Pinocho eterno

Historia de un clásico de madera, papel y cine

 

Cada tanto sucede: dos grandes producciones sobre una misma historia. Lo que sucede con los clásicos como Pinocho, o mejor dicho Le avventure di Pinocchio, storia di un burattino, tal el nombre original de la novela, es que son fieles volvedores. Nunca se van a ir de nuestras vidas.

Ya se ha estrenado en la plataforma Star+ la súper producción de Disney con Tom Hanks dirigida por Robert Zemeckis que en rigor es una remake de la legendaria versión de 1940. ¡Qué porfiada costumbre la de reversionar películas probadamente insuperables! Uno cree que sería más fructífero abordar las páginas de Carlo Collodi aventurándose a explorar una novela que tiene muchas aristas y caminos por recorrer. En fin, se supone que en Disney saben muy bien lo que hacen, por algo dominan el mundo del espectáculo. Por suerte hay gente haciendo cine en todos lados y de todas las formas posibles y es de esperar que la inminente versión de Guillermo del Toro nos traiga algo nuevo.

Lo concreto es que aquella novela que Collodi publicó en 1883 ha tenido infinidad de adaptaciones de toda índole, una cualidad reservada a los grandes clásicos literarios. Recordar algunas de ellas nos sirve para dimensionar su importancia.

 

 

1911 – Pinocchio (Giulio Antamoro / Italia)

 

Afiche del Pinnochio italiano de 1911, la versión cinematográfica más antigua que conocemos.

 

Difícilmente encontremos alguna adaptación anterior a este Pinocho de 1911 realizada por el romano Giulio Antamoro. Teniendo en cuenta su antigüedad, sorprende la agilidad del relato tanto como su duración: 50 minutos de largor era poco habitual para una época en la que el cine estaba recién emancipándose de otras atracciones populares como el teatro callejero y el circo. La primera escena nos muestra eso, con un actor haciendo piruetas en un escenario para convertirse en Pinocho e introducirnos en su historia. El actor es Ferdinand Guillaume, a futuro conocido como “Polidor”, famoso durante el naciente cine italiano por su destreza y su plasticidad, y que muchos años después haría pequeños papeles en películas de Pasolini y Fellini.

 

Esta es la pinta del primer Pinocho y el primer Gepetto de la historia del cine.

 

Sorprenden también los primitivos aunque eficaces efectos visuales que le sacan lustre a la expresividad de Polidori y el uso de la perspectiva para que los personajes humanos y las marionetas amigas de Pinocho, que también son interpretadas por actores, se vean en distinta escala. Llama además la atención una escena en la que un grupo de indios sacados del Far West persigue a Pinocho, algo que naturalmente no salió de la imaginación de Collodi. Afortunadamente, o más bien gracias a una sólida política de recuperación y preservación de los italianos, hoy existe copia restaurada y perfectamente apreciable de una película que se creyó perdida durante mucho tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

1939 – Zolotoy Klyuchik / La llave de oro (Alexandr Ptushko / URSS)

¿Qué hace aquí una película rusa sobre una llave dorada? Bien: mientras en Estados Unidos los estudios Disney trabajaban en la célebre Pinocho, a estrenarse en 1940, los rusos ya estrenaban la primera versión animada (hubo una italiana inconclusa de 1936). Este cine ruso-soviético de animación, con Alexandr Ptushko a la cabeza, realizó una gran cantidad de adaptaciones de clásicos literarios infantiles de gran calidad luciendo un virtuoso manejo de títeres, muñecos y marionetas.

 

Afiche de La llave de cristal, primera versión animada completa de Pinocho, aunque nunca esté acreditada la historia de Carlo Collodi.

 

La llave de oro es en la película un objeto de peso en la trama que ni aparece en el libro de Collodi. Los nombres de sus personajes tampoco son los mismos, vaya uno a saber si fue por un tema de derechos de autor o por una cuestión de adaptación para comprensión de los infantes rusos, por lo que no pretendamos una fiel transposición de la novela original. Este es un film de aventuras que llega a su pináculo en un delicioso desenlace épico socialista con Pinocho y sus amigos partiendo junto a unos exploradores soviéticos en barco volador, hacia aquel país en donde “todos los niños van a la escuela y los ancianos viven gloriosamente”.

 

Exponente del viejo cine de animación ruso, ‘La llave de cristal’ de Aleksandr Ptushko hace gala de un espléndido manejo de muñecos, títeres y marionetas.

 

 

 

 

 

1940 – Pinocchio (Walt Disney / Estados Unidos)

El rotundo éxito de su primer largometraje Blancanieves y los siete enanitos, de 1937, fue para Walt Disney la consolidación de un estilo propio de enorme aceptación popular que naturalmente sería aplicado a Pinocho, su siguiente proyecto. Por eso el mayor desafío para Disney y su enorme equipo de diseñadores y dibujantes era darle un aspecto de niño amable a un personaje que justamente no es un niño sino que es un muñeco que pretende serlo. En esta versión Disney optó por apartar algunos elementos presentes en el relato original como la pobreza del carpintero Gepetto y la violencia con la que Pinocho resuelve algunas situaciones. El famoso grillo, a quien originalmente Pinocho le da un martillazo para matarlo, se transformaría en Jimmy Cricket, personaje tan famoso como el mismo muñeco e ícono de la factoría Disney que canta la memorable When You Wish Upon A Star, compuesta especialmente para la película y primera de la factoría Disney en ganar un premio Oscar a mejor canción original.

 

Un muñeco con articulaciones apenas visibles, vestuario tirolés y guantes de Mickey. La imagen más difundida de Pinocho gracias a la adaptación de Walt Disney.

 

 

Al final esta representación, al igual que casi todas las que se han hecho para la pantalla grande, poco tiene que ver con la que uno imagina al leer los relatos de Collodi, lo cual no le impidió ser la más difundida de todas la que se han hecho sobre Pinocho debido a que la película es sencillamente maravillosa.

 

 

Versión original de When You Wish Upon A Star, cantada por Cliff Edwards para la Pinocho de Walt Disney.

 

 

 

 

 

 

 

 

1967 – Turlis Aventeuer (Walter Beck / Alemania Democrática)

 

Las marionetas de gran tamaño interactúan de igual a igual con niños y adultos en ‘Turlis Abenteuer’, realizada en la República Democrática de Alemania.

 

Actores y marionetas casi del tamaño de un niño interactúan en esta curiosa versión producida en Alemania del Este en 1967. Lo que más llama la atención en esta película es la acentuada diferencia que tiene Pinocho con los demás niños: él es una marioneta a la que se le ven los hilos por todos lados haciéndole más difícil aún su vida en un mundo no apto para muñecos. Ninguno de los personajes lleva el nombre original de la novela de Collodi. Turlis, por ejemplo, el alter-ego de Pinocho, es una abreviación de Arthur, nombre con que el carpintero creador bautiza a su muñeco. Todo esto hizo que una película filmada en la RDA, con la colaboración en el diseño y manipulación de marionetas de especialistas checoslovacos (Dios mío, dos países que ya no existen como tales) se haya convertido con los años en una pequeña obra de culto.

 

 

 

 

1972 – Un burattino di nome Pinocchio (Giuliano Cenci / Italia)

Esta notable versión del maestro de la animación Giuliano Cenci contó con el asesoramiento de los herederos de Carlo Collodi, y por esto es que se la suele considerar la versión más cercana a la novela, aunque como en todas las otras adaptaciones hay muchas escenas que han quedado al margen. En este afán de honrar al escritor en algunas secuencias se pueden reconocer iglesias, palacios y paisajes propios de la Toscana, región nativa de Collodi en donde imaginó las aventuras de Pinocho.

 

Delicados trazos para esta magnífica versión animada de italiano Giuliano Cenci.

 

A simple vista su estilo nos puede parecer muy similar al de Disney (de hecho a Cenci lo apodaban el Disney italiano), pero en realidad su mayor fuente de inspiración fueron las ilustraciones que Attilio Mussino había realizado en 1911 para una reedición de la novela. Hacer esta película de animación requirió mucho tiempo, dinero, ingenio y talento, además de un gran conocimiento de cómo hacer una película de dibujos animados a gran escala, lo que parecía ser potestad absoluta de Disney. Lamentablemente, por conflictos contractuales con las distribuidoras, su estreno fue un desastre y Un burattino… duró muy poco en salas, pero hoy se conserva como una de las mejores versiones animadas de Pinocho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1972 – Le avventure di Pinocchio (Luigi Comencini / Italia)

Así como hubo muchas adaptaciones de Pinocho para la pantalla grande también las hubo para la chica a medida de que la televisión se involucró en la realización de ficciones. Dentro del formato televiso más eficaz, o sea el de las series, se produjo esta estupenda versión por el célebre Luigi Comencini y con tres próceres del cine italiano como Nino Manfredi, Gina Lollobrigida y Vittorio De Sica. La duración total de la serie es de más de cinco horas, pero también se han emitido versiones reducidas al formato de un film convencional de dos, y en toda su extensión está impregnada de un fortísimo aroma nostálgico e increíblemente realista pese a que se trate de un relato fantástico. Podemos ver aquí acaso al más modesto de los muñecos diseñados para personificar a Pinocho, que rodeado de escenarios naturales y de personajes casi extraídos del siglo XIX le imprimen una gran potencia al relato.

En síntesis, esta puede verse como la película que aquel deslumbrante cine italiano siempre tuvo en sus planes. Fellini alguna vez quiso hacerla, pero fue la de Comencini la que adaptó magistralmente las páginas de Collodi en su totalidad.

 

 

https://ok.ru/video/2106507397693

 

1986 – Pinocho (Alejandro Malowicki / Argentina)

 

Afiche de la edición en VHS de la adaptación argentina de Pinocho.

 

 

El aporte argentino a este recorrido es esta película realizada en 1986 por Alejandro Malowicki, guionada a partir de una adaptación de Hugo Midón y con la originalidad de que el personaje principal es interpretado por una actriz, Solita Silveyra. A favor y en contra: la presencia de otros actores y actrices muy queridos como Gianni Lunadei, María Vaner, Cristina Banegas y Roberto Catarineu y la saludable iniciativa de trasladar algo de la hermosa tradición teatral argentina a la pantalla, pero a su vez hay que decir que la película en pocos momentos logra trascender aquel origen teatral. La puesta de Midón había sido muy exitosa, pero eso no significa que los mismos diálogos, vestuarios y códigos actorales funcionen en pantalla como si se tratara de un copiar y pegar. Y si aludimos a un recurso contemporáneo para describir una película que tiene casi 40 años es porque este tipo de errores se siguen viendo aún hoy en el cine infantil argentino. Por alguna razón este género ha tenido pocos momentos luminosos en nuestro cine, distinto a lo que sucede con la literatura, el teatro o la música.

 

 

 

 

 

 

 

 

2002 y 2018 Pinocchio (Roberto Benigni – Mateo Garrone / Italia)

No le fue bien a Roberto Benigni con el Pinocchio de 2002. Su presupuesto excesivo no pudo disimular la falta de gracia e inteligencia para adaptar el clásico literario y para peor Benigni (que ya andaba por los 50 años) no tuvo ningún prurito en hacer él mismo de Pinocho, tal vez en la peor caracterización que se haya hecho hasta entonces. Pero el cine siempre te da una nueva chance, y a Benigni le llegó bajo la dirección de Mateo Garrone, aquel mismo que nos heló la sangre con la impresionante Gomorra (2008).

 

Benigni y su poco afortunada versión de Pinocho, interpretando él mismo al Burattino.

 

Como es debido, el papel que le tocó interpretar a Benigni es el de Gepetto, y realmente terminó siendo uno de sus mejores logros actorales. Porque esta adaptación pone mucho el acento en algunos elementos que están sugeridos en la novela original y que son los que sustentan su universalidad y sus múltiples lecturas. Pinocho nace del deseo de un Gepetto aterido por la soledad y la pobreza, es la historia de una paternidad frustrada que se mitiga con la creación. Todo lo que Collodi nos cuenta en sus páginas pueden sonar a la misma fantasía de Gepetto, en cómo imagina el camino que su pequeña criatura deberá recorrer hasta convertirse en el niño deseado. La supervivencia es parte de este aprendizaje porque este no es mundo sencillo para un niño pobre, sea o no de madera, y el camino está lleno de riesgos pero también de aliados, de encuentros y desencuentros, y de situaciones engañosas que hay que aprender a descifrar. Esta última película de la lista en manos del italiano Mateo Garrone es de las que más abarca la gran novela de la Collodi en su verdadera dimensión. Puede que no sea una película apta para niños, claramente no fue pensada así, pero sin embargo es mucho menos violenta que la mayoría de las concebidas para el público infantil, y además conserva el misterio propio de una novela eterna sobre un muñeco que quiere ser niño y un hombre que quiere ser padre.

 

 

 

 

 

 

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