EL RELATO

 

En el encuentro de funcionarios y académicos convocado el sábado 9 en Rosario por la Corriente de la Militancia que orienta el ex ministro Agustín Rossi, varios expositores señalaron la falta de un relato oficial que enhebrara las cifras positivas de la economía en una historia, con un héroe y un final feliz, porque, como dijo una politóloga esperanzada, el maravilloso rol de los políticos es cambiar la realidad con palabras. Pero, ¿cuál es la palabra mágica que conjure un índice de inflación escalofriante y el consecuente desplome de los ingresos de los trabajadores?

A lo largo de seis horas, se sucedieron en Rosario disertaciones contra las críticas internas al Presidente Alberto Fernández. Aunque la iconografía era la del Frente de Todos, con fotos de Alberto y Cristina, las críticas apuntaban al presidente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, el diputado nacional Máximo Carlos Kirchner. La consigna fue fortalecer al Presidente para impedir que el neoliberalismo regrese en 2023 a completar su obra destructora del tejido social.

 

 

 

Hablar claro

Pero no todo fue paja. Un profesor universitario rosarino cuestionó un punto básico del discurso oficial y negó que el salario le esté ganando a la inflación. Los trabajadores informales perdieron 10 puntos contra la inflación, y constituyen un tercio de la base electoral del FdT, dijo el filósofo Juan Giani, cuya conclusión fue que, sin un giro drástico en la política económica, el próximo Presidente será Horacio Rodríguez Larreta. Con lo cual, el foro albertista de Rosario convalidó la lectura que Cristina viene vociferando desde diciembre de 2020. Es una paradoja habitual entre quienes hacen un culto de la aversión a la Vicepresidenta, como los eviteros. Las medidas que dijo estar estudiando el Ministro de Economía Martín Guzmán abrevan en el mismo manantial.

Rossi esquivó la emboscada de reporteros que comparten esa pasión contra la jefa del FdT, y dijo que no le preocupa la intencionalidad de las críticas al Presidente sino la respuesta de quien las recibe y reveló que le había propuesto al Presidente y al Ministro de Economía la creación de un salario básico universal que acabara con la indigencia, una propuesta que desde El Cohete plantea el especialista Miguel Fernández Pastor.

El Chivo se anticipó en 48 horas al porcentaje de inflación de marzo que se difundiría a mediados de la semana y su consiguiente efecto distributivo. El anuncio oficial fue del 6,7%, y para abril no se espera menos del 5%. Rossi dijo que Guzmán no podía permanecer en silencio ante ese dato, que se torna devastador en el caso de los alimentos, con el 7,2% en marzo, y que debía dar explicaciones.

 

 

Encontrar al culpable

Guzmán las dio, a su manera. Dijo que ese indicador sería el más alto del año, lo cual es una cauta subestimación: hay que retroceder tres décadas para dar con un primer trimestre con mayor aumento de Precios al Consumidor y dos para encontrar un índice mensual peor. Ambas mediciones preceden y suceden a la convertibilidad, una en los comienzos de la presidencia de Carlos Menem y la otra durante el interinato en el Poder Ejecutivo del senador bonaerense Eduardo Duhalde.

En una entrevista de 40 minutos, Guzmán comenzó por atribuir la inflación a factores externos, como la guerra en Europa que provocó el aumento de cereales, combustibles y bienes de uso difundido, por el cual naciones que habían olvidado la inflación, como Alemania y los Países Bajos, padecían indicadores argentinos. Dos semanas antes, al presentar el programa de desarrollo de proveedores, el Presidente había atribuido a la guerra no más de 10 a 12 puntos de la inflación (que según las estimaciones de los consultores que releva el Banco Central, no bajaría del 60% anual).

A este mal de muchos, Guzmán sumó el componente interno, que describió como la falta de apoyo político, porque genera incertidumbre, despierta expectativas adversas y agrava los problemas. Con un tono más asertivo que el habitual, dijo varias veces que había hablado con el Presidente sobre la necesidad de gestionar con gente que esté alineada con el programa económico que se ha definido.

El gobierno se queja de la interna, pero chapotea en ella sin poder despegarse. Hay un núcleo próximo al Poder Ejecutivo que realmente cree que su problema es Cristina.

 

 

 

Entre la confusión y la confesión

En dos ocasiones que no generaron repreguntas, Guzmán dijo que había un programa económico que fue aprobado por el Congreso y definió el rumbo: acumular reservas, promover la producción de aquello que genera divisas, reducir el déficit fiscal y depender menos de la emisión monetaria.

 

 

 

 

Más adelante dijo que ese programa se aprobó el 25 de marzo. Recordó que en octubre del año pasado la brecha cambiaria superaba el 100% pero que con cohesión política se redujo y se controló la inflación. Con esa política macroeconómica clara y sin ruidos que generan incertidumbre, la inflación también ahora irá bajando, dijo.

 

 

 

 

Es la tercera vez que Guzmán vaticina una reducción de la inflación, que estimó en

  • 29% para 2021 (fue del 50,9%),
  • 33% en el presupuesto 2022 (que el Congreso no aprobó), y
  • entre 43 y 48% seis meses después en el acuerdo con el FMI.

Tampoco se cumple la anhelada acumulación de divisas (más allá de los préstamos del FMI). Ante una consulta para esta nota, acerca de quién aprobó qué el 25 de marzo y dónde, Guzmán no respondió. Alineación o vuelo a ciegas, parece ser la consigna. Pero, ¿cómo alinearse si se ignora de qué se trata? Las tapas de los diarios del 26 de marzo contestan por Guzmán: el 25 no sesionó el Congreso argentino sino el Directorio del Fondo Monetario Internacional, y no aprobó un programa económico del gobierno nacional sino el Acuerdo para refinanciar los 45.000 millones de dólares prestados durante la presidencia anterior.  Entre la confusión y la confesión media apenas una letra.

 

 

Pero además, el Fondo reclama por la insuficiencia del apoyo político a su programa y la oposición política niega que el Congreso lo haya sancionado. Sólo autorizó el endeudamiento, pregona. Desde el diario La Nación acudió en apoyo de Guzmán el economista jefe de FIEL, Daniel Artana, quien dijo que la responsabilidad de la inflación no era del ministro sino de Cristina, a quien “habría que cortarle la cabeza”, otra manifestación de violencia contra la Vicepresidenta.

Paradójicamente, le atribuyó a ella las medidas de cuidado de la salud y protección de la producción durante la pandemia, de las que Guzmán (y Alberto) se jactan como virtudes de su gestión. “La fiestita que se mandaron el año pasado”, fue la caracterización de Artana. “No pararon de darle a la maquinita”.

Mientras todas las miradas se dirigen hacia el Senado, nadie dijo nada del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, y su segundo, Matías Lestani, ex director técnico de las Confederaciones Rurales, que agrupan a los mayores latifundistas. Lestani niega que el incremento de los precios internacionales de granos, minerales y combustibles haya generado las rentas extraordinarias de capital que Guzmán desearía gravar, una vez que se aceptó el veto de Domínguez a una suba de las retenciones. Tampoco tuvo el destaque mediático que hubiera merecido la absolución de Cristina, Julio De Vido y Roberto Baratta en la causa por el Gas Natural Licuado, de la que se valieron el doctor Glock y el fiscal Stornelli para apoderarse sin sorteo del expediente iniciado con las anotaciones del suboficial del Ejército Oscar Centeno en los cuadernos Fénix.

 

 

Las palabras y los hechos

Tanto el Presidente como sus ministros (Guzmán, pero no sólo Guzmán) insisten en que el salario debe ganarle a la inflación. Esta es una de las estimables diferencias con el gobierno del ex Presidente Macrì. Pero salvo que la politóloga esperanzada haya tenido in mente esa comparación discursiva con el liberalismo neo, los hechos no confirman esa voluntad.

El crecimiento del salario por sobre la inflación no ha sido sólo una consigna, sino que lo han fundamentado como requisito para que el consumo continúe impulsando la recuperación, que en 2021 mostró un crecimiento del Producto del 10,3%. Guzmán en la entrevista del lunes y el otro MK en diversas presentaciones han destacado que se recuperó en un año todo lo perdido por la economía en 2020, cuando los pronósticos nacionales e internacionales calculaban que llevaría cuatro años. En el encuentro de Rosario se mencionaron otros logros que el gobierno debería difundir con mayor convicción, como la reducción al 7% de la tasa de desocupación, y al 37% la de pobreza.

Algunas cosas son ciertas, otras no tanto, pero el cuadro general no induce a la complacencia. Los trabajadores registrados en empresas privadas perdieron el 2,3% de su salario promedio en 2021, y los no registrados el 7,1%. Esto profundiza la distribución regresiva del ingreso. Como consecuencia de los doce años del kirchnerismo, los asalariados recibieron en 2016 más de la mitad del producto (el 51,8%), porción que se mantuvo en 2017, el año electoral en el que Macrì puso en pausa su política de ajuste. Este porcentaje cayó al 48% en 2020 y al 43,1% en 2021. Obviamente, ocurrió lo contrario con el excedente del que se apropian los patrones, que aumentó del 46,4% en 2017 al 50,5% en 2020 y al 54,3% en 2021.

 

 

Participación de los asalariados y del excedente bruto de explotación del sector privado en el PIB (%), 2016 – 2021
Fuente: CIFRA en base a INDEC.

 

 

Esta participación de la remuneración del trabajo asalariado en el valor agregado bruto es la más baja de la historia.

 

 

 

El descenso de la desocupación es auspicioso, porque al reducirse el ejército de reserva mejoran las condiciones para luchar por una recuperación del ingreso. Pero hasta ahora no ha ocurrido. El 7% del desempleo en el último trimestre de 2021 es el mejor registro desde el 5,9% del tercer trimestre de 2015, cuando concluía el segundo mandato de Cristina, y casi la mitad del que dejó Macrì, como se observa en este gráfico de CIFRA, el centro de investigaciones de la CTA, en un informe de coyuntura de su director, Pablo Manzanelli, y de Cecilia Garriga.

 

Desocupación y salario real promedio de los trabajadores registrados en el sector privado
(porcentaje e índice IV trim.15=100), IV trimestre 2015 – IV trimestre 2021

 

Fuente: CIFRA, en base a INDEC.

 

En el cuarto trimestre de 2017, la política electoral del gobierno de Cambiemos permitió que la desocupación fuera de sólo el 7,2%, pero entonces el salario real era el 98% del que dejó Cristina dos años antes. En cambio, ahora, el 7% de desocupación es simultáneo con una caída del salario real al 82% de aquel indicador.

Esa pérdida de peso relativo del salario se refleja en la caída del consumo privado, que el año pasado fue del 61,8%, es decir el menor del siglo, por debajo incluso de la crisis de fin de siglo, con la megadevaluación de 2002. Consecuentemente, aumentaron su participación en el PIB los otros componentes de la demanda agregada, la inversión, que llegó al 17% del PIB en 2021, y las exportaciones, que alcanzaron al 18,3%.

 

 

 

Ni inflación ni productividad

Un debate clásico entre las propuestas populistas y las conservadoras (y las distintas variantes de unas y otras) opone como referencias para la recomposición de los salarios la inflación pasada y la productividad. En las críticas de distintos funcionarios del FMI a los planteos del Frente de Todos, está la indexación salarial por la inflación pasada, mientras la propuesta del organismo pasa por recomponer los ingresos de los trabajadores en la medida en que aumente su productividad, a ejemplo de lo que hizo Israel. Sin ir tan lejos, Perón lo intentó a partir de 1952 y su relación con la clase obrera no volvió a ser lo que era.

 

 

Perón y el Congreso de la Productividad.

 

 

El Ministro de Trabajo, Claudio Moroni, se proponía convocar a un nuevo Congreso de la Productividad, desatino del que lo disuadieron los jefes de las centrales de trabajadores, Héctor Daer y Hugo Yasky. Después del acuerdo con el Fondo, la sola mención de esa palabra enciende luces de alarma.

Pero en la Argentina actual el salario no sólo quedó atrás de la inflación, sino también creció menos que los incrementos de la productividad del trabajo. En su famoso estudio posterior a la caída del muro de Berlín, el filósofo italiano Norberto Bobbio refutó la idea del fin de la historia y de las ideologías y suministró las razones y significados de la distinción política aún vigente entre derecha e izquierda. Mientras las políticas de derecha tienden a la desigualdad entre clases y personas, las de izquierda procuran el mayor igualamiento posible, sostuvo.

El Centro de Estudios de Economía Política, CEPA, sostiene en base a datos de INDEC que la productividad laboral se mantiene un 7% por encima de los niveles previos a la pandemia.

 

 

 

Esto tiene un significado político muy claro: un aumento salarial general se pagaría con la productividad del trabajo. No sería dinero arrojado desde un helicóptero, según la penosa metáfora que se escuchó en Rosario.

En la misma línea avanza un estudio de CELAG que, también sobre datos oficiales de INDEC, compara la evolución de los salarios, las ganancias de las empresas y los precios entre 2016 y 2021. Esa carrera la ganó el lucro patronal, que creció un 523%; segundos fueron los precios, con un incremento del 474%, y últimos quedaron los salarios, que sólo aumentaron un 335%.

 

 

 

 

En el último año, estas diferencias se acentuaron: la masa salarial creció 42%, los precios 52% y la ganancia empresarial 75%. Según CELAG, que cotejó los acuerdos salariales que se negociaron hasta el mes pasado con las proyecciones inflacionarias, este año el salario volvería a perder, entre un 3 y un 14% de su poder adquisitivo.

Mañana Guzmán estará en Washington, para asistir a la asamblea de primavera del FMI y el Banco Mundial. Es posible que allí se encuentre con el responsable del Fondo para Subamérica (que en la jerga estadounidense se denomina Hemisferio Occidental), el banquero israelo-brasileño Ilan Goldfajn. El viernes, Goldfajn y sus colaboradores Maximiliano Appendino y Samuel Pienknagura difundieron un artículo sobre la inflación en Latinoamérica, que no habla de la Argentina sino de Brasil, México, Colombia, Chile y Perú, donde la pandemia primero y la guerra en Europa después produjeron el mayor aumento de precios al consumidor en 15 años, muy superior al de lo que llaman economías avanzadas. Según el jefe de Julie Kozack y Luis Cubeddu, esa aceleración inflacionaria comenzó con el aumento de precios de energía y alimentos, pero se tornó más amplia debido a «la inercia de la política monetaria y  la indexación de los salarios (contratos que se ajustan automáticamente por la inflación) así como por una fuerte recuperación de la demanda de bienes primero y servicios después». No hace falta más para delinear un plan de acción: aumento de tasas, retraso salarial respecto de la inflación y contracción del consumo de bienes y servicios.

 

 

 

Diferencias de fondo

Toda la atención política en este santo fin de semana está puesta en

  • los presuntos cambios de funcionarios que definiría el Presidente, en cumplimiento de la bravata de Guzmán, y
  • la hipótesis de un reencuentro con Cristina, quien en la inauguración del encuentro parlamentario europeo-latinoamericano dijo que la banda y el bastón presidencial no aseguran que un gobernante tenga el poder, menos si no hace las cosas que hay que hacer. Enfrentar a los poderes fácticos, ya había dicho (y hecho, cuando fue su turno).

Todo lo anterior debería dejar en claro que hay diferencias de fondo en cuanto a la política económica, que no se zanjan con el juego de la silla en el gabinete, ni mediante la reanudación del diálogo entre un hombre y una mujer.

 

 

 

 

 

 

Edición videos: Lucchino Della Maggiora.

La música que escuché mientras escribía.

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