La génesis del horror

Un documento desclasificado por EEUU relata cómo se creó el centro clandestino Club Atlético

 

Uno de los archivos desclasificados por los Estados Unidos el año pasado revela cómo el Batallón de Inteligencia 601 y la Policía Federal Argentina (PFA) montaron un centro clandestino de detención en plena Capital. Se trata del “Club Atlético”, que funcionó durante 1977 hasta que sus detenidos-desaparecidos fueron trasladados al Banco porque el lugar iba a ser demolido para la construcción de la Autopista 25 de Mayo y, luego, al Olimpo. Reconocido desde 1984 por los testimonios de sus sobrevivientes ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), este cable de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) desmenuza su concepción desde la óptica de los perpetradores.

 

Creación y objetivos

El cable –fechado el 21 de abril de 1977– explica que se creó una nueva unidad dentro de lo que llama la sección de Seguridad Federal de la Policía Federal con el “objetivo de hacer más efectiva la participación de la Policía Federal en los esfuerzos contrasubversivos, particularmente contra los Montoneros”.

Según la CIA, la unidad iba a estar abocada tanto a realizar operaciones como a obtener y comparar inteligencia. Dice que la unidad funcionaría en dos ubicaciones. Una de ellas es un edificio que fue modificado para su uso como un centro de detención e interrogatorios. “El edificio, ubicado en Cochabamba y Paseo Colón, tiene habitaciones especiales para interrogatorios y celdas para largos períodos de detención y confinamiento transitorio. El edificio también fue equipado con comodidades para que el personal duerma y coma”, agrega el informe de la agencia de inteligencia estadounidense.

De hecho, el Atlético se montó en el lugar donde funcionaba la División de Suministros de la PFA sobre Paseo Colón. Según reconstruyó la Procuraduría de Crímenes Contra la Humanidad, el Atlético fue el sucesor del centro clandestino conocido como Garage Azopardo y se nutrió de personal que venía del Departamento de Sumarios de la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF) –también conocida como Coordinación Federal—, que funcionaba en Moreno al 1400. Azopardo y Atlético estaban a menos de diez cuadras de distancia entre sí y la SSF, un poco más alejada, cruzando la Avenida 9 de Julio.

La fachada del edificio donde se montó el Atlético.

La justicia determinó que Atlético fue un centro clandestino que se fue mudando de ubicación. Para el 28 de diciembre de 1977, los represores trasladaron a los detenidos al lugar conocido como el Banco. Después del final del Mundial de Fútbol —que se jugó en junio de 1978—, los llevaron a un galpón de la PFA en Floresta, el Olimpo.

 

 

 

 

 

La organización

El gobierno estadounidense, al momento de entregar el cable, borró información sensible. Por ejemplo, está tachado quién escribió el cable y cuáles fueron las fuentes. Ese es un reclamo tanto de los organismos de derechos humanos como de la mesa de la Cancillería que se organizó para trabajar con la segunda ola de desclasificados de Washington que llegaron entre 2016 y 2019 – completando la entrega de 2002.

Pese a que no se sabe quién fue el redactor del informe, cuenta con detalles precisos de cómo funcionó el Atlético. Dice, por ejemplo, que la unidad estaba dividida en seis áreas:

– Un grupo de inteligencia operacional, responsable de interrogar prisioneros, identificar subversivos y establecer nuevos blancos;

– Un grupo a cargo de responder a la inteligencia que se tiene y de determinar la oportunidad para actuar.

– Un grupo que opera contra blancos en un tiempo más extendido. Por ejemplo, que mantiene la vigilancia sobre supuestos subversivos o sobre una casa subversiva para adquirir información adicional, como identificar a los contactos de un subversivo.

– Un grupo que adquiere información general, tal como determinar las direcciones de los subversivos. El grupo es responsable de recolectar información a través de escuchas telefónicas. Este grupo trabaja en la comisaría 46 frente al Edificio Cóndor de la Fuerza Aérea.

– Un grupo a cargo de la inteligencia estratégica, que analiza e interpreta información. Por ejemplo, si tres prisioneros en diferentes interrogatorios se refieren a una persona en distintos contextos, el grupo debe determinar si se trata de la misma persona o son distintas. Este grupo tiene relación con el centro de inteligencia nacional (probablemente se refiera a la SIDE), el directorio de la Policía Federal, el Primer Cuerpo de Ejército y la Escuela de Mecánica de la Armada, un elemento naval involucrado en la tarea antisubversiva.

– Un grupo a cargo de la seguridad de los prisioneros y del edificio.

 

 

 

Cable de la CIA de 1977.

 

 

 

Sí sabían

Las descripciones de los distintos equipos de trabajo son textuales de lo consignado en el cable de la CIA. Es claro que los estadounidenses sabían para 1977 acerca de los métodos que empleaban los represores argentinos y cómo se movían, dónde se hacían las escuchas, dónde estaban los secuestrados y cuáles eran los núcleos para activos de cada una de las fuerzas en la represión.

“La nueva unidad operará en la Capital Federal y en el Gran Buenos Aires. Si hay una situación en la que deba operar más allá del Gran Buenos Aires, adentrándose en la provincia de Buenos Aires, debe adherir al procedimiento establecido de pedir permiso al Primer Cuerpo de Ejército”, agrega el cable.

El Atlético funcionó dentro de la órbita del Primer Cuerpo de Ejército. De hecho, en los juicios, los sobrevivientes hablaron de visitas de Carlos Guillermo Suárez Mason al edificio de la Avenida Paseo Colón. Hay quienes contaron que se toparon con Suárez Mason cuando les abrieron las puertas de sus tubos, como en Atlético llamaban a las celdas individuales.

 

 

Los responsables

La nueva unidad –decía el cable– no tenía un nombre formal, ni estaba listada dentro de la estructura organizacional de la PFA.

Según la CIA, la persona que había estado a cargo de organizar el centro era el Teniente Coronel Cabrera, del Batallón de Inteligencia 601, que actuó durante un tiempo como asesor del jefe de la PFA. El jefe de la unidad –como se refiere al Atlético– era el comisario Oscar José González y los segundos mandos incluían a los subcomisarios Renafe (a cargo de los prisioneros), Sutil y Alfredo Aramis Beau. Según el informante de la CIA, Sutil y Aramis (fallecido en 2006) estaban a cargo de los aspectos de inteligencia y de decidir nuevos blancos.

De acuerdo con lo que reconstruyó la Procuraduría de Crímenes Contra la Humanidad, Hugo Omar Cabrera había llegado de la mano del coronel Alejandro Morelli a la Superintendencia y, desde allí, armó una unidad paralela: el Atlético. Cabrera había sido hasta entonces el jefe de la Plana Mayor de la Central de Reunión del Batallón de Inteligencia 601.

Este cable fue uno de los elementos que sirvió para explicar cómo funcionaba la Superintendencia de Seguridad Federal en el juicio que terminó en diciembre del año pasado. El Tribunal Oral Federal (TOF) 6 –que vio partir a dos de sus integrantes este año para evitar un ajuste jubilatorio— debía entregar los fundamentos de la sentencia justo cuando arrancó el aislamiento social obligatorio.

 

 

Fachada de Superintendencia de Seguridad Federal. Fuente: Memoria Abierta.

 

Podés leer otros archivos desclasificados desde acá.

 

 

 

 

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2 Comentarios
  1. fernando dice

    El golpe del ´76 y la desaparición y muerte de 30.000 argentinos fue orquestado por los EEUU . No se olviden que en la Escuela de las Américas donde se adiestraban los militares argentinos los yankis daban cursos de torturas. Todas las fuerzas armadas de latinoamérica eran alcahuetas de la CIA.

  2. Carlos dice

    Segun Antonio del Cerro (Colores su apodo como torturador y genocida) ,lo llamaron Club Atlético por sus siglas (CA) pero su nombre real era Centro Antisubversivo. Esto surge de un comentario que el referido «Colores», hizo a quien firma cuando estaba secuestrado en la ESMA, y cumplía tareas como mano de obra esclava en el sótano del Casino de Oficiales, falsificando documentos para los represores.
    Del Cerro había llevado a mediados de 1979 a un grupo de secuestrados del Ejercito, de los cuales recuerdo a Mario Villani, Lucia Deon, El Raton Laurenzano, el Mogo Zurita, Daniel Merialdo, un médico cordobes de apellido Vazquez, un abogado que no recuerdo el nombre y un arquitecto al que le decían Guillermo), Junto con Del Cerro llegó otro policía torturador «el Gordo Juan Carlos» de apellido Linares. A partir de esos días Colores fue una presencia diaria en el centro clandestino de detención esma, hasta mi libertad vigilada en Febrero de 1980.

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