El gobierno nacional parece haber emprendido una campaña discursiva al mejor estilo de la “Ilustración oscura”. Una corriente de pensamiento odiadora de la democracia, del progreso y de todo discurso que pretenda justicia social, empatía, valores humanistas. Entre muchas de las razones que tiene el actual gobierno de Milei para “mentir a lo loco”, tal campaña discursiva no sólo pretende emprender una batalla cultural contra el “populismo” (definido como toda clase de crítica a su modelo económico o reproche por su ausencia), sino que también tiene la intención de ocultar los escándalos de corrupción que lo rodean. Por eso, los casos macabros como el de Agostina y la proximidad del Mundial le darán tal vez un poco de respiro.
Sin embargo, su orgullo (y el de su ministro de Economía) ha sido herido por la odiosa noticia de que la Argentina figura entre los países de menor inversión. Es que, según lo ha anunciado el diario Clarín, la Argentina cerró el último año con apenas 3.134 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED), ubicándose en el último lugar de la región entre las principales economías de América Latina. Esta cifra marcó uno de los registros más bajos desde 2001 y representó una fracción marginal en comparación con sus pares, como por ejemplo Brasil, que habría logrado obtener más de 76.800 millones de dólares.
En tal contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, en una reunión con gerentes y dueños de grandes corporaciones, les planteó un duro interrogante: Si les facilitamos todo, ¿por qué no invierten?
Y como si ello fuese poco, Luis “Toto” Caputo, amparado en una gráfica del INDEC que mostraba la evolución en el tiempo del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), festejaba con cierta euforia que ¡la Argentina ha vuelto a crecer tras once años de políticas populistas!
Si no fuera tan obvio que se ha incluido él mismo en estas políticas entre 2016 y 2019, cuando generó un masivo endeudamiento externo, uno le diría que o le falla la memoria y necesita tomar alguna vitamina, o bien necesita cambiar de oculista, o, mejor aún, que deje de lado el cinismo político, consejo válido para todo el gabinete, pero también para el FMI, que hizo y hace la vista gorda cuando se trata de estas alianzas oscuras. Que además le pide subir impuestos, mientras que los empresarios le piden que los rebaje más aún.
Pero volvamos a la gráfica del EMAE, que mediría la evolución del crecimiento económico que tanto enardece el discurso oficialista y que, si se habla de crisis, lo muestra como una perversión del periodismo o de la oposición que desea, según lo han expresado, “no dejarlos gobernar”. Así, en la siguiente figura se muestra la evolución del EMAE según la última versión disponible del INDEC. En verdad creo que aun un miope llegaría a la conclusión de que la economía medida por este indicador no se ha recuperado desde el 2011 o desde el 2015 cuando, en vez de comparar un mes contra otro mes de un año, se considera la serie completa 2004-2025.
Evolución mensual del EMAE 2004-marzo de 2026

Por supuesto que los empresarios lo saben. Han visto la gráfica real miles de veces y aplauden de todas formas las falacias de su discurso, creo que por al menos dos motivos: a) “Si esto sale mal”, ya han corrido el arco unos cuantos cientos de metros a su favor como para que la pelota no llegue y así, si se diera el peor de los casos, ya han hecho su pequeña fiesta financiera como antaño y con este mismo personaje durante la gestión de Macri; b) porque “si sale bien”, la Argentina habrá tal vez superado después de 2029-2031 la crisis estructural de falta de divisas (y como para ello hay que esperar aún tres años), nada los apura a invertir.
Además, también saben (y de primera mano por propia experiencia) que no hay motivo para ello si el propio INDEC muestra una horrible y baja utilización de la capacidad instalada en la industria; una caída en el sector de la construcción, a lo que se agrega un descenso espantoso en las ventas mayoristas, de supermercados, etc. Quien crea que se trata de malicia política y perversidad de la prensa, por favor, tómese el trabajo de bajar los informes de este sagrado organismo, ahora más oficialista que nunca.
Y es precisamente sobre la base de esta segunda hipótesis (“que todo les salga bien”) que estos empresarios desean correr el arco unos cuantos kilómetros de distancia adicional para evitar que “los populistas” vuelvan a intentar utilizar la renta de los sectores extractivos (en particular el de hidrocarburos y minería) para beneficio del pueblo argentino. Recordemos que el pecado imperdonable del populismo es, tanto para esta gente como para la Ilustración oscura, un pecado capital que les hace perder un poco de ganancias a través de la extensión de derechos: una insoportable ineficiencia a causa del Estado, la democracia, la justicia. Y por ello, proponen como movimiento internacional acabar con el Estado y la democracia, lo que debe ser reemplazado por un gobierno altamente ejecutivo (como en una empresa) y, sobre todo, apoyado en los sabios algoritmos de la inteligencia artificial.
Pero volvamos a los números del propio INDEC y veamos qué nos dicen acerca de la “realidad”. Por una parte, que recortar de la gráfica el período 2004-2011 les resulta necesario, pues sería vergonzoso mostrar que su discurso es falaz y mentiroso.
No obstante, respecto a lo que aquí se expresa, la siguiente figura es mucho más interesante debido a que augura lo que sería una Argentina “si todo les sale bien”. Muchísimo para muy pocos, quizás alguito para un 20 a 30% y un descenso social y miseria para las grandes mayorías. ¿Pero no es acaso ese el mismísimo objetivo de la Ilustración Oscura? ¿No debe cada individuo arreglárselas como pueda? ¿No es esa la prédica? Recordemos que para esta corriente no importa mucho ni la historia ni la clase social en la que nacemos. Sería fatal reconocer tal cosa.
Así, en dicha figura se puede observar el enorme crecimiento que la Argentina tuvo entre 2004 y 2015 y el pobrísimo desempeño registrado entre 2015 y 2025. Período en el cual han gobernado y son responsables de bastante más de la mitad de este, sus acérrimos críticos.
Evolución del valor agregado bruto a precios constantes según grandes divisiones económicas

Ahora bien, lo más interesante del cuadro anterior es que muestra con bastante claridad que, si el EMAE no ha caído más, ello no se ha debido solo a la metodología utilizada por el INDEC, sino a que “el sector estrella” de las grandes inversiones “por llegar” amparadas por el RIGI (gas, petróleo y minería) no ha sido capaz de producir ningún derrame significativo sobre el poder de compra de la mayoría de los argentinos, parte de ellos hipnotizados por una aparente estabilidad macroeconómica.
No obstante, a nadie se le escapa que dicha estabilidad es frágil, un poco dibujada, y con una elevada inflación en dólares debido a una apreciación cambiaria formidable. Siempre al amparo de una deuda externa impagable por ahora, del respaldo de Trump y facilitada por el lavado de dinero implícito en la Ley de Inocencia Fiscal. De hecho, la mera variación de un dólar que estuvo en los 1500 pesos y ahora ronda los 1400 implica una inflación súbita en moneda extranjera del orden del 7,1%. A esto se suma la incesante variación de precios en pesos desde que asumió Milei, para quien la tasa de cambio es solo un precio relativo más.
Así las cosas, y sin meternos en temas más complejos como el de las disputas geopolíticas, la fragilidad de la paz mundial, el deterioro global, la gran batalla cultural de la Ilustración Oscura en contra de la democracia y de todos los derechos, “este tiempo de revancha derechista” es un tiempo de oro para las grandes empresas que esperan de Milei más y más medidas para que a nadie se le ocurra utilizar la bonanza originada en la explotación de nuestros recursos naturales en beneficio de grandes mayorías. Es por eso que el gobierno de Milei sigue repitiendo diatribas contra el populismo, el peronismo, el kirchnerismo (y hasta contra la Iglesia católica). Porque si en el interregno 2026-2028 no lograra llegar por votos, eso no sería su fracaso, sino el de los opositores impregnados por los valores gestados desde hace un siglo o más. Siglo en el que los gobiernos liberales gobernaron a sangre y fuego durante su mayor parte, aunque me consta que la narrativa se basa en el hecho de que para la Ilustración oscura y para los libertarios, el objetivo es confundir las mentes y acabar con esa cosa llamada justicia social, cosa que para nuestro Presidente es un robo, y que nace de la democracia. Una que, por cierto, se ha ido degradando a punta del chantaje y una corrupción creciente, a lo cual también ha contribuido el gobierno de Milei si uno se guía por la cantidad de procesos judiciales abiertos y su gravedad.
Pero volvamos a esta cuestión de “si todo les sale bien”, para lo cual deben atravesar el Rubicón, como suelen decir los que por ese rumbo van de la mano, como novios que a veces discuten y otras se reconcilian. En este caso, el motivo del fracaso rotundo en términos de no haber logrado atraer inversión extranjera directa (y que tanto le duele a su ministro de Economía) lo saben bien ambos. Es que mientras Milei esté en la cuerda floja, esos empresarios (que no son ni medianos ni pequeños) desean que haga más y más destrucción de toda amenaza futura. Que le quede bien claro al pueblo argentino que nunca serán como Irlanda, pero sí, tal vez, como esos países exportadores de petróleo, que precisamente se tomaban como ejemplo de la maldición de los recursos naturales: de ser países muy ricos, con gente muy, muy pobre y objeto de codicia de las potencias mundiales.
Así, el intento servil de profundizar el saqueo a las clases medias y robarle a la gente hasta su dignidad lo harían en la hipótesis “todo sale bien”, sobre una base de derechos adquiridos opuestos a cualquier noción de derecho que el común de la gente reclama cuando clama por justicia. Una cosa fuera de agenda, propia de seres débiles que no ven que, para salvar al capitalismo del apocalipsis zombi, no queda otra que la crueldad.
Pero la desgracia que estas políticas le ocasionan y ocasionarán a la Argentina es una parte explícita de sus creencias que ya van rayando en una temible proximidad con la oscuridad. Una encarnada, entre otras cosas, en el reemplazo de nuestra inteligencia para interpretar la realidad por una truchada propia de mediocres.
Así, si intentáramos dirimir si la Argentina ha crecido en los últimos años, la IA responde:
“El Producto Interno Bruto (PIB) de Argentina en la última década ha mostrado una alta volatilidad, caracterizada por años de recesión seguidos de fuertes rebotes estadísticos. En 2026, el PIB nominal estimado ronda los 688.000 millones de dólares. El desempeño anual de la última década oscila entre fuertes caídas y recuperaciones:
- 2017: 2,8%
- 2018: -2,6%
- 2019: -2,0%
- 2020: -9,9% (Afectado gravemente por la pandemia de COVID-19)
- 2021: 10,4% (Fuerte rebote post-pandemia)
- 2022: 6,0%
- 2023: -1,9%
- 2024: -1,3% (Etapa de contracción por el plan de estabilización y ajuste fiscal)
- 2025: 4,4% (Retorno al crecimiento económico)
- 2026: 3,5% (Proyección de crecimiento continuo según organismos internacionales)".
¿Han visto? Bueno, así es ahora y así será de peor después. Porque esta respuesta generada con IA no siempre utiliza los datos del INDEC, sino que saca datos de aquí y de allá y dice lo que al establishment le agrada oír o lo que los Presidentes adictos necesitan para sostener su loca narrativa. Un terreno donde no hay ni verdad ni mentira, sino una narrativa organizada.
Tal vez sea esta una razón por la cual a toda esta gente le molestan tanto las universidades públicas, porque al menos enseñan a interpretar las estadísticas, hacer unos gráficos simples y comparar los resultados del INDEC con respuestas generadas por IA. Respuestas que, de primera, tienen unos sesgos ideológicos bien programados para favorecer lo que “hay que favorecer”. Así, en general, para hacer preguntas que la corrijan de sus a veces horrorosos errores, hay que saber y, para saber, hay que trabajar duro, hay que haber estudiado mucho.
Por eso también creo que el actual Presidente se ha enamorado de personajes como Peter Thiel (y él de la Argentina), pues, quién lo sabe, puede tener las soluciones de IA para que esto “salga bien” para esos pocos y muy mal para esos muchos y muchas. Y por favor, no me acusen por hablar en lenguaje inclusivo y por ello ser populista, pues entrarían en una terrible contradicción.
* Roberto Kozulj es economista, escritor y ensayista, miembro de la Fundación Bariloche y exvicerrector de la Sede Andina de la UNRN.
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