Ecologismo peronista y post-pandemia

Ni expresión risueña ni contradicción: hay que hacerse cargo del momento histórico

 

El discurso que Perón realizó en 1972 titulado “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” es conocido por algunes de nosotres y desconocido por las mayorías. Recomiendo su lectura para comprender la profundidad histórica de los debates sobre los problemas ambientales. La crítica ecológica a los límites biofísicos de los modelos de desarrollo no tiene ninguna novedad sino que, por el contrario, se viene alertando a nivel global desde hace 50 años por lo menos.

En una edición pasada de El Cohete publiqué una nota titulada ¿Progresistas contra ecologistas?, cuya finalidad era:

  1. Alertar sobre el peligro de construir a un sector del ecologismo como un enemigo interno. Para crear enemigos internos (indios, pobres, bolivianos, inmigrantes, ruso-iraníes-venezolanos, etc.) están los Bullrich y los Pichetto.
  2. Fomentar los debates colectivos incorporando las diversas perspectivas de los movimientos de masas (ecologismo, feminismo, peronismo, economía popular), superando de esta manera la intrascendencia de los egos personales.

Esta nota es un complemento de la anterior para contribuir al objetivo del debate colectivo. Einstein decía: “todos somos ignorantes, pero no todos ignoramos las mismas cosas”. Algunes ignoramos unas cosas y otres ignoran otras. Mi intención es aportar al debate colectivo desde lo que no ignoro. Lo que ignoro seguramente es inconmensurable o, como suele decirse, cuanto más conozco más consciente soy de todo lo que desconozco.

En la nota anterior hice una llamado de atención sobre los impactos ambientales del fracking y los subsidios económicos que recibe, así como la necesidad de transitar cambios en el sistema energético, temas que estudié hace años junto a un equipo (para ampliar ver aquí, aquí y aquí). También alerté sobre el proyecto de profundización y ensanchamiento de la hidrovía, tema que conozco porque está atravesado por mi investigación doctoral. Al respecto puedo afirmar dos cosas. Primero, que por primera vez podría correr riesgo el recurso pesquero fluvial, sector que involucra a unos 10.000 pescadores según información oficial, así como a una extensa red de pequeños intermediarios y venta informal o no registrada de la economía popular, que escapa a todas las estadísticas oficiales por fuera de los frigoríficos. Segundo, que discutir profundización y ensanchamiento de la hidrovía no tiene nada que ver con las otras discusiones, muy necesarias también, sobre la soberanía fluvial y portuaria, y que giran en torno al canal Magdalena y la estatización de los servicios de dragado y balizamiento actuales.

Otro elemento necesario para el debate que introduje fue respecto al modelo agroalimentario al cual también dedico mis horas de sueño y militancia. Me limitaré tan sólo a informar que en mayo de 2019 se realizó el primer Foro Agrario, Nacional y Popular, donde se trabajó en 23 comisiones y cuyos resultados pueden consultarse aquí. Las conclusiones del encuentro y los documentos de las comisiones son un ejemplo excepcional de la sabiduría que surge de los debates colectivos de actores diversos con representación masiva. Algo completamente diferente al saber de un académico o intelectual aislado. En esos documentos está expresado el repertorio de alternativas y propuestas para un desarrollo agroalimentario nacional y soberano. Del otro lado de la vereda nos encontramos con agrupaciones fantasmas como campo + ciudad, cuya característica desde que asumió el actual gobierno fue golpista y desestabilizadora. A su vez, los diversos trabajos de interpretación de los datos que arrojó el censo agropecuario 2018 son una radiografía de los problemas estructurales del sistema agroalimentario argentino. Entre los principales está la generación de empleo en cantidad y calidad.

Otro llamado de atención lo hice respecto a los costos ambientales por la extracción de oro, poniéndolo en contraposición con su valor de uso. Este es un tema que abordo en profundidad en mis clases de Antropología Económica (ver aquí) y que expresa las razones profundas que subyacen detrás del slogan ambiental “El agua vale más que el oro”. También propuse que había que buscar dólares por vías alternativas. Existen estimaciones respecto a que en las cajas de seguridad habría depositados 60.000 millones de dólares. Una caja de seguridad es otro mecanismo de fuga de dólares. El Estado con sus diversos instrumentos (palos y zanahorias) podría incorporarlos al sistema bancario y ensanchar de esa manera las reservas. Las estimaciones de evasión fiscal del tráfico ilegal de granos para exportación son también enormes. Por suerte desde el ministerio de Seguridad se viene avanzando sobre este tema (ver aquí). Otra vía es endurecer aún más las propuestas de negociación con el FMI, los viejos planteos de deuda odiosa, deuda ilegítima, no pago de la misma, son tan válidos hoy como ayer (Alejandro Olmos siempre presente). El libro «En deuda, una historia alternativa de la economía», del antropólogo David Graeber, debería ser materia de estudio en la carreras de economía, si es que estas se pretenden autodenominar “disciplina científica”, ya que la economía se sostiene en su relato sobre muchos mitos no comprobados, entre otros el del origen del dinero, para empezar.

Desde la Antropología Económica contemporánea la invitación es a que el debate sobre lo económico no sea exclusivo de los economistas. Las fronteras disciplinares son un problema para abordar soluciones a problemas sistémicos. No podemos dejar que los problemas de la pobreza, la desigualdad, la concentración de la riqueza y el poder, la soberanía alimentaria, la gobernabilidad y la degradación ambiental lo solucionen expertos en macroeconomía. La economía se ha transformado en un conocimiento experto que tiene la última palabra sobre gran parte de los asuntos políticos que afectan a la vida cotidiana. Una especie de tiranía de la macroeconomía sobre el resto de las esferas de la vida.

La economía, más que una ciencia, es el relato histórico de los sectores de poder para conservar y justificar el orden establecido de sus privilegios. La denominada economía crítica inclusive tiene sus enormes limitaciones, pues no deja de ser hija bastarda del paradigma de la economía convencional (neoclásica, liberal, marxista o keynesiana). Los debates que incluyen los trabajos domésticos y de cuidado, que si se monetarizaran representarían el mayor porcentaje sobre el PBI, no nacieron de la economía crítica sino del feminismo. Frases como «creer que se puede crecer infinitamente en un planeta finito es de estúpidos o de economistas» no existirían si no fuese por los movimientos ecologistas.

Hoy en Argentina existe una Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género en el Estado a cargo de la doctora Mercedes D’Alessandro, que tiene mucho que aportar al nuevo diseño de las políticas públicas. La AUH es conceptualmente una herramienta de equiparación de derechos adquiridos y no un plan social, como bien lo define el ministro Daniel Arroyo, gracias al feminismo. También hay una Dirección de Agroecología que dirige el ingeniero Eduardo Cerda y sería interesante que le den mayor poder de incidencia y presupuesto para la generación de políticas públicas.

En los inicios de la pandemia en el mundo se hablaba de la renta básica universal y de cómo se podría financiar. ¿Por qué dejamos de hablar de eso? ¿Por qué no está en la agenda de discusión de los medios? La tarjeta Alimentar, el crédito a tasa cero para monotributistas durante el inicio de la pandemia son, en parte, cuasimonedas digitales: allí podría estar la clave para diseñar algunos mecanismos de distribución de la riqueza y la inclusión social. Las deudas ecológicas que el norte le debe al sur y los servicios ambientales globales que prestan algunos ecosistemas tienen que estar en agenda. Estos son los planteos de la Economía Ecológica y la Ecología Política, dos disciplinas ya muy maduras pero absolutamente marginales para la mayoría de los economistas que vemos circular por los medios de comunicación masivos.

Cuando nos encontramos frente a callejones sin salida y laberintos que nos hacen repetir la historia de siempre, hay que ampliar el abanico de las discusiones del universo de posibilidades. Si nos encerramos en enfrentamientos de egos personales lo único que hacemos es manifestar la intrascendencia de nuestro pensamiento. Cuando hablo de intrascendencia, me refiero a que yo, autor de esta nota, soy uno más dentro de una corriente de pensamiento, una corriente de pensamiento que a su vez es incompleta y precisa de la complementación de otras corrientes de pensamiento. A su vez estas ideas que expongo no son mías sino el fruto de una construcción colectiva que hoy viaja y se retroalimenta más rápido que nunca mediante los algoritmos de las TICs.

Numerosas notas son publicadas todos los días reflexionando sobre estos temas. Una reciente y muy buena nota de la revista Anfibia, titulada «El PBI ha muerto», contribuye al debate; otra breve nota en Página/12 sobre “desarrollo y medio ambiente”, y otra titulada “Geopolítica a tres bandas” publicada en El Cohete, expone la centralidad de la ecología en el nuevo plan quinquenal de China; la lista es infinita e incluye la columna en televisión de José Natanson sobre el “ambientalismo bobo”, un gran periodista que leo asiduamente y me ayuda a pensar. En este caso particular a pensar desde la disidencia con su planteo más que en la coincidencia. De hecho, gracias a su columna periodística me inspiré para compartir estas reflexiones y así contribuir al debate desde lo que no ignoro.

Ya lo decía Perón en 1972: “Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología, y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional”.

La narrativas colapsistas tienen un anclaje realista que conlleva a la necesidad de posturas más disruptivas, pero no por eso carentes de la posibilidad de la construcción colectiva. Recomiendo las entrevistas-diálogos que Flavia Bruffoni, una emergente del ambientalismo en Argentina, realizó con Antonio Aracre (CEO de Syngenta), por un lado, y con Juan Grabois por el otro. Crisis ecológica, económica, sanitaria, humanitaria, incendios forestales, contaminación de acuíferos, cambio climático. El que no quiere ver que no vea pero el futuro llegó hace rato, como decía el Indio Solari. La radicalización de las alternativas para transicionar hacia otro sistema político, económico y social tienen ahora el momento histórico para hacerlo; caso contrario dejamos el lugar para que la radicalización venga por el lado del fascismo detrás de discursos libertarios como el que expresa Javier Miley.

Hablar de Peronismo Ecologista no es una expresión risueña, ni una contradicción, ni algo anecdótico. Es el momento histórico que le toca transitar al más importante movimiento político nacional y popular de la historia Argentina. Algunas ideas para ensanchar el repertorio de soluciones sistémicas posibles se pueden leer en propuestas como el Plan de Desarrollo Humano Integral. Espero que esta nota sea una contribución para aportar a la construcción de los debates colectivos.

 

 

 

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