DE PANDEMIAS, EPIDEMIAS Y ENDEMIAS

La desigualdad social es una pandemia más grave que el coronavirus.

 

¿Por qué mutan los virus? Es una pregunta sin respuestas consensuadas. En el caso del coronavirus, las respuestas van desde hipótesis conspirativas a la cuestión del cambio climático, las prácticas culturales de alimentación o la falta de control sanitario en mercados populares. Nada distinto se vivió con la epidemia de la gripe llamada porcina, en sus inicios, que mutó de repente a H1N1, tomando así un carácter científico y alejándose de la polémica con la industria porcina que denunciaba “discriminación”. Ahora no se habla de porcinos, sino de serpientes y murciélagos.

Las epidemias están ligadas a intereses comerciales, económicos y políticos a lo largo de la historia. Y en función de ellos se fomentan el pánico, la discriminación y las oportunidades de negocios. La gente transmite preocupación si siente que alguien tose en un transporte público, se producen miradas de temor. Ya se informa que ha aumentado la venta de barbijos. En ese contexto, debemos preguntarnos: ¿la población de origen chino comenzará a ser estigmatizada y los supermercados chinos perderán clientes? La información estructurada como alarma lleva a esas situaciones, he aquí la responsabilidad de los medios de comunicación social en una epidemia.

Pero otra pandemia azota al mundo y de ella no se habla, a pesar de que provoca todos los años millones de muertos y enfermos, y que convivimos con ella cotidianamente: se trata de la desigualdad social. Pero esta pandemia no es noticia, no recibe la atención que debiera, dada su magnitud. Esto señala la relación entre las catástrofes epidemiológicas y el poder. Ya no se trata de bacterias ni de virus que mutan, se trata de sociedades que dominan a otras sociedades, se trata de una misma sociedad en la que se han perdido principios básicos de solidaridad, situaciones mucho más peligrosas que cualquiera epidemia.

William H. McNeill en su libro Plagas y pueblos describe el impacto que las enfermedades infecciosas han ejercido en la historia, condicionando y modificando su curso. Cita cómo una plaga desmoralizó al ejército ateniense durante las guerras del Peloponeso; cómo una epidemia asoló el Imperio Romano antes de su decadencia; cómo en el siglo XVI la viruela fue lo que permitió a Hernán Cortés, con solo seiscientos hombres, conquistar el Imperio Azteca, conformado por millones de personas. Las epidemias han acumulados muertes a lo largo de la historia, se calcula que la viruela ha dejado más de 300 millones de muertos, el sarampión 200 millones, la gripe española 100 millones, la peste negra 76 millones, el tifus 4 millones y el cólera 3 millones. En diferentes épocas, otras epidemias —sin tener tal magnitud— azotaron a la humanidad: la lepra, la malaria, la sífilis y la fiebre amarilla son algunos ejemplos.

Tal como señala Eduardo Menéndez (antropólogo argentino radicado en México), durante las epidemias los medios de comunicación presentan la información en términos negativos, alarmistas y catastróficos, generando espectacularidad y sensacionalismo, concentrando la información en lo trágico, en el escándalo y en el desastre. Pero lejos está —en general— la intención de ayudar a pensar y a fortalecer mecanismos de solidaridad, evitando la discriminación.

 

 

Una información sesgada hacia el espectáculo.

 

 

La situación de la epidemia de coronavirus debe recibir nuestra atención, pero bajo ningún punto de vista puede hacernos olvidar nuestros problemas sociosanitarios, algunos crónicos, de carácter epidémico o endémico. Refresquemos la memoria con algunos datos de Argentina: los últimos registros oficiales del Ministerio de Salud informan que cada año hay 10.500 casos nuevos y más de 500 muertos por tuberculosis. La endemia de Chagas tiene más de 2 millones de infectados y 500 muertos por año. Desde hace mas de una década asistimos a una epidemia de sífilis congénita con muy alto subregistro que nos lleva a suponer de la existencia de decenas de miles de casos anuales. Las desiguales Argentinas se expresan en las endemias regionales como la leishmaniasis en NOA y NEA, la hidatidosis en la Patagonia, los casos dispersos por el país de leptospirosis y hantavirus, la amenaza real de epidemia de dengue desde hace más de 20 años; las casi 3.000 personas que cada año mueren por armas de fuego; las más de 500.000 mujeres que deben enfrentar cada año un aborto clandestino y de las cuales 500 pierden la vida; los casi 1.500 muertos anuales por SIDA. La epidemia no asumida de muertes violentas—sobre todo en jóvenes— entre 10 y 29 años con más de 2000 muertes todos los años, en su gran mayoría hombres y que se deberían relacionar con la cuestión patriarcal.

Frente a los datos anteriores, los medios de comunicación social comerciales callan, omiten los grandes y crónicos problemas sociosanitarios. Y si los informan, lo hacen desde lo extraordinario y no sobre lo común, ocultando las magnitudes en lo que comunican. Así la información entretiene y no obliga a pensar. Las epidemias se vuelven espectáculo. Los medios transmiten la idea del riesgo personal que fortalece el planteo de la sociedad del riesgo que lleva a vidas autocentradas, en las que el narcisismo desplaza a la solidaridad, y el riesgo disciplina, fundamentándose en la vieja estrategia de culpabilizar a la víctima, mecanismo descripto por la escuela de sociología de Chicago y utilizada tanto por la medicina, como por el racismo y el sexismo.

Vale ante esta nueva epidemia volver a recordar al primer ministro de Salud de la Argentina, Ramón Carrillo quién afirmaba: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios como causas de enfermedades son unas pobres causas”.

 

 

Ramón Carrillo con el matrimonio Perón.

 

 

 

 

  • Director del Instituto de Salud Colectiva, Universidad Nacional de Lanús
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18 Comentarios
  1. Rodolfo dice

    Partamos de un acuerdo básico: la salud es la resultante de las condiciones de vida de las sociedades. El modo de trabajar, de educarse, de relacionarse con los demás y con la naturaleza, de acceder a la satisfacción de las necesidades básicas, determinará el modo de enfermar y morir.

    Las enfermedades infecciosas hacen sus mayores estragos entre los pobres, los accidentes laborales y las intoxicaciones laborales los sufren los obreros y no los patrones, el número de víctimas de la violencia es mayor entre los pobres que entre los ricos, las cárceles (los institutos más insalubres) están llenas de pobres.

    A esta concepción creo yo que apunta el Artículo de Hugo Spinelli. No conozco cuáles son sus referentes filosóficos pero al menos no veo que en el artículo se recomiende no vacunar sino todo lo contrario. Si el ejercicio de la medicina se ha distorsionado por los negocios y la explotación de los trabajadores de la salud, la causa no está en la ciencia en que se sostienen sus prácticas sino en las estructuras sociales y políticas en que se desempeña.

    En cuanto a la relación entre las epidemias y los intereses comerciales cuando la salud deja de ser un derecho y pasa a ser una mercancía al alcance de quien la pueda pagar éstas se transforman en una enorme oportunidad de negocios para los laboratorios, fabricantes de insumos médicos y de tecnologías aplicables, así como las entidades financieras que los sostienen.

    Los intereses geopolíticos se prenden cuando las padece un competidor y suman variables distorsivas y discriminativas de las que somos todos víctimas ya que son los grandes capitales los dueños directos o indirectos de los medios de comunicación.

    Siendo la salud la resultante de las condiciones de vida y siendo las condiciones de vida la consecuencia mediata o inmediata de las decisiones políticas de quienes gobiernan, y sabiendo que quienes gobiernan lo hacen mayormente representando intereses que raramente tienen que ver con el bienestar y el buen vivir que llevan a la buena salud, no resulta sorprendente que la salud como producto final de nuestro modo de vivir no tenga “popularidad mediática” salvo como motivo de escándalo o marketing circunstancial. Es ahí cuando se hace énfasis en los riesgos y responsabilidades individuales más que en los riesgos y responsabilidades políticas y sociales.

    Las epidemias “agudas”, las que aparecen de golpe suelen tener más cartel que las “crónicas” a las que estamos “acostumbrados” como si fueran parte del paisaje.

    Los pobres se enferman de tuberculosis y las sociedades se enferman de pobreza.

    1. Carlos HC dice

      Rodolfo, sin animo de polemizar de más, voy a tratar de hacer mis criticas más claras.
      1- Spinelli dice:
      “ ¿Por qué mutan los virus? Es una pregunta sin respuestas consensuadas.”
      Esta frase es muy general para ser creíble. Se sabe bien porque los virus mutan: son estructuras orgánicas relativamente sencillas. Pero Spinelli lo expresa de esa forma para poner en duda TODA la ciencia detrás de TODOS los virus.
      Y para fundamentar su aseveración da dos ejemplos:
      ” En el caso del coronavirus, las respuestas van desde hipótesis conspirativas a la cuestión del cambio climático, las prácticas culturales de alimentación o la falta de control sanitario en mercados populares.” “Nada distinto se vivió con la epidemia de la gripe llamada porcina, en sus inicios, que mutó de repente a H1N1, tomando así un carácter científico y alejándose de la polémica con la industria porcina que denunciaba “discriminación”. Ahora no se habla de porcinos, sino de serpientes y murciélagos”

      El hecho de que haya habido hipótesis iniciales no tiene nada de especial, y menos desmerecedor de la ciencia como lo expresa Spinelli. Siempre se hacen hipótesis para orientar búsquedas.
      En el caso del C-Virus aparentemente ya se han identificados los animales involucrados
      (https://www.pagina12.com.ar/246319-coronavirus-que-papel-cumplio-el-pangolin-en-la-transmision-),
      lo cual termina de desmentir a Spinelli. Había animales en el medio, y ya se saben cuáles son. Nadie inventó nada.

      Con la gripe porcina, Spinelli hace un paralelo totalmente engañoso. Dice “que mutó de repente a H1N1, tomando así un carácter científico y alejándose de la polémica “, sugiriendo que la ciencia medica es totalmente servil a los intereses económicos que la mantienen. Esa afirmación es también falsa: El origen de la fiebre porcina está bien identificado, y el hecho de que no hay vacunas es de conocimiento público. Esta todo en Wikipedia sin ir mas lejos….

      Conclusión 1: Todo el párrafo inicial del artículo es sesgadamente ambiguo, apuntado a sugerir que la ciencia médica no sabe porque los virus mutan, y que al verse bajo presión, en la desesperación los médicos inventan algo falso que suene científico (“H1N1”), haciendo evidente su servilismo a los intereses económicos.
      (Mejor que nos acordemos de esto para el próximo invierno: la vacuna contra la gripe es un invento con “carácter científico “ de los laboratorios para sacarnos plata. No protege a nadie. Spinelli lo explica muy clarito: es pura pretensión manipulativa…)

      2- Spinelli dice: “Las epidemias están ligadas a intereses comerciales, económicos y políticos a lo largo de la historia.”

      Esto es ya demasiado burdo, pero lo voy a explicar lo mismo: Las epidemias NO ESTAN LIGADAS a nada que no sean las bacterias o los virus. Que las condiciones de vida faciliten la propagación o la permanencia endémica, nadie lo niega, pero no hay que mezclar las cosas. Y que los intereses políticos o económicos a veces les hayan sacado ventaja es también otra cosa.
      Spinelli subordina las epidemias al orden político/económico para poder aseverar:
      “fundamentándose en la vieja estrategia de culpabilizar a la víctima, mecanismo descripto por la escuela de sociología de Chicago y utilizada tanto por la medicina, como por el racismo y el sexismo.’

      O sea que, según Spinelli, debido a la vieja estrategia de culpar a los pobres “las epidemias han acumulado muertes a lo largo de la historia, se calcula que la viruela ha dejado más de 300 millones de muertos, el sarampión 200 millones, la gripe española 100 millones, la peste negra 76 millones, el tifus 4 millones y el cólera 3 millones.”

      Conclusión 2: Según Spinelli, las epidemias NO son hechos en si mismos, como un terremoto, una inundación, o una sequía que causa hambre. Son estrategias de dominación, y eso fue así desde la edad de piedra. Ejemplo: Hernán Cortez uso la viruela a propósito para conquistar América. (Poderoso el hombre.)

      En vista de estas descripciones más bien sesgadas de la ciencia médica y de la historia es que busqué otros escritos de Spinelli, sobre todo en vista de que no escribe como periodista, sino como académico de la Universidad de Lanus, y no me sorprendió descubrir que fuera un seguidor de Foucault.
      Foucault inventó la idea de que los médicos ‘necesitan’ de las enfermedades para controlarnos socialmente, lo que se llama Biopolítica.
      Supongo que has visto la película ‘Atrapado sin salida’, basada en la novela “One Flew Over the Cuckoo’s Nest”. Esa novela/película anticipa la teoría de Foucault por casi 10 años.
      Y si estos argumentos no te convencen, escúchalo al antropólogo Menéndez, a quien Spinelli usa como referencia en su artículo, explicando el rol determinante que juegan las curanderas en la salud social :
      https://youtu.be/458RGS1mG98
      Toda la teoría de Menéndez está sustentada por dos casos (1+1=2 casos!) estudiados en un hospital de España, que lamentablemente no puede nombrar…
      (Y no te pierdas la parte donde Menéndez explica porque para ser socialmente consciente un médico debería aconsejar a sus pacientes diabéticos que no coman tantos pastelitos.)
      ——————
      Yo no voy a negar que hay manipulación en la selección de noticias de la TV. Como podría? Pero también hay otras formas de manipulación más sutiles. El artículo de Spinelli es una de esas, aunque bien mirado, ya no me parece tan sutil.

      Insisto en que Spinelli debió mencionar a Foucault y la biopolítica primero, y recién argumentar. Así como esta escrito, Spinelli usa su poder académico (en el mejor estilo foucaultiano) para tergiversar hechos y datos y así convencernos de que la medicina moderna es pura biopolítica servil a los poderes mediáticos, etc.
      Yo eso no lo considero aceptable: La Medicina Moderna merece un poco más de respeto.

  2. Luis Juan dice

    Estimado Hugo:
    Brillante análisis.
    Siempre agrego alguna que otra digresión a los columnistas, que generosamente me lo permiten.
    En este caso, no quisiera desviar un milímetro la impecable reflexión, porque resume muy bien todas las aristas.

  3. Carlos HC dice

    Benjamin, Sonia, Lucia, Roberto, Ale, Margarita….no creen que los datos de Spinelli son más bien sesgados y su planteo más bien tremendista/maniqueísta? Deberíamos entonces considerar la hambruna en Irlanda (Irish Potato Famine, 1845) el resultado de la política reaccionaria de la época? Según Spinelli, deberíamos verla como una ‘infección vegetal sin consenso’: pura manipulación mediática de la época? Y que decir entonces de las erupciones volcánicas, o los terremotos e inundaciones a lo largo de la historia? También fueron actos políticamente motivados? Es cierto que Dios fue culpado por ellos y frecuentemente usados ideológicamente. Pero acordemos que Spinelli exagera un poco. Aun si Hernán Cortez y sus 600 conquistadores hubiesen venido como hermanos respetuosos, las epidemias los hubieran precedido. La viruela y etc. eran enfermedades de la gente de la ciudad, y los aborígenes americanos no tenían chance. Nada que ver con la política, mal que le pese a Spinelli. Hay hechos, y hay interpretaciones. No hay que confundirlos. Los hechos son verificables. Las interpretaciones no defendibles con hechos son las realmente sospechosas.
    Spinelli propone que ignoremos los Coronavirus, total su propagación liquidaría solo al 2% de la población del mundo en dos semanas. Casi nada. Y podríamos agregar, de pasada, que eso seria bueno para el calentamiento global: 2% menos de población, 2% menos de CO2. Todavía más: la tasa de mortalidad del C-Virus es 50% para los mayores de 50. O sea que encima nos sacaríamos de encima a todos esos viejitos molestos que cobran jubilación. Capaz que ese es el verdadero motivo detrás del Coronavirus: salvar a la ANSES! Según Spinelli, no hay que perder tiempo con el C-Virus que solo nos hará el bien. Dediquémonos a los motociclistas (o los rugbiers), que son mas asesinos.
    Hago notar que el antropólogo Eduardo Menéndez que Spinelli menciona en su artículo propugna la ‘automedicación’ como una forma de ‘rebelarse’ contra la biopolítica que te ‘controla.’ Ese, me parece a mí, es el verdadero motivo detrás del artículo de Spinelli: anarquismo contra los médicos. En sociología se lo llama Foucaultianismo.
    Háblenme ahora de manipulación y seguimos.

  4. Gagliano Ernesto dice

    Un abrazo gracias Hugo

  5. Carlos HC dice

    Muy interesante el artículo, pero hay dos aspectos que lo hacen ‘sospechoso’ para mi gusto.
    Aquí los cito:
    1- ¿Por qué mutan los virus? Es una pregunta sin respuestas consensuadas.
    2- Las epidemias están ligadas a intereses comerciales, económicos y políticos a lo largo de la historia.

    No soy médico, biólogo o historiador, por lo que no podría entrar en detalles, pero no le parecen más bien extremas ambas afirmaciones?

    Mi sospecha me llevó a buscar sus otras publicaciones, y ete aquí (ver por ejemplo: https://scielosp.org/article/scol/2016.v12n2/149-171/ ) que Ud es un profundo admirador de Foucault, Badiou, Heidegger, Kuhn, Horkheimer, Adorno, Bourdieu, Freire…, es decir, todos negadores obsesivos de la racionalidad científica y el objetivismo. Todos estos autores favorecen la creencia de que el conocimiento invariablemente se construye por acuerdo social y está sujeto al poder circunstancial. Si, TODO, hasta la Principia Matematica de Newton o las leyes de Mendel. Lo que en lenguaje de fin del siglo XX se llama Postmodernismo.

    Si las cosas son como Ud., y Foucault y cia., dicen, si la objetividad no existe, si TODO es intencional y resulta de acuerdos sociales políticamente sesgados (“Porque mutan..? Es una pregunta sin respuestas consensuadas”), que hace SU propia postura objetivamente creíble? No esta Ud también tratando de convencernos de algo que fortalece SU propio PODER, académico o lo que sea?
    Veo que Ud también lo cita a David Harvey. Dudo que Harvey esté feliz de aparecer en sus trabajos. Porque? Porque Marx creía, y lo muestra con prolijidad, que la realidad objetiva existe y es accesible.
    Recomiendo a sus estudiantes de Lanus que lean a Robert Nola, (Rescuing Reason), o similar. Y que escuchen el debate entre Foucault y Chomsky en YouTube, y a ver que dicen de su postura academica.
    Y para sus próximos escritos, me permito sugerir que no se olvide de mencionar a Foucault. Revelar el punto de vista personal antes de desarrollar los argumentos se llama honestidad intelectual. No hacerlo es engañar a los lectores tanto como a uno mismo. Le hago notar que Ud acusa de autoengaño a los biólogos de todo el mundo que están corriendo contra el tiempo para desarrollar una vacuna contra el Coronavirus. Porque es obvio que Ud es de los que piensan, junto a Darío Stzaraiberg, que los médicos se la pasan discutiendo la medicina como los filósofos medievales discutían si los ángeles tienen espalda. Y eso, por qué? ¡Porque nunca oyeron hablar de Foucault!

    Y Ud supongo esta tambien de acuerdo con Esther Diaz, académica de la UBA y tambien fanática foucaltiana, que dice (‘ Los Discursos y los metodos,’) “Para citar sólo un caso, pensemos en el tema de la crotoxina en la Argentina (década de 1980) que independientemente de las bondades o el defecto de las propiedades de ese producto, fue puesto en la picota académica, empresarial (léase laboratorios e investigadores insertos en el sistema) y mediática, bajo la acusación de que para su investigación “no se había utilizado el método científico”.

    Ud dice lo mismo en el trabajo mencionado mas arriba cuando concluye que hay que “salir de los modelos racionalistas que dominan las formas de trabajar”.

    A personajes como Ud habría que cobrarles un 20% mas los antibióticos y las vacunas. Porque? por que los antibióticos y las vacunas funcionan, pese a que Ud diga, con Foucault, que solo lo hacen por una cuestión de poder. Según el punto de vista que Ud propugna, el PODER nos ha convencido de que los antibióticos/vacunas funcionan, cuando en realidad es solo nuestra imaginación. (Pobre Louis Pasteur y Cia, sujetos al poder del día).
    Supongo que Ud no ha vacunado a sus hijos contra el sarampión o la poliomielitis. Eso seria una grave inconsistencia de su parte.

    Le hago notar que la novela ‘One Flew Over the Cuckoo’s Nest” (1962) fue publicada varios años antes de que Foucault publicara sus tesis sobre el poder (1970’s). Foucault solo dijo lo que los hippies querían oír en los 60’s. Decir lo que condice con el entorno social es la postverdad (Richard Rorty). Tambien se lo llama Duran Barbismo, solo que en este caso es pretendidamente ‘progre’, de Izquierda. No se engañe: el éxito mediático no hace la realidad. Pregúntele a Macri.

    No en vano Mario Bunge se tomó el trabajo de llamar a Foucault ‘Mentiroso y Embaucador.’ Lo fue, y lo sigue siendo a través de sus defensores.

    Me falta mencionar que el nihilismo anárquico foucaultiano previene las soluciones sociales y políticas. Foucault = anarquismo irracionalista. ¿Es esa su propuesta? Dígalo con todas las letras entonces, y no se aproveche del prestigio de la Medicina Moderna para exagerar o mentir.

    Aunque Ud. no lo crea, no estamos «Atrapados sin salida». La historia aún no ha terminado, y el racionalismo nos salvará una vez más.

  6. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo el doctor Hugo Spinelli trata una de las serias pandemias que azotan al hombre desde siempre: la desigualdad social. Lamentablemente, señala el médico, esta tragedia socio-sanitaria no recibe, de parte de los grandes medios de comunicación ni de las autoridades pertinentes, la atención que amerita. Existe una relación estrecha entre las catástrofes epidemiológicas y el poder, señala el autor. En una época donde la medicina es un negocio, el paciente un cliente y el médico un empresario, los sectores más vulnerables de la sociedad están a merced de de enfermedades que se creían superadas como la tuberculosis, el mal de Chagas y la sífilis. Lamentablemente, estos temas son silenciados por el sistema de dominación para evitar que el pueblo sepa de qué se trata.
    Luego de leer el artículo del doctor Spinelli me vino a la memoria la figura del doctor René Favaloro (**), quien a raíz de su descubrimiento conocido como By-pass, logró salvar la vida a millones de personas enfermas del corazón. A continuación paso a transcribir una entrevista que concedió Carina Maguregui (*) al afamado neurocirujano en 1996 que pone de manifiesto su filosofía humanista de la medicina.

    «A veces nos preguntábamos cuáles eran las razones del éxito. A mi entender todo se debía a la capacitación profesional y humanística que nos había dado la universidad y el Hospital Policlínico de La Plata, merced a la cual, podíamos dedicarnos con abnegación y amor a nuestra tarea de médicos a la que entregábamos todos nuestros esfuerzos. Entendíamos –porque lo llevábamos en el alma– que el acto médico debe estar rodeado de dignidad, caridad, igualdad, piedad, sacrificio, abnegación y renunciamiento. Y por sobre todas las cosas habíamos procedido con honestidad (…) Estoy seguro, por otra parte, de que ese ha sido y sigue siendo el derrotero por donde transita la inmensa mayoría de los médicos rurales de mi país. Buscábamos obtener un sustento económico, pero lo hacíamos cobrando lo justo, de acuerdo con la capacidad de cada uno de los pacientes. A toda hora nuestro esfuerzo personal y la capacidad tecnológica de la clínica estaban al alcance de todos, poniendo en práctica aquello de que la salud es un derecho inalienable que no tolera privilegios” (René G. Favaloro, Recuerdos de un médico rural, Torres Agüero editor. Buenos Aires, 1992).

    Uno de los científicos humanistas más interesantes del siglo XX, Gregory Bateson, sostuvo que un explorador no puede conocer nunca lo que está explorando hasta que lo ha explorado, y solo cuenta con la experiencia de otros que lo precedieron en el camino. Comparto su opinión y por ello elegí a otro humanista, el doctor René Favaloro, para que comparta con nosotros su experiencia y nos acompañe a interrogarnos sobre la medicina y la ética.

    —¿Qué quiere decir medicina moderna en la Argentina y, sobre todo, cómo es posible definirla?

    —Creo que para comenzar deberíamos clasificar el momento histórico que nos toca vivir como el de la “era tecnológica”. El gran desarrollo de la tecnología ha alcanzado todos los campos y entre ellos, por supuesto, el de la medicina. Pero antes de continuar, sería bueno esclarecer un desventurado malentendido que confunde a la ciencia con sus derivaciones tecnológicas. Quienes tienen esta confusión cometen el error insensato de juzgar lo que no admite juicio. La ciencia no es buena ni mala, es la expresión de una necesidad propia del ser humano ligada a la capacidad de crear. Buenas o malas pueden ser sus consecuencias prácticas, sus aplicaciones tecnológicas, el uso que se dé al conocimiento; pero nunca el conocimiento mismo.
    El buen o mal uso que se hace de lo descubierto dependerá de razones ajenas a la ciencia. Pero además del compromiso intelectual, la ciencia –en nuestro caso puntual la medicina– no puede dejar de lado sus implicancias técnicas y morales. El desarrollo científico ha alcanzado niveles que nos sorprenden día a día. En este desarrollo sin límites, que lo invade todo, no podemos negar que los avances han permitido un cambio sustancial en la sociedad de nuestro tiempo. También debemos confesar que estos adelantos tecnológicos, rápidos y profundos, no marcharon a la par de la evolución social y que no toda innovación fue positiva. Las víctimas de la talidomida y las de Chernobyl nos recuerdan que a veces el avance tecnológico tiene un costo social y humano significativo. La medicina vive también la etapa tecnológica; ya no es la medicina que yo hacía como médico rural donde lo que más valía era el contacto directo con el paciente, el interrogatorio, la palpación, la auscultación (…) La medicina moderna tiene una mayor complejidad porque el médico hoy cuenta con infinidad de aparatos de diverso tipo. Esta “complicación” genera beneficios, ya que un diagnóstico más preciso permite también un tratamiento más eficaz.

    —¿La salud de una persona comprende solo el bienestar físico? En otras palabras, además de los posibles daños en los órganos y los tejidos causados por cualquier enfermedad o accidente, ¿hay algo menos evidente en términos físico-biológicos que pueda afectar la salud del paciente y a lo que la medicina actual no adjudica el valor que le corresponde?

    —No hay nada que pueda reemplazar a la vieja medicina clínica de “sentir” al paciente, palparlo, tocarlo, escucharlo. El problema, el “síntoma” de la medicina moderna es, tal vez, un olvido. El paciente es una persona y como tal tiene tres dimensiones de existencia: una comprende su fisiología, anatomía y estructura; otra, sus sentimientos, emociones, afectos y pensamientos –todo lo que hace a la psiquis en forma general– y la tercera representa sus relaciones con los otros seres humanos y su posición dentro de la red social. El paciente es la fusión indisoluble de estas tres dimensiones. Es antinatural pretender separar la mente –si se quiere, el alma– del cuerpo del paciente. Como todo está íntimamente relacionado, una palabra, un acto, un gesto son capaces de cambiar, en cierto modo, nuestra fisiología. Una frase o un abrazo pueden herir o reconfortar nuestra salud. Allí, frente a nosotros, está sentado el paciente y ¿quién es él?: un ser humano, por supuesto, un “universo” de miedos, afectos, dudas y proyectos. No es una estadística más ni un muñeco para reparar, sino una persona. Juntos, el médico y el paciente decidirán el tratamiento a seguir. ¿Cómo es eso? El médico debe combinar el criterio científico de excelencia y la capacidad de escuchar “las razones del corazón” del paciente para elegir la terapéutica más adecuada. Si se trata de una persona con problemas coronarios verá qué es lo más conveniente: seguir con el tratamiento médico, realizar una angioplastia o hacer la operación. Pero en la determinación final jamás pueden intervenir preferencias personales ni influencias económicas, tan solo la indicación responsable de base científica. Insisto, tratamos a personas, de allí la importancia de la conversación, del interrogatorio que es el instrumento que le permite al médico reconocer el problema físico y, sobre todo, escuchar el alma del paciente. Lo valioso es mantener en el tratamiento un equilibrio de estas tres dimensiones de la persona; al mismo tiempo, eso es lo más difícil de enseñar. La tecnología constituye una ayuda invaluable, pero también encandila. No hay que confundir adelanto tecnológico con automatismo. Los pacientes no llegan a nosotros para cambiar “repuestos”; ellos merecen respeto, comprensión y solidaridad. El camino consiste en formar a los médicos jóvenes con un “criterio integral”.

    —¿El avance vertiginoso en el campo científico-tecnológico, y su aplicación particular a la atención de la salud, se vio acompañado por una evolución en el campo de la sensibilidad y la ética de la práctica médica?

    —En este sentido no veo un equilibrio más o menos parejo de los dos campos: el de la aplicación tecnológica a la medicina y el de la ética. Por eso estoy muy preocupado, ya que algunas veces, en nuestra profesión, la tecnología se aplica al paciente pensando únicamente en el dinero que va a redituar. Y digo esto con absoluta convicción de que es así, tanto en mi país como en otros lugares del mundo. Estamos frente a la punta del témpano. El problema de fondo abarca un terreno más amplio que el de la práctica médica y está relacionado con lo que pasa dentro y fuera de la medicina. Vivimos una época muy materialista, donde los valores que tradicionalmente fundaban lo social, como el respeto por el prójimo considerado como un igual, están siendo reemplazados por los valores «de cambio» que establece el mercado. Todo parece tener una etiqueta con el signo pesos. En medicina, lamentablemente, muchas decisiones se toman con el bolsillo y no con criterio científico. Tenemos que recordar que decidimos sobre personas con rostros, con sentimientos, con familias, y eso me preocupa mucho. Por suerte, esta es una inquietud compartida por muchísimos médicos que aman la profesión y la vida.

    —¿Usted cree que existe un verdadero humanismo médico? ¿Los estudiantes de medicina son formados con esos principios éticos de los que hablamos?

    —La formación humanística es indispensable. Pensemos un poco, ¿qué se pide tanto dentro como fuera de la medicina? Que se proceda con honestidad y que esta vaya acompañada por responsabilidad y solidaridad. Yo me conformaría con que el individuo fuera honesto, responsable y solidario. Eso bastaría para que el ejercicio de la profesión estuviera edificado sobre la base de ese humanismo que todos pretendemos. Buen médico será aquel que tenga el suficiente criterio y responsabilidad para tomar decisiones cuando sea necesario y humildad para pedir ayuda cuando lo crea conveniente, reconociendo la necesidad de aprender de los demás. El médico íntegro es el que siente sinceramente que lo más importante es el paciente, y que este es el único privilegiado. La persona enferma merece respeto y no se le debe imponer ninguna terapéutica. Todo lo concerniente a su estado tiene que analizarse y discutirse. Se le deben explicar los pros y los contras de cada procedimiento. El paciente tiene que ser partícipe de la decisión final; al fin y al cabo se trata de su salud y de su vida.

    —Su respeto por el paciente me conduce a preguntarle qué papel le asigna la medicina como “ciencia de la vida” a la conciencia de esa persona que está enferma y sufre.

    —Nosotros tuvimos la suerte, me refiero a mi generación, de tener maestros de medicina que nos inculcaron que la conciencia del paciente era tan importante como su dolencia orgánica. Saber interpretar el alma de la persona enferma ayuda en la decisión del tratamiento a seguir. Fuimos educados en una facultad donde los profesores, de una calidad moral excepcional y una transparencia ejemplar, conocían a sus estudiantes. Eran bellísimos seres humanos antes que médicos. Hombres completos, todos ellos, que hablaban de una forma de vivir y, además, enseñaban medicina.

    —¿Entonces es un mito aquello de que los médicos tienen que volverse insensibles o tomar distancia del problema del paciente para no sufrir?

    —Puedo contestar a esa pregunta con la última frase de una charla que ofrecí hace bastante tiempo, cuando me nombraron miembro honorario de la Asociación Americana de Cirujanos de los Estados Unidos: «El día en que el médico deje de sufrir con los pacientes es el momento de tirar el bisturí y no operar más». Desgraciado es el médico que no sufre con su profesión. No digo que deba llorar por los rincones todo el día; eso no tendría sentido porque debe mantenerse lúcido para continuar con el trabajo. Pero insisto, el médico que ya no participa del sufrimiento de su paciente y que no experimenta dolor por su muerte, no solo ha dejado de ser médico sino ha dejado de ser… humano.

    (*) Esta entrevista forma parte del libro Conversaciones sobre ética y salud. René Favaloro / Abram Moszenberg / José A. Mainetti / Gregorio Klimovsky / Héctor Ciocchini. Torres Agüero Editor y Centro Editor de la Fundación Favaloro, Buenos Aires, 1996).

    (**) René G. Favaloro nació el 12 de julio de 1923 en La Plata, provincia de Buenos Aires. Fue doctor en Medicina por la Universidad de La Plata. Desde 1962 hasta 1971 ejerció en la Cleveland Clinic, de los Estados Unidos, donde desarrolló el trabajo fundamental de su carrera: el bypass o cirugía de revascularización miocárdica. Fue fundador de la Fundación que lleva su nombre, una entidad sin fines de lucro dedicada a la tarea asistencial, la docencia y la investigación científica. También fue miembro activo de 24 sociedades médicas, y recibió innumerables distinciones internacionales. Fue autor de 348 trabajos científicos de su especialidad, y de libros como Recuerdos de un médico rural, De La Pampa a los Estados Unidos, y Don Pedro y la Educación, entre otros textos. Se quitó la vida el 29 de julio de 2000.

  7. eugenio mirkin dice

    Gracias por el planteo y el análisis Dr Spinelli…hace poco regrese de San Pedro unos dias de familia y pesca…siempre la historia nos mostró que a Río revuelto gananvia de pescadores.Saludos cordiales y defendamos la Salud Pública.

  8. Victorio dice

    Ademas se omite la rapida reaccion del Estado Chino ante la emergencia. Hay mayor difusion de acentuar «costumbres»??? alimentarias para estigmatizar al pueblo chino, se puede ver hasta en C5n, alentando xenofobia Esto le viene como anillo al dedo al patotero;EEUU, para desprestigiar a su mayor competidor en el tablero mundial.

  9. Benjamín dice

    En Argentina, 4 de de cada 10 personas que mueren en accidentes viales, son motociclistas
    El informe fue dado a conocer por la Agencia Nacional de Seguridad Vial. También revelaron que la zona más vulnerable es el norte del país, más específicamente en Chaco y Formosa, y que solo el 61% afirma usar el casco

  10. Benjamín dice

    La omisión de la siniestralidad vial me preocupa.
    Junto al suicidio y la violencia se lleva la vida de adolescentes y jóvenes por encima de otras causa.
    En mi Ciudad en 10 meses se llevó la vida de 7 jóvenes
    Ruta 38
    Nocturnidad
    Fin de semana
    alcohol

    Cita En Argentina, 4 de de cada 10 personas que mueren en accidentes viales, son motociclistas
    El informe fue dado a conocer por la Agencia Nacional de Seguridad Vial. También revelaron que la zona más vulnerable es el norte del país, más específicamente en Chaco y Formosa, y que solo el 61% afirma usar el casco

  11. Aiducha dice

    ¡Muy buen artículo! Me impresionaron las palabras del eximio sanitarista y ministro de Salud Dr. Ramón Carrillo: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios como causas de enfermedades son unas pobres causas”. La miseria, la falta de solidaridad, el egoísmo del sálvese quién pueda social, la discriminación matan más que las bacterias, los virus o los microbios.

  12. Sonia dice

    Excelente artículo.

  13. roberto dice

    Impecable detalle de la verdad oculta !!!!!!

    1. Jusn dice

      Si los medios ocultan, debemos viralizar este excelente articulo. Para pensar-nos

  14. Ale Rossi dice

    Excelente, mucho material para trabajar con los estudiantes. Una lección para muchos comunicadores.

  15. lucia guerino dice

    Excelelnte, y con datos puros y duros

    1. Margarita dice

      Excelente! Coincido plenamente. Cuando fue la epidemia de gripe AH1N1 los medios iban contando los muertos generando pánico. En ese momento yo decía que si el 1 de enero empezaban a contar las muertes en accidentes viales en Argentina, del miedo nadie saldría a la calle.

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