Modelos enfrentados

No hay sistemas de Ciencia y Tecnología que aporten a la sociedad sin participación de sus Estados

 

El voto de los argentinos y las argentinas dirimirá en octubre con qué modelo de país intentaremos, nuevamente, reconstruir la Argentina: el modelo neoliberal periférico [1] o el modelo nacional, popular y democrático. Decimos “intentaremos reconstruir” y no “reconstruiremos” porque el período que comenzó el 10 de diciembre de 2019 demostró sin dejar lugar a dudas que no alcanza con ganar las elecciones; es necesario establecer mecanismos de participación popular que garanticen el cumplimiento de lo votado.

Los modelos de país en disputa representan diferentes visiones sobre una multitud de temáticas: el sistema de salud, el sistema educativo, los derechos laborales, etcétera. En este artículo focalizaremos nuestro análisis sobre el sector Ciencia y Tecnología (CyT).

Al modelo de la derecha, en el que coinciden lo que intentó hacer Juntos por el Cambio durante su gobierno y el discurso actual de La Libertad Avanza, lo hemos llamado anteriormente neoliberal periférico para diferenciarlo del modelo neoliberal de los países de alta industrialización:

  • en los países de alta industrialización los neoliberales cuidan el desarrollo del sistema de CyT, conscientes que sobre él se basa su poderío; los neoliberales periféricos consideran que gastar en CyT es un desperdicio;
  • en los países de alta industrialización el uso de tecnologías propias les permite controlar las diferentes cadenas productivas; el neoliberalismo periférico trata de incorporarse en algún punto de alguna cadena productiva con el solo agregado de valor de algún recurso natural o de mano de obra y energía baratas;
  • en los países de alta industrialización los Estados juegan un rol fundamental en el desarrollo tecnológico [2], en tanto que en los países regidos por el modelo neoliberal periférico el rol del Estado está permanentemente sometido a un proceso de jibarización.

El objetivo del modelo neoliberal periférico es un sistema científico ornamental, es decir con pocos pero muy excelentes científicos, cuyos premios internacionales luzcan en el medallero del país, pero con muy baja contribución al desarrollo autónomo de tecnologías. Es el modelo de la derecha en estas elecciones representada por JxC y LLA.

JxC durante su gobierno trabó consecuentemente el desarrollo del sistema científico argentino y solamente encontró un límite en la decidida oposición de la comunidad científica, que fue apoyada por amplios sectores sociales.

Hoy Milei, con una muy torpe propuesta de reducción y privatización del CONICET, intenta seguir por la ruta de Macri.

Debemos decirlo una vez más: no existen en el mundo sistemas de CyT que aporten valor a sus sociedades sin contar con la participación de sus Estados; los exitosos casos de Estados Unidos, la Unión Europea, Israel, Corea, Japón y China lo demuestran [3].

En la edición de El Cohete del domingo pasado se publica un artículo que, si bien fue firmado como CONICET, no es institucional, en el que se mencionan investigadores argentinos que siendo miembros del CONICET obtuvieron importantes reconocimientos internacionales, o bien que aportaron a nuestra sociedad valiosas contribuciones como Andrea Gamarnik, que desarrolló y distribuyó a pulmón el primer kit nacional de testeo de coronavirus y hoy volvió a su trabajo sobre dengue, lo que nos permitió atravesar la pandemia sin grandes dificultades de aprovisionamiento de kits de testeo; como Silvia Goyanes, que desarrolló las famosas “mascarillas CONICET” que protegieron a tantos argentinos; agregamos a ese grupo a Raquel Chan, que desarrolló una variedad de trigo resistente a la sequía, de inmenso valor para el sector productivo y ya transferido al mismo.

Pero si el CONICET fuese solamente un conjunto de científicos sobresalientes, con un organismo mucho más pequeño y cuidadosamente seleccionado alcanzaría; la realidad es que también constituyen un aporte fundamental al trabajo científico del CONICET los doctorandos, post-doctorandos, investigadores y técnicos que hacen posible el desarrollo de las investigaciones lideradas por los científicos más reconocidos.

En el campo relacionado con el sector productivo, científicos y técnicos de CONICET participan de:

  • los desarrollos de medicina nuclear de CNEA e INVAP;
  • el desarrollo del CAREM, un reactor nuclear modular de baja potencia que integrará el mundo de los SMR (small modular reactors), equipos que se encuentran hoy en la punta del desarrollo de centrales nucleares de potencia; una vez terminado el CAREM será una fuerte carta para potenciar las exportaciones argentinas de alto valor agregado;
  • los desarrollos en el campo energético de Y-TEC, empresa en la que CONICET es dueña del 49% del paquete accionario. Son más de 200 investigadores y técnicos de CONICET (algunos in-house y otros desde sus institutos mediante convenios técnicos específicos) los que participan de desarrollos tecnológicos como (1) innovaciones en la fractura hidráulica en yacimientos no convencionales como Vaca Muerta, (2) innovaciones tecnológicas para la recuperación asistida de petróleo en los yacimientos convencionales, (3) captura y utilización de dióxido de carbono, y (4) desarrollo a partir del prototipo de laboratorio de la primera planta latinoamericana de celdas para baterías de litio, incluyendo toda la cadena del litio, desde el salar a las baterías. Estos desarrollos constituyen para nuestro país importantes sustituciones de importaciones;
  • los avances en tecnología agropecuaria que incluye la preservación y la innovación en variedades de semillas destinadas a todo tipo de producción;
  • las investigaciones en medicina que realizan investigadores de universidades públicas (en vacunas y cura de enfermedades).

Son los conocimientos desarrollados en las universidades nacionales y en el CONICET los que factibilizaron que nuestro país, a través de INVAP, exporte reactores nucleares de baja potencia para investigación y producción de radioisótopos a Argelia, Egipto, Australia y Holanda.

Son los conocimientos desarrollados por las universidades nacionales y por el CONICET los que crearon el ecosistema de CyT en el que se desarrollaron los radares y los satélites argentinos (INVAP), tanto de observación de nuestro planeta como geoestacionarios para comunicaciones, los que además constituirán una exportación de altísimo valor agregado.

Podríamos seguir listando muchísimos más ejemplos del valor que para el sector productivo de nuestro país representa el sector CyT nacional, en particular el CONICET, tanto por su capacidad de sustituir importaciones de alta tecnología como por su capacidad exportadora.

Con los desarrollos arriba mencionados el país establece cadenas productivas, porque todos ellos incorporan pymes; esto a su vez genera empleos de alta calidad.

Los investigadores de CONICET en general se desempeñan en institutos de doble dependencia con las universidades nacionales y por lo tanto participan de la enseñanza universitaria, con lo que nuestras universidades nacionales, lejos de ser simples enseñaderos, son centros activos de creación y transmisión de conocimientos.

Otro sector que es estigmatizado por la derecha es el sector de Ciencias Sociales y Humanidades, en CONICET y en universidades nacionales.

La política de protección social vigente en nuestro país es el producto de la conjunción de actores sociales y políticos con interlocutores de las distintas disciplinas científicas que llevan a la institucionalización de sujetos y relaciones a través de políticas públicas concretas. El activismo de investigadores contribuye a atender demandas de colectivos de trabajadores y trabajadoras (sindicalizados o no), de las infancias, de géneros, de comunidades, de las familias agricultoras, de asociaciones de cuidado del ambiente, entre tantas otras. Las demandas están asociadas a problemas de empleo, de alimentación, a carencias y/o falencias educativas, de atención de la salud, de la vivienda, de devastación de la biodiversidad, etc.

Los casos de sinergias no pueden mencionarse en su totalidad; sólo a modo de ejemplo citamos:

  • la institucionalización del trabajo de los integrantes de organizaciones sociales en el Ministerio de Desarrollo Social no podría pensarse sin cientistas sociales que trabajan sistemáticamente en la creación de derechos para esos colectivos;
  • las cooperativas que se referencian en el INAES son impensables sin actores que suman a la gestión pública el accionar de los investigadores;
  • las ferias del productor al consumidor han sido impulsadas por actores diversos, entre los cuales se cuenta la comunidad científica. Cabe mencionar la feria de la FAUBA o el Sistema Federal de Producción y Consumo de Alimentos que en estos días se reunió en La Matanza, o la zona de transición de la Reserva de Biósfera del Parque Pereyra Iraola apoyada por el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) y el Observatorio Argentino-alemán de Geodesia (AGGO, CONICET-BKG), entre otras instituciones;
  • desde las áreas de especialistas en ciencia y tecnología agropecuaria se trabaja en asistencia a productores y decisores del sector (una muestra puede observarse en la revista del Ministerio de Desarrollo Agropecuario de la Provincia de Buenos Aires que publica artículos técnicos y científicos de profesionales que integran las chacras experimentales y de otras instituciones que conforman el sistema científico y tecnológico provincial y nacional);
  • el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Públicas funciona a partir del trabajo de las distintas áreas de la administración junto a académicos, empresarios y actores de la sociedad civil;
  • la ANSES cuenta con convenios con varias universidades donde docentes e investigadores participan en capacitaciones, proyectos de investigación y asesoramiento técnico;
  • muchos ministerios nacionales y administraciones provinciales cuentan con equipos de investigadores formados en el sistema científico que motorizan innovaciones institucionales en beneficio de la ciudadanía.

En honor a la síntesis necesaria en esta publicación no es posible hacer un relevamiento completo (que además exigiría la consulta a cada una de las instituciones y organizaciones que se nombren), pero queremos dar una idea del trabajo silencioso, latente, de agentes del sistema científico que se encuentran en estrecha relación con las necesidades del país y su gente. Ello es producto de esfuerzos individuales basados en el capital social acumulado por una sociedad que hace de la educación pública y de su sistema científico una herramienta de transformación hacia un país más justo e independiente.

 

 

 

 

[1] E. Dvorkin, ¿Qué ciencia quiere el país? Los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales, Buenos Aires: Colihue, 2017.
[2] The Break Through Institute, «Where good technologies come from: case studies in American innovation», 10 de diciembre de 2010.
[3] E. Dvorkin, El camino para retomar el desarrollo inclusivo, El Cohete a la Luna, 24 de junio de 2018.

 

 

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