LA NOTICIA MÁS TRISTE

La música que escuché mientras escribía

 

No por esperada, la noticia fue menos triste: a los 94 años, Anthony Dominick Benedetto sufre de Alzheimer. Aún así, la comunicación oficial contuvo elementos asombrosos y optimistas, como casi todo lo que hace mi cantante preferido en un idioma que no sea el castellano. Tony y su esposa, Susan Crow, que se enamoraron cuando ella tenía 19 y él 59, decidieron hacer pública la enfermedad, como parte del lanzamiento del segundo álbum que grabó junto con Stefani Joanne Angelina Germanotta, otra tana de Nueva York, ícono de la cultura pop. El primero, de 2014, encabezó la lista de los más vendidos, con temas como The Lady Is A Tramp, en los que Tony demostró que Lady Gaga es, cómo él mismo, una buena cantante de jazz.

 

 

 

 

 

Benedetto viene encabezando los rankings de ventas desde 1951, cuando lo consiguió con Because Of You. Nadie más que él pudo repetirlo después de cumplir 80 y 90 años.

 

 

 

 

 

Grabó ese tema varias veces más desde entonces. La que más me gusta es este dúo de 2015 con k.d. lang, una cantante de country con look de teamster y voz de seda.

 

 

 

 

 

 

En cambio,  no tuvo éxito con los dos albums que él mismo produjo en 1975 y 1977, invirtiendo todos sus ahorros, en los que canta acompañado sólo por el piano superlativo de Bill Evans, pero que permanecen entre los dúos de mayor calidad que se hayan conservado.

 

 

 

 

 

 

Sinatra le dijo a la revista Life en 1965 que Tony Bennett era el mejor, porque nadie veía como él lo que el compositor tenía in mente, y algo más. Por eso la familia le pidió que cantara en el funeral de Sinatra.

Para blanquear lo que le sucede no escogieron a ninguno de los grandes medios, sino a la American Association of Retired Persons (AARP), la principal organización sin fines de lucro dedicada a mejorar la calidad de vida de las personas de más de 50 años, que presta servicios mutuales y de salud. Por supuesto, después la replicaron CNN, BBC y todos los demás.

El redactor de AARP, John Colapinto, cuenta que llegó una tarde de noviembre al piso 15 del departamento que la pareja comparte sobre el límite sur del Central Park y donde Tony tiene su estudio de aceptable pintor impresionista. Estaba sentado frente a la ventana, mientras hojeaba lentamente un libraco que apoyaba sobre sus rodillas, vestido con un pulcro blazer azul y una camisa sin corbata. Parecía asombrosamente juvenil y reconocible de inmediato, con sus ojos azules de párpados pesados y su nariz romana. Pero el visitante notó que faltaba la sonrisa fácil del ídolo de varias generaciones. Tenía la impasibilidad de una máscara, que sólo se atenuó cuando Susan le dijo al oído: «Este es John, que vino a hablar del último album». Tony lo miró a los ojos, sin expresión, y volvió sin palabras a su libro, una edición ilustrada de todas las actuaciones de su carrera. No miraba esas imágenes con nostalgia, sino como si se esforzara en entender por qué le resultaban familiares. Susan contó que la reconoce a ella, a sus hijos Danny y Dae (que trabajan con él en la producción y el sonido), a sus hijas Joanna y Antonia, y a su nieta Kelsey, que tomó las fotos que ilustran la nota. Pero objetos tan familiares como un tenedor o un juego de llaves pueden resultarle misteriosos.

 

 

Con Danny, Antonia, Dae y Joanna.
Con su nieta Kelsey, hija de Danny, que tomó todas las fotos para la nota de AARP.

 

 

Los primeros síntomas de la enfermedad se manifestaron en 2016, durante una actuación en la que quiso presentar a los músicos que lo habían acompañado en el show y no pudo recordar varios nombres. Susan lo tranquilizó y se los anotó en un papelito para que lo tuviera junto al piano en las siguientes funciones. Pero el mal fue en progresión desde entonces, aunque nunca le causó los episodios de terror, ira o depresión que suelen acompañar la pérdida de memoria y distancia de la realidad. El segundo álbum con Lady Gaga se grabó entre 2018 y 2019. Tony casi ni hablaba y cuando lo hacía sus palabras eran vacilantes. Como recomiendan los expertos, ella le hablaba con frases breves y simples, que él respondía igual. Por ejemplo:

Estás sonando muy bien, Tony.

—Gracias.

De esa época es este video, en el que ella hace todo el gasto conversacional y él apenas responde con gestos y monosílabos. En un momento de la canción la letra dice que le gusta pescar en un arroyo (creek), y ella comenta sorprendida que pareció decir screen (pantalla).

 

 

 

 

 

 

Aun así, Benedetto canta, y cómo. Una filmación casera, que aún no está disponible, muestra el dolor y la tristeza de ella, cuando Tony entona una canción de amor. Lo mira desde atrás de su micrófono, su sonrisa se transforma en una mueca, sus ojos brillan, se lleva las manos a la cara y solloza.

 

 

 

 

 

Un rasgo notable es que la enfermedad jamás le hizo olvidar la letra de una canción. Hasta que comenzó la pandemia, siguió dando varios recitales por mes. Desde que la Covid lo recluyó en su departamento, ensaya dos veces por semana el recital, de 90 minutos, con el pianista Lee Musiker, que lo acompaña desde la muerte de su alter ego musical Ralph Sharon. También realiza ejercicios con un personal trainer, que reemplazan las caminatas suspendidas por la pandemia.

Esos ensayos están muy bien organizados, con una lista de los temas en el orden en que serán incluidos. Pero esa tarde, Musiker atacó sin previo aviso una canción que no estaba en la lista y que Tony había grabado casi medio siglo antes, la tristísima Maybe This Time, una de las que Liza Minnelli popularizó en Cabaret. Su letra dice todos aman a los ganadores, por eso nadie me quiere. 

 

 

 

 

 

 

A Canapino le pareció increíble cómo de la boca de Tony salió un un torrente de notas  resonantes, que comenzaron con un tono grave, que encajaba muy bien con la melancolía de la letra, que entonó con su clarísima dicción. La pieza adquirió intensidad a medida que la letra y la melodía dolorosa subieron tres octavas su registro, aumentando en volumen y potencia hasta que llenó la habitación con un grito creciente: «Tiene que suceder, sucederá alguna vez. ¡Quizá esta vez gane!»

El artículo cita al músico y neurocientífico Daniel Levitin, quien escribió que la música y el canto provienen de áreas del cerebro distintas de las que se asocian con el discurso y el lenguaje. Esto explicaría cómo un hombre que habla con voz vacilante y que ha perdido el recuerdo de hechos, personas y lugares puede, en cuanto suena la música, cantar con tanta belleza y expresividad.

Al concluir una de las canciones, Musiker se tocó el pecho con el puño y dijo:

Eso, con corazón.

—Siempre —respondió Tony, en su primera reacción verbal espontánea de la tarde.

Luego de otro tema, Musiker aludió a la audiencia de tres personas (Susan, Danny y el periodista) como si fueran tres millones, y dirigiéndose a Tony recordó:

Una vez dijiste que aunque hubiera una sola persona…

—Si— dijo Tony.

—...aunque hubiera una sola persona en el club...— siguió Musiker.

—Lo das todo para esa persona. Así es verdaderamente íntimo— respondió Tony Bennett.

No cualquiera es capaz de hacerlo. Como tampoco cualquiera mantendría su pacifismo mientras peleaba como soldado en la Segunda Guerra Mundial, o se arriesgaría a ser uno de los pocos participantes blancos en la famosa marcha de Martin Luther King, entre Selma y Montgomery, por los derechos civiles, acompañando a su amigo Harry Belafonte. Otra vez te conté que eso no era gratis: luego de la marcha, la activista por los derechos humanos Viola Liuzzo llevó a Tony al aeropuerto de Montgomery. Al salir del aeropuerto, fue emboscada por un grupo del Ku Klux Klan que la mató a tiros.

 

 

 

Tony Bennett junto con Harry Belafonte y Martin Luther King durante la marcha en Selma.

 

 

Agrega Canapino que la forma milagrosa en que la música puede conectar a pacientes dementes con familiares y amigos y con los recuerdos del pasado, por desgracia es esporádica. La lucidez, la memoria, la conversación pueden extenderse por unos minutos.  Pero para quienes anhelan la antigua conexión, quienes extrañan con desesperación la chispa que animaba al ser amado, incluso esos breves atisbos de la persona que conocieron, llegan como una bendición. Para Susan, que se considera la custodia de un tesoro nacional, el placer que Tony experimenta al cantar es un don precioso.

«Ojalá siguiera pintando, pero con eso no se enganchó como con el canto», dice Susan, mientras muestra un paisaje en el caballete, que es una excepción a la regla. «Cantar es todo para él. Le salvó la vida muchas veces. Si alguna vez deja de cantar, ahí sí sabremos…», dice, su voz se quiebra y no completa la frase. «Hay muchas cosas suyas que extraño, porque ya no es el Tony de antes». Su voz vuelve a quebrarse, mas se recompone, mira a Canapino y sonríe: «Pero cuando canta, sí, es el Tony de siempre».

 

 

 

 

 

 

Cuando cumplió 90, la televisión organizó un programa de homenaje, en el que James Baldwin lo imitó a la perfección, lo anunció como su doble y él le siguió el juego presentándose como Phony Bennett, el falso Bennett. Pero luego, Baldwin dijo que había algo que sólo el verdadero podía hacer, y Tony cantó. En una audiencia de compositores, intérpretes, actores y artistas son impresionantes los gestos de incredulidad ante tanta perfección a esa edad. Me quedo con la imagen de esas pocas piezas con las que a partir del minuto 37 retribuyó tanto amor, comenzando por su canción manifiesto Lo mejor está por venir, y dejó claro por qué es único.

 

 

 

 

 

 

 

 

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