Hermenéutica de las piedras

Cómo decodificar el mensaje mafioso contra el liderazgo del Frente de Todos

 

Mensajes en código, alegorías, figuras arcaicas, frases cortas y específicas, pizzini (pedacitos de papel con pequeñas escrituras a mano), símbolos y ceremonias religiosas adecuadamente resignificadas (contaminadas), son algunos de los modos que configuran la lengua de la mafia.

Sus manifestaciones –que pueden ser lingüísticas y gestuales– no siempre son reconocidas como tales y para ser entendidas deben de ser interpretadas. En este sentido se precisa una hermenéutica mafiosa que deberían practicar también –y sobre todo– lxs sujetos institucionales que enfrentan el crimen. La lengua mafiosa es semánticamente oblicua. Y esa oblicuidad es una manera de proteger a las organizaciones y sus acciones criminales. En la Argentina quien reflexionó sobre las formas oblicuas del narrar fue Piglia en Respiración artificial, como forma defensiva frente al hecho desaparecedor de la dictadura o Viñas en Prontuario con la configuración de una lengua fragmentaria. Oblicuidad quiere decir –en un caso como en otro– que no es necesaria una correspondencia rígida ente significante y significado: las palabras y los gestos deben ser contextualizados y descifrados para ser entendidos.

El despacho apedreado mientras en el Congreso de la Nación se estaba tratando la media sanción al acuerdo con el Fue MacrI (tal como grafican unos sugestivos graffiti sembrados en las paredes de la ciudad) fue el de la Vicepresidenta. Nos enteramos a través de un video que publicó la propia Cristina Fernández de Kirchner. Los cascotes golpearon las cuatro ventanas de su despacho. El lunes pasado, Andrés Larroque, ministro de Desarrollo de la Comunidad Bonaerense y dirigente de La Cámpora, en diálogo con Víctor Hugo Morales en la AM 750, tiró una frase reveladora: “No podemos dejar pasar esto. Hay un mensaje al atacar a Cristina, es de carácter mafioso”. Tiene razón. Pero, ¿cuál es ese mensaje? Esa razón no fue reconocida oportunamente por el ministro de Seguridad de la Nación, tal como explicó con su parsimonia vitriólica Horacio Verbitsky en “Mar de fondo”. Los apedreadores “viven en zonas distantes de la provincia de Buenos Aires. La hipótesis sobre la que se trabaja es que se trata de mano de obra contratada por otros. Pero aún no se determinó si tienen relación entre ellos, si provienen de alguna barra brava”. En la misma edición, Marcelo Figueras desplegó la política cultural de El Cohete con un impecable “Corleone somos todos” con motivo del medio siglo de El Padrino y su influencia en la cultura popular. En la película se verifican ejemplos elocuentes de la lengua secreta de la mafia. Es el caso de una cabeza de caballo mal cortada e introducida en una cama. La hermenéutica en ese caso no demanda ahuyentar brumas espesas para descifrar el mensaje: hacé lo que te pedimos “con cortesía” porque eso te puede pasar a vos también. O incluso lo digo mal: el caballo sos vos. La lengua mafiosa se organiza aquí alrededor de la metonimia.

La lengua omertosa está hecha de dichos, refranes, sugerencias solapadas, códigos, ritos y frases que encubren una simbología precisa respecto de lo que puede leerse en la superficie del discurso. Se organiza alrededor de un principio comunicacional básico: “A megliu parola è chiddra cà un si dici” (“La mejor palabra es la que no se dice”, Chiara Floriddia, Detto e non detto in Cosa Nostra. Linguaggio e comunicazione di un’organizzazione malavitosa, Tesi di laurea, Università degli Studi di Padova, 2015-2016). Expresión de lo más peculiar que explica nítidamente la respiración de esa lengua pues dice dos cosas al mismo tiempo: la palabra se nombra menos a sí misma que al silencio. Una de las frases emblemáticas de esa lengua es “tuttu passa”. Dos palabritas que remiten al lento fluir de la vida. Remiten incluso a la experiencia de la cárcel. Pero esa pequeña navajita quiere decir otra cosa: si todo pasa es porque algo tiene carácter estable: la ‘ndrangheta, que es lo que siempre queda (Gratteri / Nicaso, Dire e non dire. I dieci comandamenti della ‘ndrangheta nelle parole degli affiliati, Mondadori, 2013). En la Argentina quien usó ampliamente esa misma expresión fue Julio Grondona. La tenía grabada en un anillo de oro de cara cuadrada con la incisión “Todo pasa”, ubicado en el meñique izquierdo, última terminación nerviosa del corazón. Y en su oficina de la AFA don Julio tenía una estampa de la frase, ubicada en una placa sobre la cual se suele poner el nombre de la persona que usa una mesa. La lengua de la omertà es un código condensado, hecho de expresiones breves que concentran sabidurías antiguas y que evitan el despliegue de grandes discursos, pues estos suelen incomodar a los hombres de honor. A eso tal vez responda la retórica entrecortada de Macri. Los padrinos hablan una lengua hecha de discursos sintéticos, pequeños estiletes que de ser decodificados por un interlocutor garantizan la pertenencia a la cultura mafiosa.

El mensaje amenazador –evidente o silente– constituye siempre una manifestación del método intimidatorio que define el obrar mafioso. Cualquier mensaje mafioso constituye una advertencia acerca del interés de una asociación hacia el comportamiento –activo u omisivo– de su destinatario y el significado contiene la petición implícita de actuar en conformidad (Roberto M. Sparagna, Metodo mafioso e C.D. Mafia silente nei più recenti approdi giurisprudenziali). Veamos algunos gestos clásicos propios de la lengua mafiosa y los mensajes inherentes: cortar la mano de un cadáver remite a un robo que afectó a una persona o una propiedad protegida por alguna organización mafiosa; un par de ojos arrancados de un rostro y ubicados en la mano de una persona asesinada significa que había matado a un hombre de la organización; una hoja de tuna ubicada sobre el pecho de un cadáver indica que esa persona se había apropiado de bienes ajenos; enviar un pájaro muerto o un collar con cabezas de pájaros engarzadas es una amenaza de muerte; un pañuelo ubicado en la boca de un animal muerto entregado a alguien o una piedra arrojada contra una ventana tienen el mismo sentido: que es deseable callarse. O incluso lo digo mal. Se trata de una orden: callate. Una expresión del método intimidatorio que debía llegar a destino sin inconvenientes ni demoras, sobre todo si tomamos en cuenta el último video que publicó la Vicepresidenta en su cuenta de TW. Allí se ven las imágenes del apedreo desde el exterior del Congreso y se muestra cómo la policía tardó 20 minutos en intervenir.

 

 

Los espacios militantes justamente reactivos al acuerdo con el FMI estaban organizados alrededor de sus símbolos identitarios, entonaban cantos de protesta propios del campo popular. Algunas fracciones sin embargo fueron estigmatizadas por la Justicia si es que tal cosa aún existe–, aparato tan felizmente integrado a la ciudad de lxs notables y cuyos representantes harían bien en buscar por fuera de la protesta a los responsables intelectuales de la lapidación, pues las verdaderas “asociaciones ilícitas” se fraguan menos en las calles que en los ámbitos cortesanos. El crimen organizado prolifera en los negocios inmobiliarios, las finanzas, el comercio, los servicios, las instituciones públicas.

En algún lugar de la Trilogía Millennium de Stieg Larson hay una escena de apedreo con el mismo sentido que se está tratando aquí: el silencio que se le “sugiere” a una periodista, codirectora de una revista especializada en denunciar negociados espurios. Si se aceptan estas formas hermenéuticas, entonces debería aceptarse también que el apedreo al despacho de la Vicepresidenta es una advertencia: para todo el espacio político y social que ella representa. No podemos permitirlo, en un momento en el que la historia política nacional necesita rehacer una lengua pública capaz de tratar las cuestiones más inesperadas –un acuerdo escabroso con el Fue MacrI, ratificado por una de las dos almas legislativas del Frente de Todxs y la oposición cambiemita–, de construir confianza social, que está íntimamente relacionada con la toma colectiva y pacífica de decisiones, con el compromiso cívico y con la idea de una democracia menos pseudoconsensualista y tecnocrática (que se expresa en ruegos/imploraciones, también) que altamente radical.

 

 

 

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