LA SEMANA DE BATAKIS

Persiste el estilo Guzmán-Kulfas, que en definitiva es la lógica de Alberto Fernández

 

La sombra del FMI no es algo que pueda tumbarse de un hachazo. Si quedaba alguna duda de la permanencia del legado de Guzmán en el rumbo económico, lo anunciado por la ministra Silvina Batakis hace casi una semana recorre letra por letra lo escrito en el acuerdo, tanto en lo vinculado a la unificación de la llamada Cuenta Única del Tesoro como la no incorporación de trabajadores al Estado. Todo camuflado bajo la categoría de racionalización del gasto. Por la cuenta única, el Estado pretende ahorrar 600.000 millones de pesos, aproximadamente el 0,6% del PBI. ¿Sabor a poco? En todo caso, cabe la pregunta: ¿en qué se utilizará ese ahorro? ¿Para llegar a la meta del 2,5%  de déficit? En el esquema acordado con el organismo multilateral, toda mejora de los ingresos debe ir a parar a la caja del Fondo.

“No hay margen entre lo que dice el acuerdo y lo que nosotros podemos hacer. Estamos al límite”. La frase sale de la boca de uno de los funcionarios del equipo económico que viene participando de las últimas medidas anunciadas por el gobierno. Al Estado, parece que lo único que le queda es capear el vendaval. Si quedaba alguna duda sobre el destinatario privilegiado de las primeras medidas de Batakis, el vocero del Fondo, Gerry Rice, las despejó: “Los anuncios son consistentes con los objetivos del programa”.

“Había que frenar la corrida, por eso hubo un acuerdo para hablarle a los mercados”, analiza un economista que participó de la reunión del domingo pasado con todo el equipo de Batakis. Pero esa tranquilidad duró poco. La brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y las cotizaciones del llamado dólar financiero como el CCL, sigue por arriba del 130 por ciento.

Para despejar los vientos devaluatorios propiciados por el mercado y formadores de precios que se dolarizan vía CCL, desde el BCRA consideran que el contado con liquidación debería cotizar en la misma línea que el “dólar solidario” (cercano a los 230 pesos). Un galimatías bursátil. Todavía se está lejos de bajar la brecha. No hay ninguna paz romana a la vista.

Lo que sí cambió es la coordinación entre el Banco Central y el Ministerio de Economía. Hasta su huida del gobierno, Guzmán empujaba a la autoridad monetaria a seguir emitiendo para financiar al Tesoro. Resuenan los ecos del reproche que solía escucharse desde Reconquista 266, la sede de la autoridad monetaria. En su última reunión de directorio, el Central estableció un corredor de tasas de la política monetaria y financiera. Es decir, la referencia no serán solo los instrumentos de liquidez (Leliqs) ni plazos fijos, sino lo que haga el Tesoro. De ahí que en la última licitación para refinanciar la deuda en pesos se ofreciera una tasa del 63,46%.

 

 

Riesgo país

A nivel global, el Fondo ve con preocupación la enorme masa de deuda en dólares que tienen algunos países. La Argentina realizó una reestructuración de bonos cuyo valor de paridad no registra aquella operación. El experto en deuda externa, Martín Guzmán, dejó varias bombas activadas.

En la primera semana de la gestión Batakis, el titular del BCRA, Miguel Pesce, le sugirió ocuparse del “Riesgo País”. ¿Se podrían recomprar esos papeles que poseen un valor de paridad del 20% para levantar su precio? Sin dólares, es complejo. Desde Wall Street, un lobo argentino afina el lápiz y lanza una idea: “Debería usarse a la ANSES (a través de Fondo de Garantía de Sustentabilidad) que tiene acciones argentinas, y tomar deuda con esas acciones como garantía y comprar esos títulos que están a precio de default”. El Riesgo País sigue por arriba de los 2.700 puntos.

La ministra no calmó a los mercados, que siempre quieren más. La cotización del CCL –operatoria que lideró la corrida cambiaria post huida de Guzmán— es el tic toc que marca la presión devaluatoria.

El jueves, analistas más o menos cercanos al gobierno afirmaban que la nueva disparada de esta cotización obedecía al temor de los “inversores” ante posibles nuevas medidas regulatorias de la Comisión Nacional de Valores (CNV). ¿Por qué ahora? Por la renuncia de Adrián Cosentino al frente de este organismo. Su salida podría acelerar una idea que había pululado por la conducción del BCRA: que los Agentes de Liquidación y Compensación (ALyC) que operan con bonos tengan que informarle a la autoridad monetaria quienes son los beneficiarios finales de las operaciones vía CCL. La opacidad informativa que existe juega a favor de las corridas cambiarias. El Estado no tiene los resortes legales para determinar quiénes timbean con la especulación. Muchas veces, como dijo Cristina, el Estado es estúpido.

 

 

Remarcadores

El poder económico juega su partida en múltiples escenarios. Con una inflación de junio del 5,3%, que anualizada llega a los 64 puntos y amenaza con cerrar el año más cerca del 90%, el gobierno la sigue mirando desde atrás. En las últimas discusiones del equipo económico no se avanzó en la idea de un refuerzo de la política de ingresos para los sectores que lo necesiten.

Mientras tanto, los formadores de precios juegan con la extorsión. Olfatean la debilidad de un gobierno que sigue jugando su partida de ajedrez con la estrategia del diálogo y coso. Es decir, persiste el estilo Guzmán-Kulfas, que en definitiva es la lógica de Alberto Fernández.

El actual ministro de Desarrollo Productivo, Daniel Scioli, se reunió esta semana con los formadores de precios para pedirles, por favor, que den marcha atrás con las fenomenales subas de los últimos días. Las empresas revolearon listas con incrementos de dos dígitos por si las dudas.

“Están conversando con todos los sectores. Se les pidió a las empresas que compartan el esfuerzo. El gobierno lo hace a partir de una administración inteligente de las divisas para producir y ellos lo tienen que hacer con los precios”, confiesan desde la secretaría de Comercio Interior. Entonces, ¿se les exigió retrotraer las subas del 25% enviadas la semana pasada? “Te diría que no es algo que se pidió para ahora mismo, de todas maneras, se tiene claro que este salto de precios es injustificado”, responden. A Daniel Funes de Rioja, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), se le sigue hablando con el corazón.

“Hay una moderación en las listas de precios pero de aquellos que no enviaron aumentos. Los que ya habían mandado las subas de dos dígitos presionan para que se apliquen”, sostienen desde el supermercadismo.

Los formadores de precios juegan con la extorsión. No sólo lograron que no se les imponga la obligación de dar marcha atrás con las subas sino que le mienten en la cara a los funcionarios del gabinete nacional (quienes se dejan mentir). Hace diez días, Funes de Rioja se reunió con Batakis, Pesce y Scioli. Se habló del tema precios y acceso a los dólares. “Nosotros no mandamos ningún listado con incrementos”, acotó el titular de la Copal en una especie de paso de comedia funesto.

Las listas que efectivamente revolearon incluían aumentos de Papelera del Plata (10%), Papelera Samseng (20%), seguidos por Cabrales (15%), Mondelez (14%) y Fargo con el 16% en las últimas dos semanas. Hicieron lo propio Vicentin, Molinos Río de la Plata, Ledesma, Nestlé y Unilever.

 

 

Ricos vs peones

“Rechazamos el intervencionismo estatal, arbitrario y discrecional, que nos hace pagar a los productores toda esta tragedia, dejando en funcionarios la definición sobre quiénes, cuánto y cómo será que se distribuirá la plata que nos sacan”, proclamaron los ruralistas desde Entre Ríos. La Mesa de Enlace avanzó con otro pronunciamiento político en contra del gobierno nacional, mientras enviaban hacia los puertos 4.000 camiones repletos de soja, maíz y trigo. La jornada del 13 de julio, de lockout patronal no tuvo nada.

En el sector agropecuario la siguen levantando con pala, dato que se conocerá cuando el Ministerio de Agricultura publique el nuevo informe sobre los márgenes de ganancia del sector para el trimestre marzo-junio. Todavía hay grandes productores que están sentados sobre casi 5 millones de toneladas de soja. Ese es su poder de fuego. La podrían haber vendido cuando la oleaginosa superaba los 620 dólares la tonelada. Ahora, su cotización internacional ronda los 580 dólares. Pero elijen dejar de ganar dinero porque tienen la espalda para hacerlo. En realidad, nunca pierden. Y lo saben.

Cuando los ruralistas hablan desde el atril servido por los medios de comunicación hegemónicos, se muestran como los paladines de la Patria. Pero debería ser de la Patria informal. La participación de los asalariados rurales dentro de la generación de riqueza en el rubro agropecuario no para de caer. Durante el primer trimestre de 2021, los peones participaban con el 20,8% en la generación de la riqueza del sector frente al 66,9% de los empresarios. Un año después, descendieron al 18,6%.

Peones pobres, ruralistas más ricos. Alimenticias con balances cada vez más rentables, trabajadores que no paran de perder poder adquisitivo.

 

 

 

 

 

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