La madre de todas las batallas

La Secretaría de Comercio Interior congeló el precio de 1.500 productos hasta enero

 

“Ustedes no tienen derecho a congelar los precios”, fue la primera respuesta que recibió Roberto Feletti de parte de la cúpula empresarial que concentra la producción de alimentos en el país. “Tampoco se pueden aplicar los excesivos incrementos de las últimas semanas”, les respondió el secretario de Comercio Interior. Y acto seguido puso sobre la mesa las variaciones detectadas en los primeros quince días de octubre: conservas, café, manteca, detergentes, productos de higiene femenina, entre otros, registraron aumentos del 15 y 20%.

Tras el período cambiemita, la cúpula empresarial del establishment local parece mostrarse más ideologizada o envalentonada. Lo anticiparon durante el Coloquio de IDEA, cuando esbozaron no tener miedo de hablar de una reforma laboral en pleno proceso electoral. “Habrá desabastecimiento”, amenazó Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio (CAC).

Cada vez se vuelve más evidente que uno de los problemas de fondo son los comportamientos monopólicos de esta cúpula empresarial que aumenta los precios de manera excesiva porque dicen seguir la brecha del tipo de cambio, ampliada por estos mismos actores que buscan dolarizar sus excedentes a costa de trabajadores y trabajadoras.

En este escenario de puja distributiva, el sueño del fifty-fifty quedó pulverizado. La participación de los asalariados en el producto bruto cayó 10 puntos porcentuales (40%), mientras que el excedente bruto de explotación creció casi cuatro puntos durante el segundo trimestre de este año (53%). Los sectores del capital que ganaron mayor participación fueron el agropecuario, algunas ramas de la industria (con fuerte participación de las alimenticias) y el de hidrocarburos. Los mismos actores que el gobierno quiere promocionar con leyes de exportación, en línea con lo que reclama el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“No hay tanta concentración de mercado.” Esta es la visión que prima en la cúpula del equipo económico, pese a que el ministro Martín Guzmán se comprometió ante Feletti a bancar el congelamiento de precios.

El jueves por la tarde, luego de una primera bravuconada, Arcor y Molinos comenzaron a enviar sus listas de productos con precios retrotraídos al 1° de octubre. El objetivo de máxima de Feletti es que para enero de 2022 haya una amplia canasta de productos con precios regulados por el Estado.

Pero la pelea no solo queda ahí. El precio del trigo, del maíz y de la carne, las retenciones y los cupos de exportación también deberían formar parte de los instrumentos para desarmar los comportamientos monopólicos. Y, al mismo tiempo, sumar nuevos actores privados y cooperativistas en las provincias para reorganizar la producción de alimentos.

 

 

Marcar la cancha

La reunión entre Daniel Funes de Rioja, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) e histórico de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios de Argentina (COPAL) y Feletti estaba agendada para las 5 de la tarde del martes pasado. También tenía que asistir el titular de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), Juan Vasco Martínez. A los amantes del diálogo y la negociación les encanta marcar la cancha. Por eso, Funes le tiró en la cara un comunicado antes del encuentro para deslegitimar cualquier acuerdo de precios.

De todas maneras, el encuentro ocurrió. Y luego vino la Resolución 1.050 que congeló el precio de 1.500 productos por 90 días.

La llegada de Feletti supone un cambio de inercia dentro del gobierno, poco propenso a evaluar sus propias decisiones de política económica. Porque, a esta altura, es evidente que en materia de precios y especulación hay algo que no funcionaba. Esa modificación de ritmo implicaba tomar ciertos riesgos: por ejemplo, pelearse con la cúpula empresarial. Ni Alberto Fernández, ni Guzmán, ni el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, son muy amigos de los controles de precios. Pero como publicó El Cohete a la Luna en sus últimas dos ediciones, el diagnóstico de Cristina Fernández de Kirchner, desde noviembre del año pasado, era que había que hacer algo con el tema precios. Y en eso llegó Feletti.

La bravuconada inicial de la COPAL también sirvió para despertar de la modorra a los diputados y diputadas del Frente de Todos. “Es el primer día del kirchnerismo en el gobierno”, ironizaron dentro del bloque oficialista, luego de que varios de sus integrantes salieran a bancar el congelamiento.

“A veces hay que perder para ganar”, había dicho Máximo Kirchner en relación con la fallida sesión por el etiquetado frontal de alimentos. El objetivo era exponer a los empresarios y al poder económico. Se logró. La sesión especial volverá a repetirse este 26 de octubre.

 

 

Monopolios

Para Feletti, uno de los principales problemas de la época es que, con estos actores del capital concentrado, no puede darse el acuerdo histórico del peronismo con el empresariado.

“A los empresarios se les ofreció el mercado interno para expandir el consumo y sus rentabilidades, pero lo rechazaron”, reflexiona entre sus allegados. Sólo expandieron sus ganancias. Como dio cuenta el INDEC esta misma semana, el capital avanzó mucho más sobre el Producto Bruto Interno (PBI), en detrimento de los asalariados y asalariadas.

Kulfas mantuvo una reunión protocolar con Feletti, al igual que Guzmán. Ninguno cree que detrás de la escalada de precios haya un fuerte componente de especulación y puja distributiva. Sin embargo, el ex viceministro de Economía llegó a sus nuevas funciones con un diagnóstico: el 80% de la producción de alimentos y bebidas que se venden en el mercado interno se encuentra concentrado en dos docenas de empresas, en tanto que la comercialización de dichos bienes es administrada en un 65% por grandes cadenas de supermercados.

Ese puñado de empresas remarca precios en función de la brecha cambiaria. Es decir, dolarizan su nivel de ventas, mientras que sus costos son en pesos (mano de obra, energía e insumos locales). Los promotores de una devaluación pueden encontrarse entre los productores y comercializadores de alimentos.

Ese nivel de especulación quedó en evidencia con la Tarjeta AlimentAR, que transfería 27.000 millones de pesos en forma directa a los grandes supermercados. Una especie de subsidio a la concentración. Tal como anticipó El Cohete, finalmente el gobierno decidió que ese dinero se deposite en las cuentas vinculadas a los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y que pueda utilizarse en cualquier tipo de comercio.

El diagnóstico oficial (en realidad, compartido solamente por una parte del oficialismo) coincide con el último trabajo de CIFRA-CTA.  “Los precios mayoristas de rubros con elevada concentración económica se incrementaron por encima de los precios minoristas totales y de sus derivados durante los primeros 9 meses de 2021. Es el caso, por ejemplo, de los aceites (111,3%), sustancias plásticas y elastómeros (92,6%), cereales y oleaginosas (90,7%), productos siderúrgicos (70,9%) y minerales no ferrosos (54,9%)”, puede leerse en el trabajo. Es decir, los oligopolios que lideran esas actividades registraron una recomposición significativa de sus niveles de rentabilidad.

 

 

Más instrumentos

La resolución de la puja distributiva a favor del conjunto de los trabajadores y trabajadoras no puede ser tarea de una única área del gobierno, ni de un solo instrumento (congelamiento de precios).

El primer objetivo de Feletti será, casi como la madre de todas las batallas, lograr que a partir de enero haya un conjunto de bienes cuyos precios sean regulados por el Estado, de la misma manera en que se regula el precio de la energía en el AMBA. Y en una segunda instancia, pensar en cómo profundizar el desacople de los precios internacionales de las materias primas que inciden en la producción local de alimentos.

Un primer dato es que existe una relación casi directa entre el incremento de las exportaciones de maíz, que llegan al 60% de la producción, y el aumento del precio del pollo, que se duplicó en los últimos dos años. Algo similar ocurre con la carne.

Por ende, pareciera imperiosa una discusión conjunta entre las carteras de Agricultura y Economía sobre el futuro de las retenciones o cupos de exportación, sumada a una mayor regulación de los insumos difundidos y otros productos exportables.

En el Banco Nación se está desarrollando una investigación para determinar la capacidad que tienen las pymes locales para sustituir importaciones. Una pregunta que se hacen por estas horas es si las grandes empresas del país estarían dispuestas a profundizar esos entramados productivos –por más que en una primera instancia sean más onerosos– o si se sienten muy cómodas con los actuales niveles de importaciones. No es un dato menor. Muchas grandes corporaciones se dolarizaron simulando adelantos de importaciones.

Feletti también aboga por la profundización de un mayor entramado productivo local, que pueda hacerle frente a los sectores oligopólicos. Y habla, a su vez, de una regionalización de la producción para estimular que pequeñas empresas encaren la fabricación de bienes finales en cada uno de sus territorios. Es decir, que gobiernos provinciales y municipales beneficien a sus propios empresarios.

Es una idea que se plantea a mediano plazo. Pero el corto manda. El congelamiento de precios de los alimentos, junto al escenario electoral de noviembre, es la madre de todas las batallas.

 

 

 

 

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