Negocios en la meseta

Tierras fiscales para el capital privado en Somuncurá, Río Negro

 

La estrategia de criminalización y represión estatal en la cordillera patagónica contra el pueblo mapuche-tehuelche favoreció la silenciosa recomposición de capitales que moldearon un destino para las tierras fiscales de la estepa central de Río Negro, a la medida de dos nuevos productos industriales: energía eólica para la producción de hidrógeno verde y arenas silíceas para el fracking de Vaca Muerta. Esta recomposición confirma el valor de las operaciones de compra-venta de tierras para sí y para terceros realizadas desde principios de los 2000 por una inmobiliaria de Bariloche, en posición muy favorable para este escenario que emergió en los últimos cinco años. Así, las gestiones de los gobiernos del partido provincial Juntos por Río Negro capitalizan y perfeccionan el plan de negocios de tierras iniciado en los ’90.

Todas las tierras públicas provinciales sin mensurar de la meseta de Somuncurá son las que Argentina Fortescue Future Industries S.A. (FFI) eligió para ubicar los molinos de generación eólica para el proyecto de hidrógeno verde, iniciativa privada declarada de interés público el mes pasado. La firma, con casa matriz en Australia, presentó un mapa con el despliegue proyectado en el Área Natural Protegida Meseta de Somuncurá. Ese bloque, de aproximadamente 625.000 hectáreas, es el que se ofrecerá en licitación pública en forma inminente a partir de una decisión del Ejecutivo local, respaldada sin oposición en la Legislatura. Comprende la totalidad de la tierra fiscal sin mensurar, de acuerdo al análisis cartográfico realizado por Javier Grosso para este informe.

 

 

 

En ese bloque de interés están ubicadas las tres parcelas de la operación fraudulenta de El Tomillal, que se restituyó por ley a la provincia y no a su antiguo ocupante estafado. También está una fracción a nombre de Federico Bernardo van Ditmar – holandés criado en Córdoba y fundador de la inmobiliaria que lleva su apellido–, en un sector clave para el acceso terrestre desde Sierra Grande. Al menos desde diciembre del año pasado, la base logística ya empezó a montarse en torno a los cerros Corona y Puntudo, en propiedades de Somoncurá-Patagonia S.A. concretadas a particulares a principios del milenio. De esas transacciones, la de El Tomillal fracasó parcialmente, como podemos interpretar ante el escenario de negocios actual.

Por otra parte y en forma complementaria, en Chubut, Fostescue compró –como mínimo– unos quince establecimientos rurales ubicados sobre el tendido de transmisión de energía eléctrica de alta tensión, esencial para el transporte de la energía eólica que buscar generar a la planta de producción de hidrógeno en Punta Colorada, costa atlántica cercana a Sierra Grande. Por esos inmuebles desembolsaron unos 45 millones de dólares, según la estimación hecha por Martín Buzzi, ex gobernador de Chubut, que conoce de cerca algunas de esas operaciones.

Al norte del paralelo 42, el mismo proyecto energético consiguió sin cargo aproximadamente 400.000 hectáreas en comodato por un año, en la misma ubicación donde podrán acceder en forma privilegiada a la futura licitación pública internacional aprobada por ley en abril.

 

El Caín, Somuncurá.

 

 

 

Borrar con el codo

A fines del año pasado, volvió a verse a Mauricio Alejandro Montes por Valcheta, resurgiendo después de haber caído en desgracia como eslabón más débil de la operación fraudulenta de despojo a dos pobladores que ocupaban casi 25.000 hectáreas fiscales, con permiso, pero sin título de propiedad. La maniobra a favor de El Tomillal S.A. fue realizada desde la administración pública central de Viedma, con intervención central de la Dirección de Tierras y pasando por la Escribanía General de Gobierno.

Montes estaba en el directorio de El Tomillal con Patrick Jean Marie Rey y Huberto Esteban Luis Rey, conocidos en el lugar como “Los Franceses”. También figuraba van Ditmar en el directorio de esa firma inscripta en 2006. Una comisión investigadora de la Legislatura constató la ilegalidad de la operación; el cuerpo en pleno la anuló por ley en 2013 y la restituyó a la provincia. En 2015, la Provincia habló sólo de 20.000 hectáreas, las que ahora se reinsertan en un plan de otra envergadura.

 

 

Resguardo en piedra, Somuncurá.

 

 

En 2002, van Ditmar compró 7.400 hectáreas del establecimiento rural de la familia de Juan Asconapé para Somoncurá-Patagonia S.A. por 27.000 dólares, de acuerdo a la copia del boleto de compra-venta formalizada en una escribanía de San Antonio Oeste. Por entonces hizo base en Valcheta, una pequeña localidad ubicada en el borde norte de la meseta, donde puso a nuevo la hostería de un privado para tener lugar donde alojarse él y sus inversores. De Bariloche llevó a Montes, quien actuó en el lugar como encargado del establecimiento Cerro el Puntudo, comprado a la familia Cecchi.

Para fines de 2003, los capitales de Somoncurá-Patagonia habían comprado 120.000 hectáreas en la meseta y aledaños, según dijo Montes a fuentes del lugar. En ese inventario están las 36.000 del campo principal El Puntudo, la laguna El Paraguay en tierras de Asconapé y otro campo comprado a Emir Mussi atravesado por el Arroyo Valcheta, en proximidades del paraje Chipauquil. A la familia Pazos le hicieron ofertas por el espacio que contiene la bellísima Laguna Azul, a unos 50 kilómetros al sur de Chipauquil.

La preocupación por la mortandad masiva de guanacos silvestres, producto de la esquila para la exportación de pelo y las presiones para la compra-venta a antiguas familias pobladoras, fueron los datos que dieron la alarma sobre una zona especialmente aislada, en todo sentido. Alguna documentación se originó en juicios laborales que se tramitaron en juzgados de Viedma. Pero la anulación de la operación de El Tomillal quedó políticamente aislada y la labor de la comisión investigadora en el freezer.

Durante el gobierno nacional de Cambiemos, la provincia definió abiertamente su alianza con los capitales trasnacionales.

 

 

Flora nativa en Samuncurá.

 

 

Pandemia

Cuando la gran mayoría de la población estaba confinada en sus hogares con escasas posibilidades de desplazarse a riesgo de ser sancionada, se movieron las piezas que ponen a las organizaciones y espacios de base con los hechos consumados. Aparecieron relevamientos aéreos y camionetas sin identificar. Hace unos dos meses, una empresa privada inició la apertura de un camino desde Valcheta por una traza paralela al camino vecinal. La infraestructura vial es un problema crónico, por lo cual la gente del lugar recibe bien siempre a una máquina trabajando.

Con la ley de aval al complejo industrial de hidrógeno verde ya aprobada, se reunieron en esa localidad las asambleas socio-ambientales de la provincia, nucleadas en la Currú Leufu y la comunidad mapuche-tehuelche Newen Co. Esa expresión crítica todavía es minoritaria, pero tenderá a ampliarse en las próximas semanas. Es seria la preocupación de organizaciones del pueblo mapuche por fallos emitidos por el Superior Tribunal de Justicia, que dan cuenta de un abroquelamiento político desde Viedma.

 

Paraje Vacalaufquen, Somuncurá.

 

 

En Somuncurá vive gente mapuche-tehuelche y sobreviven vestigios históricos del genocidio contra ese pueblo, especialmente vinculados al campo de concentración de Valcheta y el dispositivo de control estatal en el área rural. Una lista de prisioneros fue incluida en una carta del entonces gobernador del territorio nacional de Río Negro, coronel Lorenzo Wintter, al Ministerio del Interior en 1887, solicitando la creación de una colonia agrícola pastoril para los indígenas allí asentados, de acuerdo a un trabajo de los historiadores Pilar Pérez y Walter Delrio. Hubo otro movimiento previo de repliegue a la meseta, cuando arribó la columna de campaña de Rosas en 1830.

Las dirigencias políticas y empresariales conciben a las tierras fiscales como un activo económico o financiero, según el caso. Allí florecieron canteras de arenas silíceas, esas arenas especiales que demandan en toneladas las perforaciones de los hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta.

Como los guanacos metálicos del petróleo en el pasado, ahora amenazan por miles los molinos de viento.

 

 

 

* Javier Grosso, geógrafo, docente de la Universidad Nacional del Comahue, realizó la cartografía para esta nota.

 

 

 

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