EL CLUB DE LA PELEA

No quieren diálogo, se preparan para más grieta y confrontación

 

En su diatriba el día en que la UIA eligió sus nueva autoridades, José De Mendiguren, presidente del BICE ( Banco Industrial y de Comercio Exterior), el banco público de inversión, reveló que Paolo Rocca, titular de Techint, le habría afirmado en varias oportunidades que “nosotros no queremos participar en las entidades. Queremos la gobernabilidad de las entidades. Queremos gobernarlas”. Esta afirmación del titular de la empresa más importante del poder económico concentrado local, se puede asociar a lo que sostuviera en su discusión con Martín Guzmán en el diálogo que mantuvieran en el encuentro de diciembre de 2020, organizado por Generación Propymes. En aquélla circunstancia el Ministro recibió una insistencia reiterada del multimillonario empresario en dos temas centrales para la política económica:

  1. la supuesta necesidad de reducir la carga tributaria de las empresas y
  2. que el motor de la economía debe ser la empresa privada y su inversión y nunca el Estado, porque el gasto de éste en la actividad económica podría generar un crowding out (efecto expulsivo) de la iniciativa productiva privada.

El mandamás de Techint no se privó de hacer una perfecta síntesis reivindicatoria del proyecto neoliberal para la Argentina. Puso el centro en la disminución de déficit fiscal, aclarando que los impuestos deberían ser reducidos y —por lo tanto— el gasto público aún más, bajo el pregón de que la economía debía ser reservada a la empresa privada.

¿Porqué intentamos una asociación, o hasta una homologación, de los dichos del diálogo con Guzmán con el comportamiento denunciado por Mendiguren? Ambos desempeños develan que el poder económico concentrado quiere gobernar. Quiere gobernar la institucionalidad empresaria y quiere gobernar la economía del país. Rocca en el debate con el Ministro de Economía no ahorró la mención de la confianza como requisito esencial para el crecimiento. La confianza, como dijimos en otros artículos, es la lógica que promueven los liberales para el desenvolvimiento económico. La misma sobreviene de la abstención del Estado de intervenir en el proceso económico, como así también de su ausencia para promover el pleno empleo y para accionar en pos de dar alcance a niveles dignos de justicia social, mediante el despliegue del gasto social. Aun en circunstancias en que la plena ocupación, mayores salarios y un mayor gasto social le proporcionen más rentabilidad, el empresariado concentrado no los propicia, debido a que el Estado interventor y productor adquiriría más poder. Esta perspectiva de mayor democracia le quita al empresariado control social y condiciones futuras de mantener el orden establecido. Y eso es lo quieren los empresarios de la AEA, impedir que el gobierno del Frente de Todos pueda llevar a cabo un Proyecto de transformación productiva en el país. La prepoteada que enfureció al presidente del BICE no puede ser reducida a una cuestión personal, tampoco a un mero hecho de política institucional. Tiene un efecto expansivo más amplio, que implica colocar la institucionalidad patronal del país en función de estrechar el margen de acción del gobierno elegido por la ciudadanía. Así como Macri puso a los CEOs de conglomerados empresarios a gobernar el país, Rocca pone a sus laderos y seguidores en los puestos de comandos de la UIA. Cualquier vestigio industrialista que pretenda una Argentina más diversificada quiere ser ahogado por él, por Pagani y los capitostes de la AEA. La dirección del ámbito sindical del patronato industrial fue capturado por una operación de la facción más poderosa.

 

 

El antagonismo

La Vicejefa de Gabinete Cecilia Todesca Bocco respondiendo a las críticas de la oposición, expresó que “la receta, entonces, para bajar el déficit era bajar el gasto; el gasto en educación, en salud, en ciencia y tecnología. Nosotros planteamos algo completamente distinto, los impuestos deben ser progresivos y el gasto tiene que seguir traccionando porque es una de las variables para recuperar el nivel de actividad”. El sector empresarial que copó la UIA coincide con la oposición y juntos reclaman la aplicación de un modelo que perdió en las elecciones y que mostró que durante su mandato sólo se construyeron impunidad oligárquica y ningún crecimiento del empleo ni mejora de la situación social. En plena pandemia, en lugar de comprender y colaborar con la implementación de programas sociales, reclaman un supuesto shock de confianza, basado en disminuir la atención y el apoyo a los sectores populares para abrir un espacio destinado a pagar menos impuestos. Los principios en los que radicaría, para ellos, la clave de un futuro próspero para la Nación, antagonizan con el gobierno elegido por las mayorías populares.

El nuevo presidente de la UIA no es un industrial sino un abogado de connotadas posiciones antiobreras y antisindicales, modelo calcado de la AEA, donde los empresarios también dejaron el lugar de la presidencia al lobbista Jaime Campos. Funes de Rioja, en sus primeras declaraciones como flamante presidente de la UIA, planteó críticas a la rigidez de la legislación laboral, poniendo el mote de “triple cepo” a la conjunción de las medidas de prohibición de despidos y de suspensiones y a la vigencia de la doble indemnización. El abogado que preside a los industriales se opuso duramente durante estos meses al congelamiento de precios que implantó el gobierno cuando comenzó la pandemia, mediante el programa Precios Máximos. El perfil de la nueva conducción no se ha de centrar ni en estímulos a la demanda, ni en políticas de empleo y producción, ni de gasto público reactivador y mitigador de la pobreza. Despidos, suspensiones, reducción de indemnizaciones, baja de impuestos y equilibrio presupuestario a conseguir reduciendo el Estado. La dirección de la UIA quedó en manos de los que quieren el modelo de la contrarrevolución conservadora. La maniobra de Techint, que con el grupo Clarín son los más activos en AEA, y sus socios para la profundización del proyecto financiarizador, es un recurso perfecto para combatir cualquier intento de diálogo, como también de obstruir la acción del gobierno de la fuerza política elegida por el pueblo.

 

 

Financiarización y monopolios

En otra nota reseñé las características que definen la lógica del funcionamiento de la financiarización:

  • Una relación más estrecha de las empresas con los mercados financieros internacionales.
  • El auge de la presencia de inversores institucionales, como las aseguradoras, los fondos de jubilaciones y pensiones, los fondos de cobertura y otros gestores de activos.
  • La reorientación de las empresas hacia su actividad central y la fragmentación de los procesos productivos en cadenas globales de valor.
  • La priorización de los intereses financieros de los accionistas, mediante el reparto regular de dividendos.

Las grandes empresas que dirigen AEA y la UIA están en mayor o menor medida asumiendo la reconversión creciente hacia estas características. El control total de la UIA por parte de ellas no responde a un capricho de poder, sino a desplazar cada vez más los vestigios de desarrollismo industrialista de las organizaciones empresariales y alistarlas en la militancia por un paradigma de sociedad vinculada con los rasgos enunciados.

Carlos Aguiar de Medeiros y Nicholas Trebat escribieron el artículo Las finanzas, el comercio y la distribución del ingreso en las cadenas globales de valor: implicancias para las economías en desarrollo y América Latina, publicado por CEPAL en Estudios sobre financiarización en América Latina (2018). En este texto sostienen que “la distribución del excedente para beneficio de accionistas, financistas, monopolistas y rentistas es una de las principales características del capitalismo moderno. Para Marx y Veblen, el beneficio, al igual que la renta, es un ingreso no ganado, del que se apropian los dueños del capital… no obstante, el beneficio está sujeto a los ‘riesgos y problemas’ de la inversión productiva y es el principal mecanismo para la creación y apropiación de la riqueza. Las rentas, a las que acceden los propietarios de determinados tipos de activos –tierra, tecnología, finanzas, pagos de directores—, no tienen una finalidad productiva… ni están sujetas a las mismas leyes de competencia; sólo existen porque los propietarios tienen el poder de cobrar un precio por encima del costo de producción. Esta extracción del excedente puede ser una carga para la tasa de beneficio normal del capital industrial o para el salario que se paga a la mano de obra no calificada. Las finanzas y los derechos de propiedad intelectual son dos fuentes de rentas asociadas a los servicios y especialmente relevantes para la división mundial del trabajo a través de las cadenas globales de valor. Estas fuentes no surgieron para satisfacer las necesidades productivas ni para estimular el crecimiento, sino para ampliar el valor del que se apropian las empresas transnacionales en una época de crecimiento económico más lento. Gracias a ciertas actividades especulativas financiadas por el crédito han surgido nuevos productos financieros… [los que] aumentaron la rentabilidad de los bancos y el capital financiero. La extensión de los derechos de propiedad a las actividades intelectuales, de manufactura y servicios no es una necesidad requerida por la innovación, sino un recurso institucional para aumentar las rentas monopólicas”.

La cita resulta extensa pero reveladora de otros elementos constitutivos del capitalismo neoliberal de la financiarización. De lo expuesto por el texto de Medeiros y Trebat se puede inferir que los que dieron el paso conquistador de la AEA a la UIA no son empresarios del capitalismo industrial clásico. Son monopolios y bregan por una política que estimule la obtención de rentas y la distribución rápida de beneficios a los accionistas. Tienen su producción cada vez más transnacionalizada. El ensanchamiento del mercado interno no es un objetivo central. Utilizan la diseminación internacional de sus empresas para aprovechar los mecanismos de precios de transferencia, con el objetivo de eludir el pago de impuestos en la Argentina. El movimiento institucional incurrido apunta a favorecer al capital concentrado y monopólico y subordinar los intereses de industriales de economías regionales o de las pymes, que son los que soportan la carga sustraída para la renta del capital monopólico financiarizado. Este promete invertir y reclama desregular en nombre de la libertad de mercado, pero en realidad busca las rentas de corto plazo y las facilidades para fugarlas del país. Piden la quita de impuestos, pero además los eluden constituyendo firmas en países de menor tributación para triangular las ventas y evitar pagar las tasas de la Argentina. Es una eficiencia empresarial que mella en lugar de contribuir al desarrollo. No quieren un Estado intervencionista para el desarrollo, quieren un Estado chico que garantice el liberalismo y el descontrol para facilitar la transnacionalización de una cúpula empresaria monopólica, que suma a la ganancia empresaria la captura de rentas.

Cecilia Todesca Bocco y Mercedes Marcó del Pont en Límites al desarrollo nacional en un contexto global de financiarización: notas sobre el caso argentino, publicado por Miño Dávila en El Imperio de las Finanzas. Deuda y Desigualdad (2019) afirman que “todos los abordajes sobre el fenómeno de la financiarización coinciden en destacar que las finanzas se están quedando con una parte creciente del excedente generado por el capital industrial, en la esfera de la producción, con impactos regresivos sobre el mercado de trabajo y la distribución del ingreso. La integración de las empresas industriales en los mercados financieros internacionales, las ganancias récord de los bancos surgidas de sus operaciones como banca de inversión y el aumento del endeudamiento de los hogares, no constituyen manifestaciones aisladas sino características sistémicas que reflejan una transformación estructural en las relaciones entre las empresas, los bancos y los trabajadores”.

Funes de Rioja representa a la COPAL, que reúne a empresas vinculadas con el mercado exportador y que fueron beneficiadas por el reciente shock de precios que trasladaron al mercado interno, perjudicando a los consumidores de bienes esenciales. Un sector con muchos oligopolios en la producción y con muchos actores concentrados en la distribución. Los intereses del sector se expresan como no coincidentes con los del gobierno, ni los caracteriza la sensibilidad frente a las carencias populares. La oposición de este sector empresarial a los precios máximos y a los controles son un problema clave del presente de la vida nacional. Resulta incomprensible que ante salarios que han perdido participación en el ingreso durante los años del gobierno de Cambiemos y el comienzo de la pandemia –todavía sin recuperarse—, la política tarifaria vigente, y la estabilización cambiaria, los precios determinados por el Estado sean resistidos. Sólo el afán de trasladar el shock de precios externos sobre los commodities, que exporta la Argentina, que son bienes-salario, explica la conducta del sector del que proviene el nuevo presidente de la Unión Industrial. Pero también se debe reparar en que esta política resulta posible porque la lógica oligopólica permite la captura de rentas, como lo expresan Medeiros y Trebat, facilitada por la demanda inelástica de muchos productos que constituyen su oferta.

 

 

Intereses más que ideología

Funes de Rioja representará a esas empresas industriales insertas en los mecanismos de financiarización que requieren de la continuidad de las transformaciones descriptas por Medeiros, Trebat, Todesca Bocco y Marcó del Pont. Todo indica que:

  • aprobará las reformas que el gobierno del Frente de Todos no concederá al FMI (como la flexibilización laboral),
  • batallará por el fin del control de precios para favorecer la captura de rentas por parte de las empresas monopólicas de la producción y distribución de alimentos,
  • favorecerá las políticas de confianza que conducen a una intensa mezcla entre opciones productivas y especulativas con horizontes de corto plazo del capital industrial monopólico con acceso al mercado internacional,
  • promocionará una reforma tributaria ofertista, de carácter regresivo, que disminuya los impuestos sobre el capital concentrado.

No es la ideología ni lo único ni lo principal que moviliza esta ofensiva de los patrones más poderosos del país. También son sus intereses engarzados con la financiarización que requieren la liberalización gradual pero lo más rápida posible de los movimientos de capitales y los mercados cambiarios. Marcó del Pont y Todesca Bocco advierten “que la dependencia respecto a una moneda de reserva de valor extranjera que, en las últimas décadas ha sido ejercida por el dólar… condiciona severamente las posibilidades de instrumentar políticas económicas que no se atengan a la ‘tradición y las buenas costumbres’ según dictan ‘los mercados’”.

En Conductas torcidas decíamos que “el nuevo patrón de la economía capitalista sustituyó esta lógica conciliatoria [la del capitalismo gerencial, que conciliaba intereses de los capitalistas, proveedores, clientes y asalariados] por otra en la cual la maximización de las ganancias constituía la motivación excluyente del comportamiento de las empresas. Por otra parte, el auge de los mercados de capitales desplegó la posibilidad de que los inversionistas desplazaran sus dineros de una empresa a otra, de un sector a otro, por lo que estimulaban y finalmente obligaban a ese comportamiento empresarial”. Un sistema de otro orden en el que el bienestar popular sea el propósito de una política económica debe acabar con esa lógica sistémica. Debe desfinanciarizar la economía nacional. Pero los grupos locales del capital concentrado tomaron partido, y preparan sus instituciones para enfrentar al gobierno de Alberto Fernández. El cambio en la conducción de la UIA es un apronte en defensa de la financiarización, también la manifestación del desapego a un rol estatal en la economía para la implementación de un plan de desarrollo. Rocca, Magnetto, Pagani y Funes de Rioja no siguen el ideario de Belgrano, Alejandro Bunge, Diamand y Gelbard. Abrevan en Von Mises, Von Hayek y Popper. No quieren diálogo. Se preparan para más grieta y confrontación.

 

 

 

 

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