Los últimos números oficiales de 2025 en materia de ocupación y salarios esbozan cuál era la realidad palpable hasta los meses electorales, al menos en la contabilidad del gobierno, cuyos esfuerzos no siempre logran o consienten la autocelebración. El INDEC los recoge de muestras en los principales aglomerados urbanos, mientras que el Ministerio de Capital Humano releva los registros de empleo formal reportados o estimados por el sector privado. La Universidad de Buenos Aires cuenta con un ámbito de estudios, el Instituto Interdisciplinario de Economía Política, que periódicamente analiza los cómputos provenientes de esos afluentes.
Desde el fondo de esas planillas emergen datos que desbordan al de la desocupación, la realidad más dramática, sobre la que en el mejor de los casos suele centrarse la agenda pública. Para el cierre del tercer trimestre de 2025, la pérdida de empleos registrados había superado los 200.000, respecto del último mes de gobierno de Alberto Fernández. Los termómetros de la informalidad amplían el prisma: permiten estimar, por ejemplo, la exposición a la pobreza por rubro de actividad o peldaño educativo entre quienes aún tienen un salario.
Menos conocido que la ya habitual destrucción de empleo registrado es que la informalidad laboral se incrementó para trabajadores y trabajadoras de todos los niveles de formación. Entre profesionales con estudios universitarios completos, creció casi tres puntos entre mediados de 2024 y el mismo periodo del año siguiente. Por su parte, las concesiones fiscales no vienen aportando a la generación de empleo formal de calidad ni siquiera entre los rubros de la economía más favorecidos por el achicamiento del Estado.
Ese es el panorama con el que el gobierno de Javier Milei llegó a las urnas de medio término, para revertir en las elecciones nacionales el porrazo en las desdobladas bonaerenses. Como la elaboración y publicación de los datos conlleva un retraso de entre dos y cinco meses, tras la pausa estival deberían actualizarse los números del cierre del 25, que no parece haber asomado en ningún sol. Incluso en los registros oficiales, ya cuestionados por su tendencia al optimismo retroactivo.
Formalidades
En agosto del año pasado se perdieron más de 13.000 puestos formales de trabajo asalariado, acumulando una caída interanual de 33.000 y de 224.000 desde el último mes completo del gobierno del Frente de Todos. El octavo de 2025 fue el cuarto consecutivo de retroceso del empleo formal, colocando signos negativos a todos los sectores:
- El público registraba una destrucción de 15.000 empleos en la comparación interanual y 61.000 desde noviembre de 2023.
- El privado había restado 139.000 a los que tenía para la misma fecha.
- Entre el personal de casas particulares, se redujeron en 25.000 en 20 meses, profundizando una pendiente iniciada en 2019.
En el bimestre que siguió a esos registros, el Sistema Integrado Previsional Argentino no apuntó mejoras. Por el contrario, en octubre —último dato disponible, al cierre de esta nota— su Encuesta de Indicadores Laborales había recogido un crecimiento mensual de 0,1% en el empleo formal privado, lo que continuaba ubicándolo casi un punto abajo en la comparación interanual.
Por sectores, la caída se reparte y afecta a casi todos. El IIEP de la UBA lo volcó a una tabla, cuyas tonalidades la asemejan a un mapa de calor, sólo que con una asignación invertida de colores.

La tabla ilustra que sectores expresamente favorecidos por el programa en boga, como la minería y la intermediación financiera, no eluden el retroceso en la formalidad laboral. La resignación de recursos fiscales no parece estar traduciéndose en inversión y generación de empleo, tal la promesa anarcocapitalista.
Las remuneraciones también prolongan su desempeño. El salario mínimo vital y móvil naufraga por debajo de los valores previos a la crisis de 2001. Sólo es superior al momento del colapso mismo y los caóticos meses de la onda expansiva. La contracción es del 64%, medida desde el valor más alto de la serie, en septiembre de 2011. El salario medio privado, por su parte, se ubica 14% debajo del máximo de mayo de 2013. El público perdió 38% desde 2015. Es difícil explicar la ausencia mayoritaria de tamañas amputaciones en la agenda periodística y política.
Los despidos de estatales y la licuación de sus sueldos fueron hasta ahora dos de las formas de financiamiento de la merma voluntaria en la recaudación. En noviembre, había caído 8,7% en términos interanuales, producto de la recesión y la decisión del gobierno de beneficiar a algunos estratos de exportadores e importadores.
Hasta el momento no se ha visto que la renuncia del Estado a esos recursos dé como resultado mayor inversión, con generación de puestos de trabajo formales. La expansión de los márgenes empresarios de ganancia se ha compensado crecientemente con un retroceso de 37% interanual en las transferencias a las provincias, una reducción de los salarios estatales que en términos reales llegó al 16% interanual y la licuación de prestaciones sociales no indexadas. Como contó El Cohete, la excepción son los programas de asistencia familiar más inmediata, cuyo poder de compra se sostuvo como condición preventiva de la protesta social.
Calle sin salida
De acuerdo al informe trimestral que el IIEP de la UBA publicó en diciembre, en el tercer cuarto del año la informalidad laboral se mantuvo en 43,3%, más de un punto por encima del valor del trimestre final de 2024 y del inicial de 2025. De ese modo, la tasa total argentina es casi 20 superior a la de Chile, ejemplo habitual del discurso económico neoliberal de este lado de los Andes.
Para la fuente original de los datos, la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, entre asalariados la incidencia de la informalidad bajó de 37,7% a 36,7%. Con ello amortiguó el registro que en el cierre del primer semestre del año había sido el segundo peor en tres lustros. La reducción la colocó en línea con el mismo periodo de 2024, pero un punto sobre la del tramo final del gobierno del Frente de Todos. Aumentó cinco desde que hace una década concluyó el segundo mandato de Cristina Fernández, de acuerdo a datos publicados cuando ya gobernaba el macrismo. El “apagón estadístico” de la administración amarilla impide profundizar en las comparaciones, lo que resulta muy conveniente para obstaculizar la comparación entre programas económicos.
Los últimos datos confirman tendencias previas. Cerrada la primera mitad de 2025:
- La franja etaria más afectada por la informalidad era la de jóvenes de hasta 24 años, que la padecían en siete de cada diez casos, unos 24 puntos porcentuales por encima de la tasa global.
- Si 24% del total de trabajadores y trabajadoras vivía en hogares pobres, el porcentual saltaba a 41% entre las y los informales.
- Ocho de cada diez personas del quintil inferior de ingresos trabajaban en la informalidad; y
- La informalidad laboral había aumentado en todos los niveles educativos.
El último aspecto descubre la magnitud del fenómeno. Hasta entre los y las profesionales con título universitario ha crecido el trabajo no registrado: en un año, pasó de 15% a 17,8% para ese segmento, de acuerdo a la encuesta del INDEC en aglomerados urbanos.
Dentro de las posibles explicaciones se encuentran las condiciones ofrecidas por el empleo formal. En las universidades públicas, grandes fuentes de trabajo para profesionales, la retracción de un tercio del salario en dos años derivó en las más de 10.000 renuncias docentes que en julio de 2025 contabilizó el Consejo Interuniversitario Nacional. En el ámbito privado, de acuerdo a datos del Sistema Integrado Previsional Argentino de octubre, la tasa de no cobertura de vacantes en cargos profesionales y técnicos fue de 9,1 y 4,2 puntos, respectivamente.
El sistema público de educación superior, lesionado por la licuadora presupuestaria y salarial, se descubre así limitado en su capacidad de abrir oportunidades y expectativas de acceso a empleos formales y de calidad. Diluir el histórico rol del mundo académico en la generación de movilidad social es el único camino posible para romper la valoración colectiva y el acompañamiento social a sus reclamos, que se hizo sentir en las marchas universitarias.
—Como de ingeniero gano un montón de guita, acá estoy: con un flor de coche, para pasear con la familia, a lo bacán —ironizaba el fugaz pero arquetípico personaje de Hugo Arana en Made in Argentina, mientras manejaba el taxi que le permitía sobrevivir en el inhóspito país de la posdictadura.
Todavía no existía Uber.
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