Disney gaucho

Historia de la relación entre Walt Disney y la Argentina

 

Imposible no tentarse con la noticia. A partir de 2021 y hasta 2030 Disney se va a encargar de explotar los derechos televisivos del fútbol argentino. Algo que hace algunas décadas podía sonar casi surrealista, hoy se acepta con total naturalidad. El fútbol local será apenas una pieza más (y realmente pequeña, comparada con otras como Marvel, Star Wars, ESPN o Pixar) dentro de este colosal imperio del entretenimiento que en nuestro imaginario sigue siendo una candorosa productora de cine infantil.

Hora de repasar la historia en común entre Walt Disney y la Argentina, que abunda en hechos y anécdotas muchas veces imposibles de verificar pero que ilustran la relación que existe desde hace casi un siglo entre la legendaria creadora de ilusiones y nuestro país, en el que varios reclaman aunque sea un modesto lugar de reparto de esta historia.

 

 

La República de los Mickeys

En 2017 se realizó una muestra en Los Ángeles llamada Cómo leer el Pato Pascual (o sea el Pato Donald): la América Latina de Disney y el Disney de América Latina. Una alusión al libro publicado en 1971 por el chileno Ariel Dorffman y el belga Armand Mattellart, ensayo clave en el estudio de la influencia del mundo Disney en la cultura latinoamericana. Uno de los expositores fue la Municipalidad de La Plata y su aporte constó de fotos y filmaciones que consolidaban la teoría de que la República de los Niños, aquel parque temático inaugurado por Juan Domingo Perón en 1951, fue el modelo inspirador para que Disney creara su primer parque de atracciones cuatro años después en California. En su versión más exuberante, la leyenda ha llegado a asegurar que Walt estuvo en la inauguración y que hasta se entrevistó con Perón para replicar la experiencia en los Estados Unidos. Todo esto era tomado por muchos como una fabulación típicamente argentina, sublimada por el hecho de que la República de los Niños fue una emblemática creación del primer peronismo, pero la muestra en Los Ángeles parecía darle crédito a la leyenda.

Aunque Disney era bastante sagaz para empaparse (por decirlo de forma elegante) de creaciones ajenas, es muy remotamente posible que todo esto haya sucedido. No hay ninguna prueba de que haya visitado para esos años ni la República Argentina ni la República de los Niños. Y además esta idea va reñida con una más sólida que ha ido madurando con los años y que apunta al dibujante Ub Iwerks (el gran perdedor de toda esta saga, ya lo veremos más adelante) como el verdadero ideólogo del proyecto Disneylandia. Teoría que además abona a la idea de que Walt Disney no fue en absoluto el genio detrás de todas las creaciones que se le atribuyen sino que su talento tiene que ver más con su visión empresarial.

 

 

La República de los Niños en 1951 (izquierda) y Disneylandia en su inauguración en 1955.

 

 

 

Disney mata mural

Ubicado en la avenida Corrientes casi esquina Callao, es ahora un complejo que consta de varias salas de teatro y en su planta baja funciona un comedero de hamburguesas. Pero hasta hace unos años el Multiespacio Los Ángeles era la única sala de cine en el mundo dedicada exclusivamente a las películas de Disney. Este último dato ahora es muy difícil de acreditar pero en ese entonces ningún niño o niña porteño lo ponía en discusión ya que se podía ir allí en cualquier momento del año a ver los estrenos más recientes o alguno de los clásicos de Disney. Algunos espectadores con cierto recorrido recordarán la imponencia original de aquella sala que en su época dorada tenía platea, pullman y súper pullman, sumando una capacidad de más de 1.000 butacas. Fundada en 1945, fue recién en 1965 que el cine Los Ángeles se dedicó enteramente a los productos de Walt Disney, quien moriría al año siguiente. Durante los años ’80, y con la necesidad de ampliar su convocatoria, fue uno de los primeros cines porteños en modificar su diseño original para fragmentarse en varias salas, sacrificando en el camino un espléndido mural que la artista gallega Maruja Mallo había hecho para su inauguración, cuando residía en la Argentina perseguida por el franquismo. El cine Los Ángeles sería entonces parte del fenómeno de la desaparición de los grandes cines, y junto a ellos las obras artísticas y arquitectónicas que los hacían tan maravillosos.

 

 

“Es como Walt Disney”

Esta frase popular se desprende de la que es seguramente la leyenda urbana más difundida acerca del padre del Ratón Mickey (aunque esto tampoco es tan así, ya lo verán). Walt era un fumador irrefrenable y un cáncer de pulmón se lo llevó a los 65 años, pero lo sorpresivo de la noticia y el hermetismo de su familia avivó la sospecha de que su cuerpo había sido sometido al proceso de criogenización, es decir su conservación por congelamiento a la espera de que los avances tecnológicos pudieran devolverlo a la vida. Sus familiares dijeron una y mil veces que esto no era cierto y los científicos aclararon que, además, ese proceso es aún hoy imposible.

Sin embargo, por más insostenible que sea, una leyenda de este calibre no desaparece así como así. En octubre de 2017 en el canal Todo Noticias (TN) se debatía en vivo acerca del hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado en las aguas del río Chubut y de las posibilidades de que la baja temperatura de las aguas pudiera conservarlo en condiciones de facilitar una autopsia confiable. La irrupción de Elisa Carrió, que en realidad estaba en el estudio esperando a ser entrevistada por otro tema, ha quedado en la historia como uno de los momentos más grotescos de los tantos rubricados por la dirigente del crucifijo: “Como Walt Disney”, dijo con un dominio absoluto del tiempo televisivo, mientras a su lado Horacio Rodríguez Larreta ya estaba haciendo cálculos electorales.

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos potencias se saludan

Cuando Walt Disney visitó la Argentina como parte de su gira latinoamericana (primavera de 1941) se tomó su tiempo para llamar a Florencio Molina Campos. Para ese entonces, el autor de los célebres almanaques de Alpargatas ya era un artista conocido y Disney quería contar con él para preparar una película con temática gauchesca, terreno en el cual Molina había desarrollado una estética inconfundible. Paradójicamente el dibujante argentino se encontraba en los Estados Unidos contratado por una revista norteamericana y el encuentro se postergó hasta un año después en Brasil. La colaboración entre ambos artistas quedó reflejada en El gauchito volador, personaje que duró tan solo un cortometraje, y en Goofy (Tribilín) se hace gaucho, un corto que formó parte de la película Saludos Amigos. Allí Molina Campos asesoró a Disney, aunque se dice que algo disgustado por la confusa forma en que quedaban representadas las costumbres argentinas, diluidas a lo Hollywood en una mezcla tantas veces vista entre lo argentino, mexicano, español y toda cultura latina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Pa’ qué viniste?

Aquella visita de Walt Disney y su grupo de colaboradores fue presentada como una gira en busca de inspiración, una tourné cultural y profesional promovida por las más nobles intenciones de intercambio entre buenos vecinos, aunque nunca hermanos. Y esto en gran parte es cierto, habida cuenta de que hubo dos largometrajes (de lo más flojo del sello) que funcionan como corolario de la experiencia: la ya citada Saludos amigos (1942) y Los tres caballeros (1944).

Pero esta excursión latinoamericana tenía también otras causas mucho más utilitarias. En principio la situación de Walt Disney y su estudio no era para nada cómoda porque a poco de haber asestado sus primeros batacazos de taquilla con Blancanieves, Pinocho y Fantasía, una tenaz huelga de empleados (sobre todo de los dibujantes peor pagados) hacía peligrar el estreno de Dumbo, su apuesta mayor. Como a Walt no le interesaba en lo más mínimo negociar en persona con sus trabajadores dejó el tema en manos de sus apoderados y puso los pies en polvorosa hasta que el asunto se enderezara.

Según el documental Disney & El grupo (2008), fue el mismo gobierno de los Estados Unidos el que promovió esta gira, garantizándole que en caso de que sus futuras producciones fueran un fracaso de taquilla el gobierno mismo se haría cargo de las pérdidas. Veían en Walt a una figura capaz de establecer lazos de cooperación más amplios entre los países, y por qué no darles un empujoncito para que se decidan a apoyar al bando de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, a la que los yanquis estaban a un paso de entrar. Cabe recordar que tan solo tres años antes se había realizado en el Luna Park de Buenos Aires uno de los cónclaves nazis más multitudinarios fuera de Alemania con la presencia de altos cuadros del gobierno de Roberto Ortiz, lo cual puede explicar por qué no hay registro de reunión alguna entre una celebridad como Disney y representantes del gobierno argentino. En su gira latinoamericana Disney visitó varias ciudades capitales con una estadía particularmente fructífera en Río de Janeiro en tiempos de Getulio Vargas. En Argentina la comitiva se alojó en el Hotel Alvear y hubo peña en sus terrazas, en donde afloraron zambas y chacareras con la presencia del legendario Andrés Chazarreta y su compañía artística. Hubo encuentros con artistas locales y gente de la alta sociedad, con abundante asado y presencia del gauchaje tan atractivo para los oriundos de la tierra de los cowboys.

La misma factoría Disney realizó en su momento este cortometraje acerca de la visita a Latinoamérica.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bambi era un huemul

Esta es otra de las fábulas más conocidas sobre Disney y Argentina. Sostiene que la idea de la película Bambi (1942) nació en el bosque de arrayanes cercano a Bariloche, como un capítulo más de aquella gira por estos lados. La leyenda se fue robusteciendo con los años, más aún cuando apareció la Casita de Disney como uno de los atractivos del Parque Nacional Los Arrayanes. Supuestamente fue aquí en donde el dibujante alucinó con el paisaje y vio un animalito (debiera ser un huemul autóctono) que lo inspiró para contar la historia del sufrido cervatillo.

 

La Casita de Disney, en el Parque Nacional Los Arrayanes.

 

Nuevamente hay que decir que no hay absolutamente ninguna prueba de que Disney haya estado en Bariloche. Lo más cerca que estuvo fue en Mendoza (a casi 1.000 kilómetros de distancia), donde ofreció una recordada charla con niños de la ciudad poco antes de partir hacia Chile. Lo que sí es muy probable es que Molina Campos haya colaborado con él en los dibujos de la película Bambi, que vive en un bosque con mucho color ocre virado al naranja propio de los arrayanes.

 

 

 

El laucha Miguelito

Inicialmente un film mudo y luego sonorizado, The Gallopin’ Gaucho, es la segunda aparición del máximo emblema del Mundo Disney, el Ratón Mickey. Este cortometraje cuenta un par de aventuras del roedor en la pampa argentina, seguramente inspirado en la película muda The Gaucho (1927) protagonizada por Douglas Fairbanks. Será por esto que en un momento Mickey se trenza en una pelea de espadachines, algo más propio del cine de aventuras de Fairbanks que de las costumbres de nuestra tierra. Se puede apreciar aquí que el estilo familiar o infantil de Disney no estaba aún modelado del todo, Mickey tiene toda la pinta de ser un malandra buscado por la ley y se muestra fumando y emborrachándose de lo lindo.

Vale la pena detenerse en un detalle: en la placa de presentación está la firma de Ub Iwerks como autor, y aquí tenemos la más picante de las polémicas sobre Walt Disney que refiere a su verdadera condición de creador de su famosa galería de personajes. La nieta de Ub Iwerks, Leslie Iwerks, ha hecho en 1999 un documental llamado The Man Behind The Mouse: The Ub Iwerks Story, en el que demuestra claramente que fue su abuelo el creador del ratoncito más famoso del mundo y que el gran mérito de Disney fue haberse avivado a tiempo de que el negocio no está tanto en el arte como en la rapidez para asegurarse de los derechos de autor.

 

 

 

 

 

 

Volviendo a The Gallopin’ Gaucho, naturalmente aparecen algunos tópicos de la cultura argentina como el tango (aunque todos sabemos que no es campero) y de no ser porque fue realizado en el año 1928 seguramente hubiera aparecido también el fútbol. Para que Disney pudiera hincar el diente en el deporte más popular de los argentinos faltaban algo así como 90 años.