Mejor hablar de ciertas cosas

Tras la avanzada de Techint en la UIA, el establishment se rearma

 

“¡No soy Macri! ¡No soy Macri!”, repetía Eduardo Eurnekian desde el coqueto jardín del Four Seasons, emponchado para la fresca ocasión. No es que el dueño de la petrolera CGC y Aeropuertos Argentina 2000 quisiera diferenciarse de las políticas de Cambiemos. Simplemente, su rostro bajo los efectos del barbijo devolvía un semblante a Franco Macri. Así se rompió el hielo de una jornada por demás fresca. Daniel Funes de Rioja, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) y del Consejo Interamericano de Comercio y Producción, recibió a Martín Guzmán con la alfombra roja. Halagos por aquí y por allá. “Es el mejor para negociador la deuda con el FMI”, lanzó el lobista empoderado por el Grupo Techint.

Después de la toma de poder por parte del grupo de amigos de Paolo Rocca dentro de la UIA, el establishment movió algunas fichas: las posiciones más duras de la Sociedad Rural ahora se escucharán en el seno del Consejo Agroindustrial, y Marcos Galperín –uno de los empresarios predilectos de Mauricio Macri– probará ejercer su poder de lobby desde la propia UIA, a la que quiso desterrar en épocas cambiemitas.

Por su parte, el llamado círculo rojo –Cristiano Ratazzi, Adelmo Gabbi, Martín Cabrales, entre otros presentes en el encuentro con Guzmán– pretendían saber una sola cosa tras escuchar las palabras del ministro.

–Con los impuestos altos que tenemos que pagar los empresarios, situación que lleva a la informalidad laboral, ¿tiene pensada alguna medida para sacarnos este flagelo (el de los impuestos)? –resumió la presentadora.

Guzmán fue conciso con su respuesta, que parecía tener preparada de antemano.

“Nosotros consideramos que el Estado tiene un rol no sólo en la estabilidad macroeconómica sino generando las condiciones propicias para la actividad privada. Pero esto va de la mano del papel activo del Estado. La informalidad no se va a resolver sólo con la política impositiva. El gobierno anterior achicó impuestos y no hubo una mejora en este sentido”, sostuvo.

El establishment reclama lo de siempre a sus interlocutores habituales. Pero a la luz de lo ocurrido en la última semana, con un Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, enojado con Funes de Rioja y un Guzmán recibido con elogios, cabe una pregunta: ¿por qué lo tratan mejor al ministro de Economía?

Las empresas quieren que se llegue a un acuerdo con el FMI lo antes posible, porque creen que de esa manera podrían volver a endeudarse y, a su vez, creen que se limitarán las restricciones a la cuenta capital.

“Por un lado se quieren endeudar. Además, a las multinacionales se les generan muchos problemas al no tener libertad de cambio para dolarizar ganancias o fugar divisas. El esquema cambiario actual está bastante contenido. Entonces, los mercados desdoblados les generan costos altísimos”, reflexionó Sergio Chouza, docente de la UBA y la UNDAV.

 

 

Mal comienzo

Más turbulento fue el primer encuentro de Kulfas con la cúpula de la UIA. Funes de Rioja ninguneó en sus distintas intervenciones mediáticas algunos datos del crecimiento heterogéneo de la economía local. Y el ministro de Desarrollo Productivo se lo hizo saber.

“Quisiera señalar el papel que le hemos dado al sector industrial desde que comenzamos la gestión, con una serie de iniciativas bien concretas (ATP, baja de tasas, cambios en las retenciones industriales, fomento a las exportaciones). Quería empezar con este racconto porque en los últimos meses no estuve viendo esta mirada en la conducción de la UIA”, sostuvo Kulfas.

Tras la salida de Miguel Acevedo de la conducción de la entidad fabril, varios de sus integrantes sostuvieron que la realidad demostró que el ministro de Desarrollo Productivo no había sido un buen interlocutor, más allá de toda la asistencia que hubo desde Estado para sobrellevar las consecuencias de la pandemia.

“No puede decidir nada. Lo mismo pasó con (Gustavo) Béliz, había muchas expectativas puestas en él y el Presidente no lo pudo sostener”, sostuvo a El Cohete un analista cercano a la anterior conducción.

Después de Kulfas, que habló durante media hora y se retiró del Zoom por temas de agenda (quedó en que en otro momento respondería preguntas de los industriales), apareció en la pantallita del mundo virtual (que no tiene diferencias con el mundo real) Miguel Pesce, titular del Banco Central.

¿Qué le pidieron los industriales? O, mejor dicho, ¿tienen derecho a pedirle algo?

“No tienen nada que pedir. Solamente, y nada menos, que le permitamos girar ganancias al exterior, y eso no ocurrirá. El resto lo tienen todo, crédito no les falta, la tasa que pagan es un tercio de la que pagaban con Macri, pueden importar bienes de capital sin problemas. Son muy destemplados a la hora de desconocer lo que hizo el Estado en pandemia”, reflexionó un director del BCRA.

El nivel de virulencia que mostró Funes de Rioja al momento de su asunción y los modos con que Techint se hizo de la conducción de la entidad, develados por José Ignacio de Mendiguren, darían cuenta de que hay algo más de fondo que medidas económicas puntuales.

“Buscan debilitar al gobierno y ganar plata por encima de todo. Y algunos (empresarios) más brutales no se recuperaron de la derrota de Macri. El 90% de estos tipos piensan como el ala más dura de Cambiemos”, agregó el economista con asiento en el directorio de la autoridad monetaria.

 

 

Nuevos viejos actores

Hubo otros dos movimientos que quizás pasaron desapercibidos pero que deberían interpretarse bajo una misma lógica. Por un lado, la inminente incorporación de Mercado Libre dentro de la UIA, con el autoexiliado Galperín, y por otro la llegada de la Sociedad Rural Argentina al Consejo Agroindustrial (CAA).

Galperín fue uno de los empresarios que bancó la idea de Macri de sustituir a la UIA –como nucleamiento del poder real– con la creación de una entidad sui generis que en la práctica terminó como un grupo de WhatsApp más. Desde Uruguay, Galperín despotrica contra la Argentina y el gobierno; quizás en clave putsch considere que llegó el momento de tejer una alianza con Techint, Arcor y Ledesma para desgastar al gobierno nacional.

Lo mismo podría pensarse de la Sociedad Rural. Su nuevo titular, Nicolás Pino, había prometido en su campaña interna que de llegar a la presidencia de la patronal rural propondría su ingreso al Consejo Agroindustrial. “Es una decisión para fortalecer a la Mesa de Enlace”, indicaron desde su despacho en Palermo. La Mesa de Enlace, liderada por la SRA y Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), es la expresión de lo más rancio de ese sector.

Para Pedro Peretti, ex director de la Federación Agraria, se trata de una jugada de pinzas de grandes productores y cerealeras concentradas que comparten intereses económicos y políticos.

“La incorporación de la Sociedad Rural demuestra la predisposición de los sectores más duros de la derecha argentina y el círculo rojo de unificar su fuerza para darle una batalla política al gobierno con tal de deslegitimarlo, golpearlo y reemplazarlo. Es un tema que no debe subestimarse y creo que el gobierno en gran parte lo ha subestimado, al privilegiar al CAA en el diálogo por encima de los propios sectores que apoyan al gobierno, como por ejemplo el Encuentro de Producción y Trabajo, alianzas que sí deberían fortalecerse”.

“Hay 10 ó 15 multinacionales que manejan el comercio de granos en silencio”, grafica Carlos Cruz, titular de la Unidad de Información Financiera. Ese núcleo de empresas son las mismas que forman parte del Consejo Agroindustrial Argentino, con el que el gobierno nacional debe negociar ya sea el ritmo de liquidación de divisas, el abastecimiento interno de aceite o los volúmenes necesarios de carne para abastecer el consumo local.

“Mejor hablar de ciertas cosas”, parafraseó Cruz en relación a una histórica canción de Sumo. “La economía argentina está altamente concentrada desde hace décadas por empresas que manejan el acceso a las divisas, los alimentos, sus precios y el valor del dólar. De esto es de lo que hay que hablar”, sostuvo durante un reportaje en AM 530.

En las últimas semanas, el Banco Central recuperó reservas. Hasta un consultor del establishment como Ricardo Arriazu cree que la entidad podría contener cualquier corrida en los próximos dos meses.

Pero dicen que quien avisa, no traiciona. Las grandes cerealeras de las que habla Cruz –AGD, Bunge, Cargill, Cofco, Molinos, Oleaginosa Moreno, Dreyfus, entre otras– ganaron todo lo que quisieron entre enero y mayo (y liquidaron divisas por 13.000 millones de dólares), básicamente por el alto precio de las materias primas. Pero tienen mucho stock guardado. Y ya avisaron que se sentarán sobre esos granos y sus derivados. Es su modus operandi.

Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, las declaraciones juradas de ventas al exterior (DJVE) para la actual campaña del poroto de soja representan un 54% menos que las de la campaña 2019-2020. En aceite de soja, las DJVE son un 15% menor. Y en el resto del complejo sojero, la merma es del 14%.

Es decir, las grandes cerealeras y productores están sentados sobre la oleaginosa. Ese es su poder de fuego, que bajo la interpretación de Peretti se agudizará a partir de la incursión de la SRA dentro del Consejo Agroindustrial. La lógica no es sólo fortalecer a la Mesa de Enlace, como sostienen cerca de Pino, sino al grupo de empresas del establishment –lo mismo que Galperín a la UIA– que pretenden apostar fuerte contra el gobierno nacional.

 

 

 

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