Sexo e Investigación

Investigadorxs denuncian el recorte presupuestario en los estudios de género, feminismos y sexualidades

 

El CONICET dio a conocer los ingresos a Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC) de este año: más de 2600 postulantes y sólo 450 ingresos, menos de 1 ingresante cada 5 postulantes. De todas las áreas, la de las Humanidades y Ciencias Sociales es la más recortada: en varias comisiones disciplinares la proporción de ingresos por temas generales fue de un solo ingreso cada 18 o 20 postulantes. En el “Día de la ciencia y de la técnica”, el 10 de abril, un grupo de investigadorxs denunció el impacto específico del recorte en los estudios de género, feminismos y sexualidades.

 

Selectividad para ajustar

El aporte de CONICET a lxs trabajadores científicos fue cayendo progresivamente durante los últimos años. Si en 2014 ingresó el 48% de lxs candidatxs, en 2017 lo hizo el 28%, este año se redujo un 10% más, al 17%. El área de Humanidades y Sociales es la más empobrecida, sólo 38 de las 556 postulaciones fueron exitosas, el 6,8 %.

Mónica Tarducci es una histórica feminista de Buenos Aires y directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE) de la Universidad de Buenos Aires. Para ella “los estudios de género no pueden separarse de lo que es la realidad social y la quita de derechos. Dentro de esa devastación todo movimiento emancipatorio está perseguido”.

La socióloga e investigadora del CONICET Nayla Vaccarezza apunta en el mismo sentido: “es importante que quienes investigamos género no conformemos un gueto, sino que estemos dialogando con la situación general del sistema científico constantemente”. Para ella, dentro de las ciencias sociales y las humanidades, los estudios de género y estudios de sexualidades siguen siendo campos que se considera menores, marginales. Y además son saberes aún en disputa por la legitimidad de sus formas de construcción de saber. “Entonces se tiende cortar el hilo por lo más delgado”, reflexiona, y menciona, de acuerdo con Tarducci, la vocación crítica de lo establecido como fundamento del ajuste selectivo.

Para Tarducci, coautora de un libro de reciente aparición (Cuando el feminismo era mala palabra, Editorial Espacios), los estudios de género concitan un plus, que es la emancipación de la vida cotidiana en los aspectos íntimos “y los mil y un temas que el feminismo transforma en políticos. Entonces en un contexto de asedio a toda lucha emancipadora, de pobreza generalizada, algo como los estudios de género no van a dejar de ser combatidos. Porque además es una tendencia mundial, el ataque de la Iglesia Católica y otras iglesias cristianas a la ideología de género en toda América Latina”.

Nicolás Cuello es investigador sobre temas de arte y sexualidades, becario doctoral y uno de los impulsores de la protesta en el Polo científico, que contó con la presencia de la feminista teórica Judith Butler. Para Cuello “está habiendo una reconsideración social de lo que son las ciencias sociales y humanísticas bajo la lupa de un gobierno con una matriz empresarial efectista instrumental; por supuesto que las ciencias humanísticas y sociales y el trabajo que se hace sobre la investigación en historia del arte no tienen ningún tipo de valor social y pasa justamente a considerarse como un conocimiento accesorio, como conocimiento postergable”. Para Cuello, el desfinanciamiento de estas áreas de estudio revela el beneficio de otras orientadas “hacia la practicidad del sector privado, hacía matrices empresariales, lenguajes más especulativos del conocimiento y que orientan sus objetivos hacia los servicios”.

Para la historiadora del IIEGE y becaria doctoral Gabriela Mitidieri, la devaluación de los saberes específicos de las ciencias sociales, y dentro de ellos los atenientes al género y las sexualidades, responde,además de al contexto de recorte neoliberal local, a “una escala regional con una avanzada fuerte de los fundamentalismos, de los sectores antiderechos y de esta impugnación a la perspectiva de género como campo de investigación, entendiéndolo como espacio sobreideologizado, que atenta contra valores tradicionalistas de sectores antiderechos”.

 

La importancia de los estudios de género

Nayla Vaccarezza tiene un cartón pintado que usa como pancarta. El cartel es la reproducción a escala de un libro, Escupamos sobre Hegel, de la italiana Carla Lonzi, escrito en 1970. “¿Por qué Carla Lonzi hoy? Porque es de una radicalidad impresionante, es un texto que no deja a nadie en pie, a nada en pie y es un texto que cuando yo la escuché por primera vez me prendió fuego el corazón”. El libro de Lonzi, entre otros títulos, forma parte de una intervención pública que se realizó desde la Cátedra Identidades, Discursos sociales y Tecnologías de género de la carrera de Sociología de la UBA, “para usar los libros como escudos”. Pero la tapa de Escupamos sobre Hegel tiene también otra historia, la edición que está en el cartel es la edición de La Pléyade, de 1978, una tirada aparecida en el medio de la Dictadura cívico, eclesiástica y militar y que en un primer momento logró eludir la censura. “Alejandra Oberti siempre dice que a quienes estaban a cargo de la censura deben haber leído “escupamos sobre Hegel” y les debe haber parecido fantástico que alguien escupa sobre Hegel”, comenta. Rápidamente ese libro desapareció y la historia que cuenta y estudia Alejandra Oberti, con apoyo de testimonios del Archivo Oral de Memoria Abierta, es que cuando ese libro ya no se pudo vender fue a parar al sótano que la gente de la clásica librería Hernández de la calle Corrientes tenía. Esos libros permanecieron ocultos y resguardados hasta que en la posdictadura de a poco fueron saliendo.

 

 

La historia de Escupamos sobre Hegel, libro revulsivo que vuelve a aparecer en 2019 en la mano de lxs investigadorxs precarizados o (ya) desocupadxs revela la inserción que los estudios de género han tenido a lo largo de la historia y tienen hoy mismo en nuestro país.

“¿Qué son los estudios de género o estudios feministas?”, se pregunta Mónica Tarducci, “una visión que complejiza cualquier enfoque social, no es un estudio aparte, la perspectiva de género hace que el estudio de cualquier realidad social se complejice, se profundice, los estudios de género tienen esa potencia liberadora porque además traen implícita una demanda de justicia”.

¿Cuál es el aporte de estos estudios a la sociedad? Su valor específico queda por fuera del radar comercial y del progreso pensado en términos heredados de la generación del ’80.

“Los feminismos y las políticas sexuales tienen mucho para aportar”, dice Nicolás Cuello, “específicamente un elemento de lectura sobre el ascenso de nuevos conservadurismos, la reconfiguración de las derechas (…) la emergencia de nuevos antagonismos, de estos nuevos discursos de odio, de nuevas formas de intolerancia y violencia institucional, en torno a la autonomía de los cuerpos, en torno al uso de los bienes naturales, la repartición del territorio, las dinámicas y las economías de acceso expulsión en los ámbitos de poder. Ahí los feminismos y las políticas sexuales críticas tienen mucho para para decir de estructuras de opresión históricamente sostenidas (…)”.

Además, como explica Nayla, investigadores y docentes de estas áreas participan activamente en debates sociales cruciales de nuestra contemporaneidad, como fueron la Ley de identidad de género, la Ley de matrimonio igualitario o en la discusión por el derecho al aborto. Es un campo que desde sus inicios tuvo impronta de intervención política y social, una dinámica muy alejada de la idea de ciencia autónoma. Los estudios de género y los estudios sobre sexualidades están constantemente aportando insumos para la discusión social y para la conformación de políticas públicas. “Apoyamos proyectos de transformación social y la posibilidad de que la sociedad tenga una mirada crítica sobre sí misma. En toda esta tarea, a lo largo de los años hemos logrado construir poder y eso es precisamente lo que se busca recortar al cortar el financiamiento”, agrega Vaccarezza.

 

 

Entre los libros que había en la intervención artística, libros como escudos, Gabriela Mitidieri elige Esta puente, mi espalda. Voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos (editado por Cherríe Morgara y Gloria Anzaldúa en 1981). Su explicación da cuenta de cómo las prioridades políticas son construidas a través de miradas sesgadas. Ningún cambiemita podría reconocer la urgencia de este libro, pero para Mitidieri “en un momento de cierre de fronteras, de resurgimiento de nacionalismo de derecha, volver a pensar las experiencias de mujeres migrantes, racializadas, con saberes mestizos, con culturas híbridas, aporta muchísimo a nuestros feminismos y nuestras intervenciones políticas hoy”.

 

El closet en la academia (y en todos lados)

“Existe un sesgo heterocentrado, cisheterosexista a la hora de pensar qué es lo relevante de ser estudiado e investigado”, dice Mitidieri. Lo dicho le cabe perfecto a la intervención del siempre listo para odiar de Eduardo Feinmann, que desprestigió públicamente al doctor Facundo Nazareno Saxe, parte del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Género de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Desde varias instituciones y espacios de activismo se llamó a repudiar, otra vez, a Feinmann y a apoyar la libertad y el trabajo de Facundo Saxe, “Hartxs de que lxs lacayos del sistema heteropatriarcal, utilicen nuestras producciones, nuestros discursos y nuestras acciones para justificar políticas de ajuste y fortalecer el conservadurismo” (para firmar la solicitada).

Para Nicolás Cuello, la potencia de los estudios sobre sexualidades, disidencias, feminismos, tiene “la capacidad de desbaratar, justamente, los sujetos universales del saber y trabajar en pos de la diversificación, de la multiplicación de voces, de la complejidad de las formas en las que se produce saber dentro de la ciencia. Incorporando también los factores diferenciales que agrega la diferencia corporal, la diferencia racial, la diferencia genérica en cómo es que se produce conocimiento, en cómo circulan, quiénes se representan, quiénes hablan de ellos y cómo se enseña”.

Cuello propuso para la jornada del 10 de abril una bandera que dijera “Sexo e Investigación” en referencia al texto “Sexo y Revolución” del Frente de Liberación Homosexual, conocido como Manifiesto del FLH, de 1973. “También para nombrar algo que está silenciado, para nombrar el cuerpo sexogenerizado en el trabajo y cómo nuestras trayectorias sexuales, genéricas, raciales, también operan diferencialmente en el reconocimiento de nuestro trabajo, en las políticas gremiales, en la vida académica”, explica.

 

 

En el mismo sentido, Gabriela Mitidieri apunta a “poder pensar esta lucha concreta tratando también de desarticular los lugares comunes del sindicalismo argentino en donde pareciera que hay sólo ciertos sujetos que son representados en la lucha sindical”.

En 2018, ante socios del Rotary Club, la actual gobernadora de Buenos Aires dijo que “nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”. Su estratégica afirmación fue ampliamente refutada, entre 2008 y 2015 no sólo creció la población universitaria en general (39% entre 2008 y 2015), sino que su crecimiento es mayor entre los quintiles más pobres de la sociedad (47% en el quintil 1 y 95% en el quintil(1). Como dicen Ariana Reano y Nuria Yabkowski en otra nota publicada en esta edición de El Cohete, “la construcción del sentido común sobre la universidad se realiza desde los medios de comunicación a través de dos ejes: el desperdicio de recursos y la corrupción. Ese sentido es fundamental para construir la legitimidad del ajuste sobre la universidad”.

 

 

La ciencia feminista transita una doble persecución, en tanto que educación pública y ciencia social y en tanto que feminista. En un contexto de reacción conservadora organizada, con “celestes” formando partidos políticos, conductores de TV de horario central destilando odio a la diferencia sexual, con un movimiento laico y religioso que denota una alianza entre neoconservadurismo y neoliberalismo a escala global, un grupo de investigadorxs en el sur del mundo levanta una bandera que dice “la ciencia feminista resiste”. Y sí, resiste.

 

Fotos: César Valencia Donoso

(1)Fuente: “Nuevos estudiantes, más graduados, desarrollo de la investigación, alto prestigio social… ¿Por qué están cuestionadas las universidades públicas?” Dossier número 6 del Observatorio Educativo de la UNIPE.

 

 

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