LA PATRIA FINANCIERA

Nuestra burguesía no es independiente, sino funcional al capital financiero mundial

 

Nuestra burguesía en general (productores y comercializadores de granos y de carnes, empresarios petroleros y mineros, industriales, comerciantes, constructores y banqueros que operan en la Argentina) no es independiente ni soberana, sino funcional al capital financiero mundial. De allí que, por un lado, no cuenta con una estrategia propia y menos para toda la población y sí, lo que presenta son negocios rápidos que la benefician a costa de empobrecer el presente y el futuro de la sociedad, como lo corrobora la gestión de Cambiemos: fugaron en esos cuatro años 88.371 millones de dólares, pero sus activos en el país valen menos de la mitad que en diciembre de 2015. Basta ver el valor accionario (antes de la pandemia) de las firmas locales que cotizan en Wall Street, para saber que decimos la verdad.

Tenemos empresarios ricos que están entre las 2.000 fortunas más grandes del mundo y no quieren pagar impuestos. Pretenden que el Estado pague los títulos de deuda que administran los grandes fondos de cobertura porque tienen parte de su fuga allí . Sus empresas se han descapitalizado y muchas de ellas son compradas (por ahora parcialmente) por monedas por el capital extranjero.

Tal diversidad de intereses y sectores de la burguesía que opera en el país tiene, sin embargo, un objetivo común, que es el de reducir los salarios y demás costos medidos en dólares. Eso es lo que llaman devaluación exitosa. Consiste en que no todos los precios (esencialmente el salario) suban igual que el ajuste del tipo de cambio. En la devaluación de 2018 y 2019, los salarios y demás costos se redujeron fuertemente medidos en moneda dura, pero el país y su producto bruto se van reduciendo en forma proporcional al descenso de su consumo interno por la reducción sistemática de los salarios, que paralelamente hace que en la Argentina tenga trabajadores que perciben remuneraciones menores a la canasta básica total. Trabajan y son pobres.

Ese objetivo burdo que profundiza la desigualdad de ingreso lo impusieron con la dictadura militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”. Como decía el Secretario de Hacienda de Martínez de Hoz, Juan Alemann, como era difícil estabilizar la economía con sobreocupación, necesitaban de la recesión y la suba de la tasa de interés, únicos medios para ajustar a la baja los salarios y determinados precios a los niveles deseados.

Lo consiguieron. El descenso de los ingresos de los asalariados comparando el quinquenio 1976-1980 con el quinquenio anterior fue en torno al 15% del PIB (de percibir el 50% de lo que se produce, pasaron los asalariados a recibir solo alrededor del 35%) e incluso fue peor al final de la dictadura tras la devaluación post Malvinas.

En su libro La Evolución de la Economía Argentina desde Diciembre de 1983 a Septiembre de 1989, Bernardo Grinspun afirmaba que “a partir del Plan Austral (y podríamos agregar igual que Martínez de Hoz, que Cavallo, que Macri) y en virtud de la política implementada, la tasa de interés fue mayor que el aumento del tipo de cambio; el nivel del tipo de cambio se elevó por encima de los precios, y estos a su vez por arriba de los salarios”. Es decir –agrega–, «operó un esquema de transferencia de ingresos de los sectores asalariados a los de producción; de los de la producción a los vinculados a la exportación, y de estos a los financieros, favoreciéndose así la concentración de capitales y facilitándose la fuga de divisas al exterior”.

Si a eso le sumamos el rol técnico de los bancos de facilitadores de la fuga de capitales (en la Balanza de Pagos de la Argentina de 2019 se estima una fuga total por 399.500 millones de dólares, cuando el PIB es de unos 343.656 millones de dólares), entendemos claramente cuál es el papel que juegan en nuestra sociedad. Por es se pintaron la cara cuando el Presidente Alberto Fernández, en su discurso del 1° de marzo de 2020, dijo: «El Banco Central está abocado a una pormenorizada investigación del proceso de endeudamiento de los últimos años, en qué se utilizaron los fondos y cuáles fueron sus beneficiarios”.

Sin embargo, para reducir las LELIQs (Letras de liquidez del BCRA) que sumaban más de un billón de pesos, el Banco Central les da a los bancos más de 460.000 millones de pesos con la intención de que ese dinero se preste”, según dijo su Presidente, Miguel Pesce. Seguramente que explicando razones burocráticas lo prestarán pero a cuentagotas, y eso explica la suba del dólar paralelo [1], del dólar CCL [2] y del dólar MEP [3], que es imposible de realizar si no se cuenta con la participación activa y manifiesta de los bancos Los diez primeros bancos privados (Galicia, Macro, Patagonia, Supervielle y Credicoop entre los nacionales; Santander-Río, BBV Argentina (Francés), HSBC, ICBC y Citibank entre los extranjeros) han tenido ganancias sobre su patrimonio mayor del 70% en todos estos años, y concentran el grueso de las operaciones del sector.

En un marco en que el total del crédito al sector privado es solo el 11,5% del PIB, o 2.584.256 millones de pesos al 20 de abril de 2020, el total de crédito a las pymes había ascendido a $ 108.000 millones, suma que, ante el grave problema de que no se produce y no se vende, es poco significativa y ni siquiera ayuda a paliar la cantidad de cheques rechazados y la ruptura de las cadenas de pago.

El gobierno, para dar respuesta al parate de la economía nacional por la cuarentena, destina de los magros recursos fiscales la suma de $ 11.000 millones para que se generen créditos a tasa cero para personas adheridas al régimen simplificado para pequeños contribuyentes (monotributistas) y para trabajadores autónomos, con un subsidio del 100% del costo financiero tota. Debe realizarlo mediante la tarjeta de crédito del beneficiario, que depende de que esos diez grandes bancos instrumenten eficazmente el mandato.

Todas las empresas que vieron disminuir sus ventas considerablemente (deberán tener una facturación del 12 de marzo al 12 de abril igual o inferior, en términos nominales, a la de igual período de 2019) pueden conseguir que a partir de mayo, el gobierno pague hasta el 50% de los salarios de abril de los empleados (Decreto 376/2020 que amplió el Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción – ATP) en el que se inscribieron 420.000 establecimientos. También en este caso, el que clasifica y da el subsidio con un costo fiscal total de $ 107.000 millones de pesos, es el banco con que opera el beneficiario.

El BCRA debería intervenir directamente y exigirle a las entidades financieras mayor eficiencia y eficacia para dar debida respuesta a la falta de liquidez. La capacidad crediticia que tienen es más de cuatro veces lo realizado. También debe fiscalizar exhaustivamente (como acordó con la Unidad de Información Financiera y la Comisión Nacional de Valores) para limitar la fuga de capitales. La semana que pasó, el dólar bolsa, el contado con liqui y el blue rondaban los $ 110, un salto del 60% con respecto al tipo de cambio vendedor (en torno a los $ 68) y del 25% frente al dólar más el impuesto PAIS (que cerró el viernes 24 de abril a $ 89,12.-), cuando la experiencia histórica muestra que si se “dispara” el dólar  vamos camino a un nuevo 2002.

La combinación no puede ser peor, en medio de una recesión económica profundizada por las medidas adoptadas para hacer frente a la pandemia del coronavirus, que empobrece aún más a nuestro pueblo,  la imposibilidad de pagar las obligaciones externas y la presión de los acreedores con sus amanuenses de adentro y de afuera que se refleja sistemáticamente en el tipo de cambio paralelo, por lo que ese accionar debe frenarse con intervención directa del BCRA y un férreo control cambiario.

 

 

 

La lógica cambiaria y financiera

Se impuso con el Rodrigazo en que se dinamitó nuestro dinero ante la suba sideral de todos los precios. y el dólar pasó a ser el “bien refugio”. Antes del Rodrigazo y desde que se creó el Banco Central de la República Argentina en 1933, los bancos captaban ahorro del público y prestaban mayoritariamente  a las personas y a las empresas donde estaban radicados, por lo que cumplían el rol de reasignar recursos de aquellos que tenían capacidad de ahorrar y  los que requerían créditos para la vivienda, para el consumo, o para producir. En 1974, por ejemplo, existían 823 entidades financieras (entre ellas 486 cooperativas de crédito y 110 bancos comerciales) distribuidas en todo el país, mayoritariamente cajas de créditos y sociedades cooperativas. El total de préstamos al sector privado sobre el PIB era del 43,5% y, la Argentina era la Nación más integrada del continente, donde menor diferencia había entre un pobre (y una familia pobre) y un rico (y su familia).

La reforma financiera de 1977 cambió esencialmente el concepto. En lugar de que la actividad fuera un «servicio público» y los prestatarios privados considerados como concesionarios del Estado, que es el creador del dinero primario o Base Monetaria, se convirtieron en dueños del ahorro del público y habilitados a “realizar todas las operaciones activas, pasivas y de servicios que no les sean prohibidas por la Ley 21.526 de Entidades Financieras o por las normas dicte el Banco Central de la República Argentina en ejercicio de sus facultades”. De esta forma, lejos de proponerse cualquier direccionamiento del crédito, la normativa se limitaba a establecer que las entidades hagan lo que quieren, que cobren las tasas que quieran y cambien nuestro dinero por dólar en nombre de la libertad de mercado.

Para romper ese mecanismo perverso de suba del dólar y fuga, el BCRA debe restablecer un férreo control cambiario que va desde restablecer el cepo, prohibir las transferencias de divisas al exterior (salvo expresa autorización del BCRA) y todo tipo de operaciones que impliquen salida de capitales, porque así como no se puede transitar libremente por el país por el coronavirus, hay que limitar de igual manera las operaciones con divisas de todo tipo, salvo que sea una operación que estrictamente lo justifique, y obligar a que se emplee el peso, nuestra moneda, como bien de cambio y de ahorro.

El 19 de febrero de 1985 cuando Alfonsín le pide la renuncia a su ministro, Bernardo Grinspun, al frente del Comité Nacional pintaron: “Lo echaron al ruso, ganó la Patria Financiera”.

 

 

[1] Eufemismo para nominar operaciones en negro, sin ningún tipo de registro.
[2] Dólar CCL («contado con liqui») de una cuenta de depósitos en pesos en un banco se da la orden de comprar un título público o privado (acción)  que cotiza en  mercados en el exterior y, se lo vende en dólares en ese mercado (y los dólares quedan en una cuenta en el exterior)
 
[3] La misma operación, son títulos nominados en dólares que se compran en el mercado local en pesos y se venden en dólares y se depositan en una cuenta bancaria en el país y se llama Dólar MEP (Mercado Electrónico de Pagos) o dólar Bolsa

 

 

 

 

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12 Comentarios
  1. Roberto Pintos dice

    Gracias Luján por tu aporte. Esclarecedor.

  2. Roberto Pintos dice

    Gracias Juan, somos muchos los legos que guiados por verdaderos expertos como Horacio hemos llegado a las conclusiones lógicas. EL problema es implementar las soluciones, mejor dicho, imponérserlas a todos esos poderosos enemigos jurados del pueblo argentino

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