El ángel para nuestra soledad

Bailar una ilusión

 

Hoy se llora masiva y colectivamente la partida física del artista que regaló poesía y metáfora a la cultura popular en tiempos donde priman los fragmentos de literalidad. Poeta que con su arte puso los enunciados para entender y nombrar la dominación, la injusticia y lo que duele a quienes quisieran y pudieran sentirse pueblo. Lo hizo con música, relato y baile. Puso movimiento, ritual, alegría vivida en comunión familiar para exorcizar tristezas, frustraciones colectivas e imaginar futuros sin palos. "Cultura del laburante", dijo alguna entrevistada a un cronista con consternación. Música e identidad para la irreverencia que también supo ser y representa Maradona. Una manifestación de peronismo. Eso que a muchos les cuesta explicar.  Quizás por eso nos encontramos ante la "sinfonía de un sentimiento" transclasista y transgeneracional. 

El Indio es el desafío al poder. No sólo con el arte de sus canciones y esperados recitales que se fueron constituyendo en un poderoso ritual de encuentro. Es más que el sensorium suburbano en la poesía erudita. También es el respeto que otorga la coherencia de las acciones. Ética y estética unidas en la definición de sostener desde el inicio y durante décadas modos de producción y circulación soberana de una expresión artística de masividad. A contramano de teorías culturales que explican que el funcionamiento de la industria cultural fagocita la politicidad de las expresiones artísticas emergentes cuando estas se convierten en masivas, el repertorio nunca dejó de ser una expresión contrahegemónica con efectos transformadores que atraviesan las biografías personales de sus seguidores. Vidas que se hicieron viables, se iluminaron a partir de entender y enojarse con los efectos de la desigualdad en sus existencias. Enunciados que se fueron convirtiendo en banderas en los corazones. 

El público de los Redondos es más que un público. Es comunidad. Es encuentro que se refuerza cada vez en ese pogo que es movimiento colectivo. Familias que entregan el sentimiento ricotero como un valioso legado. Es una herencia que se recibe y valora con orgullo. "Hoy el Indio nace. Nosotros no tenemos la voz para hablar y él lo hace por nosotros", dice alguien a un cronista de TN en Plaza de Mayo. En épocas de crisis de representación, quien se fue era un genuino representante del pueblo.

Como en cada Misa ricotera, la convocatoria masiva a Plaza de Mayo y en plazas de todo el país para vivir el duelo en un sentimiento que une, donde se repite una y otra vez que en este también está la dignidad del laburante que parecía pasada de moda, y del que se siente pisoteado, en una expresión que convoca a poner el cuerpo, emocionarse junto a otros en familia, con consignas amorosas de solidaridad, se desafía la batalla cultural que vienen librando los empleados locales de Peter Thiel. 

La negativa del gobierno a realizar el velatorio tanto en la Casa Rosada como en el Congreso de la Nación es una demostración de desconcierto y miedo a la resistencia que encarnan todas esas almas que se sintieron interpeladas y que entendieron que, en esta, está "todo el hidalgo valor de la vida". Pero no sólo eso. Hace visible que el proyecto político-cultural puesto en marcha por el poder que habilitan los hermanos Milei resulta incompatible con las formas democráticas tal como las conocemos. No hay lugar para las mayorías, con demandas y emociones colectivas. "Estamos en tiempo de virtualidad. Las formas de canalizar emociones ya no son estas", dice con sorpresa la oficialista Cristina Pérez en LN+. Lejos de algoritmos, compartiendo lágrimas, abrazos y bailes al ritmo de voces que se entonan con aquel que siente la misma tristeza; quién sabe si se pueda romper el hechizo y explota el descontento que hoy parece encapsulado.

Se cuelan en canales oficialistas, a pesar de los esfuerzos obedientes de las cronistas por evitarlo, deseos y pedidos de "Cristina libre" y fugaces apariciones de dedos en V. Roban segundos a esas pantallas que solo la nombran para denostarla. A ella y en ella al peronismo. No faltan los insultos al Presidente. "Hay que separar lo político, porque si no tampoco podés escuchar las letras de los Redondos ni mirar un gol de Maradona", dicen casi como reclamo los panelistas de LN+. Más de uno conteniendo lágrimas… Pero lo cierto es que tanto Maradona como el Indio están de "este lado de la mecha".

De repente, la desolación de la despedida es una oportunidad para recordar que todo preso es político y queda al descubierto el subsuelo de la patria donde se piensa y siente el poder con poesía y es posible la emoción al encontrarnos sin mediación de pantallas. Tal vez ahí, a pesar de que el futuro haya llegado hace rato, esté la llama de una esperanza de resistencia, para volver a "bailar una ilusión".

 

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