Los gerentes

La planificación y el accionar de los gerentes de Ford en los '70

 

Las fábricas deben producir productos y para que ello resulte eficiente, desde el punto de vista de las empresas, se deben bajar costos, una y mil veces. En el caso de Ford Argentina en la década del ’70, se trataba de la producción de autos, camionetas y camiones.

El proceso de organización sindical creciente que se desarrolló en la fábrica desde fines de los ’60 permitió lograr importantes conquistas: entre ellas la de un salario que según los obreros cuaadruplicaba un sueldo standard de la época.

A regañadientes la empresa toleraba a los delegados en las plantas, pero los reclamos vinculados a los ritmos y las condiciones de trabajo ponían una y otra vez en jaque los objetivos de incrementar la productividad. De esta forma, no era viable pasar de los 123 vehículos por turno a 150 con los mismos “recursos humanos” como se pretendía desde la gerencia de producción.

Los delegados de base comenzaron a informarse, y a vincularse con áreas de la facultad de medicina. Corroboraron lo que sospechaban, el plomo en sangre que llevaban sus compañeros era producto de la utilización del estaño en las soldaduras. Los Ford de la fábrica de Pacheco enfermaban a los operarios. Las propuestas de implementación de un sistema de relevos para disminuir la exposición o la utilización de insumos que no afecten la salud no eran bien recibidos, ya que para los gerentes incrementaban los costos de producción.

Los operarios también estaban atentos al ritmo de producción. En la planta los representantes de base habían aprendido a medir la velocidad de la cadena de montaje. Era usual que con el correr del día, desde la gerencia se ordenara incrementar el ritmo. El accionar gremial no se hacía esperar, y una y otra vez se revertían los propósitos empresarios.

Estos reclamos superaban lo planteado desde el sindicalismo tradicional; los delegados con sus demandas comenzaban a roer el centro neurálgico de lo que cualquier empresa intenta que quede únicamente bajo su mando: la organización de la producción.

Jóvenes sin experiencia, después de varios intentos fallidos en gastronómicos ya que luego de afiliarse eran inmediatamente despedidos, lograron organizarse sin darle posibilidad a la empresa de implementar su política antisindical. Los trabajadores de cada uno de los comedores pasaron a ser afiliados al SMATA, con el consentimiento luego de la comisión directiva del sindicato. Bajo el nuevo encuadramiento triplicaron su sueldo. El sector pudo hacer valer su poder, con una simple medida de fuerza: la entrega más lenta de los platos de comida. Los tiempos de comedor rápidamente quedaron desacoplados con los requeridos por producción y los operarios no alcanzaron sus puestos de trabajo en el momento adecuado. Entre otros logros, los trabajadores obtuvieron que se contemplara entre los derechos “el día femenino” para las compañeras del comedor. Desde la gerencia  sentían que su autoridad se escurría.

Era comienzos del ’75 y lo que los gerentes diagnosticaban que no podía ocurrir pasaba puertas adentro de la fábrica: sus costos aumentaban junto a la organización sindical.

Otro hecho maldito para la gerencia fue la elección de delegados en la administración. Los delegados comenzaron a contar con información de primera mano con los propios números de la empresa, para discutir con el representante laboral de la firma. Este hecho les permitía ubicarse en otra relación de fuerzas con la empresa.

Desde la gerencia evaluaron los cursos alternativos de acción, seleccionaron uno y dieron comunicación formal de su plan a sus subordinados. Siguieron lo establecido por los manuales de “Planificación Estratégica de la Producción” para lograr una mejora significativa del proceso. Desde el vértice de la estructura piramidal de la empresa se ocuparon de “lograr un comportamiento acorde con los objetivos globales generales de la organización”. De esto se trata la “naturaleza jerárquica del planeamiento”.

Para ello, Ford comenzó de forma planificada a militarizar la planta. Se instaló primero Prefectura, luego Gendarmería y finalmente el Ejército, ocupando un espacio central de la planta: los vestuarios y los quinchos del área de deportes. A lo largo del ’75 los camiones de las FF.AA. cargaban combustible en la propia fábrica, y sus integrantes iban con vales que la propia empresa le otorgaba a retirar alimentos a los comedores organizados sindicalmente. Territorialmente la planta ya se encontraba ocupada, con lo cual se avanzaba en los primeros pasos de una ofensiva planificada.

Los gerentes intentaron corromper a los delegados sindicales. A fines del ’75 los citaron a hablar a una oficina que estaba cubierta por fajos de dinero. Les dijeron que ya habían cumplido su ciclo, y que era oportuno que se retiraran porque “la mano iba a venir difícil” junto a la caída del gobierno. Les propusieron alcanzar un arreglo para irse. La respuesta de los representantes sindicales de base no se hizo esperar, frente a tal ofensa dieron vuelta la mesa tirándoles encima el dinero.

Unos años después, en plena dictadura, no quedaban rastros de los logros alcanzados por los trabajadores. Los salarios tuvieron una pérdida sustantiva de su poder adquisitivo, junto al acallamiento de cada uno de los reclamos sindicales. Los cuartos gremiales de cada planta se tapiaron, mientras el estaño se continuaba utilizando para las soldaduras de las piezas.

La gerencia celebraba como la productividad y la rentabilidad superaban los niveles esperados. Ford se convirtió en la segunda empresa del país y la principal a nivel industrial mientras el sector manufacturero se desmoronaba. Para ello debieron organizar lo macabro y lo siniestro. Se secuestró y torturó a trabajadores y delegados en la propia fábrica. Se los sometió a simulacros de fusilamiento. Lo que era la zona recreativa de la fábrica se transformó en un Centro Clandestino de Detención.

Se planeó hasta el menor detalle, incluso para las detenciones en la cadena de montaje se coordinaron los relevos, con lo cual, en una planta disciplinada por el terror la producción de vehículos se llevó a cabo en tiempo y forma.

La tarea de los gerentes de Ford estaba hecha. Ahora les espera el castigo.

 

 

 

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