MARRÓN OSCURO

La jueza del caso Facundo, una vida en el fuero federal, bajo el paraguas político del senador Linares

 

Tal como El Cohete adelantara la semana pasada, la jueza Gabriela Marrón no habría de indagar, y mucho menos detener, a los policías Mario Sosa, Jana Curuhinca, Siomara Flores y Alberto González, quienes tuvieron con vida por última vez a Facundo Astudillo Castro hace 108 días.

Así lo confirmó la magistrada el miércoles 12 luego de que un corte de luz frustrara una audiencia por Zoom que analizaría el pedido de recusación del fiscal Santiago Ulpiano Martínez por parte de la querella, acompañada de la Comisión Bonaerense por la Memoria.

Aprovechó esa jornada para avanzar (es un modo de decir) sobre el pedido contra los uniformados. A contrapelo de un inicial pedido del fiscal para detener a Sosa y Curuhinca, que la jueza rechazara por “prematuro”, hubo un segundo pedido por parte de la querella, que fue rechazado ¡pero por el mismo fiscal que antes estaba a favor de la detención!

Ahora la jueza vino a decir que si el fiscal no acompañaba el pedido, ella no puede hacer nada: “Frente a la manifiesta inexistencia de impulso y promoción de la acción penal por parte del Ministerio Público Fiscal” (se ve) “impedida de adentrar a valorar la solicitud de las querellas, bajo inobservancia de aspectos esenciales”.

El abogado Leandro Aparicio no exuda optimismo cuando asevera: “Veremos si recurrimos la decisión o postergamos el pedido de detenciones para cuando haya otro fiscal”.

Desde ese Poder Judicial consideraron que los policías no pueden fugarse ni entorpecer la investigación. Como si hiciese falta.

La madre del joven de 22 años ha dicho que otro de sus hijos ha sentido la presión de tener un patrullero en la esquina. La misma intimidación se ejerció en el centésimo día de la desaparición. Ese sábado, uno de sus peritos fue seguido por la Policía hasta que entró a zona sin señal para celulares, recién entonces lo pararon para interrogarlo en plena ruta respecto de qué hacía.

Sobre el entrenador de perros rastreadores Marcos Herrero, Cristina Castro ha relatado que él recibió órdenes desde Río Negro para que regrese. “Hablé con el Presidente de la Nación, que habló con la gobernadora; pero el jefe policial dijo que ‘ella será muy gobernadora, pero acá manda otra persona’”

 

 

¿Quién es la jueza que todo lo niega?

Un 24 de marzo empezó su historia judicial, fue el día en que María Gabriela Marrón se recibió de abogada en la UBA. Sólo dos años después, desde 1994, pasó a desempeñarse en el fuero federal de Bahía Blanca, donde el jefe comunal era Jaime Linares.

Allí fue secretaria del fiscal Nicolás De la Cruz hasta que en septiembre de 2010, cuando murió Luis Dardanelli Alsina, titular del Juzgado Federal 2, pasó a subrogarlo, así como en el Nº 1 habrá de hacerlo Ulpiano Martínez.

En la última década actuó con la Policía Bonaerense en causas de narcotráfico o trata de personas, aunque no fue su titular definitiva sino hasta 2014, cuando su pliego fue aprobado en el Senado, donde también tenía una banca Linares.

 

 

El Senado discutió el pliego de Marrón (2014).

 

 

Si bien era la quinta de la lista, compartía la espera con otros 21 jueces y once fiscales como Gabriela Boquín, fiscal general ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital.

En aquel octubre de 2014, la comisión de Acuerdos presidida por Marcelo Guinle (FpV) tenía su atención puesta en el cargo de Fiscal de Investigaciones Administrativas que dejara el diputado Manuel Garrido y que intentaba ser ocupada desde mayo del 2009, para lo cual debió convocarse a dos concursos en pos de conformar una terna a la que aspiró el Fiscal General de la Ciudad, Germán Garavano. Pero el elegido fue Sergio Rodríguez, quien también quedó en suspenso debido a las impugnaciones. En ese contexto, ¿quién repararía en la bahiense? Ni Aníbal Fernández la recuerda. No así Jaime Linares, quien se apersonó en el acto de encumbramiento en su ciudad.

Dos meses después, el 23 de diciembre, el Decreto PEN 2544 fue publicado en el Boletín Oficial Nº 33036: “Nómbrase Jueza del Juzgado Federal de Primera Instancia N° 2 de Bahía Blanca, a la Señora Doctora María Gabriela Marrón (DNI 20006458)”.

El 18 de febrero asumió como titular en un acto presidido por el camarista Luis Montesanti, acompañado por sus pares, Pablo Candisano Mera y Ricardo Planes.

 

 

La jueza juró bajo la atenta mirada militar.

 

 

Luego de la feria, una de sus primeras acciones fue rechazar el pedido de detención e indagatoria de Francisco Bentivegna, ex titular del Juzgado Penal 2 durante la dictadura, considerado coautor de 22 crímenes por haber cerrado causas sin investigar o rechazado habeas corpus según se desprendió del juicio por delitos bajo jurisdicción de la Armada. Entre esos crímenes figuran los asesinatos de Enrique Heinrich y Miguel Loyola, trabajadores del diario La Nueva Provincia.

Marrón contrarió no sólo a los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzani, sino también al tribunal de tres jueces que por unanimidad le remitieron el caso. “Pedimos que se lo detenga y se lo indague, pero la nueva jueza titular nos rechazó ese pedido”, lamentó Nebbia.

No obstante, no siempre fue bien vista por los represores. Así lo asentó en su blog Claudio Kussman, “interno L.U.P 345.349”, como firmaba sus cartas desde una Penitenciaría. “La mezquindad tiene cara de mujer”, escribió después de que Marrón no hiciera lugar a su carta abierta compartida a días del 40º aniversario del Golpe, en la que le recordaba su condición de “hija de un almirante y esposa de un militar designado en una embajada centroamericana”.

Carlos Alberto Marrón había sido desde 1979 el jefe de prensa de la Armada, fuerza de la que llegó a ser su jefe durante el segundo mandato menemista (1996-99). Bajo su mando, según debió admitir ante la prensa el 18 de junio de 1997, empleó a Alfredo Astiz “entre el personal del Servicio de Inteligencia Naval”, para “tareas de inteligencia militar exterior” en especial con Chile, y como “personal civil”.

Luego, recomendado por Esteban Caselli, fue a la gobernación bonaerense de Carlos Ruckauf para hacerse cargo de Astillero Río Santiago, donde duró tres días hábiles, el tiempo que le llevó enterarse que, según su versión, querían usarlo para aplicar recortes presupuestarios. Murió en 2003.

 

 

La jueza, hija del jefe de la Armada.

 

 

La jueza soportó que le enrostraran la relación familiar con el almirante a partir de su accionar en una denuncia contra la Armada presentada por el cabo Miguel Ángel Méndez, obligado a limpiar una bodega sólo munido de un barbijo, lo que le provocó una intoxicación por inhalación de carbón mineral.

Durante esa negligencia en la embarcación Cabo de Hornos, amarrada al puerto de la empresa Copetro, en La Plata (2010), Méndez denunció a doce altos mandos pero, en 2017, una semana después de que declarara ante la jueza, lo echaron de la Armada por eso mismo, según le relató al periodista Bruno Yacono en 2018. Todo este tiempo pugnó por el avance de una investigación que, dijo, “está paralizada”, por una jueza vinculada a la fuerza — la hija del almirante Marrón.

Ella siguió su carrera, participó de la Comisión Judicial Para La Lucha Contra El Narcotráfico convocada por la Corte Suprema (noviembre de 2015); participó de allanamientos que, a juicio de concejales del Frente para la Victoria, parecieron dirigidos por la política más que por la ley, y se hizo un lugar en la comunidad, que la convocó para disertar acerca del “empoderamiento femenino” en el Consulado de Italia en Bahía Blanca (julio de 2019).

 

 

La jueza del “empoderamiento femenino”, en el Consulado de Italia (Bahía Blanca, julio de 2019).

 

 

Poco después tuvo otro entredicho con sus superiores a partir de que declaró “incompetente” a la Justicia Federal para decidir sobre una medida cautelar en torno a una zona bajo control de la Prefectura, una fuerza federal.

El caso devino de la licitación 4/2019 para el dragado de acceso al puerto y a la Base Naval de Puerto Belgrano, que el Consorcio de Gestión del Puerto adjudicó a la UTE integrada por Dyopsa y la holandesa Van Oord. Tal adjudicación fue cuestionada por la Compañía Sudamericana de Dragados que, al quedar afuera, argumentó un pedido para suspenderla.

Cuando le llegó el expediente, Marrón lo giró al fuero Comercial, no obstante que el Ministerio Público Fiscal ya se había expedido en favor de su competencia.

No tardó en ver revocada su decisión por los camaristas Pablo Candisano Mera y Roberto Daniel Amabile: “La naturaleza de las tareas (…) constituye una cuestión de almirantazgo y jurisdicción marítima (…) el interés federal no se encuentra ausente”.

 

 

Los camaristas Candisano Mera y Amabile la observaron.

 

 

No fue su único traspié en ese septiembre.

Miembro al fin de la familia judicial, insistió en acomodar a una prosecretaria administrativa (Cecilia Reta) a pesar de que la Corte Suprema dejara sin efecto la primera designación. Para ello, debió relegar a alguien con mejor escalafón (Emma Talavera), representante de la Unión de Empleados de Justicia de la Nación. Por ello, se hizo acreedora de una denuncia pública de Julio Piumato, secretario general de la UEJN, quien posteó en Twitter: #EscandaloEnJusticiaFederalDeBahiaBlanca “Con jueces federales así, qué pueden esperar los bahienses?”.

 

 

Los tweets de Piumato.

 

 

 

¿Quién la apadrinó?

El agrimensor Jaime Linares fue funcionario de la dictadura entre 1980 y 1983, como responsable técnico de Relevamientos y Dragados de la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables en Mar del Plata, Quequén y Bahía Blanca, la ciudad que lo vio nacer hacia 1951.

Ese antecedente, en una ciudad portuaria con gran presencia de la Armada, no fue óbice para pasar a vivir de la democracia desde el 10 de diciembre de 1983 en que fue secretario municipal de Obras y Servicios Públicos por todo el mandato de Juan Carlos Cabirón. Cuando terminó, en 1987, pasó ser concejal por la UCR hasta que, cuatro años después, ganó la Intendencia a la que se aferró durante una docena de años. En esos tres periodos consolidó un manejo del territorio que le permitió, en 1999, superar los 90.000 votos, algo que –a pesar del crecimiento demográfico– no pudo ser alcanzado sino hasta dos décadas más tarde.

En este siglo se dedicó a representar a su sexta sección electoral como diputado provincial desde 2005. Dos años después acompañó a Margarita Stolbizer en la fórmula por la gobernación que perderían ante Daniel Scioli. Dejó la Legislatura en la que había sido reelecto y, por el Frente Amplio Progresista (FAP), ascendió al Senado nacional en 2011 (cuando su hermana Virginia entró como diputada). Allí fue secretario de la Comisión de Agricultura presidida por Alfredo De Ángeli.

Se postuló a la gobernación de Buenos Aires en 2015, cuando Stolbizer jugó a alcanzar la Rosada. A pesar de la campaña, no faltó a las sesiones; ni siquiera entregó todo el dinero anual del que disponía para becas y subsidios. Eso sí, cuando se le requirió por su declaración jurada de bienes, contestó: “No la presento una mierda”, según consignó el diario La Nueva.

En diciembre de 2016 fue electo presidente del partido GEN. Consustanciado con la democracia de la que vivió más de tres décadas, cuestionó el fallo de la Corte Suprema que benefició con el 2×1 al genocida Luis Muiña, cuando faltaban siete meses de 2017 para terminar su mandato.

Al cierre de esta edición no había respondido los mensajes a su celular por parte de El Cohete.

 

 

El senador Linares, en la asunción de la juez Marrón. (Fotos, LaBrujula24).

 

 

 

 

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10 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Alberto:
    Excelente crónica.
    Si me permite, una digresión que me parece apropiada:
    La hago utilizando las reflexiones del Doctor en Filosofía Antonio Hermosa Andújar, quien las realizara a través de un artículo titulado: “El mal y el problema de la justicia en el mito de Prometeo de Hesíodo” (scielo.org.co).
    “…El primer rasgo de la condición humana que nos sale al paso es, por tanto, el del hombre como aprendiz de brujo, por cuanto sus acciones liberan consecuencias que no puede controlar.
    El segundo rasgo, en conexión o no con el anterior, es el del hombre como chivo expiatorio. Por continuar con nuestro ejemplo anterior, Zeus, desde el inicio quiere, y por supuesto logra, hacer pagar a los hombres un mal que los hombres no han hecho. Son muchos delitos en uno los que aquí comete el dios justiciero, resumidos en ese declarar culpable la inocencia. Cual si de un vulgar Hobbes se tratara, ha separado la responsabilidad de la acción y, a su modo, reinventado un autor donde sólo había un actor (Hobbes, 2001: cap. XVI); y, como para merecer la crítica de Séneca, incurre en un acto de venganza cuando no hay ofensa, y fija un castigo pese a no haberse producido injuria (Séneca, 2005: L. II, 4). Un mundo donde se producen imputaciones sin delitos, se atribuye responsabilidad a quien no actuó y se castigan colectivamente las acciones personales es un mundo en el que pagan justos por pecadores. Es el mundo de los hombres, en el que ni la justicia, ni la equidad, ni la racionalidad desarrollarán jamás una vida plena.
    Es decir, y en tercer lugar: que el mal es ineliminable del mundo. Lo era en el de los dioses, y por ello hasta el propio Zeus, a fin de conseguir una justicia lo más perfecta posible, tuvo que desecharla de un lado al Tártaro, donde su energía pervive y actúa al calor de la Noche, y de otro al reino de los hombres, ya por siempre maldito, donde es por entero visible. Una armonía completa será ya siempre un sueño, y cuando se intente realizar el sueño, cuando se aspire a hacer realidad la utopía de un mundo sin mal o parecido al de los dioses, degenerará en pesadilla. Sí cabe, en cambio, luchar contra muchas de sus manifestaciones, aunque después otros males provengan de esas luchas y aun de las victorias obtenidas en las mismas. Pero cada una de ellas es un nuevo paso para estar más cerca de cierto bienestar, de una más elevada justicia, de una más firme paz, etc., esos objetos de perfección imposible.
    El cuarto rasgo de la condición humana surge de esa actividad permanente por mejorar las situaciones relativas: por progresar. En ello consiste precisamente el cuarto rasgo señalado: la adaptabilidad de la especie humana, y de la mayoría de sus vástagos singulares, a las circunstancias. La cual implica asimismo la capacidad de remodelarlas a su antojo, y no pacífica sumisión al statu quo. En esa hercúlea tarea arrasa el fuego prometeico con todo lo que en su camino pretenda existir sub specie aeternitatis y, por ende, convertirse en destino. La materia de dicho fuego, la téchne humana, esto es, las habilidades particulares de sus miembros y su capacidad de realizarlas, entre las cuales se han de contar las ideas y los valores -por eso trajimos aquí a colación a Pitágoras o Demócrito, es un semillero de novedades con las que rehacer de continuo la existencia en aras de una mayor aproximación de los hechos al ideal. Ahora bien, a la hora de hacer un recuento completo del patrimonio de la téchne se deben incluir también esas otras dotes, igualmente prometeicas, que facilitan en determinadas circunstancias su emancipación de tutelas indeseadas y en otras aproximarse ocasionalmente a su ideal por caminos indebidos. Nos referimos a la astucia y, en general, a la capacidad del hombre para el mal, tan rentables para la supervivencia de quienes les saben sacar partido y tan útiles a veces, dado que el mal es ineliminable, para el reaprendizaje de la sociedad.
    Habrá, lo hemos dicho y repetido, nuevos males en esa cantera de novedad producida por la actividad humana, renovados deseos de quedarse como se es o de escapar de donde se está, impulsados por el mesías de la perfección, ya llegado o aún por llegar, es decir, impulsado por el deseo de un regreso del destino; la novedad, con todo, seguirá haciendo camino al andar hasta que haga realidad el ideal máximo de su épica: dejar subsistir el mal sin por ello considerar malvados a los hombres, o bien malo todo en el hombre que actúa mal. Vale decir: replicar la solución divina -si bien, en honor a su naturaleza, trocando la armonía entre los dioses por el tumulto entre los hombres, consistente en aceptar el inevitable estallido de conflictos entre ellos, mas evitando que los solucione la sangre, que «la guerra» siga siendo «padre de todos, rey de todos», como quería Heráclito (Heráclito, 2000: par. 625).
    En esa intercambiabilidad de bien y mal, en esa causalidad aparentemente espuria e incoherente en la que hay bienes que nacen de males y viceversa, reside una parte del quinto rasgo de la condición humana: la ambigüedad moral. Ya en la era de los dioses pululó a su antojo pese a sus diversas metamorfosis; Caos, por ejemplo, produjo tanto a Érebo como a Nix, recuérdese, que engendró al perfecto opuesto de su hermano, Éter, también diferenciado netamente de la simple claridad del día: el cual, en su deambular, formaba un continuo con la noche, su contraria. Se trata de un simple ejemplo en un ámbito que los produce con profusión: piénsese también en todo lo que acompaña a la castración de Urano, por no ir más lejos. O en la figura misma de Prometeo, por enfocar el objetivo sobre un personaje de transición: o en la propia Pandora, esa mujer que es el bien y el mal personificados, si nos queremos ceñir al reino de los hombres. Ya sea porque se reconoce a uno como origen del otro, ya porque a veces se les asigna la misma fuente, bien y mal son siempre diferentes pero nunca puros. Hay una semilla huera en el uno que acaba produciendo al otro, un huevo de la serpiente albergado en el seno de cada águila humana.
    La ambigüedad moral, sin duda, es uno de los rasgos mejor ilustrados por el mito de Prometeo, aunque en él todavía no se exprese ese homenaje de reconocimiento que le tributará un futuro aún muy lejano al considerar la perfección tout court, o el deseo de alcanzarla, como un mal sin más, indigno de los hombres; y es que, en efecto, con él en el mundo, las diferencias constitutivas de los miembros de la especie, aquéllas que personalizan a cada yo individual hasta hacer de él en cierto modo un todo de puro único, se perderían, y el océano de uniformidad formado en derredor suyo anegaría la pluralidad humana en su palpitante policromía, quizá el rasgo más característico de la especie y la principal ausencia en la larga lista de rasgos desglosada hasta aquí.
    Es ese escenario de ambigüedad moral el lugar natural para la escenificación de otro de los acontecimientos distintivos del mundo humano: la tragedia, de la que la específica de Prometeo constituye ya un arquetipo. En la versión de Hesíodo hay dos elementos que la anuncian: son la astucia del titán y el poder supremo de Zeus lo que se hallan tras la desobediencia de aquél a éste y su consecuente castigo respectivamente. Pero en la versión que nos dará Esquilo las cosas ya se llaman por su nombre: voluntad, la primera («De grado, de grado falté. No voy a negarlo») y «poder absoluto», sinónimo de poder injusto, el segundo. Y hay tragedia porque el titán/héroe ha efectuado de modo voluntario su elección: «ayudar a los mortales», un bien que para él justifica no obrar bien omitiendo otro bien, es decir, que para él justifica obrar mal. Con otras palabras: ante el héroe humano los bienes danzan sin cesar tentando su elección, y con ella su conducta; pero esos bienes tienen como particularidad trágica que no siempre son compatibles entre sí, y hay que optar. Es ésa una forma de existencia de la libertad, que no necesariamente comporta tragedia. Pero ésta, cuando se presenta, puede hacerlo con diversas máscaras, y una de ellas, la elegida por Esquilo aquí, es la de que la elección prometeica ha tenido lugar contra el poder absoluto -de la divinidad, que de inmediato hace valer su naturaleza. Con todo, Prometeo conservará su libertad en el castigo, porque ni con él, ni aun siendo mucho peor de lo temido, el dolor físico que experimenta en su cuerpo es bastante para segregar en su conciencia el dolor moral del arrepentimiento (Esquilo, 2000: vv. 265 s, v. 11 et al.).
    El último de todos, pero no el menos importante, es la socialidad, una herencia transmitida por los dioses a los hombres. Todo cuanto éstos piensan, sienten, sufren, imaginan, proyectan, hacen, etc. tiene lugar en sociedad. Toda la materia humana y toda la actividad humana es materia y actividad social, la propia de un sujeto que para ser tiene que convivir. Sólo si hay un público tiene sentido para el héroe intentar alcanzar la gloria, como sólo si ese público lo es de iguales tendrá sentido para la justicia hablar de libertad. Pero, con independencia de esto último, y aunque prevalezcan los esclavos sobre los libres, ya se sea un Perses ya un Hesíodo, un Agamenón o un Pitágoras, cada uno vive (junto) con los demás en una polis, sin la cual, simplemente, constituirían en el mejor de los casos una variante más en el diferenciado reino animal.
    El mito de Prometeo, en manos de Hesíodo, es un débil intento de explicación del origen del mal en la historia y de la necesidad de justicia para la convivencia; mas es también una gran alegoría sobre la condición humana, y en cuanto tal nos proporciona una profunda teoría sobre la misma. El ser humano aparece caracterizado en ella no con la totalidad de los rasgos que lo conforman, pero sí con rasgos que ya no le abandonarán a lo largo de su profundo, ajetreado e imprevisto devenir, y sea cual fuere el suelo donde actuare. Con ellos hemos visto al ser humano ser tanto un aprendiz de brujo como un chivo expiatorio, que vive en sociedad, en medio de las incertezas que una perpetua ambigüedad moral le procura y en la que el mal es ineliminable, pero al que combate de manera incesante por humanizarlo gracias a su téchne, la dote de capacidades -incluidas la astucia y las que le inducen a obrar mal-, ideas y valores que ha ido atesorando y renovando sin cesar. En el mito, Prometeo fue quien le procuró ese fuego inconsútil que él convirtió en téchne; pero una vez lo tomó en sus manos, echó a andar solo, junto a otros como él en un mundo que empezaba, como diría Weber, a desencantarse, y que fue construyendo y remodelando al calor de su necesidad. En ese mundo, Prometeo, si desapareció como mito, no fue porque con el paso del tiempo todo se olvidó, como dice Kafka (2005), sino porque el titán que creó a los hombres, según nos aseguró Apolodoro, pudo, al reconocerse en cada hombre real, disolverse en sus criaturas.”

  2. Beatriz dice

    Y los jueces sobre todo los federales tienen algún ascendiente militar o se parecen mucho tienen el corazón en el bolsillo y complicidad con las fuerzas policiales siempre ha sido así ojalá ahora cambie. Muy buena tu nota y la info importante.

  3. Alberto Moya dice

    Gracias, Gladys. Lástima que no sé tu apellido. Firmen con nombre completo, que no pasa nada.

  4. Graciela Gigli dice

    Por favor, en el poder judicial, todos, provinciales, federales ni uno, decente, todos podridos, todos con algo sucio, si no es el origen, es el hacer. Asco.

  5. Gladys dice

    Excelente nota Alberto Moya ….terrible que sea una jueza ..totalmente sin corazón 😢😢😢

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