La voluntad del arquero

¿De qué hablamos cuando hablamos de Fuerzas Armadas?

“Los pueblos que han descuidado la preparación de sus Fuerzas Armadas han pagado siempre caro su error, desapareciendo de la historia o cayendo en la más abyecta servidumbre”, enseñaba Perón.

 

En las últimas décadas, el debate sobre la política de defensa podría encuadrarse en tres posturas ideales:

  • La primera puede denominarse liberalismo ingenuo y graficarse en la frase que un ex subsecretario del Ministerio de Defensa pronunció hace 16 años: “si quieres la paz, prepárate para la paz”. La guerra ha estado presente en toda la historia de la humanidad: desde su primer registro arqueológico, en el Lago Turkana, actual Kenia, en el año 10.000 a.C., hasta la actual transición hegemónica con un escenario cada vez más pugnante.
  • La segunda es el realismo nostálgico que propugna un alineamiento ideológico con Estados Unidos; quieren resucitar las hipótesis de conflicto con los países de la región y tienen una mirada táctica de la defensa (Tactical Fats), en tanto confunden, entre otras cosas, sistemas de armas con capacidades.
  • La tercera es el realismo dependiente que considera que las Fuerzas Armadas deberían cumplir un rol policial subordinado a los intereses de la superpotencia, convirtiéndolas en Crime Fighters y/o Small Armed Forces [1].

En esta línea argumental, Juan Gabriel Tokatlian sostuvo que “los progresistas denuncian que [hablar de defensa] es una excusa para frenar una política activa de derechos humanos y que deliberar al respecto tiene un potencial efecto nocivo sobre las relaciones [civiles]-militares. Los conservadores pretenden incrementar la influencia y el presupuesto de las Fuerzas Armadas, pero quieren a los militares participando en la ‘guerra contra las drogas’”.

A nuestro criterio, el control civil de las Fuerzas Armadas es un tema del pasado, así como la reconciliación entre militares y civiles. Las Fuerzas Armadas no son ni deben trabajar como policías y tampoco son una ONG que brinda ayuda humanitaria a la población nacional y de países amigos. Las Fuerzas Armadas deben prepararse para la guerra, es decir, en línea con el pensamiento de Flavio Vegecio en el año 390, que sostenía: “Quien desea la paz, que prepare la guerra”.[2]. En síntesis, las Fuerzas Armadas son el Instrumento Militar del Estado y, por lo tanto, uno de los medios para procurar los objetivos políticos del país.

 

La autolimitación argentina

La guerra es un asunto horrible y muy serio —parafraseando a Georges Clemenceau— que, como afirmaba Perón [3], no incumbe solamente a los militares, sino a toda la sociedad. Por este mismo motivo, su análisis no debe ser regalado a la derecha que solo ofrece capital simbólico, mientras destruye nuestro Sistema de Defensa Nacional.

Pero, por otro lado, la renuencia a abordar la temática de la defensa y la guerra o, más específicamente, que las Fuerzas Armadas deben prepararse para ella para apoyar a la política exterior, ha atravesado a todos los espacios políticos. Al respecto, Estanislao Zeballos —ex canciller de nuestro país en tres oportunidades (1889-1890, 1891-1892 y 1906-1908)— afirmaba que “la Argentina en materia internacional es la Nación menos preparada del universo” [4].

Esta situación se ha acentuado luego de la Guerra del Atlántico Sur (1982). Al respecto, Ezequiel Magnani sostuvo que “la forma en que la Argentina procesó la derrota militar de 1982 constituye un trauma que definió la posguerra en el país. Ese trauma aún condiciona la manera en que pensamos la cuestión Malvinas, marcada por la ocupación militar de un cuarto de nuestro territorio”.

Esta apreciación queda refrendada por los siguientes hechos:

  • La Argentina hace una interpretación restrictiva de la cláusula transitoria primera de la Constitución Nacional: el Derecho Internacional incluye al artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas y a la Resolución 3.314 (XXIX) de la Asamblea General de Naciones Unidas de 1974. Parafraseando a Magnani: las Islas Malvinas fueron invadidas y ocupadas a partir del 3 de enero de 1833 por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RUGB), luego del ataque estadounidense de 1831 —expulsando a los argentinos que vivían en ellas, alrededor de 150 hombres, mujeres y niños—, fueron recuperadas por la Argentina el 2 de abril de 1982 y fueron ocupadas nuevamente por el RUGB con el apoyo de Estados Unidos. En consecuencia, el acto de agresión continúa al día de la fecha y la ocupación militar británica del 25% de nuestro territorio representa un clear and presente danger. Por ello, resulta humillante que el Ministerio de Defensa conmemore la reocupación de nuestro territorio.
  • La Argentina no ha recurrido nuevamente a la Asamblea General de Naciones Unidas y solo mantiene la ritualidad del reclamo en el Comité Especial de Descolonización de la ONU.
  • El país ha abandonado las presiones y reclamos bilaterales hacia el Reino Unido, salvo entre 2003 y 2015 y entre 2019 y 2023.
  • La Argentina no ha cejado en 43 años de democracia en enviar a militares y civiles a realizar comisiones a Estados Unidos, sin que las mismas se correspondan con los intereses vitales y estratégicos de nuestro país, ni con nuestro marco normativo.
  • Ha adoptado doctrinas foráneas que no responden a sus intereses vitales y estratégicos. En el pasado, la Doctrina de Guerra Contrarrevolucionaria Francesa y la Doctrina de Seguridad Nacional. Más recientemente, en 2022, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas elaboró un documento estratégico que consideraba que existía una amenaza de los Soviets orientales y, meses más tarde, el Comando Operacional organizó una reunión de trabajo para actualizar la doctrina de planeamiento militar conjunto tomando como base el libro de Guillermo Pulido, llamado Guerra Multidominio y mosaico. El nuevo planeamiento militar estadounidense.
  • La Argentina, por el contrario, no debate y no estudia el Informe Rattenbach de manera obligatoria [5]. Es más, la Dirección General de Educación de la Armada Argentina impidió que sus oficiales participaran de un concurso que organizó en el Ministerio en conmemoración del 50º aniversario del citado Informe porque la Dirección Nacional de Formación no le permitió ejercer la censura previa sobre los papers que pudieran haber elaborado los integrantes de dicha Fuerza.
  • A la fecha, dicho Informe no fue publicado oficialmente en papel debido a la resistencia de las Fuerzas Armadas y la autolimitación del poder político.
  • La Argentina desmalvinizó la cuestión Malvinas hasta el año 2003. Hubo un proceso de remalvinización a partir de ese año, que fue interrumpido entre 2015 y 2019 y desde 2023. No obstante, a pesar del proceso de remalvinización, la cuestión Malvinas se sigue enseñando en el sistema educativo como una efemérides en el calendario escolar que ha oscilado entre la asociación a la dictadura y el homenaje a nuestros veteranos de guerra.
  • La cuestión Malvinas incluye a la Antártida. Sin las Islas del Atlántico Sur perderemos la Antártida y esto queda demostrado por las acciones militares británicas en el continente blanco el 1º de febrero de 1952 y el 15 de febrero de 1953, y el desalojo de la dotación argentina de las Islas Georgias del Sur el 1º de enero de 1950. Hay que geopolitizar Malvinas en el Sistema de Defensa y en el Sistema Educativo.
  • La Argentina consideró hasta 2021 que el Sistema de Defensa Nacional y su Instrumento Militar no tenían nada que ver con la cuestión Malvinas. Recién en la DPDN de ese año, y pese a las presiones en contrario de la Cancillería, se incluyó en dicho documento estratégico —por primera vez desde 1833— una orden expresa de diseñar el Instrumento Militar teniendo en cuenta la presencia ilegal e ilegítima de Gran Bretaña en nuestras Islas y espacios marítimos concurrentes. En cambio, en el actual gobierno, como en el de Mauricio Macri, como en otros espacios políticos, creen ingenuamente que la Argentina podrá recuperar su territorio a través de una mejora de la relación con el Reino Unido y el alineamiento con Estados Unidos.
  • Algunos dirigentes políticos, intelectuales, periodistas y académicos argentinos, como el embajador y ex diputado Fernando Iglesias, consideran que nuestras islas son británicas.
  • La Argentina desfinanció las Fuerzas Armadas, especialmente entre 1990 y 2001, 2015-2019 y desde 2023 a la fecha.
  • La Argentina autorizó la instalación de un radar británico-estadounidense, que tiene contratos con el Ministerio de Defensa británico, en Tolhuin, provincia de Tierra de Fuego, Antártida e Islas del Atlántica Sur.
  • El país no quiso comprar los aviones supersónicos chinos JF-17.
  • Reconoció los deseos de los isleños a través de su Presidente Javier Milei en la conmemoración del 2 de abril de 2025.
  • Compró aviones F-16, que tienen limitaciones políticas y estratégicas, con el beneplácito británico.
  • Algunos dirigentes políticos, intelectuales, periodistas y académicos argentinos consideran que no hay que invertir en defensa nacional en las actuales condiciones del país.
  • Sólo el 15,61% de los militares, de acuerdo a varios Focus Group realizados entre 2022 y 2023, reconoce que el RUGB es una amenaza [6]. Mientras que el resto seleccionó al narcotráfico, crimen organizado, terrorismo e, incluso, ideología de género. En otras palabras, se visualizan como miembros de Small Armed Forces [7] o como Crime Fighters.
  • En otro trabajo exploratorio, y no representativo, sólo el 24,6% de sociedad consideraría al RUGB como una amenaza.

Queda suficiente demostrado el argumento de Ezequiel Magnani de que la Argentina ha renunciado a utilizar todo su poder nacional para defender la cuestión Malvinas.

 

 

Entre Clausewitz y Perón

El ex Presidente y teniente general Juan Domingo Perón explicaba en su “Discurso de la inauguración de la cátedra de Defensa Nacional en la Universidad Nacional de la Plata”, el 10 de junio de 1944:

Un país que lucha puede representarse por un arco con su correspondiente flecha, tendido al límite máximo que permite la resistencia de su cuerda y la elasticidad de su madero, y apuntando a un solo objetivo: ganar la guerra.

Sus Fuerzas Armadas están representadas por la piedra o el metal que constituye la punta de la flecha; pero el resto de ésta, la cuerda y el arco, son la Nación toda, hasta la más mínima expresión de su energía y poderío [8].

La situación de la flecha ha sido claramente analizada en El Cohete a la Luna o en el libro Desarme argentino. No obstante, resulta importante subrayar que la flecha no es solo la punta, como creen los Tactical Fats, los gamers; es decir, los realistas de ferretería. Ésta puede ser de piedra o metal; tanques, aviones, submarinos, drones, ciberarmas, inteligencia artificial, entre otros. La tecnología puede cambiar, se puede adquirir en el exterior o en el país, pero la flecha tiene que estar completa, Por ejemplo, si la Argentina hubiera comprado un avión supersónico sin restricciones políticas y estratégicas (la punta de la flecha), ello no se habría traducido inmediatamente en la obtención de la “capacidad de defensa aérea indirecta” (la flecha completa). Siguiendo con la analogía de Perón, para que la flecha sea efectiva hay que tener en cuenta el tubo, las plumas estabilizadoras y el culatín, es decir, el adiestramiento, el alistamiento y el sostenimiento. O sea, militares con buenos sueldos y extremadamente adiestrados, armamentos que puedan ser sostenidas con infraestructura, combustible y otros emolumentos, y Fuerzas Armadas altamente alistadas. Hoy no tenemos ninguno de estos componentes. No tenemos la flecha.

En segundo lugar, nos estamos quedando también sin el arco. Durante las cinco experiencias neoliberales se ha desindustrializado al país. No contamos con ferrocarriles que articulen todo el territorio para la logística económica, y menos para la defensa nacional; no tenemos un sistema educativo nacional, sino fragmentado, desfinanciado y con docentes mal pagos; la industria aeronáutica —por diversos motivos— nunca terminó de despegar; la industria espacial fue desmantelada, recuperada y vuelta a desmantelar en estos dos años; se desmanteló el Plan Nuclear Argentino, entregando el know how del CAREM a potencias extranjeras; así podría seguir cono muchos más ejemplos.

En tercero y último lugar, el arco y la flecha tienen que ser accionados por el arquero. Éste es el decisor político, pero también la sociedad toda. La voluntad surge, a criterio de Carl von Clausewitz [9], de la mezcla de los tres elementos: el valor y talento de los militares, la pasión del pueblo y la razón del político. Este último es el motor racional que justifica la violencia, asegurando que la guerra sirva a un objetivo político y no se convierta en una destrucción sin sentido.

Por si quedaba, alguna duda, el ex Presidente Juan Domingo Perón precisaba:

Las dos palabras “defensa nacional” pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un problema cuyo planteo y solución interesan e incumben únicamente a las Fuerzas Armadas de la Nación. La realidad es bien distinta. En su solución entran en juego todos sus habitantes, todas sus energías, todas sus riquezas, todas las industrias y producciones más diversas, todos los medios de transporte y vías de comunicación, etc., siendo las Fuerzas Armadas únicamente (…), el instrumento de lucha [10].

La política de defensa debe apoyar a la política exterior para el cumplimiento de este objetivo, pero también, en última ratio, debe estar dispuesta a usar la fuerza. El mensaje estratégico debe ser claro durante la paz y frente a una eventual guerra.

Volviendo a Estanislao Zeballos, el ex canciller sostiene en su libro Diplomacia desarmada que “toda negociación diplomática seguida entre una nación armada y otra que confía en la providencia y en las amistades privadas de sus prohombres, más que en los aceros, es siempre desventajosa y puede ser humillante para la última” [11].

Finalmente, ningún Estado renuncia al uso de la fuerza legítima, menos aún si tiene el 25% del territorio ocupado, porque dejaría de ser Estado. Al respecto, tres pensadores coincidían en la afirmación precedente y argumentaban que:

  1. Ibn Jaldun [12] sostenía que el pueblo que opta por pagar tributo, en vez de afrontar la lucha y la muerte, es un conglomerado de personas que ha perdido su Al Assabiyah y, por ende, su defensa y su derecho a existir.
  2. Carl Schmitt afirmaba que un pueblo tiene que “decidir por sí mismo, aunque no sea más que en el caso extremo (…), quién es el amigo y quién el enemigo (…) Si no posee ya capacidad o voluntad de tomar tal decisión, deja de existir políticamente” [13].
  3. Juan Domingo Perón consideraba que “los pueblos que han descuidado la preparación de sus Fuerzas Armadas han pagado siempre caro su error, desapareciendo de la historia o cayendo en la más abyecta servidumbre. De ellos la historia sólo se ocupa para recordar su excesivo mercantilismo; o los arqueólogos, para explorar sus ruinas, descubriendo bellas muestras de una grandiosa civilización pretérita que no supo cultivar las aptitudes guerreras de sus pueblos” [14].

 

Reflexión final

¿Tenemos la voluntad de recuperar las Islas del Atlántico Sur y los espacios marítimos concurrentes en el marco del derecho internacional recurriendo a todo el poder nacional, incluida la política de defensa nacional? Si la respuesta es negativa, si no tenemos la voluntad para que el Sistema de Defensa apoye a la política exterior en tiempos de paz y para, en última ratio, usar todo el poder nacional en la guerra, nos convertiremos, como decía Perón, en una reliquia histórica.

 

 

 

 

* La nota es una adaptación para El Cohete a la Luna de la ponencia presentada por el autor en el marco del 1er Congreso de Defensa Nacional del Partido Justicialista, realizado el pasado 15 de mayo. El análisis y la postura aquí vertidos son de exclusiva responsabilidad del autor.

 

[1] Gastaldi, Sol; Eissa, Sergio; Tessey, Héctor & Llaser, Gabriela (2026). ¿Punto de inflexión? El impacto de la Guerra del Atlántico Sur en la doctrina militar argentina. Resistencia: Ediciones de la Paz.
[2] Vegecio Renato, Flavio (2023 [390]). Compendio de la técnica militar. Madrid: Ediciones Cátedra, p. 241.
[3] Decándido, Claudia (2022). Perón y la defensa nacional. Buenos Aires: UNDEF Libros, p. 36.
[4] Paradiso, José (1993). Debates y trayectoria de la política exterior argentina. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano (GEL), p. 9.
[5] Gastaldi, Sol et al (2026). Op. Cit.
[6] Gastaldi, Sol et al (2026). Op. Cit., p. 137.
[7] Gastaldi, Sol et al (2026). Op. Cit.
[8] Decándido, Claudia (2022). Op. Cit., pp. 41-42.
[9] von Clausewitz, Carl (1999 [1832]). De la guerra. Madrid: Ministerio de Defensa del Reino de España.
[10] Decándido, Claudia (2022). Op. Cit., p. 36.
[11] Zeballos, Estanislao (1908), “Las Fuerzas Armadas y la posición internacional de la República”. En Zeballos, Estanislao (1974). Diplomacia desarmada. Buenos Aires: EUDEBA, p. 4.
[12] Jaldun, Ibn (2005 [1377]). Introducción a la historia universal (Al-Muqaddimah). México: Fondo de Cultura Económica.
[13] Schmitt, Carl (2006 [1932]). El concepto de lo político. Madrid: Alianza Editorial, p. 79.
[14] Decándido, Claudia (2022). Perón y la defensa nacional. Buenos Aires: UNDEF Libros, pp. 47.

 

 

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