EL COMPRE NACIONAL DE BIDEN

Una economía internacional que se apresta para volver a ser multilateral pero no tanto

 

Tanto las iniciativas en el plano del comercio exterior como el paquete de estímulo a la actividad económica puestos en marcha por la flamante administración Biden han desatado fuertes controversias entre propios y extraños. Hay que prestarles atención porque en la principal economía del orbe resultan como una especie de anticipo acerca del grado y tipo de conflictividad política que se va sucediendo en el resto del mundo, a medida que la pandemia se endereza a materializarse como un pésimo recuerdo. Para más, el derrotero de algunos tramos importantes de esta tenida no resultan para nada indiferentes en un país como la Argentina, tan necesitado de una política de administración de comercio acorde a su potencialidad para desarrollarse e incentivar un nivel de actividad que venía muy estropeado por la mala política económica del gobierno anterior y que la pandemia no hizo más que empeorar.

Durante la campaña presidencial Biden dijo de diferentes maneras que había varias cosas para rescatar de la tan criticada aproximación de Trump al proteccionismo. Escándalo del Capitolio aparte, mucho del escarmiento al que está siendo sometido el ex Presidente está relacionado con el empeño que puso en cortar la tendencia a la deslocalización de las inversiones fuera de los Estados Unidos. Lo pudo hacer porque no es una tendencia necesaria objetiva. El comportamiento exutorio de los capitales norteamericanos lo impulsó la pura subjetividad de querer zafar del pago de altos salarios en su propio terruño, trasladando su actividad a zonas de bajos salarios (el gran receptor: China) pero conservando el mercado solvente, el de su propio país, bajando cualquier barrera al comercio. O sea, en tal escenario lo único que prometía el largo plazo era el sacrificio de la gallina de los huevos de oro: el propio mercado norteamericano.

Si la política comercial emprendida por Trump fue efectiva o no para detener el marasmo es algo que tiene sin cuidado a sus detractores, los cuales antes que nada proclaman su inutilidad nociva. Aceptaron lo dicho por Biden durante la campaña presidencial, acerca de algunos aspectos positivos de la política comercial de Trump, como una concesión discursiva destinada a quitarle votos a rival, pero no más allá. De ahí que una opinión tan representativa de las fuerzas imperantes en el orden establecido del núcleo de la acumulación a escala mundial como es la que expresa el comité editorial de Bloomberg haya reaccionado de forma admonitoria denunciando que el nuevo compre norteamericano (buy american) es una mala noticia para los Estados Unidos. puesto que “hay formas mucho mejores de promover buenos empleos y mejores niveles de vida” (29/01/2021).

 

 

Acuerdo sobre Contratación Pública

El comité editorial de Bloomberg subraya que “a primera vista, Biden dice que el Presidente Donald Trump tenía razón sobre el comercio, pero debería haber ido más allá. Junto con otras políticas para restringir las importaciones, Trump reforzó las normas proteccionistas existentes sobre contratación pública; ahora Biden las está ajustando aún más. Su nuevo plan exige que los bienes comprados por el gobierno federal tengan más contenido fabricado en los Estados Unidos. Además, las reglas se aplicarán de manera más estricta. Tal como están las cosas, los proveedores pueden obtener exenciones basadas en la falta de alternativas nacionales a precios razonables y otros factores. El decreto de Biden dice que estas exenciones deberían ser más difíciles de obtener”.

Para el comité editorial de Bloomberg lo peor de todo es que «el anuncio de Biden no alentará a otros países a reducir sus barreras”.  Estados Unidos desempeñó un papel clave en el desarrollo del Acuerdo sobre Contratación Pública (ACP) de la Organización Mundial del Comercio (OMC), «que tiene como objetivo hacer lo contrario de lo que Biden ha decidido defender […] El ACP actualmente cuenta con 21 Partes que incluyen a 48 países miembros de la OMC. Otros 35 Miembros/observadores participan en el Comité de Contratación Pública como observadores. De ellos, 11 están en proceso de adhesión al Acuerdo”. La Argentina participa en calidad de país observador.

La OMC en la actualidad cuenta con 164 países miembros, lo que al comparar con las naciones  que son miembros plenos del acuerdo está diciendo que hay algo de acotado en el alcance del ACP o, en todo caso, que está lejos de generar cualquier colisión de importancia en las corrientes comerciales, tal como lo trompetean los fervores librecambistas. La editorial de Bloomberg tratando de torpedear el compre nacional de Biden recaba el dato de la OMC de que el ACP promueve la competencia en un mercado global de adquisiciones valorado en unos 1,7 billones de dólares. Si se tiene en cuenta que la suma de los consumos de los gobiernos en bienes y servicios de todo el planeta, excluidos los pagos de los intereses de la deuda y de transferencias gubernamentales como al desempleo y la seguridad social, es de alrededor de 14 billones de dólares (algo así como 28 productos brutos anuales argentinos), su jerarquía cuantitativa se desdibuja y desnuda el real objetivo de la editorial de Bloomberg, que es volver a engordar los beneficios empresarios estropeando los horizontes laborales del ciudadano norteamericano.

Resulta sorprendente la masa de análisis que ven en este proceso lleno de contradicciones internas norteamericanas entre sus corporaciones y sus trabajadores como lo que no es: un pasaje del cambio de eje en la geopolítica mundial desde los Estados Unidos a China. Biden y los republicanos como Mitt Romney dan la impresión de estar pactando a fondo la resolución de esas controversias en función de los intereses del conjunto, lo que en criollo liso y llano significa Trump por medios más educados y más diplomáticos.

 

 

El republicano Romney, Trump con buenos modales.

 

 

Escribe Noam Scheiber en la revista NY Times (11/02/2021) que “después de décadas de ortodoxia del libre mercado en las que el proteccionismo se convirtió en un tabú entre las élites de ambos partidos, el ascenso de China, sobre todo, está devolviendo la gestión nacionalista de la economía a la corriente política bipartidaria dominante”.

El Buy American es parte fundante de ese acuerdo de fondo y posiblemente pronto se vea su reflejo en la industria automotriz. Al respecto Scheiber informa que el plan de empleo del Presidente Biden toma como fuente de inspiración un paper de 2018 de la UAW (United Automobile Workers), el SMATA de los gringos, que argumenta que la industria automotriz estadounidense podría continuar proporcionando empleos bien pagados si el gobierno invirtiera grandes sumas en vehículos eléctricos.

 

 

Margen

Tal como viene de agitado el mar de fondo norteamericano en medio de la pandemia global, no parece que la legitimidad de Biden y el papel de los republicanos remozado por Romney tenga otro margen. Un muy reciente estudio publicado en la American Economic Review: “Liberalización comercial y mortalidad: Evidencia de los condados de los Estados Unidos», de Justin R. Pierce y Peter K. Schott, encuentra que las áreas más expuestas al libre comercio exhiben aumentos relativos en las sobredosis fatales de drogas, específicamente entre los trabajadores de raza blanca. El golpe de un gran y persistente impacto económico en las «muertes por desesperación» (como las bautizaron los autores) no está impulsado por tendencias preexistentes en las tasas de mortalidad. El impacto del cambio de política comercial sobre la mortalidad coincide con un deterioro de las condiciones del mercado laboral y la adopción del seguro por invalidez.

Pero los factores de poder que se ilusionaron con que lo de Trump era flor de un día no centran sus ataques únicamente en la política comercial. En este no resignarse incluye el lobby para dejar en aguas de borrajas el aumento del salario mínimo impulsado por Biden como parte de las medidas de estímulo, y las acciones para evitar que vayan para atrás los recortes impositivos de Trump. Algunas concesiones a la realidad se permiten. Por ejemplo, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos ha nombrado a Suzanne Clark como su nueva directora ejecutiva. Reemplazó a Tom Donohue después de sus 22 años de carrera. Es la primera mujer en dirigir la Cámara en sus 109 años de historia. Este lobby todopoderoso que reúne a las principales corporaciones norteamericanas fue muy opositor a Trump, a pesar de siempre ser los mayores aportantes de los republicanos.

Tampoco perder un poco de poder y riqueza financiera a manos del programa de estímulo de Biden es una recalibración que convenza a los factores de poder de que hay un precio que pagar por la paz social. El paquete de estímulo de 1,9 billones de dólares que pergeñó la administración Biden para salir adelante a todo crecimiento tras la pandemia recibió del ex secretario del Tesoro de Bill Clinton, el demócrata Lawrence Summers, la advertencia de que generaría «presiones inflacionarias de un tipo que no hemos visto en una generación, con consecuencias para el valor del dólar y la estabilidad financiera «, según lo expuso en una columna de opinión en el Washington Post (04/02/2021).

La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que hace falta poner 420.000 millones de dólares para salir adelante. Si esto es así, el paquete de estímulo de 1,9 billones de dólares estaría más de cuatro veces por encima de lo necesario. La discusión está ahí: en si el paquete es adecuado o está excedido. Summers estima que la generosidad del gasto propuesta «será manejable si la política monetaria y fiscal se puede ajustar rápidamente para abordar el problema». Pero dadas las dificultades para movilizar el apoyo del Congreso para aumentos de impuestos o recortes de gastos, «existe el riesgo de que las expectativas de inflación aumenten drásticamente». De manera que de acuerdo a Summers, «las medidas de estímulo de la magnitud contemplada son pasos hacia lo desconocido».

Ni el presidente de la Fed Jerome Powell, ni la mandamás del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, han convalidado esa preocupación sobre las perspectivas de una creciente inflación. «A medida que miramos hacia adelante, probablemente veremos un aumento en las lecturas [de inflación]. Eso no significará mucho. No será mayor o persistente», dijo el presidente de la Fed, durante un reportaje trasmitido por Internet. Por el mismo medio unas antes horas antes Lagarde comentó que «no creo que estemos preocupados por la reflación y pasará un tiempo antes de que nos preocupemos por la inflación». Powell y Lagarde dijeron que de todas formas si surge la inflación, tienen las herramientas necesarias para controlarla. Lo que Summers expresa es el temor del orden establecido de que los estímulos incentiven los precios al alza pero que en vez de subir la tasa de interés, lo que sosegaría la actividad económica, dejarán que fluyan manteniendo las tasas bajas para permitir que los precios de los activos sigan en auge y el mercado laboral se fortalezca.

Si el acuerdo político de fondo entre los norteamericanos va por ese lado, la Argentina tiene mucho que ganar, debido a que enfrentaría un mundo con mejores posibilidades para capturar inversión externa, donde el compre nacional propio tiene un gran papel que cumplir porque, por ejemplo, queda completamente afuera del alcance de las regulaciones de la OMC, y —más allá de las palabras— alguna inflación global sería tolerada para limpiar el peso muerto de los pasivos financieros, tal como ocurrió cuando los países centrales salieron de la Segunda Guerra.

 

 

 

 

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