Senderos que se bifurcan

Ajuste, fuga y subordinación al capital financiero internacional o crecimiento apoyado en el mercado interno

 

Mientras mejoraban sensiblemente los precios de los títulos y valores de la Argentina en los mercados, ante la posibilidad de que la formula Macri-Pichetto pueda continuar en el gobierno nacional, el ahora denominado “Frente de Todxs” con sus dos candidatos, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, se reunía el jueves 13 en la Asociación Bancaria con los principales referentes sindicales nucleados en la CTA de los Trabajadores, la CTA Autónoma y, el Frente Sindical por un Modelo Nacional, por la preservación del empleo.

Los grandes medios de comunicación le atribuyen a la fórmula presidencial del ahora denominado “Juntos para el Cambio”, que el dólar mayorista que operó por más de 1.000 millones de dólares por día, el miércoles 12 y el jueves 13, pasara de valer $ 45,90 el lunes 10 a $ 43,37 el jueves 13 de junio 2019, aunque recuperara parte de su valor el viernes 14.  De igual manera, esa supuesta influencia habría permitido la suba de la cotización en la Bolsa de Valores de Wall Street de Pampa Energía (+13%); Galicia (+12,5%); IRSA Propiedades (+12,2%); Banco Macro (+11,3%); y Telecom (+11,2%). También descendió la tasa del JP Morgan que mide el riesgo argentino a 849 puntos básicos cuando era de 1.014 puntos el viernes 7 de junio, lo que hizo incluso que subiera en 1,6% el precio del BONAR 2020 (título clave por su vencimiento el año que viene) y bajara la tasa de las LELIQs (Letras de liquidez del BCRA, cuyo stock supera los $ 1.140.000 millones en la segunda semana de junio) al 67,98% anual.

Finalmente, el jueves 13 se licitaron varios títulos de deuda pública, destacándose los BOTAPO (Bono del Tesoro en pesos a Tasas de Política Monetaria) porque vencen cuando administre otra gestión, el 21/6/2020 y, se adjudicó un total de $ 33.025,08 millones, que pagan intereses trimestralmente y la tasa actual es de 62,5% anual.

Si a esas colocaciones financieras le sumamos la significativa liquidación de operaciones de exportación de granos y aceites desde los primeros días de abril, cuando por razones especulativas lo habían hecho a regañadientes en el primer trimestre del año, demuestran que el tipo de cambio vigente es sumamente competitivo para su producción y que, si no se habían realizados las liquidaciones, era fundamentalmente por razones de incertidumbre.

Pero se deben tener en cuenta dos factores. El primero: que tras la crisis cambiaria del 25 de abril de 2018, el castigo en los valores de títulos públicos y privados argentinos había sido desmedido. Recordemos que el 24 de agosto de 2018, al haber descendido ese día en un 32,8% el valor de la acción, el Banco Supervielle obligó a suspender la rueda de Wall Street o que, por ejemplo, las empresas del grupo Mindlin (Transener, Pampa Energía y Edenor) cotizan hoy en ese mercado un 30% menos que en diciembre de 2017.  Segundo, que las elecciones nacionales no están definidas y que si en las PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) que se realizarán el 11 de agosto se produce un triunfo importante del “Frente de Todxs”, el capital financiero volverá a protegerse en dólares, lo que será azuzado por los medios dirigidos por el FMI.

Con lo que volvemos a estar bajo la lógica de la Valorización Financiera del Capital y del FMI que la propicia e impulsa, como nos sucedió desde Martínez de Hoz, continuó con los planes Austral y de Convertibilidad y explotó en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 con 38 muertos en la calle por las fuerzas de seguridad y con niveles de pobreza y exclusión social como no se tenía registro en ninguna estadística.

Allá vamos y no exagero cuando observamos los datos del INDEC, donde los niveles de Inversión real (la Inversión Interna Bruta Fija, que produce bienes y servicios) que es básicamente la compra de activos fijos: máquinas y equipos o su renovación tecnológica [1], no crece desde 2013, cuando se estimaba que era de un 17% del PIB, cuando en 2006 y 2007 alcanzó a ser el 25,5% del PIB y se mantuvo hasta ser el 23,2% en 2011. Y se agrava cuando observamos una redistribución del ingreso cada vez más regresiva que hace que la masa salarial [2] que en 2013 representaba el 38,2% del PIB, puede estimarse en la actualidad por debajo del 30% [3].

Esto significa que en junio de 2019, con estimaciones conservadoras, los asalariados están percibiendo menos del 30% del PIB (que desciende con respecto al año 2015 en un 0,8%) y que la Inversión Interna Bruta Fija ronda el 17%, con lo que los no asalariados perciben no menos del 53% del total de lo que se produce. Esto se explica por el perverso mecanismo del carry trade con tasas de crédito confiscatorias del capital y las subas y bajas de los títulos y acciones.

Que no se puede producir y trabajar con estas tasas de interés del mercado lo dice hasta Cristiano Rattazzi, cuando afirma: “No se venden autos, la economía se enferma y sólo ganan los especuladores”, y también “cuando la tasa de interés está en el 70% olvidate de que haya ventas de autos”.  De autos y de todo bien durable del que se pueda prescindir. Hasta disminuye la venta de alimentos y bebidas, que es paralelamente lo que ha logrado incrementar sus precios por encima de la alta inflación promedio [4]. Lo que no dice Rattazzi es que, con sus fortunas, ellos pueden —y lo hacen— colocarse en títulos y valores que contemplan esas altas tasas y comprar divisas para especular.

 

El acuerdo con el FMI

El acuerdo firmado con el FMI le garantiza al gobierno los recursos necesarios para cubrir los principales vencimientos. El factor desequilibrante y que en el programa cambiario no estaba contemplado, es la fuga de capitales, dato no menor cuando observamos que en el período de enero 2016 a abril 2019 la Formación de Activos Externos del Sector Privado No Financiero (FAE) sumo 64.300 millones de dólares. Dicha fuga se puede azuzar ante el triunfo electoral de “Frente de Todxs”, máxime si recordamos que en 2001 se fueron del país 29.913 millones.

Lo que estamos diciendo es que el FMI, al prestarle al gobierno Derechos Especiales de Giro por el equivalente a unos 56.300 millones de dólares —dinero que recuperará y con creces tanto en dólares como en especies—, tiene poder de resolución y de veto en la economía argentina.

Con el aval del FMI que repercute en los mercados financieros, se estabiliza el precio del dólar. Hasta recuperan parte de lo perdido las cotizaciones de los títulos públicos y privados y se extienden los plazos de vencimiento hasta la nueva administración. Sin el aval del FMI, nuestro país con vencimientos de capital y de intereses de deuda por un promedio de 30.000 millones de dólares anuales para el período 2020-2023 —que no se pueden pagar, al tener déficit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos y déficit fiscal—, no podría impedir el derrape cambiario.

Lo que no dicen los que defienden esta política es que la expansión de la deuda la generó la actual administración, colocando títulos por 85.000 millones de dólares entre enero de 2016 y marzo de 2018; y que ante la fuga de los bancos y fondos de inversión que lideraron esa colocación de deuda —HSBC, Deutsche Bank, JP Morgan, Merrill Lynch y Morgan Stanley—, acudieron al FMI endeudando al país en DEG por el equivalente a otros 56.300 millones de dólares.

Toda esa deuda es imposible de pagar con un sector externo cuyo superávit comercial no responde a cambios estructurales positivos sino a la disminución de las importaciones, cuyo ingreso descendió en un 29 por ciento durante los primeros cinco meses de 2019 como consecuencia de la fuerte recesión que atraviesa la economía.

En contrapartida, la capacidad exportadora no muestra mejoría. El promedio de exportaciones de los 40 meses largos de gestión Cambiemos, tanto en cantidades como en valores, apenas superó el valor de exportaciones de 2015 (pasó de 56.784 millones de dólares en 2015 a un promedio de 59.384 millones en 2016-2018). Incluso con una devaluación cercana al 100 por ciento en el último año, donde las exportaciones caen un 1,2%. Y eso que incorporan la fuerte recuperación de las ventas al exterior de granos luego de la sequía de la campaña 2017/2018.

 

Recuerdos del futuro

Cuando durante un tiempo prolongado se combinan altas tasas de interés y retraso del tipo de cambio, como los capitales financieros temen no poder repetir el proceso de carry trade recomienza el período de crisis por fuga de capitales, como ha pasado tantas veces en nuestro país, fundamentalmente en 1980-1981 y 1982; 1989; 1995; 2001-2002 y, tras la salida impetuosa de capitales desde fines de abril de 2018.

El problema es que tras el derrape cambiario y como lo demostrara en su teorema Carlos Díaz Alejandro [5], existe una relación inversamente proporcional entre el valor del dólar y el valor del salario: si el dólar sube, el salario real cae. Paralelamente, como más del 70% de lo que se produce va al mercado interno (depende de la capacidad adquisitiva del salario) y se vende al exterior básicamente lo mismo que se consume (consumimos relativamente poca soja, pero la soja reemplaza a otros cultivos y a la cría de animales, incrementando su precio por dejarle menor hectáreas de tierras y no las mejores), con lo que alcanzar que los salarios en dólares en la Argentina sean menores que en Brasil (objetivo explicitado por Paolo Rocca de Techint y Cristiano Ratazzi de FIAT, entre otros), hace que entremos en una recesión tan profunda como la caída del poder adquisitivo de los trabajadores.

Sostener, como afirman algunos, que el dólar no es un problema de la demanda sino de la oferta —como si las empresas argentinas pudieran fijar la cantidad y los precios de sus productos en el mundo—, es solo generar una transferencia de ingresos a favor de los exportadores que no van a vender más cantidad. (Por ejemplo, el precio de la soja lo fija el mercado de Chicago y la demanda depende del consumo de los que toman ese precio internacional.) Pero sí van a recibir más pesos argentinos por cada dólar que obtengan y, con ello, mayor poder adquisitivo en el mercado local.

En ese marco es inadmisible que se proponga como salida económica de un país endeudado una devaluación de nuestra moneda, con la aviesa intención de que no se perpetúe la fuga de capitales porque el dólar está tan caro en el país. (Y por ende tan barato es el trabajo, las fábricas, las propiedades de todo tipo, etcétera, que no hay estímulo a la fuga.) La devaluación implica la rendición total e incondicional del país al FMI y al capital financiero internacional.

Históricamente está demostrado que los mayores ingresos a los exportadores tampoco se traducen en una demanda mayor de bienes de capital y de inversión en general, con lo que en se alimenta la fuga de capitales por un lado y se incrementa la demanda de bienes importados por otro.

La única solución posible pasa por el camino inverso, fortalecer el mercado interno aumentando los salarios, jubilaciones y pensiones, desdolarizando las tarifas, impulsando la producción de bienes y servicios que tengan menores componentes importados (por ejemplo, la construcción), integrarnos con economías complementarias con la nuestra y planificar obras públicas, todo bajo un plan rector que parta de una matriz insumo-producto de todo el país, como se supo hacer en los planes quinquenales del primer y segundo peronismo en el plan de la CONADE (Comisión Nacional de Desarrollo) de Illia, en el Plan Trienal de Gelbard y en los Planes de Obra Pública y de Industria del kirchnerismo.

Las elecciones nacionales dividen el camino. Uno es el del ajuste y fuga que realizan todos los gobiernos que se subordinan al capital financiero internacional y al FMI. El otro es apoyándose en el mercado interno, crecer y producir.

Lo sostenía el maestro Simón Rodríguez: “Aun conviviendo los hijos de los españoles con los de los ingleses, en la idea madre de ser necesarios los esclavos para cultivar la tierra y en las ideas hijas sobre cuáles deben ser los medios de animar trabajo, todavía difieren en algo. Los angloamericanos tienen a sus esclavos a distancia – los suramericanos se rozan con ellos, y con ellas se casan. ¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original y originales han de ser sus Instituciones y su Gobierno. O Inventamos o Erramos».

 

 

 

* Imagen: Maurits Cornelis Escher
[1] También forman parte de la IIBF los inventarios de materias primas, que servirán de base para la producción futura y la construcción.
[2] Masa salarial:  Cantidad de trabajadores por sus ingresos.
[3] Con el agravante de que existe una cantidad considerable de obreros y empleados formales que trabajan y perciben salarios por debajo de la canasta de bienes y servicios que define la pobreza. Trabajan y siguen siendo pobres.
[4] El INDEC dice que el IPC creció mayo 2019 contra mayo 2018 en un 57,3%, pero Alimentos y Bebidas los hizo en un 64,9% en igual lapso.
[5] En 1965 se publica su ensayo: “Devaluación de la tasa de cambio en un país semi-industrializado. La experiencia de la Argentina 1955-61”, Editorial del Instituto, Instituto Torcuato Di Tella.
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1 comentario
  1. Marina dice

    Hola Horacio, tu nota es clara pero aterradora. Saludos

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