Es la puja distributiva

El diagnóstico sobre la realidad económica debe acompañarse de medidas estructurales

 

El Presidente Alberto Fernández volvió a mostrar su vehemencia un viernes por la tarde. También lo hizo el miércoles, durante un acto en Ensenada. En una semana marcada por los coletazos del affaire Martín Guzmán-Federico Basualdo (cortocircuito que dejó traslucir algo más denso que una interna dentro de un frente), el Presidente trazó un diagnóstico certero de uno de los principales problemas de la actualidad: la inflación. Una consecuencia del abuso de los empresarios que remarcan precios y privilegian los mercados externos, sumado al impacto de los altos precios internacionales de las materias primas.

Pero las medidas anunciadas por la tarde del viernes estuvieron lejos de hacer mella en ese problema que tan bien describió el propio Presidente. “No se puede gobernar con miedo”, graficó a El Cohete a la Luna un dirigente de la provincia de Buenos Aires.

Hace dos semanas, en alguna de las oficinas del Ministerio de Economía se apelaba a modelos matemáticos para calcular cuántos más recursos podrían ingresar con una suba de las retenciones a las exportaciones agropecuarias. No era sólo un ensayo fiscal, sino que la evaluación apuntaba a la necesidad de tomar medidas más fuertes o estructurales frente a la disparada de precios. Una vuelta de tuerca más para ajustar el control de precios que se realiza desde la Secretaría de Comercio Interior. Esas medidas más estructurales no llegaron aún.

“No asustan las medidas que hay que tomar, como podría ser la suba de retenciones. Pero sí hay una discusión muy fuerte sobre los resultados de esas medidas. Hay mucha dispersión en el ‘qué sucedería si’. Entonces, muchos compañeros se preguntan ¿cuánto capital político tendríamos que invertir? ¿Y cuánto rédito económico obtendríamos para el Estado? Esto es parte de la discusión”, reflexionó otro dirigente que suele dialogar con los diferentes integrantes de la cadena agroalimentaria.

“El miedo al conflicto es un permanente retroceso. Hace 13 años dimos una batalla por la renta agropecuaria y la perdimos. Pero porque nos fue mal en aquel momento, ¿nunca más vamos a avanzar en medidas de esa profundidad?”, se preguntó Roberto Feletti, ex viceministro de Economía.

El cruce Guzmán-Basualdo trajo a la superficie algo más que la disputa por las tarifas de los servicios públicos. Al inicio de la semana, Andrés “Cuervo” Larroque, ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires, sostuvo que se necesitaba un nuevo Ingreso Familiar de Emergencia. Y el miércoles, el gobernador Axel Kicillof marcó, desde Ensenada, cierto rumbo: “Tanto hablan de las internas de nuestro Frente, pero en lo sanitario, con las medidas que ha tomado Alberto, con la obtención de vacunas y la expansión de camas, nuestro Frente político dijo una sola cosa: ¡Alberto, hacé todo lo que tengas que hacer! Ningún problema cuando se trata de cuidar y curar a los argentinos. Tenemos una certeza, Alberto, ¡se trata de seguir cuidando la vida de nuestro pueblo!”.

Entonces, ¿alcanza sólo con ampliar la Tarjeta Alimentar? Y, sobre todo, ¿es suficiente cuando el diagnóstico apunta a los mismos empresarios voraces que especulan y, al mismo tiempo, se sientan en la mesa a compartir un anuncio?

 

 

¿Alcanza con el diagnóstico?

“Cada vez que la economía crece, empieza la lucha por ver quién se lleva la mayor tajada. Yo celebro que se exporte más carne y a mejores precios, pero no celebro que paguemos la carne como en Francia. La puja sectorial tiene que encontrar un límite. Pensemos en los que más necesitan. Si no, todos los esfuerzos que hace el Estado para asistir al 40 por ciento que la está pasando peor, terminan en los bolsillos de los poderosos», sostuvo Fernández durante el anuncio de la ampliación de la Tarjeta Alimentar.

Daniel Funes de Rioja, el abogado presidente de la Copal, entidad que nuclea a las pymes productoras de alimentos y también a los monstruos alimenticios hiperconcentrados, ni se ruborizó. Las empresas alimenticias más grandes del país no sólo venden materias primas –y gozan de los altos precios internacionales– sino que también comercializan sus productos en el mercado local. Ganan por el boom de los commodities y por la remarcación de precios. Por caso, el año pasado, Molinos Río de la Plata (Grupo Pérez Companc) obtuvo una rentabilidad neta de 1.746 millones de pesos, mientras que Arcor (presidida por Luis Pagani), otros 1.200 millones de pesos.

El diagnóstico de Alberto fue certero. Pero ¿alcanza con hablarles con el corazón a quienes no perderán oportunidad de especular cuando puedan hacerlo? ¿O con quienes reclamarán una baja de impuestos para seguir aumentando sus ganancias? Funes de Rioja no tuvo problema en decirle al Presidente que no estaba de acuerdo con la cantidad de impuestos que se pagaba en la industria que representa.

Según el último informe de Coyuntura Económica, dirigido por Feletti, entre diciembre de 2019 y abril de este año la soja pasó de 239 dólares la tonelada a 340 dólares, un incremento del 42,3 por ciento. Ahora la oleaginosa supera los 550 dólares. Es decir, que se incrementó su precio internacional en un 130 por ciento. A su vez el tipo de cambio (oficial) saltó un 56 por ciento con relación a diciembre de 2019.

Esto habla de la rentabilidad del sector. Y en este contexto, el informe sostiene que la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva de diciembre de 2019 podría haber incluido un mejor esquema para que las cerealeras no tuvieran tanta discreción a la hora de liquidar divisas.

“Los ingresos originados por los derechos de exportación alcanzaron la suma de 215.100 millones de pesos equivalentes al 8.8 por ciento de la recaudación total. Se abre un interrogante sobre la magnitud recaudada en un marco de fuerte incremento de la renta exportadora descripta”, indica el informe.

“No puede ser que la soja esté volando, siga habiendo superávit comercial, la gente no coma carne y el Central siga sin sumar reservas de una manera holgada. En el primer trimestre hubo un superávit de 2.500 millones de dólares y sólo se sumaron reservas por 200 millones. Hay algo que estaría saliendo mal”, enfatiza Feletti en diálogo con El Cohete.

 

Feletti señala que las reservas no suben al ritmo del superávit comercial.

 

El precio de la carne, a pesar del intento por cuidarlos, se disparó. Se consume menos y se exporta más. Tres de las empresas que ofrecerán ahora los nuevos cortes a precios accesibles están bajo investigación por haber subfacturado exportaciones (Friar, Coto y La Anónima).

Las medidas de fondo, como establecer un incremento de retenciones o cupos de exportación para garantizar el abastecimiento interno, quedaron fuera del radar. ¿Alcanzará sólo con seguir acordando precios?

 

 

Ampliación

Además del anuncio de nuevos valores populares para algunos cortes de carne, adelantados por el titular de la Cámara de Exportadores, Mario Ravettino, antes que por el ministro de Industria Matías Kulfas, también se presentaron los cambios en la Tarjeta Alimentar.

De un 1,9 millón de beneficiarios (niñes de 0 a 6 años) se pasará a 4 millones, ya que la asistencia se extiende hasta los 14 años. El monto mensual salta de los actuales 9.000 pesos a los 12.000. La inversión del gobierno nacional durante 2021 para este programa será de 250.000 millones de pesos, el equivalente al 0,7 por ciento del producto bruto interno (PBI).

 

 

Según Daniel Schteingart, director del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) que depende del Ministerio de Desarrollo Productivo, entre los recursos de la Asignación Universal por Hije más la tarjeta Alimentar se llegará al 1,3 por ciento del PBI. “El 90 por ciento de esas transferencias va al 50 por ciento más pobre del país”, explicó en su cuenta de Twitter.

 

 

Si los precios de los alimentos siguen aumentando –con una proyección de una inflación que será por arriba del 40 por ciento anual, lejísimo del 29 por ciento estipulado en el presupuesto-, no hay recursos que alcancen.

“El objetivo es salir de la Argentina de la gran concentración hacia un país que distribuya mejor sus ingresos. La puja sectorial tiene que encontrar un límite, porque eso se traduce en suba de precios”, interpeló Fernández con vehemencia. “¿Cuál es el aporte de los empresarios?”, agregó.

 

 

Puja distributiva

Los precios internacionales de los commodities siguen en franco avance: en abril, el capítulo Agro del Índice de Precios de las Materias Primas publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) aumentó un 2,9 por ciento, que anualizado da un incremento del 58,4 por ciento.

“Esto implica que uno de los factores que está sobrecalentando la inflación seguirá presente, al menos en el corto plazo”, sostuvo un reciente informe del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala. Siguen sonando las alarmas de medidas de fondo. El mismo Instituto reconoció que en esta puja distributiva, quienes vienen perdiendo son les trabajadores y que quienes ganaron durante la pandemia fueron las empresas (concentradas).

“Con la recuperación de la actividad económica en el tercer y cuarto trimestre de 2020 y la reducción de las medidas compensatorias del Estado, la distribución funcional se sesgó en favor del sector empresarial, en detrimento del trabajo independiente y el asalariado”, analizaron. Y agregaron: “Las primeras paritarias cerradas para este año se ordenaron en torno a la pauta oficial. Esto muestra un primer e importante acompañamiento del sector sindical al objetivo de estabilidad macroeconómica, pero con la inflación fuera de la pauta, el salario real seguirá cayendo.”

Más allá del incremento del universo de beneficiarios de la Tarjeta Alimentar, los números del Presupuesto actual dan cuenta de una caída real del gasto público, según el trabajo de Coyuntura Económica. “Las erogaciones totales del Sector Público Base Caja son de 2.210.982 millones de pesos, un crecimiento del ­25,1 por ciento respecto del cierre del primer trimestre del año pasado. Con una inflación minorista interanual del 42,6 por ciento, el gasto total disminuyó en términos reales un 12,3 por ciento”, sostuvo el informe firmado por un conjunto de economistas bonaerenses.

“Es preciso hacer el esfuerzo de la asistencia, pero es también necesario hacer el esfuerzo de generar trabajo. Salir de la pandemia con trabajo. Nos vamos a encontrar saliendo de la pandemia con un proceso de mayor concentración económica y con una cantidad de sectores que producen y distribuyen alimentos y exportan que no paran de aumentar alimentos”, analizó el viernes por la tarde Esteban “el Gringo” Castro, titular de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).

Alberto cerró su intervención del viernes con una proclama, que la “puja distributiva debe acabarse”, en el sentido de que cada sector (empresarios y trabajadores) debería llevarse lo que les corresponde.

Se les sigue hablando a los empresarios con el corazón. En el sector rural, donde están ancladas las empresas que el año pasado ganaron miles de millones de pesos, los peones rurales se apropian de un 20 por ciento y el capital agrario concentra un 67 por ciento de la riqueza generada (Fuente: Centro de Estudios y Formación Marxista Héctor P. Agosti – CEFMA). Queda mucha puja distributiva por recorrer.

 

 

 

 

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