DEMOCRACIA Y VIOLENCIA

Biden está convencido de que Trump no entregará el gobierno si pierde las elecciones

 

Ráfagas de violencia desmadrada azotan al mundo. Los unos contra los otros: esta parece ser la ley que rige nuestra existencia. No es casual. Múltiples formas de violencia subyacen escondidas tras varias capas de lo que hoy llamamos modernidad. Este andamiaje tambalea frente a la pandemia. Por sus fisuras se filtran las emanaciones de un núcleo incandescente: la violencia ejercida por unos pocos que tienen mucho sobre una marea humana que no tiene nada. No es fácil olfatear esta perversidad. Penetra sutilmente en nuestras vidas, y nos controla de un modo natural. Llega de distintas maneras: desde un sentido común violento machacado al infinito por medios de comunicación   emborrachados de poder, hasta los mensajes subliminales desparramados a través de la propaganda comercial, las películas, las canciones y un lenguaje que consagra la agresión como norma de la vida cotidiana. Hoy vivimos al borde del precipicio e impregnados de una violencia que ignoramos. Guerras de consecuencias imprevisibles pueden hacer estallar al planeta y vivimos adictos a prácticas que envenenan a la naturaleza. Nada de esto parece amenazar nuestra realidad inmediata.

Según la arqueología, la violencia hacia el otro es un fenómeno muy antiguo en la vida de la humanidad. Sin embargo, rastros de violencia colectiva entre grupos solo aparecerán   cuando la organización social se vuelve mas compleja y surgen las diferencias sociales. En el Paleolítico las comunidades de cazadores y recolectores, en constante movimiento, dependían estrechamente de la cooperación y el apoyo mutuo para sobrevivir y reproducirse. En el Neolítico, en cambio, se producen cambios radicales: los grupos se vuelven sedentarios, domestican plantas y animales, producen lo que consumen y   almacenan lo que sobra. Aparece así un excedente, las organizaciones sociales se   estratifican cada vez más y las guerras se institucionalizan.

Mucha agua corrió desde ese entonces. Sin embargo, el principio básico que hace posible la persistencia de un orden social, se mantuvo intacto a través del tiempo y de las diversas culturas. Hoy sabemos que, mas allá de los conflictos internos y entre colectividades, la vida social solo se reproduce si el orden existente es aceptado por el conjunto social. Ninguna sociedad se puede mantener indefinidamente en el tiempo utilizando abiertamente la violencia y sin buscar consenso y apelar a alguna forma de cooperación y de solidaridad social. Este principio confronta nuestra realidad cada vez más convulsionada. Vivimos en un mundo donde la legitimidad del orden social se deteriora rápidamente y la violencia se ejerce en forma cada vez mas abierta.

La perdida de legitimidad de la democracia como forma de gobierno en el mundo occidental ha venido cocinándose a lo largo de décadas y tiene múltiples dimensiones. La representatividad de los partidos políticos es cada vez más cuestionada por los ciudadanos de a pie y las políticas económicas de los gobiernos tienden a dinamitar su estabilidad política. Poco a poco las instituciones se han ido transformando, y a pesar de mantener todavía la cascara democrática, la violencia descarnada juega un rol cada vez más explícito. Los Estados Unidos son hoy el epicentro del capitalismo global monopólico. Esta forma de organización social que predomina en el mundo ha engendrado nuevas formas institucionales que, adosadas a las instituciones democráticas, las vacían de contenido integrándolas en un verdadero Estado en las Sombras. Inicialmente basado en el complejo industrial-militar denunciado por el general Eisenhower en 1962, esta forma de Estado se ha expandido hasta incorporar estructuras de poder paralelas, secretas y privatizadas que en su accionar dinamitan la legitimidad de su funcionamiento y vacían de contenido a los valores de la civilización occidental.

 

 

Estado y espionaje

Desde fines de la década de los ’60 la expansión global económica y financiera de las corporaciones norteamericanas, los desarrollos tecnológicos y la proyección creciente de la industria de armamentos tuvieron enorme impacto sobre la estructura administrativa del Estado norteamericano. Las actividades de inteligencia y espionaje pasaron a tener cada vez más preponderancia. El atentado a las Torres gemelas, la aprobación de la ley antiterrorista Patriot Act y las guerras de Afganistán e Irak institucionalizaron esta injerencia y cimentaron el crecimiento de una enorme burocracia estatal dedicada a la inteligencia.

Hoy existen en aquel país 16 agencias federales, dedicadas exclusivamente a la inteligencia y el espionaje. Esta “comunidad de inteligencia” incluye además a agencias gubernamentales en distintos Estados dedicadas a la inteligencia, e innumerables secciones consagradas a esta actividad e insertas en agencias estatales —del gobierno federal o de los Estados— que se dedican a otros fines no relacionados con la inteligencia. Incluye además a comités específicos del Congreso y a un agregado de Cortes Federales, algunas de las cuales operan en secreto. Esta mega estructura de Seguridad Nacional opera visiblemente, pero sus actividades son muchas veces cubiertas por el secreto y difíciles de controlar.

Se ha constituido así una maquinaria global de espionaje interno y externo de una magnitud y poderío inéditos, de la cual no escapan ni los individuos, ni las empresas ni los países. Paralelamente a estas agencias administrativas, existe un entramado de redes de poder, dinero e influencias que penetran en sectores de la sociedad civil, especialmente en los medios de comunicación, las finanzas y la política. Conjuntamente con las agencias de inteligencia constituye un verdadero Estado en las Sombras, recorrido por conflictos “territoriales” por acrecentar poder, dinero e influencia. Hoy estos conflictos han alcanzado una intensidad inusitada.

 

 

Democracia norteamericana en crisis

La pelea entre las agencias de inteligencia por influir en la política del gobierno ha sido una constante en la vida moderna norteamericana, debilitando severamente a varios Presidentes constitucionales y culminando con el asesinato de John Kennedy y otros dirigentes políticos. Sin embargo, desde principios de este siglo esta pelea se volvió más compleja y turbulenta. Estos desarrollos se dieron en el contexto de una creciente influencia de las grandes corporaciones e individuos super ricos sobre los partidos políticos, las campanas electorales y las políticas de gobierno y un anquilosamiento de los dirigentes en sus cargos políticos. Estos procesos han derivado en una creciente apatía electoral y en una crisis de representación de los partidos políticos.

La idea de una democracia en crisis no es nueva. Surgió a principios de los ’70, impulsada por el secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger junto con otros dirigentes políticos (Willy Brandt, Samuel Huntington, entre otros). Se impulsó así una “desintegración controlada” del poder de los Estados nacionales para decidir su política económica. El mercado y la gestión de nuevas instituciones globales irían a asegurar la “gobernabilidad” del mundo. Paralelamente, esta élite globalista liderada por Kissinger piloteó una reforma de las agencias de inteligencia, dando más poder a organismos civiles para promover cambios de régimen en varios países del mundo. Entre estas organizaciones se destacó la National Endowment for Democracy, uno de cuyos presidentes iría a reconocer en 1991 que “mucho de lo que hacemos hoy abiertamente lo hizo clandestinamente la CIA durante 25 años… la única diferencia es que actuar abiertamente es más efectivo y seguro” (newsweek.com 5 3 2018). Entre las actividades promovidas por esta institución se cuentan las “revoluciones de color” que con diversas tácticas insurreccionales promovieron cambios de régimen político en distintas partes del mundo, desde la Unión Soviética, Irak, Egipto y Líbano, hasta más recientemente Irán, Venezuela y Hong Kong.

La intervención militar de Estados Unidos en Afganistán, en Irak y otras regiones del mundo contribuyó a profundizar la militarización de la política interna y externa del país, y consolidó la influencia de los neoconservadores sobre los globalistas en la gestión de los   gobiernos desde principios de este siglo. En este contexto, y siendo totalmente ajeno a los partidos políticos y a las disputas por el poder, Trump irrumpió sorpresivamente en la escena política a mediados de 2015, atacando al “pantano de Washington DC” constituido por una elite, que según el, se perpetuaba en el poder y a una prensa liberal que solo publicaba información falsa (fake news). Con una campaña electoral mechada de comentarios misóginos y racistas, Trump se apropió de la estructura del partido republicano apelando a la frustración de los estratos populares, especialmente blancos.   Prometiendo reconstruir la grandeza americana, poner fin a las “guerras interminables” y limpiar “el pantano de Washington DC”, Trump accedió a la presidencia en 2016. Este fue el inicio de una era de rápida degradación institucional en el contexto de una creciente polarización política y de luchas entre facciones por controlar la política del gobierno. Trump sufrió dos escandalosos intentos de destitución en el Congreso, que fracasaron gracias al apoyo recibido en el Senado por el partido republicano. Ahora Trump ha desatado un procedimiento criminal contra funcionarios actuales y pasados de las agencias de inteligencia y de otras áreas del Estado, acusándolos de haber fabricado información para destituirlo.

 

Protesta social, racismo y elecciones

El mal manejo de la pandemia por parte de Trump y su recurso a la violencia abierta para controlar las protestas sociales desatadas luego del asesinato de George Floyd en Minneapolis, han despertado la inquietud y el distanciamiento de algunos senadores republicanos que temen por su futuro, estrechamente ligado al voto independiente, en las próximas elecciones de noviembre. Al mismo tiempo, la retracción del apoyo que la autoridad militar le diera inicialmente a Trump para reprimir con la Guardia Nacional y tropa militar a las manifestaciones, lo ha debilitado políticamente en momentos en que arrecia la oposición abierta de los demócratas que tratan de cooptar la protesta social y a los militares. Joe Biden, candidato a la presidencia por el partido Demócrata, acusó a Trump de haber fraguado un plan para “robar” el resultado electoral en noviembre. Asimismo ha dicho que está convencido de que Trump no entregará el gobierno si pierde en las elecciones, y que de ocurrir esto los militares que ahora le han quitado el apoyo, lo sacarán rápidamente de la Casa Blanca (nbcnews.com 11 6 2020, theatlantic.com 16 6 2020). En cualquiera de estas dos circunstancias, la situación será caótica.

Trump trata ahora de salir del aislamiento convocando a sus seguidores a masivas movilizaciones para iniciar la campaña electoral y no se priva de hacer alusiones racistas, incluyendo panfletos con símbolos nazis (bbc.com 17 6 2020). Las movilizaciones multirraciales contra la discriminación y el abuso de la policía no han cesado, aunque la violencia ha disminuido drásticamente. Las demandas de poner fin a la militarización policial, de disminuir el presupuesto policial, de imponer restricciones al armamento y material usado y una estricta fiscalización de las actividades policiales son procesadas por la oposición política y las autoridades de diversas ciudades, pero violentamente rechazadas por Trump.

El asesinato de otro ciudadano negro en Atlanta derivó esta semana en nuevos incidentes violentos, seguidos por la renuncia de la jefa de la policía y el procesamiento de los involucrados. Esto ha incentivado la oposición de los sindicatos de la policía, apoyados por Trump, a los intentos de reformar los departamentos policiales. Paralelamente, organizaciones de camioneros se niegan a transportar mercancías en las ciudades donde hay protestas y violentos incidentes entre manifestaciones opuestas empiezan a encender las alarmas (zerohedge.com 14 6 2020, usatoday.com 17 6 2020). Todo esto ocurre en un contexto de fuerte recesión económica, creciente desempleo y nuevos picos de contagio de Covid-19 en todo el país.

Así el futuro inmediato está plagado de incertidumbre. Diversas opciones parecen abiertas: desde un intento de vaciamiento de la protesta social convirtiéndola en una “revolución de color” que tiene por objetivo destituir a Trump, hasta la incentivación de   enfrentamientos raciales por un Trump decidido a ganar las elecciones a cualquier precio. Una cosa, sin embargo, es evidente: el contexto de fuerte deterioro de la legitimidad institucional y la proliferación de la protesta social han aumentado el peso de los militares en la vida política del país.

 

 

La Argentina y la violencia de la oposición

Esta semana los contagios con Covid- 19 han trepado sustancialmente en el AMBA, la región mas poblada del país, y la crisis sanitaria está a la vuelta de la esquina. El intendente de la Capital Federal sigue negándose a adoptar medidas mas drásticas para prevenir los contagios, a pesar de que las autoridades de las clínicas privadas más importantes de la Capital advierten que pronto serán desbordadas por las demandas de internación. Así, en los hechos el intendente se pliega a la conducción macrista, dispuesta a provocar el caos por cualquier medio.

Las revelaciones sobre el espionaje aportadas por las causas judiciales en curso comprometen cada vez más al macrismo en el montaje y utilización de un aparato clandestino que, con apoyo de jueces y periodistas, tenía por objetivo perseguir a CFK y a la oposición. Esto empuja al macrismo a intensificar la desestabilización política del   gobierno y utiliza la posible expropiación de Vicentin para sublevar al campo. Reedita la táctica utilizada desde diciembre del año pasado: impulsar a los “productores autoconvocados” a cortar las  rutas y provocar una 125 contra el gobierno. Esta vez la excusa es la defensa de Vicentin y las empresas privadas amenazadas “por el avance del comunismo”. Utilizando una retórica violenta y mentirosa, agitan miedos ancestrales en el mejor estilo de la propaganda fascista. De nada valen las deudas que la empresa sembró entre las cooperativas y los productores que le vendieron sus cosechas. De esto no se habla y no interesa. Tampoco se habla de los negociados sucios y la corrupción de la empresa.

Las entidades que representan a los sectores económicos más poderosos del país también se abroquelan en defensa de Vicentin y la propiedad privada. Paralelamente, urden planes para promover una “argentinización” de la empresa con participación mayoritaria de grupos monopólicos vinculados a la agroindustria. En este contexto, el endurecimiento de los acreedores de la deuda externa liderados por el fondo de inversión BlackRock no parece casual. A último momento ha presentado demandas de modificación de los contratos de deuda a ser renegociados, especificando que deberán ajustarse a la letra chica de las cláusulas contractuales de los bonos de la deuda de 2005. Esto abre la puerta al vuelo rasante de los Fondos Buitres. Asimismo pretenden que las mismas condiciones rijan para cualquier deuda que posteriormente emita la Argentina hasta que se terminen de pagar estos bonos. Esto condena al país a vivir por décadas bajo la amenaza de los Fondos Buitres.

BlackRock posee un 6% de las acciones de Glencore (lpo.com. 9 6 2020). Con sede en Suiza, esta multinacional es considerada la principal empresa dedicada a la compraventa y a la producción de materias primas y alimentos del mundo. Su filial argentina, Oleaginosa Moreno, es hoy la principal exportadora de subproductos de la molienda de granos y oleaginosas, habiendo sustituido a Vicentin en este rol desde que declaró la cesación de pagos en diciembre del 2019 (lavoz.com 17 6 2020). Glencore es además socia de Renova, empresa asociada a Vicentin, a la cual ha intentado comprar en el pasado. Así, por un medio o por el otro, Glencore y BlackRock  pretenden aumentar su control del negocio agroindustrial argentino.

Todos saben cuál es el problema principal: la expropiación de Vicentin le permitirá al Estado nacional intervenir de una nueva forma en la economía para poner algún tipo de limite a la estructura de poder que desde hace décadas condena al país a la dependencia tecnológica y al endeudamiento ilimitado. Al controlar Vicentin el gobierno podrá, entre otras cosas, poner la mira sobre las exportaciones, los precios de los alimentos y un desarrollo industrial basado en la integración creciente de las cadenas de valor del campo y de la industria, eliminando así grados de dependencia de tecnología importada y generando más empleo. Esto implica empezar a ejercer algún tipo de control sobre el enorme poder que tienen unos pocos grupos económicos asociados al capital extranjero   para formar precios, apropiarse y liquidar divisas e importar tecnología.

Hoy 9 de cada 10 ciudadanos reciben algún ingreso del Estado para capear la crisis y las encuestas muestran que el manejo de la pandemia por parte del gobierno le ha granjeado   la aprobación de vastos sectores que no lo votaron. Mientras la oposición macrista incita a la violencia para erosionar la legitimidad del gobierno, los grupos económicos más poderosos se oponen a cualquier intento del gobierno de avanzar en el proyecto de inclusión social que fue votado en las urnas. Históricamente han desestabilizado a los gobiernos democráticos con la violencia brutal de la inflación desmadrada y de la corrida cambiaria. La expropiación de Vicentin le permitirá al gobierno defender mejor al país de estos ataques.

 

 

 

 

10 Comentarios
  1. Leo dice

    Aunque no relacionado, coloco esto en una de mis columnas preferidas.
    USA. ESTUDIO RETROSPECTIVO.
    Ya lo tenían en agosto / setiembre 2019.
    Miren los gráficos de Louisiana..
    Excesos de diagnóstico ILI.

    https://www.zerohedge.com/economics/initial-covid-19-infection-rate-possibly-80-times-faster-originally-reported-new-study

    AQUÍ EL ESTUDIO…
    https://stm.sciencemag.org/content/early/2020/06/22/scitranslmed.abc1126/tab-figures-data

    The study estimates there may have been as many as 8.7 million cases during the last three weeks of March, versus roughly the 100,000 that were reported. 

    El estudio estima que durante las 3 últimas semanas de marzo había en USA 8.7 millones de infectados contra sólo 100.000 reportados

  2. apico dice

    Como siempre,muy bueno y claro su artículo.La crisis profunda que atraviesa al Capitalismo Salvaje, cuyo epicentro es USA, muestra a las claras que su hegemonía sobre el planeta, está tambaleando, y que lo mas adecuado para cualquier País dependiente y periférico, sería apostar a un multipolarismo donde anclarse, para poder sobrevivir a la caída del gigante que está próxima y nos tapará de polvo a todos. Nadie expresa que la política exterior del actual gobierno quedará anclada al Imperio, ni bien el Chapo firme su acuerdo ruinoso con el FMI y los Fondos de Inversión, quienes conjuntamente con la embajada, y los grupos afines internos están pulverizando a este irresoluto y débil gobierno pseudo Alfonsinista. Que se consolide una nueva estafa al pueblo, depende en gran medida de la resistencia de los ciudadanos, y el esclarecimiento necesario depende de aquellos que pueden explicar mejor la situación. Hoy los políticos se abstienen, y los medios hegemónicos se hacen un pic-nic interminable con las contradicciones evidentes y groseras del actual gobierno, a quien votamos la mayoría, y hoy vemos su inexcusable abandono en la lucha por la hegemonía del poder. Un saludo peronista.

  3. Luis Juan dice

    Estimada Mónica:
    Brillante análisis, como siempre.
    Una digresión, si me permite:
    Me complace que Claudio Scaletta (eldestapeweb-21-6-20), a través de un artículo que explica claramente algunas dubitaciones, comparta lo que el suscripto viene sosteniendo a través de distintos comentarios respecto de la necesaria reforma constitucional, aquí, en este maravilloso Cohete a la Luna.
    Personalmente exponía algunas de las argumentaciones que entendía hacían necesaria dicha reforma. Los artículos de Álvaro Ruiz y Sergio del Piero de los días 21 y 22/6/20 (el destapeweb) resultan complementarios a los fines argumentales.
    La inmensidad de estelas que va dejando el Cohete desde su partida, ponen más en evidencia la necesidad aludida, porque debería resultar, cuanto menos, la vigencia de un contrato social que haga imposible su vulneración por gobierno alguno e imposibilite los eufemismos y sofismas recurrentes de un poder judicial servil, a los intereses que van a contramano de la patria.
    Aunque los defensores a ultranza de la libertad de prensa -sin límite alguno sobre dicha potestad- no admitan cuestionamiento alguno, he dicho en este prestigioso medio que la mentira debería ser el único límite y que la mentira debía ser fuertemente penalizada (comentario al artículo “Moros y Troyanos”). El editorial de Roberto Navarro del 22/6/20 (eldestaperadio) es ilustrativo al respecto, respecto de una problemática que excede largamente la síntesis descripta.
    Como ya lo refería también en este medio, son titánicas las tareas por realizar y tengo la sensación que no estamos a la altura de las circunstancias. Y, en esto, la pandemia es una excusa que viene como anillo al dedo. Una pena.
    No resulta un tema menor, ya que la incapacidad de provocar los cambios necesarios para tener un país en serio, perpetuará la dependencia absoluta y terminará de convencer, incluso a los más renuentes, que la famosa sentencia de Lampedusa no tiene forma de ser desvirtuada. Reforzada, por cierto, por la afirmación de Einstein respecto de la estupidez humana. El mundo entero es la demostración cabal de la vigencia de tales enunciados.
    Ojo que Charly García podría ocupar también ese sitial de frases hasta hoy irrefutables: “si el voto sirviera para algo, en este país estaría prohibido”.
    El mayor riesgo que se está corriendo es que la ciudadanía termine aceptando que, en realidad, votar no sirve para nada, no cambia nada, que todo es lo mismo.
    Trajano le terminaría reprochando a Plinio que creer en sus dichos sólo sirvió para enmascarar lo inexorable a través de una frase ilusoria.
    Es muy interesante cómo describe los hechos del vecino Brasil, Fabián Restivo (sitio referido-21/6/20). Claro, se dirá que nosotros somos distintos, que nuestra génesis y demás argumentaciones, pero releamos ese relato, que seguramente encontraremos similitudes que nos gustaría que no fueran. Pero, además, permite tener en cuenta -a aquellos que no lo advirtieron todavía- el riesgo que es tenerlo como vecino en medio de la pandemia.
    Nicolás Lantos (sitio aludido-18/6/20) hacía referencia al coronavirus en Chile, otra frontera. A las que se le puede agregar Bolivia.
    Todo tiene que ver con todo y queda demostrado hasta el hartazgo que se puede hacer cualquier cosa, menos, evitar las consecuencias. Y, esto resulta válido para los ecosistemas, la naturaleza en general, lo económico y la vida de la especie humana.
    En ese sentido (porque desconfío del escorpión mayor, y no me convence que sea natural) la pandemia (como efectos no deseado) vino a enrostrarnos la atrocidad de mundo que supimos dejar que construyan los poderes fácticos y nos grita de manera desesperada para que reaccionemos, porque las consecuencias, si no logramos los cambios necesarios que retomen la convivencia más o menos armónica, lo que venga (y vendrá, inexorablemente) será cada vez peor y entre períodos de tiempo cada vez más cortos.
    Sea formando parte de una planificación del poder en las sombras o como consecuencia de seguir con modelos sociales demenciales que sólo favorecen al 1% de la humanidad, la problemática no tiene otra consecuencia que agravarse cada vez más. Ni qué hablar si, además, la conducen aquellos que nos trajeron hasta aquí (con nuestra aquiescencia, complicidad o indiferencia). Esto sí que quedó muy claro… para los que quieren ver.
    Su lúcida narrativa, es un motivo más para el nacimiento de una nueva constitución que imposibilite, sin eufemismos o desviaciones funcionales por parte de un poder judicial corrompido en sus entrañas, la interpretación de los artículos 29º y 119º que posibilita la actual constitución. Para entregar un país o saquearlo recurrentemente, ya se sabe, no hace falta estar en guerra con nadie.
    Pero el gobierno de psicópatas que supimos conseguir, gracias a la impunidad de sus comportamientos, facilitaron un análisis claro y preciso, respecto de aquellos artículos que deben resultar modificados y de tantos otros que, sin estar en la actual, deberían estar en la nueva.
    La oligarquía, desde siempre fue dando posibilidad de observar aquellas cosas que resultando funcionales a sus intereses, no lo eran para el conjunto de los ciudadanos ni para la patria. La dictadura, el menemismo y, especialmente el macrismo, pusieron en evidencia obscena todo aquello de lo que deberíamos librarnos si queremos revivir esa estrofa desaparecida del himno nacional: “Se levanta a la faz de la tierra Una nueva y gloriosa Nación”.
    Ojalá que mi escepticismo sobre el particular quede absolutamente desvirtuado.

  4. HERNÁN DE ROSARIO dice

    La socióloga Peralta Ramos comienza su artículo del siguiente modo: “Ráfagas de violencia desmadrada azotan al mundo. Los unos contra los otros: esta parece ser la ley que rige nuestra existencia. No es casual. Múltiples formas de violencia subyacen escondidas tras varias capas de lo que hoy llamamos modernidad. Este andamiaje tambalea frente a la pandemia. Por sus fisuras se filtran las emanaciones de un núcleo incandescente: la violencia ejercida por unos pocos que tienen mucho sobre una marea humana que no tiene nada. No es fácil olfatear esta perversidad. Penetra sutilmente en nuestras vidas, y nos controla de un modo natural. Llega de distintas maneras: desde un sentido común violento machacado al infinito por medios de comunicación emborrachados de poder, hasta los mensajes subliminales desparramados a través de la propaganda comercial, las películas, las canciones y un lenguaje que consagra la agresión como norma de la vida cotidiana. Hoy vivimos al borde del precipicio e impregnados de una violencia que ignoramos. Guerras de consecuencias imprevisibles pueden hacer estallar al planeta y vivimos adictos a prácticas que envenenan a la naturaleza. Nada de esto parece amenazar nuestra realidad inmediata”.

    Este escenario de guerra de todos contra todos fue analizado magistralmente por Hobbes en su inmortal obra “Leviatán”. Para el hombre sus semejantes son enemigos que amenazan su supervivencia y la de su familia. Está, pues, obligado a destruirlos. Como los demás piensan lo mismo de él se desata en el estado de naturaleza una guerra de todos contra todos que llega a su fin cuando los sobrevivientes, en uso de su razón, consideran que la única manera de garantizar su supervivencia es entregar sus derechos a una autoridad suprema el Leviatán. Hoy ese Leviatán, como expresa Peralta Ramos, se muestra impotente para frenar la violencia desenfrenada que amenaza con destruir todo vestigio de civilización. Lo que ha hecho la pandemia es simplemente poner al descubierto esta cruel realidad. Los más fuertes devoran a los más débiles. Quienes detentan el poder real aplastan a la ciudadanía de a pie.

    A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir la última parte de un escrito de Emiliano Salvucci titulado “El rol del darwinismo en la legitimación de la opresión (Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, Buenos aires, mayo de 2016), que se acoplan al artículo de Peralta Ramos.

    3. Darwinismo ayer y hoy. La legitimación de la opresión

    El darwinismo, como extrapolación de las ideas socioeconómicas dominantes, efectúa una legitimación de la explotación del hombre sobre el hombre y establece una justificación de la desigualdad como un hecho lógico y natural que es consecuencia y parte de la propia libertad del mercado. El éxito del darwinismo desde su surgimiento fue total, eclipsando los avances que se habían realizado hasta el momento en investigaciones relacionadas a la evolución y la comprensión de la naturaleza. A partir de la expansión capitalista y darwinista todo fue explicado mediante conceptos económicos del libre mercado. Esto ha sido discutido y fundamentado por varios autores (Abdalla, 2006 y 2010; Sandín, 1997 y 2000; Agudelo Murguía, 2003; Himmerhaf, 1962).
    El darwinismo inicial establecía una explicación pseudocientífica a las ideas ya preconcebidas, la racionalización y legitimación del capitalismo a través de la ciencia y técnica perpetúa aquella justificación natural del statu quo, el funcionamiento de la economía y la estructura de sociedad. Es la cara pseudocientífica del espíritu weberiano descrito más arriba. En la sociedad actual se perfila una dominación trasnacional que incluye a todas las esferas no económicas (desde la educación y la salud hasta el arte, la ciencia, la historia, arquitectura y arqueología) y reduce todo a lo económico, “haciendo así tabla rasa de los distintos planos de la realidad social, banalizando la complejidad de la vida en torno a la razón costo/beneficio y la tasa de retorno del capital invertido; supeditándose formal y realmente al movimiento del capital global y su autovalorización, y no sólo como una mera analogía” (Torres Carral, 2010).
    El darwinismo definió los intentos de manipulación de la naturaleza expresados en la manera más brutal a través de la eugenesia, y en la actualidad mediante el intento de manipulación génica, siempre en sumisión al capital. Los avances de la ciencia al servicio de la inacabable voracidad del sistema. La sumisión de las leyes de la naturaleza y evolutivas al interés de la crematística: acumular riqueza, quintaesencia del neoliberalismo (Torres Carral, 2010). Como continuidad de esto, se proporcionaron también tanto los conceptos puros como los instrumentos para una dominación cada vez más efectiva del hombre sobre el hombre a través de la dominación de la naturaleza. Marcuse considera que, en la etapa del desarrollo científico y técnico, las fuerzas productivas se convierten ellas mismas en base de la legitimación. Habermas, por su parte, profundiza en este punto el concepto de “racionalización” de Weber y considera que la tecnología proporciona también la gran racionalización de la falta de libertad del hombre y demuestra la imposibilidad técnica de la realización de la autonomía, de la capacidad de decisión sobre la propia vida.
    La ciencia y luego la técnica, establecidas claramente como las principales fuerzas productivas del capitalismo tardío, continuaron siendo el mecanismo de legitimación del dominio y opresión del mercado. El darwinismo fue la justificación natural de la expansión del capitalismo, el cual utiliza a la ciencia y la técnica en sus formas modernas como mecanismo de legitimación. El darwinismo impuso además la visión de la naturaleza como algo externo, como un objeto a ser utilizado por el hombre, idea que en la actualidad es expresada en manera más brutal de explotación y destrucción del medio ambiente. Habermas lo advierte y sugiere generar una actitud alternativa frente a la naturaleza: “En lugar de tratar a la naturaleza como objeto de una disposición posible, se la podría considerar como el interlocutor en una posible interacción. En vez de a la naturaleza explotada cabe buscar a la naturaleza fraternal” (Habermas, 1969: 62). Este pedido, aunque absolutamente razonable y lúcido, es evidentemente ignorado, dadas las expresiones de subordinación de la tecnología a las grandes masas capitalistas, lo que resulta en muchos casos en francas agresiones a la naturaleza.
    Podríamos preguntarnos por qué, a pesar de que el sistema condena a la esclavitud del mercado a la mayoría de la población, no se manifiesta de manera explícita el conflicto de clases que es intrínseco al sistema. El capitalismo tardío ha diluido las formas de opresión, que no se manifiesta a través de la política sino como método que provee soluciones técnicas periféricas (salarios, acceso a nuevas tecnologías, capacidad de consumo) al conflicto central. La falta de libertad del hombre (y su explotación también) está racionalizada y legitimada, y la solución de conflictos periféricos responde a establecer su sentido de “libertad”. Así, atenuadas las luchas, podríamos definir un estado o sensación de poshistoria que se basa en la ideología de fondo dominante pero velada, que -según Habermas- convierte en fetiche a la ciencia y es más irresistible que las ideologías “antiguas”. Con la eliminación de las cuestiones prácticas no solamente se justifica el interés parcial de dominio de una determinada clase y se reprime la necesidad parcial de emancipación por parte de otra clase, sino que se afecta al interés emancipatorio de la especie.
    En las ciencias biológicas, no ajenas a esta situación, el discurso dominante (la ideología velada) establece que ya todo está explicado con el paradigma darwiniano, cuya hegemonía ha llevado a que todas las explicaciones posibles (a fin de ser publicables) deben enmarcarse en el paradigma, aun forzando los resultados de los descubrimientos para coincidir con el dogma. Esto ha llevado a recurrir a metáforas que siempre tienen una perspectiva economicista y belicista (armas, problemas del altruismo, explotación, trampas y tramposos, control policial, bienes comunes, costo-beneficio) que naturalizan y legitiman las prácticas capitalistas (Ball, 2011; Salvucci, 2012b).

    Conclusiones

    El creciente desarrollo del conocimiento de la naturaleza y los nuevos enfoques teóricos que emergen como alternativa a un darwinismo cuestionable desde su punto de vista científico permiten elaborar un marco teórico independizado de los enfoques economicistas. Por ello es necesario reconocer la naturaleza socio-económica del darwinismo y su carácter de dogma dominante.
    Hoy la ciencia y la tecnología, a través de los paradigmas dominantes, surgidos de la cultura de dominación, pretenden (y en mucho casos tienen éxito) poner bajo control a la sociedad de la misma forma que a la naturaleza. La responsabilidad del darwinismo como guía y base de las ciencias biológicas, pero a su vez como dogma, ideología, justificación, marketing del libre mercado y sobre todo como mecanismo de racionalización del dominio, no puede soslayarse. Pese a presentarse como una teoría evolutiva, se constituye en una ideología que ha acompañado al sistema económico dominante asegurando la interpretación y la explotación de la naturaleza. Esto merece atención por sí mismo, y más aún dada su debilidad teórica y explicativa. La necesidad por parte de la comunidad científica de rectificar el rumbo de la ciencia surge como un imperativo ineludible.

  5. Ernesto Oscar dice

    Si no se concreta la expropiación de Vicentín ya, Alberto Fernández habrá sellado su destino. Hay momentos claves en la historia de las naciones y este es uno de los de nuestro país. En su momento Belgrano, San Martín, Moreno, Castelli, Monteagudo, hicieron lo que la Patria les demandaba, por eso son nuestros próceres.

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