¿POR QUÉ TANTO BARULLO, PEROGRULLO?

 

 

Lo que ella dijo es cualquier cosa menos original. Ya lo había planteado Alberto Fernández durante la campaña proselitista de 2019 y en varios mensajes presidenciales, el más reciente en Almirante Brown el lunes 15, cuando anunció el plan de las mil obras públicas. Dijo que esas obras implicarán unos 6.000 millones de dólares. “El año que viene deberíamos pagarle al Fondo Monetario Internacional 18.000 millones de dólares, es decir tres veces lo invertido en estas obras que le están cambiando la vida a todos los argentinos. Algunos eligen el camino fácil de endeudarse y olvidar a su gente, y nosotros elegimos el camino de discutir y pelear con los acreedores y darles seguridad y futuro a cada unx de lxs argetinxs. Todos están ansiosos porque arreglemos, y yo también. Lo que no voy a hacer es arreglar a costa de los argentinos”.

 

 

 

 

 

Esa misma noche, el Ministro de Economía Martín Guzmán dijo que era necesario el acuerdo con el FMI “porque no tenemos los dólares para pagarle. Lo que le prestó el Fondo a la Argentina durante el gobierno de Juntos por el Cambio es igual a todo lo que prestó a todos los países del mundo durante el año de la pandemia. Esa es la magnitud del problema que tenemos, por eso necesitamos un acuerdo para refinanciar esos vencimientos”, ya que de otro modo “sería imposible implementar políticas públicas para mejorar la calidad de vida a la gente”.

 

 

 

 

 

 

Hasta Maurizio Macrì admitió en los últimos meses de su infeliz gobierno que no podía hacer frente a los compromisos asumidos y declaró un default parcial. Cada uno ofreció su propia interpretación sobre las causas del fenómeno. Pero todos coincidieron en los duros hechos: la Argentina no puede pagar las sumas pactadas y en las fechas previstas porque no tiene con qué hacerlo. Como esta es una verdad de Perogrullo, es imprescindible una renegociación. En su primer año, el gobierno nacional llegó a un acuerdo con los acreedores privados y sigue en trámite el arreglo con el Fondo Monetario Internacional. Por eso habló Cristina el 24 de marzo y abrió las negociaciones Guzmán en Washington con Kristalina Georgieva y los encargados de la Argentina en el FMI.

 

 

 

La presencia y la ausencia

La perogrullada más bella que recuerdo la escribió Carlos Peralta en el guión de la historieta Alfie, que publicamos con el Amarillo González O’Donnell y con Juan Carlos Martelli en la única edición de la revista libro Cuadernos de Robinson C: “La presencia tiene algo de que la ausencia carece”. Es lo que ocurre con Cristina. Cuando ella dice lo mismo que Alberto o que Martín, parece que se desploma el cielo. Para no encandilarse con el magnetismo personal de la Vicepresidenta, vale la pena reparar no sólo en qué dijo, sino también en dónde, cuándo y cómo lo hizo:

  • La deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional, en violación a sus propios estatutos, fue una decisión política de Estados Unidos para propiciar la reelección de Macrì. La Argentina no quiere faltar a su compromiso, ningún gobierno peronista lo hizo, son los liberales los que toman deuda y los peronistas los que la pagan. Pero como el país no está en condiciones de cancelarla, la superpotencia debería realizar ahora otro gesto político, de modo que el FMI permita el repago a plazos más extensos y tasas menores que las habituales en los acuerdos de facilidades extendidas que concede.
  • Habló desde Las Flores, una ciudad del interior bonaerense de unos 25.000 habitantes, donde además de producción agrícola-ganadera hay actividad industrial, que fue fomentada con créditos a tasa negativa por los gobiernos kirchneristas de 2003 a 2015, con el objetivo de sustituir importaciones por producción local.
  • Cristina habló el miércoles 24 de marzo en la inauguración de un Espacio de la Memoria, en la ex sede policial donde estuvo secuestrado en 1977 el compañero de militancia y de vivienda de los Kirchner, Carlos Labolita, quien no reapareció. Labolita fue visto allí por penúltima vez, antes de ser entregado al Ejército, cuyos jefes de entonces fueron condenados por su desaparición. Dentro de las varias precisiones en que incurrió, hizo explícito que al producirse la ruptura entre Perón y los Montoneros, tanto ella como Kirchner se quedaron con el Presidente electo por el voto popular, lo cual refuta la vulgata según la cual el kirchnerismo es la continuación de la guerrilla por otros medios.
  • Acompañada por el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el presidente del bloque de diputados del FdT, Máximo Kirchner, el intendente local y la compañera sobreviviente de Labolita, ubicó el golpe de 1976 dentro de una secuencia política que trazó a partir del primer peronismo. Aquel gobierno favoreció la industrialización y el empleo de calidad, proceso que Cristina sintetizó alegando que millones de trabajadores pasaron a integrar la clase media. Un proceso similar de movilidad social ascendente y sustitución de importaciones condujeron Néstor y ella en la primera década de este siglo. El primero fue derrocado por la fuerza, que Perón describió como “la razón de las bestias”. Dos décadas después, el golpe de 1976 impuso a sangre y fuego un cambio en la matriz económica y también en el sentido común de la sociedad. La decisión del Presidente Raúl Alfonsín de juzgar a los perpetradores no alcanzó a quienes los instigaron y se beneficiaron con su política, como la familia del ex Presidente Maurizio Macrì (a quien CFK aludió sin nombrarlo) cuando el endeudamiento externo que habían contraído fue endilgado a toda la sociedad. Mientras la sociedad se empobrecía, ellos se enriquecieron. Cuando llegaron al gobierno por primera vez en elecciones libres, pusieron en marcha un nuevo ciclo de endeudamiento, más gigantesco que el de la dictadura, y que hoy condiciona la vida económica y política del país.

 

 

 

 

 

 

 

Bretton Woods, de Farrell a Perón

Vale la pena partir de ese enfoque para una comprensión de largo plazo del proceso argentino. El FMI se creó en 1944, junto con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, luego renominado Banco Mundial, durante una conferencia convocada por Estados Unidos, cuando el final de la guerra mundial estaba a la vista. Su resultado fue convertir al dólar en la moneda de referencia que desplazaría al patrón oro, como eje ordenador de la economía de posguerra. La Argentina, cuyo gobierno militar era acusado por Washington de pro-nazi, no asistió, pero el general-Presidente Edelmiro Farrell decidió adherir por decreto a los objetivos declarados en Bretton Woods. Una vez que Perón fue elegido Presidente recibió la visita de lo que él llamó “el presidente del FMI”, quien le propuso el ingreso de la Argentina, que el gobierno declinó. En cambio, el flamante Presidente anunció que pagaría la totalidad de la deuda externa pendiente, promesa que cumplió años después al cancelar las últimas cuotas del empréstito que el Reino Unido concedió en 1933 como parte del tratado Roca-Runciman. El Poder Ejecutivo envió al Congreso una ley ómnibus convalidando todos los decretos dictados por el gobierno de facto, pero dos años después el Congreso anuló a pedido del Presidente el decreto de adhesión al Fondo.

 

 

La sede de la conferencia donde se creó el FMI.

 

 

 

 

Los mercaderes del templo

Pese al fuerte crecimiento económico, en los últimos años del gobierno de Perón la débil burguesía nacional se plegó sin resistencia a la visión de las fracciones hegemónicas del capital, que pugnaron por volcar el sentido común de la sociedad contra el intervencionismo estatal (que fue menor en los hechos que en el discurso) y contra los altos salarios, considerados un obstáculo para la economía, un esquema que se repetiría en forma cíclica durante décadas y hasta el presente.

La Iglesia Católica, que había sido uno de los grandes apoyos del gobierno militar y del peronismo, se volcó en su contra cuando sintió que al identificarse con el Cristo que expulsó a los mercaderes del templo y con San Martín, Perón ocupaba todos los espacios: ya fueran públicos o privados, inmanentes o trascendentes, pasados, presentes y, creía él, futuros.

Un punto de inflexión fue la reforma constitucional que comenzó a prepararse en 1948 y se promulgó al año siguiente. En mis investigaciones en los archivos de la Conferencia Episcopal encontré la propuesta de eliminar la referencia a la soberanía del pueblo del artículo 33 y reemplazarla por “el reconocimiento del origen divino del poder”, declarar al catolicismo religión de Estado y conferir rango constitucional a la enseñanza religiosa. Perón decepcionó esa ilusión y ese mismo año 1949, en su clase magistral ante el Primer Congreso Nacional de Filosofía, habló de la oscuridad de la Edad Media, que para la Iglesia Católica había sido una época luminosa, y encomió a la abominada Revolución Francesa, a Kant, Voltaire y Rousseau.

 

 

Domingo Mercante, Perón y Evita: una reforma que defraudó a la jerarquía católica

 

Cada día se hablaba menos de catolicismo y más de cristianismo. Con el agravante para la jerarquía de que las figuras de culto de ese cristianismo no eran las tres personas de la Santísima Trinidad sino las dos de la pareja presidencial, en una completa religión laica. Eva Perón hablaba de Perón como si fuera Jesús resucitado, y Perón trató a su esposa, fallecida el 26 de junio de 1952, como a la Virgen María. El 17 de octubre de ese año, Perón hizo leer desde los balcones de la Casa Rosada el testamento que Evita llamó Mi mensaje, y que contenía una flamígera diatriba contra la jerarquía católica, a la que acusó por “sus conciliábulos con la oligarquía” y “haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía”. Esto ocurrió al tiempo que se incentivaba la disputa clasista por la distribución del ingreso y la tasa de rentabilidad del capital descendía a la mitad. El golpe de 1955 fue eclesiástico antes que militar y con fuerte inserción internacional. Los aviones que bombardearon a población civil desarmada en junio, y los tanques que se sumaron a la sublevación en septiembre llevaban pintado el emblema de Cristo Vence.

 

 

El flamígero mensaje de Evita contra un Episcopado que prefirió la oligarquía a los pobres.

 

 

 

 

La liberación del capital

Perón había dicho que antes de firmar un empréstito (como se llamaba entonces a la deuda externa) se cortaría una mano. Fue una de las primeras cosas que hizo la denominada “Revolución Libertadora”, con un grupo de bancos europeos. Al mismo tiempo derogó por decreto la Constitución Nacional, desnacionalizó los depósitos bancarios, suprimió los controles cambiarios y de comercio exterior y en el colmo del fetichismo prohibió nombrar a Perón y cantar la marcha. Como no pudo pagar ni el primer vencimiento de ese empréstito, la dictadura del general Pedro Aramburu y el almirante Isaac Rojas y su ministro de Economía, el político de la UCR Eugenio Blanco, lo renegoció en mayo de 1956 con once países europeos, liderados por Francia, en lo que constituyó la instalación del Club de París. Pero un mes antes, en abril de 1956, inició los trámites para ingresar al FMI, que concretó en agosto, un mes y medio después de los fusilamientos del 9 de junio, con que reprimió el malestar general por la política económica. Hasta hoy, el Episcopado católico no ha condenado esos hechos ni pedido perdón por la parte decisiva que le cupo.

Roberto P. Verrier fue ministro de Hacienda por apenas dos meses, desde enero a marzo de 1957. Pero le bastaron para acuñar una definición fundamental que no ha perdido vigencia pasados dos tercios de siglo. Dijo que la Argentina era un país espléndido al que le sobraban cinco millones de habitantes. La pugna por el destino de ese sobrante iluminó las dos décadas que pasaron desde ese golpe hasta el de la Junta de Comandantes de 1976.

 

 

Los dictadores endeudadores Aramburu y Rojas.

 

 

Entre uno y otro mediaron avances y retrocesos de las opuestas coaliciones agroexportadora-financiera e industrial-laboral, en lo que Juan Carlos Pontatiero llamó “el empate hegemónico”. Uno de los indicadores empíricos de esta lid es la participación de los trabajadores en el ingreso, que tendía a crecer con los gobiernos electos (aún en condiciones precarias, como los radicales Arturo Frondizi y Arturo Illia) y a mermar con cada irrupción militar. Como lo expresó Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar en 1977, “la miseria planificada de millones” se imponía “congelando salarios a culatazos mientras que los precios suben en las puntas de las bayonetas”. La máxima violencia aplicada era necesaria para imponer ese modelo económico, agregó Cristina en Las Flores. El ’76 fue el perfeccionamiento castrense del ’55. La idea fue que no hubiera marcha atrás posible.

Hacia 1980, el economista Aldo Ferrer estimó que en el país diseñado por José Alfredo Martínez de Hoz (h) no había lugar para 15 millones de personas. El número de excluidos necesarios para que funcionara el plan no cesó de crecer y cuando comenzó a morder los talones de los sectores de la clase media con capacidad de ahorro dio lugar al estallido de 2001. Verrier rendía cuentas al dictador Aramburu y Martínez de Hoz se entendía con el dictador Jorge Videla: no había prensa libre, sindicatos legales, justicia independiente ni Parlamento. Se gobernaba por decreto y no había límites para el sufrimiento que podía infligírsele a los disidentes.

 

 

Videla y Martínez de Hoz, bajar salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas

 

Los cambios en el sentido común de la sociedad que mencionó la Vicepresidenta avalaron el segundo y el tercer ciclo del endeudamiento externo a partir de los triunfos electorales de Carlos Menem en 1989 y de Maurizio Macrì un cuarto de siglo después. En ambos casos incumplieron sus promesas proselitistas, lo cual fomenta el perverso divorcio entre la palabra pública y los hechos y condujeron a la situación actual. Pero la persistencia del peronismo y la huella cultural que también dejó impidieron la consolidación de los gobiernos de Fernando De la Rúa y Macrì y abrieron camino a este nuevo ciclo nacional y popular. De su manejo de la economía y del modo en que logre estibar la carga del mayor préstamo recibido por la Argentina en su historia —y el más voluminoso concedido por el FMI a un solo país— dependerá que se consolide como una alternativa viable que rescate al país de su decaimiento, o que sume una nueva frustración de temibles consecuencias.

 

 

Desayuno en Olivos

Ayer el Presidente desayunó en Olivos con Guzmán, quien le rindió un completo informe acerca de sus gestiones en Estados Unidos.  Juntos repasaron la declaración oficial del FMI al terminar las reuniones de trabajo mantenidas en la sede de la embajada argentina en Washington, un detalle a interpretar. Según la subdirectora del Fondo para Subamérica, Julie Kozack,  y el jefe de la misión para la Argentina, Luis Cubeddu, se convino»garantizar la sostenibilidad macroeconómica» y «salvaguardar la recuperación post-Covid en curso» y «hubo acuerdo en que la inflación es un fenómeno multicausal y que reducirla requiere políticas macroeconómicas consistentes y esfuerzos de coordinación para ayudar a anclar las expectativas de inflación». También destacaron las «políticas para impulsar las exportaciones» de modo de acumular reservas. El comunicado dice que esto prevendría «shocks externos» e incrementaría  la inversión privada para el crecimiento,  pero es obvio que también ayudaría a pagar las deudas. También coincidieron en «el desarrollo continuo del mercado de capitales nacional» para financiar inversiones  y fortalecer la «resiliencia macroeconómica».

Se comprende el júbilo de Guzmán: el FMI repite punto por punto sus propios conceptos. (Lo cual contribuye a entender el exabrupto de Hebe de Bonafini en la Plaza virtual del jueves, contra ministro y Presidente, lo cual no equivale a compartirlo. Es tan insólito que el Fondo asuma el discurso de un país miembro que no es fácil procesarlo, e invita a buscar dónde está la trampa.) Se trata, explicó Guzmán, de «un cambio radical» en la filosofía del stand-by firmado por el anterior gobierno, «según el cual la inflación se combatía exclusivamente vía política monetaria contractiva», lo que condujo a «un aumento brutal del costo del crédito y aumento de la inflación». Por su parte, Fernández contó las gestiones por las que la Cumbre Iberoamericana del mes próximo solicitará extender a las naciones de ingresos medios (como la Argentina) el tratamiento preferencial que el Fondo ya dispuso para los más pobres, tal como se adelantó aquí y aquí. Estas decisiones se aprobarían con el respaldo de todos los gobiernos de la región, más los de España y Portugal. También Francia y Alemania favorecerían una prórroga del inminente vencimiento con el Club de París.

De este modo, sería posible cumplir con todos los pagos de este año, pero no los de 2022 y 2023 que llegan a la astronómica suma de 37.000 millones de dólares, y dilatar la firma de un acuerdo de facilidades extendidas. La Asamblea del Fondo podría aprobar estas medidas en su reunión del otoño boreal, que termina el domingo 17 de octubre, una semana antes de las elecciones de medio término. Las novedades irían en el sentido señalado por Cristina, aunque no en sus mismos términos. El Fondo está más dispuesto a aprobar modificaciones de tipo general  a sus programas, con motivo de la pandemia, que a conceder condiciones especiales a la Argentina, porque eso se interpretaría como un implícito reconocimiento a su corresponsabilidad en el desastre del macrismo, tal como postula la Vicepresidenta. El ex viceministro estadounidense para Subamérica, Tom Shannon, dijo que en su larga carrera diplomática  había aprendido que no hay que pelearse con la Argentina. Otro de los puntos que Guzmán trató en su reunión con Kristalina Georgieva (inusualmente extensa, 2 horas 15 minutos, justo cuando se discutía la ampliación de Derechos Especiales de Giro por 650.000 millones de dólares, de los que al país le corresponderían 4.300) es que si la Argentina debiera allanarse a un acuerdo a diez años, con cuatro de gracia, se le permitiera readecuarlo en caso de que los plazos y las condiciones generales se modificaran más adelante.

Este es otro factor que le resta dramatismo a la situación. En el peor de los casos, tal como ya ocurrió con los acreedores privados, no habría desembolsos pautados durante lo que queda del actual gobierno. Y las renegociaciones no son mala palabra en Washington y Nueva York, sino todo lo contrario. Lo intolerable es la situación económica del ejército de reserva de desocupados y subempleados, formales e informales, golpeados por los experimentos del neoliberalismo sobre seres vivos, a los que se suma una pandemia que no tiene visos de aflojar. 

Si se arribara a esta solución, Alberto, Cristina y Guzmán celebrarían juntos. De lo contrario, nadie olvidaría que ella advirtió que de otro modo sería imposible gobernar la Argentina.

 

 

Trompifai

Contra todo lo que se ha especulado, Fernández no estaba molesto con el discurso en Las Flores, que no siente distinto a sus propias palabras, pero sí por la presencia en primera fila del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni. Pocos días antes el cirujano que quisiera ser general del Ejército arrinconó contra una pared al secretario de seguridad de la Nación, Eduardo Villalba, mientras lo insultaba, y de paso destrató a la fiscal Laura Beloqui, a quien confundió con una colaboradora de Villalba. También se encargó de denigrar ante periodistas a la ministra Sabina Frederic, tarea que no figura entre las obligaciones de su cargo pero que emprende con entusiasmo.

Para el Presidente, el problema no reside en la personalidad de Berni sino en la concepción de la seguridad que personifica: el macho duro, que pone el cuerpo, empuña el arma y promete castigo, siempre que haya cámaras y/o periodistas en las inmediaciones. Ese ha sido el esquema bonaerense a lo largo de las décadas, con las solitarias excepciones de los ministros Carlos Arslanián y Juan Pablo Cafiero. Tanto Néstor como Cristina Kirchner lo fundamentaron en que la seguridad era un tema que no podía regalarse a la derecha. Esto tiene varios riesgos:

  • parecerse demasiado a la derecha. El propio Berni ha dicho que tiene más coincidencias con Patricia Bullrich que con Frederic, lo cual es indudable;
  • alienar a las fuerzas propias que valoran el respeto a los derechos y garantías constitucionales y aborrecen los montajes aparatosos como el que se desplegó hace unos meses en Guernica, y
  • no obtener los resultados electorales apetecidos, porque no es una verdad revelada que los votantes adoren a estos Trompifai domésticos. De hecho, ni Aldo Rico ni Luis Patti consiguieron traducir en las urnas sus bravuconadas en la pantalla.

 

 

No es una verdad revelada que el electorado ame a los Trompifai domésticos.

 

 

En el caso de la búsqueda de la nena de 7 años y el abusador que se la llevó desde la Ciudad Autónoma con destino desconocido, el gobierno nacional cree que el show que Berni montó junto con su par porteño Diego Santilli, no tuvo incidencia en  la detención de quien llevaba a la criatura escondida en una caja de cartón sobre el portaequipajes de su bicicleta.  En cambio la atribuye a la coordinación entre una jueza, dos fiscalas, las fuerzas de seguridad de la Ciudad Autónoma, la Nación y la provincia de Buenos Aires, y a la interpretación de imágenes de las cámaras de seguridad de cada jurisdicción, según protocolos estrictos que prescriben como actuar ante estos casos. Esa temprana Alerta Sofía y la movilización social condujeron al hallazgo. Fueron dos vecinas que llamaron al 911 y no la sobreactuación mediática de ambos ministros quienes permitieron encontrar a la nena y al presunto secuestrador en Luján. De hecho, cuando agredió a Villalba, el reproche de Berni es que venía a buscar cámara, es decir el alfa y el omega de su gestión ministerial. 

 

 

Ahora los intendentes

Berni planteó una relación conflictiva desde el primer día. Al salir del Museo del Bicentenario el 10 de diciembre de 2019, luego de la jura del gabinete de ministros, Frederic y varios de sus colaboradores se quedaron charlando sobre el césped de la parte trasera de la Casa Rosada sobre un episodio que los dejó estupefactos: aun antes de asumir, Berni les comunicó que se proponía manejar las fuerzas federales que se desplegaran en la provincia. Luego de quince meses, la cuestión sigue a los tironeos. Berni se quejó de que la Nación enviaba esos efectivos sin informarle dónde. Frederic replicó con un informe al gobernador Axel Kicillof detallando dónde estaba cada uno y con un cronograma de  las operaciones a realizar día por día en cada municipio y/o barrio.  Berni (quien se ausenta de las reuniones de coordinación y presiona a los policías bonaerenses para que no acudan a las coordinaciones por municipio, bajo amenaza de sanción) consiguió el control de esas tropas, pero los intendentes reclaman porque ahora son ellos quienes ignoran los lugares donde se encuentran. Luego del último show del mediático, Fernández autorizó a Frederic a coordinar esa tarea con los intendentes, labor que comenzó la semana pasada y proseguirá a paso firme.

Berni no le respondió a Frederic sino a Fernández y a quienes «se fueron y durante diez años cascotearon el espacio del que yo nunca me moví».

La música que escuché mientras escribía

 

 

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