y el hecho de que no hay vacunas es de conocimiento público. Esta todo en Wikipedia sin ir mas lejos….

    Conclusión 1: Todo el párrafo inicial del artículo es sesgadamente ambiguo, apuntado a sugerir que la ciencia médica no sabe porque los virus mutan, y que al verse bajo presión, en la desesperación los médicos inventan algo falso que suene científico (“H1N1”), haciendo evidente su servilismo a los intereses económicos.
    (Mejor que nos acordemos de esto para el próximo invierno: la vacuna contra la gripe es un invento con “carácter científico “ de los laboratorios para sacarnos plata. No protege a nadie. Spinelli lo explica muy clarito: es pura pretensión manipulativa…)

    2- Spinelli dice: “Las epidemias están ligadas a intereses comerciales, económicos y políticos a lo largo de la historia.”

    Esto es ya demasiado burdo, pero lo voy a explicar lo mismo: Las epidemias NO ESTAN LIGADAS a nada que no sean las bacterias o los virus. Que las condiciones de vida faciliten la propagación o la permanencia endémica, nadie lo niega, pero no hay que mezclar las cosas. Y que los intereses políticos o económicos a veces les hayan sacado ventaja es también otra cosa.
    Spinelli subordina las epidemias al orden político/económico para poder aseverar:
    “fundamentándose en la vieja estrategia de culpabilizar a la víctima, mecanismo descripto por la escuela de sociología de Chicago y utilizada tanto por la medicina, como por el racismo y el sexismo.’

    O sea que, según Spinelli, debido a la vieja estrategia de culpar a los pobres “las epidemias han acumulado muertes a lo largo de la historia, se calcula que la viruela ha dejado más de 300 millones de muertos, el sarampión 200 millones, la gripe española 100 millones, la peste negra 76 millones, el tifus 4 millones y el cólera 3 millones.”

    Conclusión 2: Según Spinelli, las epidemias NO son hechos en si mismos, como un terremoto, una inundación, o una sequía que causa hambre. Son estrategias de dominación, y eso fue así desde la edad de piedra. Ejemplo: Hernán Cortez uso la viruela a propósito para conquistar América. (Poderoso el hombre.)

    En vista de estas descripciones más bien sesgadas de la ciencia médica y de la historia es que busqué otros escritos de Spinelli, sobre todo en vista de que no escribe como periodista, sino como académico de la Universidad de Lanus, y no me sorprendió descubrir que fuera un seguidor de Foucault.
    Foucault inventó la idea de que los médicos ‘necesitan’ de las enfermedades para controlarnos socialmente, lo que se llama Biopolítica.
    Supongo que has visto la película ‘Atrapado sin salida’, basada en la novela “One Flew Over the Cuckoo’s Nest”. Esa novela/película anticipa la teoría de Foucault por casi 10 años.
    Y si estos argumentos no te convencen, escúchalo al antropólogo Menéndez, a quien Spinelli usa como referencia en su artículo, explicando el rol determinante que juegan las curanderas en la salud social :
    https://youtu.be/458RGS1mG98
    Toda la teoría de Menéndez está sustentada por dos casos (1+1=2 casos!) estudiados en un hospital de España, que lamentablemente no puede nombrar…
    (Y no te pierdas la parte donde Menéndez explica porque para ser socialmente consciente un médico debería aconsejar a sus pacientes diabéticos que no coman tantos pastelitos.)
    ——————
    Yo no voy a negar que hay manipulación en la selección de noticias de la TV. Como podría? Pero también hay otras formas de manipulación más sutiles. El artículo de Spinelli es una de esas, aunque bien mirado, ya no me parece tan sutil.

    Insisto en que Spinelli debió mencionar a Foucault y la biopolítica primero, y recién argumentar. Así como esta escrito, Spinelli usa su poder académico (en el mejor estilo foucaultiano) para tergiversar hechos y datos y así convencernos de que la medicina moderna es pura biopolítica servil a los poderes mediáticos, etc.
    Yo eso no lo considero aceptable: La Medicina Moderna merece un poco más de respeto.

  4. Rodolfo dice

    Partamos de un acuerdo básico: la salud es la resultante de las condiciones de vida de las sociedades. El modo de trabajar, de educarse, de relacionarse con los demás y con la naturaleza, de acceder a la satisfacción de las necesidades básicas, determinará el modo de enfermar y morir.

    Las enfermedades infecciosas hacen sus mayores estragos entre los pobres, los accidentes laborales y las intoxicaciones laborales los sufren los obreros y no los patrones, el número de víctimas de la violencia es mayor entre los pobres que entre los ricos, las cárceles (los institutos más insalubres) están llenas de pobres.

    A esta concepción creo yo que apunta el Artículo de Hugo Spinelli. No conozco cuáles son sus referentes filosóficos pero al menos no veo que en el artículo se recomiende no vacunar sino todo lo contrario. Si el ejercicio de la medicina se ha distorsionado por los negocios y la explotación de los trabajadores de la salud, la causa no está en la ciencia en que se sostienen sus prácticas sino en las estructuras sociales y políticas en que se desempeña.

    En cuanto a la relación entre las epidemias y los intereses comerciales cuando la salud deja de ser un derecho y pasa a ser una mercancía al alcance de quien la pueda pagar éstas se transforman en una enorme oportunidad de negocios para los laboratorios, fabricantes de insumos médicos y de tecnologías aplicables, así como las entidades financieras que los sostienen.

    Los intereses geopolíticos se prenden cuando las padece un competidor y suman variables distorsivas y discriminativas de las que somos todos víctimas ya que son los grandes capitales los dueños directos o indirectos de los medios de comunicación.

    Siendo la salud la resultante de las condiciones de vida y siendo las condiciones de vida la consecuencia mediata o inmediata de las decisiones políticas de quienes gobiernan, y sabiendo que quienes gobiernan lo hacen mayormente representando intereses que raramente tienen que ver con el bienestar y el buen vivir que llevan a la buena salud, no resulta sorprendente que la salud como producto final de nuestro modo de vivir no tenga “popularidad mediática” salvo como motivo de escándalo o marketing circunstancial. Es ahí cuando se hace énfasis en los riesgos y responsabilidades individuales más que en los riesgos y responsabilidades políticas y sociales.

    Las epidemias “agudas”, las que aparecen de golpe suelen tener más cartel que las “crónicas” a las que estamos “acostumbrados” como si fueran parte del paisaje.

    Los pobres se enferman de tuberculosis y las sociedades se enferman de pobreza.

  5. Luis Juan dice

    Estimado Hugo:
    Brillante análisis.
    Siempre agrego alguna que otra digresión a los columnistas, que generosamente me lo permiten.
    En este caso, no quisiera desviar un milímetro la impecable reflexión, porque resume muy bien todas las aristas.

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