La elección de Europa

Giro en la postura europea sobre la reconfiguración global que avanza para el siglo XXI

 

Hasta poco antes de la irrupción de la guerra entre Ucrania y Rusia, algunos hechos auguraban una elección europea que pasaba por sumarse al relanzamiento del espacio euroasiático antes que por profundizar —y no del mejor modo posible— el atlantismo, que en su peor variante no es más que sumisión a la estrategia militar estadounidense.

Estos son algunos ejemplos.

 

 

BAII

En 2014 se creó el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII). Al año siguiente, el gobierno de Barack Obama (que había dejado afuera a China del Acuerdo Trans Pacífico, luego abandonado por su sucesor aislacionista Donald Trump) les pidió a sus socios de la Unión Europea que no ingresaran a la nueva institución. El primero en desatender el reclamo de Washington fue, irónicamente, el principal aliado de Estados Unidos en el viejo continente, Gran Bretaña. El entonces premier David Cameron no tuvo un rapto de sinofilia, sino que a Londres le interesaba mantener el reinado que ostenta desde siempre en el mercado de monedas, un reinado que a la City le importa mucho más que la moribunda casa Windsor, que deja para la gilada, y que alimenta hace siglos su voracidad financiera. En concreto, Londres no quería quedarse afuera de los beneficios de la creciente internacionalización del renminbi, la moneda china.

A diferencia de Estados Unidos, China nunca fue excluyente para invitar a todos al BAII, que es asiático, como su nombre indica, pero tiene sede en Beijing. El pedido de Obama fue inútil no solo con el Reino Unido; otros países europeos también se sumaron a la institución: Alemania, Francia o Italia, incluso Australia, otro gran aliado de Estados Unidos. Por entonces, el vocero de la cancillería china, Geng Shuang, señalaba que el gobierno de Xi Jinping consideraría “bueno” que Estados Unidos también se aviniera al proyecto. Hasta ahora no lo hizo ni –en el contexto actual– lo hará. (Nota: la Argentina, como casi un centenar de países, entró al BAII en 2020.)

 

 

La “nueva Ruta de la Seda”

Cuando China lanzó la Iniciativa la Franja y la Ruta (FyR), Estados Unidos también la vio, y la sigue viendo, como un intento similar al BAII (que de hecho es una de las fuentes financieras de la nueva ruta). Para la Casa Blanca, ambos pretenden como principal objetivo expandir el poder global de la gran potencia asiática. Pero Europa lo juzgó de otro modo y pronto fue testigo de cómo trenes entre China de un lado y España, Inglaterra y Alemania del otro, pasando por Rusia y Asia central, comenzaban a intercambiar bienes alimentando una sociedad mercantil que es una de las mayores del mundo: para China, la Unión Europea es su mayor mercado, aunque ahora eso irá cambiando, y para la UE, China es el segundo luego de Estados Unidos.

Italia fue el país de la UE más entusiasmado con la FyR. En abril de 2019 el gobierno que encabezaba Giuseppe Conte participó de una cumbre sobre el tema en Beijing y pasó a ser el primer país del “Grupo de los 7” (las siete-economías-ya-no-más-grandes-del-mundo, aunque porfían en ese anacronismo) en sumarse al ambicioso proyecto de Xi Jinping. Así como China fue adquiriendo verdaderos íconos europeos –no solo clubes de fútbol por todo el continente sino también la química ex suiza Syngenta, la cadena de hoteles ex francesa Club Méditerranée o la automotriz ex alemana Volvo, entre muchas otras marcas de renombre–, en Italia no sólo adquirió grupos empresarios de esos rubros sino que está construyendo el mega puerto de Vado Ligure, cerca de Génova, un punto nodal de las interconexiones globales y ejemplo de la mejor conectividad en infraestructura global que tiene como una de sus metas la FyR. Originalmente, ese puerto iba a hacerlo APM Terminals, del grupo danés Maersck, pero luego el proyecto fue vendido en su mayoría a Cosco Shipping Port y Qingdao Port International, dos empresas chinas.

Sin embargo, en junio de 2021 el siguiente primer ministro (en Italia los primeros ministros cambian a razón de uno por año), el tecnócrata financista Mario Draghi, anunció que Italia estaba reevaluando las inversiones de China en su país “cuidadosamente”. Ahora, con la nueva primera ministra, la neofascista Giorgia Meloni, ese alejamiento se consolidará. China misma está invirtiendo más hoy en Asia o África que en Europa, al revés que hasta hace unos años. (Nota: la Argentina ingresó a la FyR, como lo hicieron ya un centenar y medio de países, en febrero pasado.)

 

 

Merkel

Sería difícil encontrar algo de marxismo, pro-chinismo o rusofilia en la ex canciller alemana Ángela Merkel, más allá de que se crió en la vieja Alemania comunista. Pero aun en su conservadurismo, mantenía con Rusia y Oriente en general un abordaje diferente a sus pares actuales de Europa, que a su lado dejan bastante que desear. En junio de este año, ya con la guerra en Ucrania en su cuarto mes, Merkel salió a responder críticas por sus vínculos con Vladimir Putin. Entrevistada por la televisión británica BBC, dijo que no tenía “nada de qué disculparse” ni “arrepentimientos” por la respuesta de su gobierno ante la anexión de la península ucraniana de Crimea por parte de Rusia en 2014. Alemania siguió avanzando, por ejemplo, con el gasoducto Nord Steam 2 para llevar gas natural ruso directamente a su territorio, el mismo que esta semana ha sido víctima de un sugestivo sabotaje. Ahora el sucesor Olaf Scholz ha suspendido el proyecto. Merkel también defendió su oposición, cuando estaba en el cargo, a que Ucrania se uniera a la OTAN, en 2008. Hoy toda Europa sufre las consecuencias de sus sanciones inéditas a Rusia en el terreno energético –esta semana en su octava ronda de represalias–, y de lo que sí se arrepienten muches alemanes es de haber seguido tanto a los ecologistas que cancelaron todas sus fuentes de energía nuclear, que hoy podrían haber paliado o evitado el déficit. El invierno no será fácil en la vieja Europa. En la entrevista, hecha en el teatro Berliner Ensamble, Merkel finalizó diciendo, sin dejar de condenar a Rusia y la invasión de febrero: “(Alemania y Rusia) Tenemos que encontrar una manera de coexistir a pesar de todas nuestras diferencias”. ¿Hace falta recordar que el otro modo fueron dos guerras mundiales y que avanza esta tercera?

 

 

 

Las cuestiones como el BAII y la FyR respecto de Europa, o las posturas como las que tenía Merkel, son tres ejemplos de lo que desapareció en Europa. Incluso mutaron las posturas de las extremas derechas como la de Meloni, antes crítica de la integración europea, del euro y del atlantismo sumiso y más afines a un proceso tipo Brexit como encaró Gran Bretaña o más amigables a Putin y aun a China. Todo eso dio un giro radical.

Hace unos días, el canciller ruso, Sergei Labrov, señaló: “Hoy se está definiendo la cuestión del futuro del nuevo orden mundial. Esto está claro para cualquier observador imparcial”.

La UE se abraza ahora a la aventura militar de Estados Unidos y la OTAN, que ha comenzado a apuntar explícitamente sus cañones a Rusia y a China igual que otros armados guerreristas como AUKUS. La alianza atlántica, en su declive económico y tecnológico relativo frente a Oriente, constatado en casi todas las variables, apuesta por una ruptura total o parcial de la globalización, las cadenas globales de valor y el multilateralismo.

 

 

 

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