Derechas y porteñas

Rodríguez Larreta traspasó los límites de lo tolerable con una política que se cobra vidas y se proyecta al país

 

Buenos Aires es una ciudad de derechas. De derechas conservadoras y coloniales. Desde 1810 a hoy, la Ciudad de Buenos Aires ha padecido gobiernos de dicho signo. Podría decirse que no hubo, dada la corta duración de los gobiernos que se opusieron a las derechas mencionadas, una oposición que lograra consolidar en Buenos Aires algún proceso de cambio de mediana o larga duración. El puerto y la Aduana nunca cambiaron de dueños.

Luego del nacimiento del primer Estado argentino en 1810, la puja política por imponer una ideología para la nueva nación consiguió marginar a próceres como Mariano Moreno, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Bernardo de Monteagudo, Hipólito Vieytes, Antonio Beruti, entre otros hombres que luchaban en favor de aplicar el ideario francés de 1789 y contra los modelos de república restrictiva y elitista que circulaban sobre todo en la “Reina del Plata”.

San Martín junto con Belgrano serían los encargados de liderar la lucha en las fronteras para evitar la vuelta del colonialismo racista y esclavista impuesto por España en Latinoamérica y el Caribe.

Las derechas porteñas decidieron sabotear las misiones de Belgrano y San Martín negándoles los dineros necesarios para el mantenimiento de sus ejércitos. Igualmente, Belgrano defendió la frontera norte y San Martín emprendió el cruce de Los Andes liberando Chile y Perú.

Los jefes porteños de entonces jamás creyeron (los de ahora menos) como estos dos verdaderos héroes en una integración con el resto de Latinoamérica; peor aún, hubieran preferido antes y ahora ser parte de Europa y que la población porteña fuera en lo posible blanca.

Desde allí en adelante, las derechas de Buenos Aires asociadas con los sectores hegemónicos del poder hicieron en y con la Argentina lo que quisieron, incluido el convertirse en cabeza de un país enfermizamente macrocefálico que sometió al interior, sembrando allí enclaves ideológicos a cargo de burguesías similares a la porteña, siempre fieles a modelos políticos, económicos y culturales de su metrópoli, la Ciudad de Buenos Aires.

La actualidad argentina es una versión renovada en contextos y contenidos de lo que la historia porteña nos ha mostrado, es decir un poder central en la ciudad Buenos Aires con clases medias altas y oligarquías rurales provinciales dependientes del poder centralizado a orillas del Río de la Plata.

Buenos Aires es sede de un gobierno neoliberal. El neoliberalismo es para la Argentina una continuidad de lo que fuera el liberalismo económico de finales del siglo XIX. Con diferencias temporales y de contexto, es su continuidad en el tiempo. Aquel necesitó conquistar el Estado para someter y poner de rodillas a la Nación. El neoliberalismo actual, en cambio, se enfoca en la destrucción del Estado para poner la Nación al servicio del mercado. Este último es el marco político ideológico del grupo gobernante en la Capital Federal.

Para el neoliberalismo no hay diferencia entre abrir una escuela o abrir un negocio. Ambas acciones forman parte de una misma acción que refiere al mercado.

Allí no interesan las personas, la salud, el bienestar de las familias, si se tiene o no trabajo. El interés fundamental es que el mercado siempre se encuentre en funcionamiento y someta con sus leyes a la sociedad a la educación y la cultura, a cualquier costo, aún en tiempos de una pandemia como la que azotó al mundo y actualmente y en particular a la Argentina.

Sostener una escuela abierta, con sus docentes y alumnxs presentes, es parte de dicha forma de entender el mundo. En el caso que nos ocupa, el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta, su ministro de Salud y una ministra de Educación improvisada, sin la mínima capacidad para el cargo que ostenta, han mantenido la presencialidad escolar en momentos en que la gravedad de la situación epidemiológica indica lo contrario. Han favorecido de esta manera la multiplicación de los contagios y los posibles fallecimientos, ya que se cuentan por miles los contagios y 18 integrantes del sistema educativo han muerto desde el empecinamiento del jefe de gobierno en sostener la presencialidad en la educación.

En general, las prácticas de apertura del mercado en la Ciudad de Buenos Aires comenzaron en junio de 2020 cuando el jefe de gobierno comenzó con la iniciativa de abrir los parques a lo que llamó “los runners”. Luego siguieron los negocios, la apertura de las principales avenidas de la ciudad, los shoppings y restaurantes, promoviendo la circulación y concentración de personas que es justamente lo que la pandemia precisa para expandirse.

El movimiento generado con tales medidas, sin duda provocó la rápida propagación del Covid-19 hacia el AMBA primero y luego a las provincias. Una vez más y como ya es costumbre en nuestra historia argentina, el macrocefalismo porteño perjudicó al país exportando el modelo capitalino de “tratamiento del virus” a las más importantes ciudades del interior.

Más adelante, Rodríguez Larreta comenzó a insistir con el tema de la educación. Extraña preocupación para un gobierno especialista en subejecutar los presupuestos del área, sin que pueda saberse en dichos casos qué ocurre con la plata no ejecutada. Han hecho descender desde 2008 a la fecha los números destinados al sostenimiento de la educación pública. En dicho lapso se han puesto además los cimientos de la mercantilización de la enseñanza pública.

Debe conocerse que durante el período de fuertes restricciones dispuestas por el Presidente de la Nación, en la Ciudad tampoco hubo clases virtuales, como en las demás jurisdicciones, ni el Ministerio de Educación envío las viandas a las escuelas para ser repartidas a lxs alumnxs durante nueve días.

Es más, como si la medida sanitaria fuese un paro de actividades, amenazó Rodríguez Larreta con que “los días de clase perdidos serán recuperados en diciembre”.

La presencialidad en la actual situación contagia el virus. Cualquier docente o persona que conozca las instituciones educativas sabe perfectamente que en la escuela la gente se puede contagiar y que la pandemia se burla fácilmente de cualquier protocolo, dadas las características mismas de la dinámica escolar, que hacen imposible un control estricto. Exigir enseñar en las actuales condiciones equivale a someter a los docentes, no docentes y alumnxs a una rutina que implica enormes riesgos de contraer la enfermedad en cualquiera de los niveles del sistema educativo.

Asimismo, no resulta conveniente que sobre estos temas aparezcan opinando en los medios personas ajenas al sistema educativo, negando las posibilidades de contagio en la escuela y especulando sobre si lxs alumnxs utilizan o no el transporte público, etc. Se debe consultar a quienes están en las escuelas trabajando, incluidos los que han sufrido y sobrevivido al Covid-19, si en la escuela una persona puede contraer el virus o no. La respuesta es que sí y quede claro que “las escuelas no son inocuas”, como expresara en los últimos días el diputado porteño del Frente de Todos Claudio Ferreño. Esto lo saben el jefe de gobierno y sus ministrxs, lo que convierte su política de educar en una acción consciente, destructiva, letal para las personas que hacen posible la educación pública y privada.

Son docentes y no docentes quienes conocen la precariedad del sistema educativo público porteño, la falta de inversión en el mismo, su débil infraestructura educativa, lo selectivo de su inscripción online, la escasa utilidad del sistema de becas, la mezquindad cuantitativa y nutritiva de las viandas, el limitado espacio de sus aulas como para funcionar (por ejemplo en secundaria y en simultáneo doce adolescentes y una docente), los salarios muy bajos para ser la ciudad más rica del país, datos que denotan la fuerte desinversión en la educación a cargo de un Estado porteño cada vez más débil y carente de respuestas frente a las leyes del mercado que defiende el jefe de gobierno.

Lo que se oculta en la información es que en la actualidad hay más burbujas “pinchadas” que alumnos en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires. Son demasiadas las familias que frente a la presencia del virus en las escuelas han decidido no mandar a sus hijos para protegerlos.

La insistencia en la presencialidad, con lo que ella implica, no es solamente una herramienta electoral. Dicha política educativa es primero que nada el producto de una ideología perversa y mentirosa que aparece también en las derechas de las provincias de Córdoba y Mendoza. El caso de Santa Fe se inscribe en la presente crítica aunque al parecer retornó a la virtualidad.

 

 

La Cuestión Federal

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Federal de la República Argentina, es autónoma. Es cierto, según lo dice una Constitución mucho más neoliberal que Federal. Pero la Ciudad no es independiente y su gobierno ha traspasado los límites de lo tolerable, porque su política en educación se va cobrando vidas y se proyecta al país. Su jefe, junto al resto de los poderes económicos concentrados, una Justicia corrupta y el poder mediático aliado, desafían permanentemente las políticas del gobierno nacional, enfocadas en combatir el flagelo de la pandemia.

Esta pandemia está siendo utilizada como núcleo principal de una campaña dirigida a desgastar, debilitar y destruir al gobierno de Alberto Fernández. A dicha política no le interesa la salud de las personas y antepone la apertura económica a modo de sacar ventaja política frente a su principal adversario: el peronismo unificado de la Nación.

Una vez más, las derechas porteñas conspiran contra el movimiento nacional y el progresismo representados por la amplia coalición que es el Frente de Todos.

Se trata de derechas que construyen su ideario desde la lógica de la eliminación de lxs otrxs, desde el odio, el racismo y el engaño permanentes, como herramientas que destruyen la política y cualquier posibilidad de convivencia democrática.

Estas son algunas acciones prioritarias para reparar el daño que las políticas aciagas de Juntos por el Cambio le han hecho a la educación:

  • Abandonar por el momento la presencialidad y volver a organizar la educación pública desde la enseñanza virtual, para reorganizar transitoriamente y desde allí el funcionamiento del sistema educativo en todos sus niveles y modalidades. Por lo menos hasta tanto autoridades sanitarias y confiables determinen la posibilidad de retorno a la presencialidad.
  • Realizar acciones de Formación en Educación Virtual para lxs docentes a modo de optimizar sus prácticas en una modalidad que llegó para quedarse y ser un complemento de la educación presencial. Esto debió haberse puesto en marcha de haber existido un Ministerio de Educación capacitado para la coyuntura y con voluntad de invertir en el sistema educativo. Se perdió demasiado tiempo judicializando la política y disimulando la desinversión en computadoras y conectividad, que de no haber ocurrido permitiría que los alumnos dispusieran del equipamiento de informática y la conectividad necesarios. El jefe de gobierno, con su política, lo que hace es negar el derecho al acceso a la educación pública de la comunidad.
  • Diseñar y hacer efectivas estrategias para la recuperación de los jóvenes que el sistema educativo haya perdido como consecuencia de la pandemia y de la falta de equipamiento para el trabajo virtual. Teniendo en cuenta que existen casos de alumnos de secundaria que comparten un celular con hasta cinco compañerxs, cabe esperar que una buena cantidad de jóvenes hayan perdido contacto efectivo con su sistema educativo.
  • Es imperioso garantizar el tendido de conectividad a todos los barrios de la ciudad y la provisión de computadoras a todxs lxs alumnxs de todos los niveles y modalidades de la educación que las necesiten.
  • Finalmente, es imperioso integrar efectiva y políticamente la educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a la Nación a través del Consejo Federal de Educación y dar cumplimiento a sus resoluciones, como establece la Ley de Educación Nacional 26.206/06.

Sólo de este modo se podrá recuperar mínimamente un sistema educativo público, que en la actualidad y a pesar de un discurso mentiroso atraviesa la crisis más grave de su historia y es presa de un desgobierno estructural producto de la impericia de los funcionarixs a cargo y de un diseño previo frío y calculado que forma parte de un proceso que se viene ejecutando desde 2008 y cuya finalidad es la destrucción de la escuela pública en la Ciudad y la desestabilización del gobierno nacional.

 

* El autor es docente jubilado, ex director-fundador de la EMEM 1 D.E. 20 “Biblioteca del Congreso de la Nación”, ex supervisor de Educación Media y Técnica y ex director del Área de Educación Media y Técnica de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En la actualidad integra el “Colectivo Rescate” de docentes que trabajan por la Educación Pública. La nota es de opinión personal.

 

 

 

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