¿Desde dónde mira la Iglesia?

Mirar, pensar y vivir desde abajo, o vacunarse antes que el pueblo y profundizar el descrédito

 

Pensar y obrar es, o debe ser, constitutivo de la Iglesia. Es sensato que el obrar esté motivado por un pensamiento que le dé sustento. Una acción pastoral debería estar nutrida de una teología pastoral. Por supuesto que hay muchas y diferentes teologías, por eso hay diferentes pastorales. Es sensato, y bueno en la medida en que las teologías sean sensatas y buenas.

En teología, por ejemplo, en el tema trinitario se ha hablado de una Trinidad económica y de una Trinidad ontológica. Es decir, mirar el tema de la Trinidad desde lo que se dice de ella (ontológica) o cómo vamos, de a poco, accediendo al tema (económica). La primera es una mirada desde arriba (ontológica) y la otra desde abajo (económica). No es a esto a lo que me quiero referir, aunque sin duda no es ajeno a ello. Por lo que sabemos, desde Karl Rahner a nuestros días los trabajos sobre la Trinidad empiezan mirando desde abajo para ir llegando a lo que más adelante (los Concilios, por ejemplo) decimos sobre la Trinidad.

Que en muchos lugares la Iglesia Católica Romana es un poder difícilmente pueda discutirse. Ciertamente lo es más en determinados lugares que en otros, y en algunos la situación es dinámica: si bien ayer fue poder hoy no lo es tanto y no es fácil saber si volverá a serlo o se habrá perdido definitivamente. Hay dos términos que son ambiguos y quisiera muy brevemente precisarlos: poder y autoridad. Ambos pueden entenderse positiva o negativamente, o incluso de un modo variado. Aquí entiendo poder como una instancia poderosa, como una entidad (poder ejecutivo, cuarto poder…), mientras que autoridad lo entiendo como credibilidad (no como que es autoridad sino que su palabra tiene autoridad por ser creíble la persona en cuestión). Lo señalo porque creo que en algunos lugares la Iglesia tiene/es poder y en otras tiene/es autoridad. Es cierto que en ocasiones estos se mezclan. De ahí la ambigüedad señalada.

En los países de tradición católica casi hegemónica, la Iglesia es (o era, quizás en Argentina, por ejemplo) un poder. Y por lo tanto podía o puede conseguir cosas desde arriba, desde una relación de poder a poder. Y aquí quiero entrar de lleno en el tema: las vacunaciones clandestinas de obispos en España, o del Nuncio Apostólico en Perú, son obvias actitudes desde el poder (puedo). Pero esas actitudes le restan autoridad a la institución, que pierde credibilidad. Valga esto también para otros modos de relación: tengo contactos con… y me relaciono desde allí. Por tanto, puedo conseguir cosas que, si no fuera desde el poder, no podría, sea para beneficiar a otros o a mí. Es evidente que una Iglesia desde abajo no podrá conseguir esos beneficios, ni para sí ni para otros. Le tocará esperar los mismos tiempos de los pobres. Por tanto, por caso, no podrá vacunarse hasta que no sea su turno. O no podrá conseguir vacunas para otros. Es evidente que no es lo mismo cuando desde arriba se consiguen cosas para otros que cuando se consiguen para sí, pero ambos casos revelan una concepción de una Iglesia que se relaciona desde el poder.

Los casos de vacunaciones clandestinas (en Perú han hablado de vacunagate) son particularmente escandalosos. Algún obispo incluso logró la vacunación de su hermana y su cuñado. El Evangelio [y lo ha repetido el Papa en Fratelli Tutti (e tutte, añadimos)] nos invita a mirar, pensar y vivir desde abajo, y a los pastores los llama a arriesgar su vida por su pueblo (ovejas). Nada más ajeno que aquel que se vacunó, con lo que les restó una vacuna a otros y no esperó su turno. No es solamente una actitud de indignación (irremediable, porque no puede darse marcha atrás, aunque algunos obispos españoles, en expresión de la poca vergüenza que les quedaba, renunciaron a darse la segunda dosis). Mi planteo es eclesial. Es casi irónico escuchar que algunos hablan, desde adentro, de que hay quienes combaten la Iglesia. En lo personal, creo que pocos, si alguien, hacen más mal a la Comunidad eclesial que los malos testimonios de Evangelio, sea con las vacunas, sean con las relaciones con el poder, sea con la complicidad en estos u otros casos. La falta de credibilidad (autoridad) de la Iglesia argentina en muchísimos lugares se debe a que como poder no ha estado donde se esperaba que estuviera: en la dictadura cívico-eclesiástico-militar, o en el enfrentamiento de leyes en los que se paró como poder ante la sociedad sin escucharla, sin oír sus gemidos y clamores. Así perdió autoridad y con ella la oportunidad de que su palabra quiera ser escuchada, se la busque por nutritiva, se la mire por referente. La historia de la Iglesia abunda en casos de uno y de otro criterio. No está de más mirar bien abajo, para que no ocurra que, dentro de 500 años, alguien arriba pida perdón, quizás sin demasiada convicción.

 

 

 

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