Menos derrame y más mercado interno

El corrimiento del velo sobre el festival de importaciones

 

El «gasoducto gate», causa que ya fue archivada por el juez Daniel Rafecas, logró eclipsar otra de las apreciaciones de Cristina Fernández de Kirchner: el permanente drenaje de reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), explicado no sólo por el pago de deuda entre empresas privadas, sino “por un festival de importaciones”. Las compras desde el exterior de bienes industriales, intermedios, consumo y energía llegaron a los 7.800 millones de dólares durante mayo, un 50% más que un año atrás.

Existe un proceso de dolarización por anticipo de importaciones con carácter especulativo, motivado principalmente por la amplitud de la brecha cambiaria. Es decir, se compran máquinas a dólar oficial y esos mismos bienes son anotados en los balances de las empresas a dólar blue. Esta maniobra la describe cada vez que puede el empresario Teddy Karagozian, CEO de TN&Platex –aunque él aclara que se dolariza para crear puestos de trabajo–, pero también es un diagnóstico compartido dentro del Banco Central.

“El BCRA no administra el comercio exterior, sólo tiene injerencia en la metodología de pagos. Incluso no prohíbe, sólo regula cómo se hace o hace que pidas permiso previo. El proceso de dolarización por anticipo de importaciones claramente está presente y los instrumentos para desalentarlos son de política macroeconómica y de administración del comercio”, explicaban (y se excusaban) desde la autoridad monetaria horas antes de la asunción de Daniel Osvaldo Scioli como ministro de Desarrollo Productivo, en reemplazo de Matías Kulfas.

Este festival de importaciones ahora tiene número: 10.000 millones de dólares, que no se explicarían ni por el crecimiento económico ni por la brecha cambiaria, según las estimaciones realizadas por el consultor Emmanuel Álvarez Agis.

La descoordinación económica dentro del gobierno nacional es bastante notoria, por no decir explícita. En el BCRA sostenían que el ministro de Economía, Martín Guzmán, no quería subir las tasas de interés, situación que cambió esta semana. En Desarrollo Productivo despotricaban por supuestas trabas para las importaciones que surgían desde la autoridad monetaria, mientras que desde la calle Reconquista, sede del Central, le tiraban el fardo a la lapicera de Kulfas. Guzmán la veía pasar con su prédica del “vamos viendo”, concentrado en cumplir las metas con el FMI. El Banco Central difundió un comunicado en el que sostiene que las regulaciones cambiarias que dispuso para el pago de las deudas privadas  (y que no siempre fueron compartidas por Guzmán) permitieron ahorrar 26.000 millones de dólares desde 2020. Es cierto, siempre todo puede ser peor.

¿Con la llegada de Scioli habrá mayor coordinación? La respuesta vendrá con el día a día de la gestión. ¿Acaso su plataforma electoral para 2023? Demasiado pronto para aventurar.

Lo más certero por estas horas sería el corrimiento del velo sobre el festival de importaciones. Kulfas tenía una botonera casi paralela para controlar –entiéndase: autorizar– las importaciones junto a su jefe de Gabinete, Claudio Alejandro Sehtman y Cavo, tarea que le correspondía realizar al secretario de Industria, Ariel Schale, pero que el ministro cuidaba celosamente, según algunas apreciaciones dentro del equipo económico.

La autoridad monetaria, a cargo de Miguel Pesce, ya realizó un relevamiento sobre el nivel de importaciones de las grandes firmas durante los últimos cuatro años para determinar cuáles se sobre-stockearon. “Habrá más controles sobre las Licencias No Automáticas y el conjunto de las importaciones”, aclaran ahora desde el directorio del BCRA. También se suma al cambio de óptica política que adoptará Scioli. No por nada, en una recorrida por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), su primera actividad oficial, se animó a plantear un plan federal de sustitución de importaciones.

“Hay que fijar prioridades y estar atentos a la fundamentación de las divisas que se solicitan”, argumentó el nuevo ministro durante un reportaje radial.

 

 

Sustituir para crecer

El año pasado, los investigadores Martín Schorr, Lorenzo Cassini y Javier Rameri elaboraron un trabajo sobre el nivel de importaciones en las empresas más grandes del país a pedido del Banco Nación, que no sólo incluyó un análisis cuantitativo, sino también cualitativo, con entrevistas a empresarios, titulares de cámaras y tomadores de decisiones dentro de las organizaciones privadas.

La investigación arrojó que “las potenciales oportunidades de sustitución de importaciones en productos manufactureros se estiman en más de 11.000 millones de dólares anuales, lo cual representa aproximadamente el 20% de las importaciones manufactureras”.

“Durante las etapas iniciales de producción de un nuevo bien, los costos domésticos pueden ser superiores a los de importación debido a que la forma de fabricación mejora conforme aumenta la producción acumulada (aprender haciendo). En un contexto de globalización donde existen países industrializados altamente productivos, la construcción de nuevas capacidades industriales requiere de políticas de protección de la industria local y amplia planificación”, puede leerse en el documento firmado por Schorr, Cassini y Rameri.

Durante las entrevistas, saltó un dato que llamó la atención. Muchas de las grandes sociedades que están en condiciones de sustituir importaciones y que reciben financiamiento público no lo hacen porque sus accionistas privados prefieren repartir ganancias, dolarizar sus excedentes o no invertir en esquemas de desarrollo de proveedores. A modo de ejemplo, YPF estaría en condiciones de sustituir más del 30% de sus importaciones.

“Las grandes empresas tienen un rol protagonista en tanto son compradores de grandes cantidades de bienes industriales, tanto de insumos como de bienes de capital. Muchas de estas empresas se dedican a la explotación de recursos naturales hidrocarburíferos o agrarios. Podría avanzarse en un esquema de desarrollo industrial que emule al de los países con dotaciones abundantes de recursos naturales y que utilizaron la demanda intermedia de bienes industriales de los sectores extractivos de estos recursos para desarrollar la industria local de manufactura intensiva en conocimiento”, concluye el trabajo.

Un cambio de enfoque que debería integrarse o ser superador del “pleno exportador a la espera de derrame”, pregonado por el gobierno nacional.

 

 

Recesión global

El pleno exportador del gobierno se enfrenta a un posible escollo. Que la Reserva Federal norteamericana haya subido la tasa de interés de manera tan agresiva, hace pensar que el mundo se encamina a una recesión global como forma de contener la inflación, que en los Estados Unidos ya orilla el 9% anual. Si el mundo se cierra, ¿dónde vamos a meter nuestras exportaciones?

“Es muy difícil una salida exportadora con una economía global que podría ir camino a una recesión. En este momento, la Argentina tiene que priorizar el mercado interno. Habría que expandir todo, las inversiones, las exportaciones y el consumo, que representa el 80% del PBI. Es muy difícil una salida exportadora en este contexto”, explica Alejandro Vanoli, ex titular del BCRA. Hasta ahora, la idea de potenciar el mercado interno aparecía por fuera del radar de prioridades o lejos de aquella narrativa construida durante los primeros tres kirchnerismos.

En mayo se registró una fuerte caída en los indicadores de consumo del 4,7% interanual en todo el AMBA, según los relevamientos que realiza la consultora especializada Scentia. Esto podría explicarse, en parte, por la alta inflación, que ya llega al 60,7% en los últimos doce meses. En la actualización presupuestaria publicada esta semana, Guzmán llevó la proyección de la variación general de precios al 62% anual, cifra que ya podría quedar desactualizada, de acuerdo a las estimaciones privadas que ubican la inflación anual más cerca de los 70 puntos.

El ministro de Economía está enfocado en cumplir las metas con el FMI como forma de “anclar las expectativas”. Y si bien es cierto que el último dato del INDEC mostró una baja del Índice de Precios al Consumidor (IPC), nada indica que el escenario internacional vaya a ser más benévolo. Esto quiere decir que se necesitan más instrumentos para el desacople de los precios internacionales. En definitiva, ¿para quiénes deben estar orientadas las expectativas? ¿Para el poder económico o el conjunto de la población?

Según una encuesta del FMI, 26 de 31 países desarrollados y 45 de 103 países emergentes tomaron medidas para desvincular los precios internos de los mayores precios internacionales. “En los países desarrollados se han generado vouchers con descuentos para los consumidores, como en el caso de España, pago a familias en Alemania, una asignación por única vez de 100 euros por hijo, rebajas del IVA (Italia y Bélgica) y reducción de impuestos específicos en Francia, Corea y Nueva Zelandia. Eslovenia puso precios máximos”, resumió Vanoli en el último informe de su consultora Synthesis.

En la Argentina no hay Precios Cuidados que aguanten. En un año, el kilo de pan francés aumentó un 75% (mayo 2021-2022), el pollo –que consume maíz como forraje para su alimentación– un 86% y los cortes de carne que se consumen localmente presentan alzas del 59 al 67% en doce meses. Mientras tanto, los fideicomisos privados del trigo y aceite se están quedando sin recursos por la fuerte suba del precio internacional de las materias primas. De todas maneras, con fideicomisos incluidos, los consumidores y consumidoras ni se dieron cuenta del desacople de precios.

Los movimientos especulativos no sólo vienen de aquellos sectores que demandan dólares. También los hay entre las empresas que supuestamente los proveen. “Se estima que faltan liquidarse 26 millones de toneladas de soja (guardadas en silos bolsa), lo que es consistente con los datos de liquidación de divisas efectuadas y las cifras de recaudación impositiva”, sostuvo Vanoli. La recaudación por derechos de exportación es relativamente baja. En mayo creció un 42,8%, casi el doble de abril (21,9%), pero muy inferior al 96,7% de marzo.

El Estado debería ser más creativo en los instrumentos de desacople. También más audaz en su manera de cortar con el círculo de la especulación en torno a los dólares.

 

 

 

 

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