Fachito Torres

La cuestión salarial abrió una crisis política en Chubut

Represión en Comodoro Rivadavia: disparos con balas de goma a dirigentes ubicados a pocos metros.

 

“El ministro de Seguridad por mandato del gobernador Mariano Arcioni pretende demonizar a quienes reclaman en Chubut. Esos piqueteros a los que llama delincuentes en nuestra provincia son los docentes que no cobran, los trabajadores de la salud, los jubilados que después de haber aportado toda una vida para tener una jubilación digna tampoco están cobrando. Son miles de chubutenses que están hartos de la mentira, de la demagogia y la corrupción. Los verdaderos delincuentes que tenemos en Chubut son esos que nos vienen gobernando hace casi 20 años”.

Esas palabras fueron emitidas mediante un video en redes sociales en julio de 2021 por Ignacio Nachito Torres, entonces diputado nacional y precandidato a senador en Juntos por el Cambio. El destinatario fue el ministro de Seguridad Federico Massoni, personaje provincial de destellos bullrichescos. Ofició, además, como adelanto de lo que sería su campaña electoral a gobernador en 2023. Casi un lustro más tarde, por obra de algunos de esos memoriosos que suelen aparecer en las crisis políticas, el susodicho video comenzó a viralizarse por las redes sociales, en especial en los grupos de WhatsApp de trabajadores estatales.

 

 

El contraste entre el Nachito 2019 y el actual se vio acicateado, como se dijo, por el recuerdo del Nachito 2023. Dos elementos centrales de dicha campaña electoral fueron su enfática oposición a avanzar con la megaminería en la provincia y la promesa de “devolverles la dignidad a los docentes llevando su salario arriba de la media nacional” – concepción bastante amarreta de la dignidad, dicho sea de paso. Las referencias a su madre docente fueron recurrentes en sus paseos por los medios de comunicación. El humo no demoró en disiparse y a los pocos días de asumir trascendieron disposiciones gubernamentales para facilitar la exploración megaminera de uranio en cercanías del río Chubut. Según el movimiento socioambiental de la zona, es la modalidad de minería potencialmente más dañina para la salud humana y del ecosistema en general. En los dos años y medio de gestión al frente del Ejecutivo provincial, el salario docente chubutense no solo estuvo siempre peleando la zona de descenso, sino que además se les agregaron responsabilidades a estos trabajadores e inclusive se aprobó la “Ley de Profesionalidad”, eufemismo para designar el presentismo, una herramienta extorsiva que supone casi el 25% del salario, siempre y cuando no se haya faltado tres veces en un mes o diez en el año. La docencia y sus familiares cercanos tienen prohibido enfermarse en Chubut.

El faltazo docente del jueves 23 de abril trajo consigo la vuelta de la conflictividad social al centro de la política chubutense. Desde que asumió, Torres logró mantener relativamente contenido el descontento en las calles, al menos de los estatales, mediante acuerdos varios con las conducciones sindicales. En octubre del año pasado quedó de manifiesto que su imagen cayó estrepitosamente al quedar tercero en las elecciones de medio término. El marcado atraso salarial respecto de la inflación, el endeudamiento crediticio de las familias, la creciente pauperización de las condiciones de vida y la obscena ostentación de los salarios de los funcionarios públicos son algunos de los motivos que explican el hartazgo en la población provincial, y en especial entre los trabajadores del Estado.

 

Una de las varias movilizaciones que hubo en Trelew. Foto: Aníbal Aguaisol.

 

El susodicho faltazo se dio sin ningún respaldo legal sindical. La docencia se autoconvocó e impuso una jornada masiva de paro por fuera de toda contención gremial. La medida fue vista con simpatía por la mayoría del pueblo chubutense y expuso a dos actores centrales de su vida política: por un lado, un gobierno que paga los peores salarios del país y, por el otro, el rol de las conducciones sindicales. El faltazo inspiró a otros sectores estatales a autoconvocarse y a marchar masivamente el martes 26 de abril por las calles de la ciudad capital, Rawson. Desde entonces la lucha docente en particular, y la estatal en general, transitó flujos y reflujos pero en términos generales estuvo siempre presente.

Sin temor a exagerar, se puede caracterizar que Chubut ingresó nuevamente en una etapa de conflictividad social clásica de las provincias del interior del país, y en particular de la Patagonia: esto es, movilizaciones todas las semanas de varios sectores, enfrentamientos con la policía, represión estatal, autoconvocatorias de trabajadores que no se sienten representados por las cúpulas sindicales, cortes de rutas, ridiculización y escraches a funcionarios públicos y acentuada caída de la imagen del gobernador.

Como se dijo, desde su campaña electoral Torres intentó diferenciarse de su antecesor Mariano Arcioni presentándose como el nuevo garante del orden provincial frente al caos social que caracterizó los años 2018-2021. En cierta medida, el actual gobernador logró su cometido en la primera mitad de su mandato, pero a un costo no menor. Torres acusó los golpes y en el último mes y medio sus recurrentes bravuconadas dieron paso a un discurso público más cauto y, por momentos, temeroso.

El escenario económico, social y político se parece cada vez más al de la gestión de Arcioni y eso representa para el gobernador un problema mayúsculo, pues deja de ser visto por los sectores económicos dominantes de la política provincial como su principal aliado.

Los malos movimientos políticos en el gobierno son cada vez más frecuentes. A la represión de la docencia autoconvocada el 27 de abril le siguió un intento de huida por los techos del ministerio de Educación por parte de su titular José Luis Punta, apodado desde entonces Spider-Man.

 

Foto: Aníbal Aguaisol.

 

La semana que terminó se vio alterada por una escalada represiva del Estado en Comodoro Rivadavia, donde no solo se detuvo a cinco dirigentes de ATE y CTA Autónoma, sino que también se reprimió ferozmente una movilización de esos sectores. De esa represión trascendieron imágenes gravísimas, como las de policías apuntando y disparando con balas de goma a la cabeza de manifestantes a tres o cuatro metros de distancia, en lo que puede ser catalogado sin miedo a exagerar como un intento de asesinato. Se estuvo a nada de tener otro Pablo Grillo o Carlos Fuentealba.  Desde que asumió, el activismo chubutense cambió el apodo de Nachito por el de Fachito, en virtud del marcado discurso derechista del gobernador.

 

 

 

 

Mientras se terminan de escribir estas líneas, trascendió que el vicegobernador Gustavo Menna (UCR) irá al Mundial. La noticia despertó inmediatamente el encono entre los trabajadores estatales que ven cómo el personal a cargo del Estado ostenta una vida de ricachones mientras ellos no llegan a fin de mes. La semana entrante se esperan nuevas movilizaciones provinciales.

 

 

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