En corto

Intento abrir el grifo y desde lo profundo sale un quejido seco

 

Estoy en corto. En partes. Una puerta temblorosa me sostiene desde el picaporte. Salgo del cubículo. Intento acomodarme la remera larga. Nunca tapa nada y ahora está subida, enroscada de algún modo que se traba con el cinturón. Todo mal enganchado. ¿Cómo pudo pasar este enredo, la confusión? No logro coordinar movimientos. Calculo tres pasos hasta el lavatorio. Es algo incierto. Veo que el espacio hace olas. Las rodillas vencidas por un momento se ablandan y me precipito al vacío. No caigo. No floto, ni peso. No siento. Apoyo una mano en los azulejos y acerco la cara al espejo. Dos túneles oscuros. Dos manchas de tinta negra detonada. Dos ojos desconocidos que se fijan en otros ojos, que son míos y no ven nada. Intento abrir el grifo y desde lo profundo sale un quejido seco. Un chillido que no viene de mis cuerdas vocales. La cañería exhala un lamento agudo que de pronto duele como si me lo arrancasen de la garganta. Encanto de sirenas aturdidas. Mi boca, que había sido un corazón perfecto, ahora se desangra por toda la cara. Las voces ya no están, se fueron. Lo ocurrido no es recuerdo aún. Pasa a toda velocidad. Va y viene. Pendula y se hace carne. Permanece en estos ojos deshechos que ruedan hacia atrás y se apagan. Ya no hay luces. Respiro todavía un olor metalizado. Todo vuelve dado vuelta. Late. Mi mano tiembla a través del cierre abierto. El instante de contacto con el interior satinado me lleva a otro lado. Me sumerjo, nado. Esquivo a tientas diferentes obstáculos. No logro identificar las cosas pero encuentro en el fondo un pañuelo de papel arrugado. Salgo de ahí en un impulso sobrehumano, me reincorporo y encaro. Todo parece peor ahora. Refriego y el pegote se adhiere como la vergüenza metida en cada poro dilatado. El dolor despierta. Se hace piel en un pañuelito insuficiente, que se deshace rosado sin lograr borrar lo evidente. Las marcas no se van, no salen. Como el agua de las canillas, que tampoco sale. Como yo misma, que no puedo salir así, ni tampoco quedarme. Solo quisiera esconderme. Desaparecer. Irme de ahí. No estar. Borrarme. Encontrar un salvoconducto. Hacerme invisible. Escapar. Teletransportarme. Volver a casa. Volver el tiempo atrás. A mi madre. Su figura lejana. Su calor. Ya no recuerdo su voz. No habrá preguntas entonces. No habrá preocupación. Mejor. No hay palabras para responder. No hay cómo explicar. No hay cómo entender. Mi boca no es mi boca. Mi lengua ya no es. Estoy en otra parte. Estoy en ninguna parte. Estoy empedrada por dentro de amargura y asco. Las risas flotan. Sólo el ardor me devuelve algo. Estoy en otro tiempo. Me disuelvo. Mi cuerpo sin huesos se derrite suave. No termino en ningún lado. Soy moléculas desparramadas. Soy un charco. Nado a la nada.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.