En las profundidades de la grieta

Cuánto odiamos, cómo nos/vemos y qué fantasmas nos atormentan

 

Un elemento clave de la denominada “grieta” es la mirada que tienen macristas y kirchneristas sobre su oponente. Pero no todos poseen la misma perspectiva. Para algunos, del otro lado de la divisoria política se encuentran seres esencialmente odiadores y que, si tuvieran mucho poder, impulsarían cambios económicos y políticos que convertirían a la Argentina en un país esencialmente opuesto a lo que ellos/as desean. En cambio, para otros/as, la gente del otro lado de la “grieta” no está tan atravesada por el odio y, si llegara a tener mucho poder, no haría las cosas de un modo tan distinto a lo que ya hicieron cuando estuvieron en el gobierno.

Obviamente, en la sociedad hay todo tipo de ciudadanos, pero sería importante saber si predominan quienes tienen una visión muy crítica de los sentimientos y de lo que harían los otros, o si son mayoría quienes ven de un modo menos dramático al “otro político”. En una encuesta de 800 casos realizada por nuestro equipo SocPol de la Universidad Nacional de Quilmes en enero de 2021, en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires, hemos tratado de entrar en las profundidades de este antagonismo y observar qué opinan en torno a estos dos interrogantes: cuánto odia el otro político y qué harían esos otros si tuvieran mucho poder.

 

 

Cuánto odian “los otros”

Se presentaron dos preguntas “en espejo”: “La mayoría de los simpatizantes de Cristina Kirchner, ¿cuánto odian a los que piensan distinto a ellos?”, y luego: “La mayoría de los simpatizantes de Mauricio Macri, ¿cuánto odian a los que piensan distinto a ellos?”, brindándoseles tres posibilidades de respuesta: poco, bastante o mucho. Es decir, no preguntamos cuánto odian los encuestados/as (muchos podrían haberlo negado) sino que procuramos captar cuánto imaginan que el otro los odia a ellos/as.

Lo que primero sorprende es que predomina una visión negativa de ambos colectivos: el conjunto de la ciudadanía ve tanto a los kirchneristas como a los macristas como seres odiadores. Así, ambos colectivos fueron calificados como personas que odian bastante o mucho por el 73% de los/as encuestados/as (un 32% bastante y un 41% mucho) y sólo un 26% los conceptualiza como seres que odian poco. Lo más asombroso es que los porcentajes para ambas preguntas fueron idénticos.

Si cruzamos ambas respuestas podemos observar que, del total de encuestados/as, sólo un 4% piensa que tanto los macristas como los kirchneristas odian poco a quienes piensan distinto. La mitad (50%) cree que ambos grupos odian mucho o bastante. Y luego hay un 23% que considera que los kirchneristas son odiadores y los macristas no, y otro 23% que los odiadores son los macristas y no los kirchneristas.

Pero hasta aquí sólo hemos analizado la visión del conjunto de la ciudadanía, aún no nos hemos internado en la mirada sobre el otro antagónico. Para ello, primero tenemos que catalogar a los/as encuestados/as. Usamos tres preguntas, realizadas en la primera parte de la encuesta, con las que hemos construido una clasificación de las subjetividades políticas de los/las encuestados/as: (1) cuánto le gustaban las políticas de Cristina Fernández de Kirchner y (2) cuánto las de Mauricio Macri (si “le apasionaban mucho”, “le gustaban”, “ni le gustaban ni le disgustaban”, “no le gustaban” o “le daban mucha rabia”), y, (3) quién quería que ganara las elecciones presidenciales, en 2019 (Alberto Fernández, Macri o si “le daba lo mismo que se impusiera cualquiera de los dos”). Las seis categorías resultantes son las siguientes, consignándose también su peso porcentual dentro de la ciudadanía porteña y bonaerense:

  • “Kirchnerista”: le gustaban o le apasionaban las políticas de Cristina Fernández de Kirchner (33%).
  • “Votante a Alberto Fernández no kirchnerista”: no le gustaban las políticas de Cristina o le eran indiferentes, pero en 2019 querían que ganara Alberto Fernández (18%).
  • “Apolítico”: dice que en 2019 le resultaba igual que ganara Fernández o Macri y, a la vez, no le gustaban las políticas de Cristina, ni las de Macri. Además, se siente muy lejos de todos los partidos políticos. En general, por otras respuestas, se infiere que la mayoría de ellos/as ha votado a Macri, a Espert, a Lavagna o en blanco (19%).
  • “Votante a Macri no macrista”: No le gustaban las políticas de Macri o le resultaban indiferentes, pero en 2019 quería que ganara Macri (16%).
  • “Macrista”: quería que ganara Macri y le gustaba sus políticas (11%).
  • “Troskista”: se siente cerca del FIT y lejos de las dos fuerzas mayoritarias (3%), por la poca cantidad de casos no ha sido posible incluirlos en los posteriores análisis.

Es importante tener presente que, como hemos explicado, no es que estas categorías han sido empleadas por los/as encuestados/as para referirse a ellos/as mismos/as (no es que han respondido “soy kirchnerista” o “soy macrista”), sino que son construcciones realizadas por nosotros según sus respuestas a las comentadas tres preguntas.

Ahora sí podemos ver qué piensan del nivel de odio de quienes están “del otro lado de la grieta”. Encontramos que todos los macristas (100%), y también los votantes a Macri no macristas (97%), consideran que los kirchneristas tienen mucho o, en todo caso, bastante odio. Para ellos/as, su antagonista político es un ser esencialmente odiador.

A la inversa, casi todos los kirchneristas (93%) y los votantes a Alberto no kirchneristas (88%) considera que los macristas son muy o bastante odiadores (sólo entre los «albertistas» se observa una mirada un poco más matizada).

Por último, de quienes hemos catalogado como “apolíticos” (aunque sabemos que, en general, están más volcados hacia la centro-derecha), el 83% piensa a los kirchneristas como bastante o muy odiadores, y el 73% tiene la misma imagen de los macristas.

Para completar el análisis de estas dos preguntas, nos resta ver cómo se visualizan a sí mismos en relación con sus sentimientos de odio. No es que se lo preguntamos en forma directa sino que podemos ver qué respondieron a las dos preguntas analizando cómo ven a los que estarían “de su mismo lado de la grieta”. Al respecto, llama la atención que el 30% de los encuestados/as que nosotros catalogamos como kirchneristas, ven a los kirchneristas como personas que odian bastante a los que piensan distinto a ellos, e incluso un 11% piensa que odian mucho. De modo similar, entre quienes hemos considerado como macristas, un 26% piensa que los macristas odian bastante a quienes piensan distinto, y un 10% que odian mucho. Queda el interrogante, para futuros estudios, de si este odio, que reconocen que tienen sus iguales, no es considerado como un odio “justificado”.

Los dos siguientes gráficos brindan la información detallada de las respuestas a estas dos preguntas.

 

 

 

Podemos concluir este primer interrogante diciendo que, al menos en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires, se imagina al que está “del otro lado de la grieta” como alguien odiador de quien piensa distinto. Incluso, la gran mayoría de los “apolíticos” ven de ese modo tanto a kirchneristas como a macristas. Y, para completar esta imagen de odios generalizados, un porcentaje menor pero significativo de quienes por sus respuestas a otras preguntas hemos catalogado como claramente kirchneristas o macristas también piensan que quienes están “de su lado de la grieta” son bastante odiadores.

 

 

Qué harían los otros si tuvieran mucho poder

Para ver los fantasmas que atormentan a uno y otro lado de la “grieta” preguntamos qué sucedería si el otro pudiera hacer lo que quisiera. Primero preguntamos “si los kirchneristas tuvieran MUCHO PODER, ¿qué podrían llegar a hacer?” (Escrito con estas mayúsculas enfatizadoras, para que se leyera en los dispositivos de quienes respondían la encuesta.) Y luego hicimos la misma pregunta, pero sobre lo que podrían llegar a concretar los macristas. Las opciones de respuesta comenzaban con “más o menos lo que hicieron cuando estuvo Cristina Fernández de Kirchner de Presidenta” (o Mauricio Macri, en la otra pregunta), y luego se proponían otros tres escenarios posibles: persecución política de los opositores, drásticos cambios económicos (especificados según los posibles temores) o la concreción de ambas medidas.

Antes de adentrarnos nuevamente en “la grieta”, miremos cómo se distribuye la ciudadanía en las respuestas cruzadas a ambas preguntas. Sólo un 29% posee una mirada que podemos llamar “confiada”, pues piensa que si ambas fuerzas lograran tener mucho poder se limitarían a hacer más o menos lo que ya hicieron cuando estuvieron en el gobierno nacional. En cambio, un 22% cree que los macristas repetirían lo que ya han hecho, pero que los kirchneristas nos llevarían hacia el comunismo. Del otro lado, un 35% imagina que los kirchneristas se limitarían a reproducir lo que sucedió cuando estuvieron en el gobierno, pero los macristas avanzarían con despidos millonarios y privatizaciones masivas. Por último, un 15% piensa que tanto kirchneristas como macristas avanzarían con cambios drásticos si tuvieran “mucho poder”.

Ahora sí, ya diferenciando ambos lados del antagonismo político, vemos que, en el caso de los macristas y también de los votantes a Macri no macristas, dos tercios se imaginan que si los kirchneristas tuvieran mucho poder “expropiarían a las grandes empresas y pondrían el comunismo” (casi todos piensan que lo harían también metiendo presos a los opositores). Por el contrario, sólo un tercio respondió que harían más o menos lo mismo que cuando Cristina Kirchner fue Presidenta.

Por su parte, solo el 30% de los “apolíticos” piensa que si los kirchneristas tuvieran mucho poder impondrían el comunismo en Argentina. Se corrobora así que los que catalogamos como “apolíticos”, a pesar de su perfil de centro-derecha (y de que en su mayoría habrían votado a Macri), tienen una subjetividad política distinta de los que afirman haber deseado el triunfo de Macri en 2019.

En cuanto a los temores de los kirchneristas, frente al escenario de que los macristas tuvieran mucho poder, el 74% piensa que “despedirían a millones de empleados del Estado, volverían a las jubilaciones privadas y privatizarían todo”. (La mayoría, además, cree que lo harían metiendo presos a los opositores.) Sólo un 21% piensa que harían más o menos lo que hicieron cuando estuvo Macri. En el caso de los votantes a Alberto Fernández que no son kirchneristas, la visión es más matizada: un 34% cree que harían más o menos lo mismo que en la presidencia de Macri, un 13% que meterían presos a los opositores, un 29% que despedirían y privatizarían, y un 24% que harían ambas cosas.

Por último, entre los “apolíticos”, el 59% imagina que harían más o menos lo que hizo Macri en el gobierno, repartiéndose el resto entre las tres opciones más drásticas.

En los siguientes dos gráficos pueden observarse más detalladamente la distribución de las respuestas a ambas preguntas según la subjetividad política de los/as encuestados/as.

 

 

 

 

 

El siempre incierto futuro

El análisis de ambas preguntas muestra un panorama de fuerte polarización, donde de uno y otro lado de la grieta se teme al otro pues se lo piensa cargado de sentimientos de odio y se considera que, si llegara a tener mucho poder, podría llevar al país a situaciones que se evalúan como extremadamente negativas.

Ya han comenzado las operaciones tendientes a pre-definir los escenarios electorales, cuando aún falta “mucha agua bajo el puente” para llegar a octubre, y el clima social puede modificarse sustancialmente según los avatares de la pandemia y la vinculada situación económica. Desde la oposición pareciera que se busca consolidar esta “grieta”, seguramente trabajando con la hipótesis de coagular los sentimientos antikirchneristas que le permitieron alcanzar el 40% de los votos, a pesar de que muchos de estos/as votantes no estaban a gusto con las políticas que había llevado adelante el gobierno de Macri (en nuestra encuesta se ve que son más los votantes a Macri con estas evaluaciones, que quienes lo votaron estando de acuerdo con sus políticas).

Es cierto que, al menos hasta ahora, como ya comentamos en otra nota, en las evaluaciones sobre el futuro político pesan más las subjetividades de largo plazo (las identidades políticas) que las evaluaciones sobre la gestión de la pandemia. Sin embargo, también se observa que entre un cuarto y un tercio de los votantes a Macri en 2019 tienen evaluaciones positivas sobre la actuación del gobierno nacional frente al Covid, son críticos de las marchas anticuarentena e, incluso más, no comparten las actitudes contrarias a los cuidados, que acompañan la mayoría de los líderes de la oposición. Por lo tanto, el sector de la ciudadanía en disputa se encuentra más entre los votantes a Macri en 2019 que entre los votantes a Alberto, quienes acompañan más firmemente las políticas oficiales frente a la pandemia (tal como hemos descripto en otro artículo).

El mayor problema que parece tener el gobierno es cierta incapacidad para contribuir con sus discursos a lograr que las mayorías que apuestan al cuidado y a las medidas estatales de protección frente al avance de una segunda ola de coronavirus se auto-reconozcan como mayorías. Una buena parte de esta mayoría se piensa como si fuera una minoría, creyendo que son más quienes no quieren políticas activas de cuidado, como podría ser la necesidad de reimplantar cuarentenas. En cambio, las minorías que no quieren nuevas restricciones se autoconsideran mayorías y actúan en consecuencia, tal como analizamos una nota reciente.

Por último, cabe recordar que la encuesta que hemos analizado en estas páginas describe la situación del mes de enero. La reciente intervención de Alberto Fernández en la apertura de sesiones legislativas ha mostrado su costado más enérgico y para algunos ciudadanos/as puede parecer que ha procurado reinstalar “la grieta” también desde el oficialismo. Habrá que analizar cómo son percibidas sus acusaciones directas a Mauricio Macri y los otros responsables financieros del increíble endeudamiento nacional (pensemos que cada uno de los argentinos y argentinas pasó a deber mil dólares más por esta sola acción endeudante). Es que todo aquello que logre ser significado como “justo” (como, por ejemplo, podría ser que paguen los que fugaron esos dólares) tiene la virtud de ubicarse en el llamado “sentido común” y, en tanto sea realmente “común”, se situaría por encima de la grieta. Una “grieta” que, como hemos visto, continúa muy vigente en las subjetividades de nuestra ciudadanía.

 

 

 

* El autor es profesor de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del CONICET.

 

 

 

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