Diario de la guerra del cerdo

Kulfas cree que la inflación carece de un componente oligopólico pero Feletti piensa lo contrario

 

El campo de batalla está dispuesto. No hay organización alguna. Es todo contra todos. Gritos, chirridos, sangre desperdigada y hambre. Algunos no participan de la contienda. Otros juzgan de delincuentes a los contendientes. Son meros observadores de un acontecimiento de esta época. La palpable expresión de la guerra contra la inflación lanzada por el gobierno nacional hace algunas semanas fue la carneada popular que ocurrió entre las ciudades de Marcos Juárez y General Roca, hacia fines de marzo, en plena Pampa Húmeda. Esta vez les tocó a los chanchos.

 

 

En el gobierno sigue imperando la lógica de la compartimentación, la de un Estado loteado que apuesta al consenso absoluto y a las mesas de diálogo mientras que los precios de los alimentos escalan ante las narices de los funcionarios.

«En crecimiento y empleo venimos bien, en donde estamos flojos es en distribución», afirmó esta semana Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo. Antes insinuaba que él solo se encargaba de crecer y que otro (funcionario) distribuyera, según la reconstrucción que pudo hacer este cronista. Para el gobierno, el problema de la distribución sólo atañe a la inflación, que dicho y sea de paso en marzo cerrará por encima de los cinco puntos, mientras que la suba interanual de los alimentos podría clavarse en el 64 por ciento, según la consultora que dirige Marina Dal Poggetto (Eco Go).

El dato del INDEC sobre pobreza difundido esta semana es solo el fotograma de una película que ya cambió. Existe un problema de desigualdad mucho más profundo: trabajadores que no cubren con su salario el valor de una canasta básica de alimentos. No a todos y todas les llegan las paritarias porque lo que más aumentó fue la informalidad laboral.

Mientras tanto, los productores primarios siguen acumulando riqueza. Un productor de trigo en zona núcleo norte, con campo propio, obtuvo un margen neto de ganancia de 333 dólares por hectárea. Este dato corresponde al primer trimestre de 2022, según los relevamientos realizados por el Ministerio de Agricultura. En comparación con diciembre del 2021, el mismo productor incrementó su rentabilidad en un 85% medida en dólares. Es el efecto riqueza del que habló Feletti para justificar un incremento de las retenciones al trigo.

Este no es un dato menor. Según un informe sectorial del Ministerio de Economía, de los 37.425 productores de trigo que existen en el país, el 10% concentra el 53,4% del área sembrada. Solo el 30 por ciento del total de productores de trigo es dueño de sus propias tierras.

 

 

Flojos en distribución

“La cifra de hoy, que es altísima y que no es para celebrar, sí indica que es un millón menos de argentinos y argentinas pobres desde la última medición”, sostuvo la portavoz Gabriela Cerruti.

Para el INDEC, la pobreza al segundo semestre del año pasado fue del 37,3% y la indigencia del 8,2%. En total, son 13 millones de personas que viven en condiciones paupérrimas, de las cuales un poco más de la mitad habita en el Gran Buenos Aires.

Según los datos oficiales, la pobreza mostró un descenso en relación a la anterior medición. Lo que registra el INDEC es en función de la canasta básica de alimentos. Por ende, ya es una foto vieja.

“Terminado el primer trimestre de 2022 puede inferirse que los indicadores de pobreza e indigencia presentarán un estancamiento/incremento durante el primer semestre del presente año. Hay que tener en cuenta la inflación elevada que coincide con salarios viejos y actualizaciones que aún no se implementan”, puede leerse en el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que también destaca los límites que presenta el acuerdo con el FMI para volcar recursos a la sociedad vía subsidios a la energía o el transporte.

De los datos del INDEC se desprende una situación mucho más aguda. El 80% de la población ocupada al tercer trimestre del año pasado contaba con ingresos inferiores a los 70.000 pesos, frente a una canasta básica en ese momento de 68.359 pesos y una cesta alimentaria de 29.213 pesos. Es decir, ocho de cada diez personas ocupadas en trabajos formales cobraba por debajo de la línea de pobreza. El 40% de la población no alcanzaba a cubrir la ingesta mínima de alimentos porque percibía ingresos inferiores a 30.000 pesos.

El año pasado, el PBI creció un 10,3% pero la distribución no fue equitativa. “Estamos flojos en distribución”, sostuvo Kulfas como si se tratase de un mero ítem en una hoja de cálculo. La foto indica que hubo creación de empleo. Pero al descomponer la imagen, se observa que lo que más creció fue la categoría de los monotributistas, con un 7,1% frente al 3,2% del segmento privado. La crema sigue sin derramar.

 

 

Ganadores

«Ayer hablaba con Martín (Guzmán), que de los 50 puntos de inflación que la Argentina ha tenido, debe haber 10 que tienen que ver con la guerra», sostuvo Alberto Fernández. El año pasado no hubo guerra. Días después se corrigió. «No voy a ser tonto y decir que la inflación es por la guerra, no voy a decir esa zoncera».

Los 50 puntos de inflación del año pasado, en parte, se explican porque las grandes empresas formadoras de precios recuperaron rentabilidad vía aumentos de precios. En los datos de marzo, sí impactará el escenario bélico.

“El impacto de la guerra Rusia-Ucrania no solo afecta de forma directa el precio de insumos claves como los combustibles y los granos, sino que genera mayor incertidumbre”, indicó Dal Poggetto en un reciente informe. De acuerdo a sus proyecciones, la inflación interanual se ubicaría en torno al 54%, mientras que la suba anual para los alimentos llegaría al 64%.

Hay quienes en el Gobierno creen que la inflación carece de un componente oligopólico (Kulfas) mientras otros consideran que sí (Feletti). Desde el ministerio de Agricultura piden a gritos que se deje de hablar de retenciones. Por su parte, los dueños de las fábricas de alimentos se quejan por el supuesto maltrato del Secretario de Comercio interior. “Fueron injurias, nos sentimos ultrajados”, sostuvo Carla Martin Bonito, la representante de la COPAL, luego de reunirse con funcionarios nacionales. Una semana atrás, Feletti había hablado del “shock especulativo” protagonizado por las grandes productoras de alimentos.

Lxs integrantes del Poder Ejecutivo parecen pasarse, de mano en mano, la papa caliente de la inflación. O, mejor dicho, la cuestión distributiva. Mientras tanto, la carneada popular de chanchos en plena Pampa Húmeda (Córdoba) marca que, en el campo, son unos pocos los que comen bien.

Según los datos oficiales del Ministerio de Agricultura, el margen neto de rentabilidad para un productor triguero con campo propio de la zona centro norte de Córdoba fue de 163 dólares por hectárea, frente a los 43 dólares por hectárea captados a diciembre de 2021. Es decir, en tres meses incrementaron sus márgenes en un 279%. Y quienes alquilan sus campos, pasaron del rojo registrado el año pasado a un margen positivo de 37 dólares por hectárea.

 

 

Hambre

En el campo de batalla solo quedaron los restos de una escena de hambre y algunas partes de cerdo desperdigadas. Los policías que filmaban la secuencia contribuyeron a que un fiscal iniciase una causa penal por “saqueos”. No es la primera vez que ocurre. En diciembre del año pasado, un camión que transportaba 40 vacas chocó con un tren en la localidad santiagueña de Pino. Antes de que pudieran escapar, los animales sucumbieron ante otra carneada popular. Tampoco se trató de un saqueo. Tanto la faena intempestiva de vacas como de cerdos conforman escenas de una injusticia que urge visibilizar. Y, sobre todo, accionar para que unos pocos no se queden con todo.

 

 

 

 

 

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