Einstein contra los apáticos

La relatividad judicial y la imprescindible firmeza ciudadana para acercarnos a una justicia ideal

 

Albert Einstein, uno de los mejores científicos del siglo XX, desarrolló la Teoría General de la Relatividad, con la que revolucionó la forma de percibir el universo. Era un gran pacifista, preocupado por el ambiente que se vivía después de la primera guerra mundial, y desde Caputh, una localidad cerca de Postdam, en Alemania, el 30 de julio de 1932, le envió una carta a Sigmund Freud, padre del psicoanálisis. La carta se publicó luego bajo el título “¿Por qué la guerra?” y tiene particular importancia en el análisis de diversos aspectos, por lo que invito a leerla integralmente junto a la respuesta por parte de Freud.

 

 

Teoría de la relatividad judicial

Más en esta ocasión quiero significar que de una manera concisa y clara, y tal vez sin proponérselo formalmente, Einstein formuló también en su misiva lo que doy en llamar la “Teoría de la Relatividad Judicial”.

En su carta dijo, en lo que aquí importa, que “un tribunal es una institución humana que, en la medida en que el poder que posee resulta insuficiente para hacer cumplir sus veredictos, es tanto más propenso a que estos últimos sean desvirtuados por presión extrajudicial. Este es un hecho que debemos tener en cuenta; el derecho y el poder van inevitablemente de la mano, y las decisiones jurídicas se aproximan más a la justicia ideal que demanda la comunidad (en cuyo nombre e interés se pronuncian dichos veredictos) en tanto y en cuanto esta tenga un poder efectivo para exigir respeto a su ideal jurídico”.

Las afirmaciones han tenido y tienen una particular vigencia en general y especialmente en la Argentina.

En una forma más directa podemos decir que la “Teoría de la Relatividad Judicial” de Einstein sostiene que, como principio, los jueces son permeables a las presiones externas en la medida que sientan que aplicar la ley como ideal jurídico sea difícil porque no tendrán el poder efectivo para llevar adelante las sentencias que dicten y la comunidad no exigirá, con la fuerza suficiente, que se respete lo decidido.

Así, nuestro Poder Judicial en 1989 convalidó los indultos a violadores de derechos humanos. En ese momento la comunidad no tuvo la firmeza necesaria para exigir que no quedaran impunes los responsables de haber cometido graves delitos de lesa humanidad. Dicha realidad de impunidad inaceptable me llevó a decir, cuando renuncié como juez federal, luego de declarar la inconstitucionalidad de los indultos decretados en las causas a mi cargo, que de esa manera la Justicia argentina demostraba que era impiadosa con los débiles y genuflexa con los poderosos.

La fórmula de la relatividad judicial de Einstein también la vimos evidenciada cuando el poder político presionaba a ciertos jueces y fiscales, particularmente en la presidencia de Mauricio Macri, para que favorecieran los intereses del gobierno, y estos aparecían permeables a dicha presión. Así, asistimos a ver un Poder Judicial que, respecto de quienes no quería el oficialismo, no se sentía obligado a respetar por ejemplo el principio de inocencia, el derecho a la defensa en juicio, las razones que justifican la prisión preventiva, los derechos laborales, el derecho de propiedad, la dignidad de los detenidos, entre otras irregularidades. A su vez, aparecían jueces y fiscales que toleraban, investigaban y actuaban con métodos antijurídicos (intervenciones telefónicas indebidas, espionaje ilegal, servicios de inteligencias efectuando maniobras contrarias a sus funciones, aceptando aprietes a supuestos testigos, inventando causas, visitando al poder político para acordar medidas judiciales, etc.) y, en general, no acataban las normas en el accionar correspondiente, todo ello con apoyo de medios y periodistas coordinados en verdaderas asociaciones ilícitas con fines inaceptables. Además se producían demoras cómplices a la hora de intervenir o resolver cuestiones fundamentales que pudieran afectar los intereses del poder para de esa manera garantizar impunidad a quienes delinquían en sus funciones, mientras a la vez se ensañaban con los señalados como opositores. A los magistrados y fiscales que actuaban conforme a la ley, en tanto, se los presionaba, apartaba, perseguía y desprestigiaba de diversas maneras, con denuncias y operaciones calumniosas manejadas desde medios de comunicación cómplices.

 

 

Necesaria firmeza ciudadana

Pero la fórmula de Einstein dice bien que la justicia ideal que demanda la comunidad (en cuyo nombre e interés se pronuncian los veredictos) se podrá llevar adelante en tanto y en cuanto la sociedad rescate para sí el poder de exigir acatamiento a su ideal jurídico, respetuoso de los derechos de todas las personas.

Para esto último debemos evitar cierta apatía de participación ciudadana que nos inunda y una publicidad mediática que hace descreer de la democracia y de la política en general. Ello se pudo superar, por ejemplo, cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación en mayo del año 2017 pretendió, respecto de quienes habían sido condenados por graves violaciones de derechos humanos, que se les computara la pena de dos días por cada uno de detención. En dicha ocasión, toda la comunidad espontáneamente salió a la calle a manifestarse en contra de dicho criterio. Por lo que el Poder Judicial, con urgencia, tuvo que cambiar su decisión y dejar en claro que no cabía aplicar el referido beneficio a dichos delincuentes, y el Poder Legislativo en el acto reformó la ley para no dejar duda que había que respetar la postura debida que la sociedad exigía.

En definitiva, Einstein nos dejó la fórmula clara, por la que será cuestión de que la comunidad tome fuerza para exigir y movilizarse con el fin de que se haga Justicia, respetando los ideales jurídicos consagrados en nuestra Constitución Nacional y demás leyes esenciales y, a partir de ello, poder desarrollar positivamente nuestra democracia. Es el camino.

Mi afecto y respeto a Einstein.

 

 

 

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