¿Cuándo se termina una etapa política? ¿En qué momento conviene desprenderse de un fusible? ¿Cuándo hay que arrojar lastre del barco? Son las preguntas que se deben estar haciendo diferentes componentes de la élite local y los propios estadounidenses en relación con la gestión Milei.
Milei tiene un alto valor simbólico internacional: ha servido de “modelo” de un nuevo tipo de liderazgo, mucho más agresivo y autoritario en lo político, más osado en lo económico y social, más alineado en materia internacional que el liberalismo tradicional, que posaba de centrista y moderado.
Como señalaba recientemente el experto internacional Juan Tokatlian, el experimento Milei está siendo visto desde el exterior con sumo interés, para observar hasta dónde y qué cosas es capaz de soportar una sociedad de desarrollo medio. Sobre todo en cuanto a la destrucción de instituciones consideradas pisos básicos de progreso, que no habían sido cuestionadas ni siquiera en el período de la globalización neoliberal.
Si bien Milei puede presentar como grandes triunfos todos los retrocesos económicos y sociales que está provocando, y que la derecha troglodita considera “logros valiosos”, está patinando en lo político y en lo económico, y sobre todo no está garantizando la perdurabilidad social de este status quo tan confortable para las corporaciones.
Según La Nación del día 3 de agosto, “la pobreza aumentó en el primer trimestre y hay unos 600.000 nuevos pobres. La información surge de los microdatos de la EPH del primer trimestre; fue un período de aceleración de inflación luego de la inestabilidad cambiaria en un año electoral”.
Ese mismo día, el diario Ámbito Financiero informaba: “Puertos paralizados tras decreto del gobierno: hay más de 150 buques detenidos por un cese de actividades. La medida de fuerza comenzó tras la entrada en vigencia del Decreto 690/2026, que desregula el practicaje y el pilotaje. El gobierno intimó a los profesionales a retomar la actividad mientras el sector energético advirtió sobre posibles problemas de abastecimiento”.
El episodio terminó rápidamente, con el gobierno dando marcha atrás a otra de las tantas desregulaciones que Sturzenegger redacta en nombre de algún interés privado. Fue una victoria de los prácticos, que reaccionaron con determinación, apretando allí donde el sector privado no puede hacerse el guapo.
Tanto Milei como sus acólitos se muestran cada día más desencajados. El Presidente fue entrevistado por Luis Majul, y en ese reportaje afirmó, citando a Gramsci, que existe una amenazante presencia de terroristas en el país, disfrazados de estudiantes, de profesores, de investigadores y de periodistas.
El sociólogo argentino Juan Carlos Portantiero publicó en 1987 un gran libro, Los usos de Gramsci, pero a pesar de su erudición, Portantiero no pudo prever que décadas después el comunista italiano recibiría un nuevo uso inesperado: adornar los delirios persecutorios de un Presidente argentino.
Majul, siguiéndole la corriente, le consultó si esos terroristas provenían “de Rusia”, evitando nombrar la palabra que llevaría la credibilidad de Milei a cero. Hubiera sido muy duro, en 2026, enterarnos por boca presidencial de que estamos atiborrados de terroristas que siguen viniendo de la Unión Soviética luego de haber pasado 35 años de su desaparición.
Que el valor de la palabra presidencial se esté destruyendo constantemente no significa que no merezca un fuerte repudio por parte de las autoridades universitarias nacionales a expresiones tan delirantes como peligrosas.
Siguiendo en ese mismo tono presidencial, el ministro de Economía, Luis Caputo, atacó a los defensores de la industria nacional durante un evento de la Cámara de Agentes de Bolsa, descalificando sus opiniones al llamarlos "los tarados que hablan de la industria”.
En esa misma clave, y para no desentonar con sus jefes, en el streaming libertario Carajo se emitió esta semana un programa racista, con todo un imaginario nazi de purificación racial, en el que se planteó concretamente la idea de efectuar un genocidio contra los habitantes del Conurbano bonaerense. Cabe aclarar que en el programa no se refirieron a todos los millones de habitantes de ese territorio, sino a los “negros”, a los de piel oscura, o los de cara no conveniente según los estándares de los Übermenschen (superhombres en alemán) que emiten desde Carajo.
Odiar a una parte significativa de la población es una forma de desconocer qué es una nación. Es rechazar sus componentes específicos, su historia concreta, negar sus raíces, en pos de construir un país de diseño, racista, blanco, conservador, consumista y colonizado, una especie de resort trumpista del subdesarrollo.
De todas formas, lo que sellaría definitivamente la suerte de Milei —más allá de sus berrinches y desvaríos— sería que la mayoría de la población le saque la ficha. Que muchos millones, en todo el país, comprendan en toda su magnitud la amenaza que representa este gobierno para el futuro de los argentinos.
Atacando a la soberanía de Sudamérica
Milei viajó a Brasil, asumiendo el rol de activista internacional de la ultraderecha, para promover la candidatura de Flavio Bolsonaro. Utilizó esa visita para lanzar una serie de inaceptables improperios contra el Presidente de aquel país, también candidato en las próximas elecciones presidenciales de octubre, logrando dañar las relaciones bilaterales entre los principales miembros del Mercosur.
En la estrategia que despliega Trump para América Latina, Estados Unidos necesita desplazar hasta el último resto de soberanía política en los países de nuestra región. Hoy, uno de los últimos bastiones que deberían caer está encarnado por el Presidente brasileño Lula da Silva.
Brasil es una pieza central a controlar en la estrategia estadounidense para lograr la subordinación completa de nuestra región: es un gran país, líder regional, pieza fundamental para un proyecto latinoamericano de integración, autónomo de la potencia del norte. Pero además de eso —que de por sí amerita desde la perspectiva norteamericana usar cuanto artilugio exista para lograr el triunfo de Bolsonaro hijo—, Brasil forma parte de los BRICS, ese gran espacio internacional de países que se podría definir por su rechazo a la subordinación abierta a los intereses occidentales, y que optan por apoyarse mutuamente con ese objetivo.
Milei no tiene ningún problema en dañar las relaciones con Brasil, arriesgando incluso perjuicios económicos para las empresas argentinas, porque no hay nada más alejado en su mundo que la independencia y la soberanía nacional y regional.
El ataque de Milei contra Lula no es simple locura personal de un fanático, sino que forma parte de la estrategia norteamericana de hacer caer a Brasil en su propio redil de Presidentes vasallos. Con esa acción, Milei vuelve a confirmar su carácter de instrumento del Departamento de Estado en esta parte del mundo.
La injerencia de ese país en los asuntos internos argentinos crece cada día. El sitio INFOBAE informó el jueves que “el embajador de Estados Unidos advirtió que las empresas tecnológicas chinas recopilan datos para el Partido Comunista… Estados Unidos advirtió a una distribuidora de energía de Neuquén por un contrato con Huawei (...). La compañía china representa para Washington una amenaza a la seguridad nacional (norteamericana) y, entre otras medidas, analiza la revocación de las visas de las autoridades de la cooperativa argentina. Otras empresas consideradas estratégicas podrían recibir la misma sanción”.
La única forma de limitar una avalancha de abusos creciente por parte de la potencia del norte es enfrentar al gobierno que se ofrece como correa de transmisión de los intereses norteamericanos en nuestro país.
La continua declinación de la economía de las mayorías
Se percibe en estas semanas, en círculos vinculados a la derecha de negocios, un clima enrarecido con relación al dólar. En junio, la compra de dólares por parte de particulares fue de 2.443 millones de dólares, a pesar de que las ganancias aportadas por el carry trade son consideradas elevadísimas en dólares.
La presión compradora sobre el dólar y la retracción que se está observando en la liquidación de exportaciones del agro —a pesar de la fraternal visita presidencial a la Exposición Rural— chocan contra la necesidad oficial de comprar y juntar dólares para futuros vencimientos de deuda externa.
Caputo exhortó hace semanas a que los privados (los ABC1, se entiende) saquen los dólares del colchón, asegurándoles que no serán investigados los orígenes de esos fondos, para que así inyecten recursos en el sistema que podrían reanimar el movimiento económico. Parece que su mensaje no está logrando que se abran los cofres repletos de verdes.
El trasfondo de preocupación es que los ingresos de la mayoría están estancados, los salarios en pocos sectores le empatan a la inflación, mientras que en otros amplios núcleos de trabajadores continúa el retroceso real. Hay escasa toma de créditos porque los ingresos no permiten pagarlos, mientras crece la mora en el segmento de las familias. La incobrabilidad avanza.
En un diálogo protagonizado esta semana entre el periodista Maximiliano Montenegro y el ex funcionario de Macri y asesor en el gobierno de Milei Lucas Llach, aparecieron elementos críticos inesperados. Llach sugirió que se debería permitir que el dólar llegue hasta los 1.700/1.800 pesos para darle más competitividad a la economía —y seguramente promover la liquidación de dólares del “campo”—.
Montenegro señaló la grave crisis de la actividad industrial, atenazada entre los altos costos en dólares de sus productos y la avalancha importadora ilimitada, ambos propiciados por este gobierno. Llach, preocupado por la caída de la actividad, llegó a plantear la necesidad de promover la construcción (¡privada, ojo!) masiva de viviendas populares. Es bueno señalar que hasta ahora esa propuesta programática tan importante y tan popular no apareció, con la contundencia que requiere el momento, en la voz de las figuras principales de la oposición.
Sectores cercanos al oficialismo ven con preocupación que el hundimiento de la actividad económica interna vaya horadando políticamente la adhesión de la base electoral del actual gobierno, creando un escenario de creciente incertidumbre sobre el resultado eleccionario del año que viene. Un salto cambiario acotado, seguramente, protegería en algo a la industria, pero también impulsaría alzas adicionales en los precios minoristas, lo que reforzaría el deterioro electoral del mileísmo. Además, esa devaluación acotada podría estimular una mayor oferta de divisas de los exportadores, pero al mismo tiempo encarecería la compra de esas divisas por parte del gobierno, que debería disponer de más pesos para seguir juntando divisas.
En síntesis, el temor en la derecha es a los propios fantasmas de los mercados: 1) Van a tener miedo porque sigue anémica la actividad económica, lo que hará que la gente cada vez se banque menos al gobierno que les vendió humo económico, y crezca la posibilidad de que Milei pueda perder las elecciones; y 2) van a tener miedo a que el gobierno mantenga una política económica que le impida conseguir los suficientes dólares para aumentar las reservas y despejar todas las dudas sobre un eventual impago por parte del país a los acreedores privados y al propio FMI.
Los dos tipos de temores convergen directamente en un solo pánico, por ahora imaginario: los mercados asustados desarman sus posiciones en pesos, o retiran sus fondos de los bancos, y se abalanzan sobre las reservas —insuficientes— del BCRA. Un curioso escenario de hecatombe de los economistas más brillantes de la historia.
Hoy, la tesis mileísta de que ajustar a la población sin límites, con políticas dogmáticas y aventureras, es perfectamente compatible con un robusto y fiel acompañamiento electoral, parece haber entrado en crisis incluso entre sus fieles creyentes.
La propiedad de la tierra
Están frescos los episodios de esta semana en torno a la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Lo que parecía un episodio legislativo más, en el que el gobierno mileísta lograría otra vez pasar leyes lesivas para el país a través del Parlamento, se complicó seriamente, en forma inesperada.
Las dificultades llegaron a un punto tal que dos temas clave para los intereses que operan a través del gobierno fueron directamente descartados: la venta sin límites del territorio nacional a extranjeros y la quema sin límites de bosques para asignarlos rápidamente a otros negocios privados.
Hace dos semanas, en el artículo llamado “El mar escondido”, aludimos a un sentimiento de pertenencia colectiva, que se había expresado en el cartel exhibido por la selección nacional “Las Malvinas son argentinas”, y que se había puesto en circulación en la sociedad. Algo vinculado al sentimiento de patria, que se conectó con lo que empezó a verse como un intento de despojo al país promovido por el gabinete de Milei.
El gobierno se las había arreglado bastante bien para que nadie supiera qué se escondía detrás del pomposo nombre de la ley, y hay que convenir que la oposición tampoco había hecho mucho para que se conociera. La “democracia” argentina funciona así: con un ciudadano que no sabe nada, al que no se convoca, cuya opinión no interesa, y al que se mantiene en las tinieblas de la ignorancia política.
Pero nos vamos enterando de la enorme extensión de la reacción en las bases de la sociedad, como una ola que creció de forma inesperada, involucrando a muchísima gente que habitualmente no se siente convocada por la “cosa pública”, y que se metió decididamente a opinar y expedirse sin cortapisas. Evidentemente, ha sido muy fuerte, muy popular, el rechazo a la extranjerización, ya que logró trascender los espacios de la militancia y la politización tradicionales para extenderse mucho más lejos, y ejercer fuerte presión moral y política sobre todo el arco político.
No fue otra cosa, sino esa ola de opinión popular masiva, lo que actuó sobre los gobernadores y senadores colaboradores de siempre del gobierno, quienes, cálculo político en mano, decidieron no subirse a la pira preparada para incinerar los proyectos entreguistas del mileísmo.
Por supuesto que otros ingredientes van contribuyendo a aumentar la combustión del proyecto oficialista, como la noticia de que el senador libertario Joaquín Benegas Lynch —una familia muy cercana al corazón de Milei— “encabeza una madeja de sociedades para explotar y vender campos” e interesar a compradores extranjeros en la venta de terrenos en la Argentina, según consignó un periódico financiero.
Como toda derrota de este gobierno, puede ser transitoria, ya que jamás abandona sus objetivos, porque sus mandantes tampoco lo hacen. Puede volver con estas mismas ideas, disfrazadas con otros títulos, en otro momento. Dependerá mucho de la coyuntura política y el clima social. O en el próximo mandato, si lo hubiera.
El gran dato es que existe un contexto positivo de reacción de la conciencia nacional, que vuelve a renacer desde niveles muy bajos. Si no, Milei no hubiera llegado tan lejos.
En lo inmediato, se evita que las grandes potencias, a través de grandes empresas o de multimillonarios, adquieran más derechos sobre el territorio argentino, que luego pueden ser esgrimidos para justificar futuras intervenciones o graves sanciones contra nuestro país. Con el botón de muestra de lo ocurrido con Joe Lewis, atornillado en Lago Escondido, o con el cerco financiero que armaron los fondos buitres contra el gobierno de Cristina, ya es suficiente. Ya sabemos cómo actúan.
La oleada de opinión patriótica masiva también hizo fallar al método mileísta de lograr aprobar leyes en el Congreso de la Nación. Lo describió el senador nacional Gerardo Zamora en el cierre de campaña del Frente Cívico en las recientes elecciones en Santiago del Estero: "Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Jujuy son provincias colaboracionistas. Le tienen que apoyar las políticas económicas que van en contra de tu propia gente". El ex gobernador Zamora agregó: “Esas cuatro provincias no pudieron pagar el aguinaldo y debieron pedir un nuevo préstamo al gobierno nacional, (...) [que] te quita cien, te presta diez, te cobra intereses y además le tienen que apoyar las políticas económicas que van en contra de tu propia gente, de tu propia provincia, de tus propios ciudadanos".
Otro dato político que se verificó el jueves es que el gobierno está decidido a evitar por la fuerza movilizaciones importantes de la sociedad en su contra. Decidió comenzar a reprimir en forma temprana, a las 17 horas, para evitar que se aglomerara una multitud que presionara aún más contra la propuesta oficialista. No caben más versos: la represión no es una reacción “profesional” de las fuerzas del orden frente a la violencia de los manifestantes. Es la estrategia permanente de un gobierno crecientemente impopular, que no quiere que la oposición social se empodere y vuelva a tener peso en la escena política nacional.
La palabra soberanía
Esta ola de dignidad nacional que de pronto ha surgido, defensiva ante el intento de desguazar físicamente la nación, debería poder extenderse para comprender que nuestro país debe retomar el control sobre su propio destino, y no dejarlo en manos “de la globalización”, cuyos motores reales son las grandes empresas de los países industrializados y los propios Estados centrales.
Abandonarse a las fuerzas de la globalización es poner nuestro destino en manos de poderes empresariales y políticos concentrados, cuyos intereses difieren de los nuestros.
La soberanía no es el territorio. Es un concepto político: es poder autodeterminarse.
Se podrá decir que vivimos en un mundo extremadamente interrelacionado, y que al ser periféricos, carecemos de algunos instrumentos económicos, tecnológicos, financieros, importantes para poder ejercer una soberanía plena.
La realidad internacional nos indica que nadie en el mundo actual es plenamente soberano, y que hasta las dos grandes potencias dependen de la otra. Lo que no quita que aspiren al mayor grado de autodeterminación posible.
En cambio, en nuestra periferia latinoamericana colonizada florecen las ideas vinculadas, no a fortalecer la autodeterminación, sino a profundizar la dependencia, como hace todos los días este gobierno de la derecha argentina.
Lo advirtió hace tiempo Aldo Ferrer: una precondición para emprender el camino del desarrollo económico y social es contar con pensamiento propio, con una lectura propia del orden global y del lugar que nosotros queremos tener en él.
Ferrer lo planteó en el terreno de la economía, así como muchos otros pensadores nacionales ya lo habían planteado con la meta de construir una nación soberana.
La soberanía es una sola, y es integral.
No se puede hablar de soberanía y vender el territorio.
No se puede hablar de soberanía en las Malvinas —como hizo la última dictadura— y extranjerizar la economía del territorio continental.
No se puede hablar de soberanía y endeudar brutalmente al país, como hacen sistemáticamente los gobiernos neoliberales.
No se puede hablar de soberanía y destruir la salud de sus habitantes, como hace este gobierno.
No se puede hablar de soberanía y degradar la vida de millones de niños que son quienes deberán continuar, mejorar y defender nuestro país.
No se puede hablar de soberanía y socavar las industrias culturales, el mundo académico y el científico. Es atentar contra el cerebro de la nación.
Este gobierno quiere que en la selva de la economía mundial, la Argentina sea un bicho que no tiene garras, que no tiene cuernos, que no tiene dientes, y al que además seduce el olor de sus propios depredadores.
Los que dicen que están de acuerdo en general con “el rumbo” de esta administración tienen que asumir que están a favor de la extranjerización de la tierra, de la quema de los grandes bosques con fines de rentabilidad inmobiliaria y con la destrucción de los glaciares para mayor provecho de las mineras extranjeras y de los países industriales.
Hoy, recuperar la independencia nacional y la autodeterminación requiere superar la intoxicación de pensamiento colonial que permitió la llegada del cipayismo al gobierno, y arrebatarle el manejo de algo tan importante como es el destino del pueblo argentino.
--------------------------------
Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí