ESPEJOS DE LA RESISTENCIA

Rodolfo Yanzón cruza distintas miradas sobre los juicios por los crímenes de la dictadura

 

Dos escenas. La primera, aquel ocaso del 25 de junio de 1978, cuando la selección argentina de fútbol se adjudicó el  Mundial. En la ESMA, los genocidas festejaban. Uno de sus jefes, el Tigre Acosta, dijo varias veces: “Ganamos”, estrechó la diestra de algunos detenidos, besó en la mejilla a las cautivas. “Si ellos ganaron, nosotros perdimos”, se dijo a sí misma una de las secuestradas, Graciela Daleo. Eufórico, Acosta ordenó: “Prepárense para salir”. “A Daleo la llevaron en el auto de Héctor Febres, a quien pidió permiso para asomarse por el techo, desde donde miró el mar de gente en las calles y pensó que si gritaba que era una desaparecida nadie le daría pelota. Pararon en una parrilla sobre la avenida Maipú donde se sentaron torturadores y torturados. Pidió permiso para ir al baño. Cerró la puerta, se miró al espejo y reafirmó que esa mujer no era la que los torturadores querían que fuese, escribió con rouge en la pared: ‘Milicos asesinos, Massera asesino, vivan los montoneros’, y regresó a la mesa donde era una prisionera”.

Segunda escena. Año 2010, bullían los juicios de lesa humanidad. Baño para magistrados en los tribunales de Comodoro Py 2002. Mármol de mingitorio de por medio, tres jueces federales se encuentran de casualidad haciendo lo suyo. Oscar Hergott cumplía la formalidad de escuchar a Jorge Tassara, en tanto Daniel Obligado se mantenía sin participar, ignorando que estaba transformándose en testigo. Como quien no quiere la cosa, en un momento Tassara espeta que los juicios por los crímenes de lesa humanidad son “una vergüenza jurídica”. Los tres magistrados aunados por la micción actuaban en ese  momento en aquellos juicios. El chisme se derramó por pasillos y escaleras cual pinchadura en caño de cloaca. Tassara fue uno de los jueces que meses después condenó con variable dureza a los represores del circuito Atlético-Banco-Olimpo; murió en 2019. Por su parte, Hergott fue separado del juicio en la megacausa ESMA, merced a la recusación de un imputado por haber afirmado: “Hay que terminar con la impunidad” y en 2017 renunció frente a las denuncias de acoso sexual en su contra. Obligado, por su parte, “se excusó de opinar por ser eventual testigo de baño público: una forma elíptica de confirmar el suceso”, rubricó condenas ejemplares en la megacausa ESMA.

 

 

El autor, Rodolfo Yanzón.

 

 

Ambas escenas erigen los parámetros entre los cuales se desenvuelve Rouge, potente e inclasificable título de Rodolfo Yanzón (Buenos Aires, 1961), abogado de intensa trayectoria en su compromiso con los Derechos Humanos, activo partícipe como parte de las querellas llevadas adelante por las víctimas, autor de múltiples textos jurídicos y, más recientemente, volcado a la narrativa con su no menos sorprendente novela Mandíbula. Cruza de inventario de causas, historias particulares, relatos paradigmáticos, reflexiones jurídicas, glosas y tomas de posición, Rouge funciona a la vez como obra de consulta (cuenta con fuentes referenciadas con precisión), cronología, documento histórico, narrativa, ensayo político, experiencia testimonial. En su secuencia, los quince capítulos se enlazan entre sí por encima de sus temáticas singulares para componer un corpus propio, en otro nivel de lectura en que la reflexión, la metáfora y aún la poética encuentran su lugar. Colaboran en ese impacto las ilustraciones del artista Gustavo Grundfeld, situadas en forma estratégica en las páginas interiores.

 

 

 

 

“Baños públicos como espacios en los que se desarrollan dos escenas que, por razones bien distintas, no pueden exteriorizarse: la del murmullo entre mármoles y cierres desplegados que busca consenso para enfrentar a la opinión de grandes mayorías; y la del rouge sobre la pared, desde la resistencia, un mensaje en solitario que denuncia los crímenes de una clase, y que, en sus trazos, lleva la voz de miles de torturados y desaparecidos, para elaborar el hilo con el que salir del laberinto”. Y parafrasea el autor: “Los derechos humanos serán resistencia, o no serán nada”, para proponer una suma (y con ello un debate político): la de Igualdad a la lucha por memoria, verdad y justicia.

En tanto abogado apasionado por su profesión, la noción de justicia, para el autor conlleva sucesivos niveles de análisis y capas geológicas de variables determinantes que intersectan la letra cruda de la Ley. Entrecruzamiento que le lleva a afirmar que su contracara, la impunidad, “es como un minotauro encerrado en el laberinto, y para huir de él hay que transitar senderos que se multiplican y se cruzan; algunos, quizás, no tienen puntos de llegada, pero la salida sólo se encuentra andando, a la vez, cada uno de ellos. Eso es la justicia”. Criterios que Yanzón expone y desarrolla, con la ventaja de que, además, con hechos comprueba y demuestra.

 

 

FICHA TÉCNICA

Rouge

Rodolfo Yanzón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2021

230 páginas

 

 

 

 

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