PARÁSITOS

Hay tantos tipos de abuso como de abusadores, algunos evidentes y otros más sutiles

 

Encuentro una animación basada en el cuento de Horacio Quiroga, El almohadón de plumas. Los chicos, impresionados, preguntan: ¿qué es ese bicho? ¿Es como un piojo, una pulga, una garrapata gigante? ¿Realmente son de ese tamaño? ¿Y pueden matar a una persona? ¿Existen de verdad? Se van a dormir medio espantados.

Voy a la biblioteca, necesito releer aquel capítulo de Una muchacha muy bella, el libro de Julián López que arranca en un acto escolar, con un disfraz de marciano y muchas dificultades para sostener las antenas en alto. La escena de pronto es interrumpida por una amenaza de bomba que desencadena una estampida humana a la calle y luego, más tranquilos, viene de regalo en el kiosco un Topolino, que junto a la palabra clave de la madre nos conduce a un recuerdo lejano, en el campo, donde hay un ave enorme, un ñandú o un avestruz que unos hombres destripan, dejando a la vista un nido blanco de parásitos retorcidos.

Pienso en lo in-mundo.

Mundos que encierran otros mundos. Microorganismo, huevos o esporas que son tragados y una vez dentro del cuerpo eclosionan en huéspedes que cómodamente carcomen el interior de su anfitrión. Pienso en las plagas y en el equilibrio frágil de los ecosistemas. En la supervivencia y la capacidad de adaptación de algunas especies, como los camarones que se pueden alimentar de casi cualquier cosa, incluso de parásitos y tejidos muertos, trasladando la escala de inmundicia a nivel de inmensidad.

Evoco por un momento y con lujo de detalles la escena del pantano, con las sanguijuelas en los calzones de Gordie, de la película Cuenta conmigo que vi a los 11 años en un cine de Flores.  Luego me vuelve a la mente la película surcoreana que vimos acá en el Abasto, durante las últimas salidas prepandémicas. Su representación de diferentes clases de parásitos sociales y los modos en que se chupan la sangre unos a otros, cómo se retroalimentan funcionalmente, sobre todo en la reposición del resentimiento y del odio que les genera esa mutua dependencia que hace, en definitiva, a la propia inutilidad parasitaria.

Supongo que cualquiera podría atravesar de manera inconsciente un momento parasital, o bien servir de alimento y ser temporalmente parasitado, pero cuando este es un estado deseado, se establece una forma de vida parasitaria permanente que se vuelve enfermiza y mortal. El parásito por esencia no puede hacer otra cosa, de manera compulsiva, irremediable y sin descanso. A eso se reduce todo nada más, a llenar un vacío constante, a calmar la desesperación de ese hambre voraz, fagocitar todo lo que sea posible, todo lo ajeno, ya sea malo o bueno, en eso consiste su gran esfuerzo vital, no hay motivación alguna para moverse más que para buscar una presa más gorda, clavar la aguja y mantenerse aferrado con ventosas en ese lugar.

No es necesario mencionar todas las analogías con las historias clásicas de vampiros, chupasangres, zombies, semimuertos y protovivos, dráculas, inmortales, con un pie acá y otro allá. La tensión, la intención, el rodeo. El juego del enamoramiento, la libido, el deseo. La necesidad creada. La búsqueda del consentimiento mediante el encanto, el romance, el acto de seducción para la extracción del alimento. El colmillo en el cuello, la mordedura experta sobre la carne dispuesta. La pérdida de la inocencia, el despertar, la pulsión sexual. La búsqueda de ese sustento primario, la sangre, los fluidos corporales, esa energía indispensable y vital.

Me voy de tema, me distraigo por un momento, o eso creo.

En la radio suena:

Sweet dreams are made of this.

Who am I to disagree?

I traveled the world and the seven seas.

Everybody’s looking for something.

Some of them want to use you.

Some of them want to get used by you.

Some of them want to abuse you.

Some of them want to be abused…

Mientras escucho la voz acuática de Annie Lennox, fluyen recuerdos de todas las épocas. Tengo guardados tantos ejemplos de uso y abuso, en diferentes contextos y formatos, que no podría ni empezar a enumerarlos. Hay tantos tipos de abuso como de abusadores, algunos evidentes y otros más sutiles, inexplicables, difíciles de evidenciar.

Un verano soleado frente al río Paraná leíamos con un hombre el Homo Sacer, de Agamben. Quizás sea errado traer el concepto de nuda vida aquí, seguramente no se aplica, pero lo asocio libremente: ¿a quien le puede a importar? Soy una maleducada. Según lo poco que recuerdo de esa lectura, se refería justamente a esas vidas que nada importan, que carecen de valor. Personas que, sometidas a un cierto poder, quedan reducidas a cosas. Cosas que se pueden usar y descartar. Cuerpos que se pueden matar.

Hubo mucho que no terminé de entender, porque lo empezamos a estudiar con atención pero nunca llegamos al final. Este hombre también me hizo ver algunas otras situaciones alrededor, que me llevaron a hacerme preguntas, como: ¿cuánta gente acostumbra a pagar por estar acompañada? ¿Cuántos se ofrecen como carnada y se dejan morder a voluntad? Cuanta estructura predispuesta, cuanta vena hinchada, cuanta larva orgullosa, cuanta succión desesperada. ¿Quién se come a quién, al final de la jugada? ¿Quién es el parásito, en realidad?

Una mujer me preguntó una vez si me gustaba trabajar en equipo. Respondí que dependía de quienes conformaran ese equipo. Largó una carcajada enorme y me dijo que el mío había sido un modo muy elegante de responder que no. Me sorprendió, porque nunca lo había pensado así. Quise defenderme, explicar que tampoco funciono sola, que me gusta hacer cosas con amigos, conocidos, gente creativa, personas en quienes confío… pero ella siguió igual, cagada de risa. Me explicó que toda evasiva, rodeo, excusa o pero, significaba una duda y que ante una pregunta directa como la suya, toda respuesta que no fuera una afirmación rotunda, era básicamente un No. Y tenía razón.

Siempre tuve grandes miedos y fortalezas pequeñitas, donde a veces pude esconderme por un rato de ellos. Más allá de comprender y habitar el sentido de lo colectivo, toda la vida me costó integrarme, armar equipo, sentirme parte, reconocerme y definir mi rol en grupos grandes. Mi capacidad de producción es mayormente individual, o desarrollada en pequeños núcleos y luego articulada y expandida hacia lo colectivo. Desde que pude reconocer esta característica, empecé a tener otra valoración de cada intercambio. Elijo descubrirme entre pares, impares, parecidos y distintos, reconocer lo que hay de mí en otros y lo que hay de otros en mí. Prefiero tomar y provocar los riesgos de una vida co-laborativa a quedar entrampada en una vida profiláctica, nutricia, larvática o vegetativa.

Ok. Me estoy yendo por las ramas como una alimaña. No sé bien cuál es la relación entre una cosa y la otra, entre el miedo a las relaciones sociales y el tamaño de los parásitos que nos podemos encontrar. Lo que sabemos, es que, aunque puedan servir de inspiración, no merecen dedicatoria. Estas cosas ocurren y no nos volvemos inmunes con nada, entonces, mejor estar atentos, con la memoria presente de lo que acarrea dejar crecer cualquier tipo de parásito violento y el peligro social de empoderar a esta especie del mal, que come pizza gratis y mete bala por la espalda en nombre de la seguridad. Por todo eso y por las dudas, mejor revisar a fondo los placares infectos, arremangarse bien y limpiar. No se olviden de tirar a la basura todas las almohadas, porque alguna conexión en todo esto, seguro que hay.

Por último, como dijo en su juventud mi viejo:

Extiende la mano y espanta esos mosquitos.

Favoréceme; son insectos hambrientos, es la primera mujer que hemos tenido y apenas reconocemos ahora; son los años que hemos olvidado en algún tren: sólo les queda la amenaza, el sopor y una simple esperanza.

Carga sobre mi espalda lo que has abolido de mi pecho.

 

 

 

 

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Horacio Quiroga, El Almohadón de plumas de Cuentos de amor, de locura y de muerte, Sociedad Cooperativa Editorial Limitada (1917)
Julián López, Una muchacha muy bella, Eterna Cadencia (2013)
Rob Reyner, Bruce Evans, Stand by me, Columbia Pictures (1986).
Bong Joon-ho, Parasite, Barunson E&A, CJ Entertainment (2019)
Eurythmics, Sweet Dreams, RCA Records (1983)
Giorgio Agamben, Homo Sacer, el Poder Soberano y la Nuda vida, Pre textos (1995)
Paco Urondo, Mosquitos, Historia Antigua (1950/1957). Obras Completas, Adriana Hidalgo Editora (2006)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 comentario
  1. Graciela Gigli dice

    Muy buena nota, hay párrafos donde me siento totalmente identificada.

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