Terrorífico

Rodríguez Larreta, mentiras con gestos impostados y desobediencia política y jurídica en cadena nacional

 

Otro enemigo del pueblo

El lunes 12 de agosto de 2019 los resultados de las PASO anticipaban la derrota del gobierno en las elecciones presidenciales que vendrían. Ese día, Mauricio Macri se dedicó a desvalorizar a la aplastante mayoría que no lo había votado diciendo de esa alternativa: “No tiene credibilidad (…) y es tremendo lo que puede pasar”. Fue la incontenible revelación de su carácter antidemocrático.

El domingo siguiente publiqué en El Cohete la nota “Un enemigo del pueblo” usando como metáfora al drama de Ibsen: “Por un momento pudimos ver, espantados, el rostro que estaba detrás de la máscara de Macri y que está detrás de las máscaras de Trump, de Bolsonaro, del FMI, del Banco Mundial, y de las corporaciones financieras, militares, energéticas, biotecnológicas y mediáticas del mundo globalizado. Es el rostro desnudo de ese enemigo del pueblo que espera en el mundo al que Macri quiso llevarnos por un único camino al que la voluntad popular decidió abandonar”.

En aquellos días estábamos libres de la mortandad de esta pandemia, pero ahora, ante la memoria de los 60.000 muertos que sufrimos, el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha puesto en acto toda aquella potencia maligna y destructiva para conmoción de la Argentina. Para los que somos mayores, fue la versión civil en democracia de aquel desprecio por la vida que padecimos con el Terrorismo de Estado de la dictadura cívico-militar de 1976-1983.

 

 

¿Dónde están?

En los trece minutos y veintidós segundos de la proclama de alzamiento del domingo 18 de abril Horacio Rodríguez Larreta no pronunció nunca entre sus abstracciones a la palabra muertos, aunque la norma contra la que se rebelaba se dirigía a proteger ni más ni menos que vidas. Y eso aunque en las saturadas terapias intensivas de todo el país y en especial de la ciudad bajo su gobierno, mientras él hablaba, los agotados trabajadores de salud observaban con dolor cada día la muerte de centenares de personas.

Ese ocultar la muerte, esa muerte desaparecida, no fue un equívoco, ni un capricho, ni la concesión de un moderado al ala dura de su partido, ni una descuidada negación, como nunca lo ha sido el ocultamiento de la muerte. Fue el momento que Larreta y su Consejo Áulico creyeron indicado para la acción de su atentado contra la población revelando una ambición política alimentada en los nueve círculos genocidas del neoliberalismo. Un movimiento de explotación que se construye sobre el desprecio de la vida humana y la muerte de los que tengan que morir, axioma que no es más que la reformulación agravada de los despidos masivos del vivir de los trabajadores, materia en la que Larreta y Macri se educaron a puertas abiertas.

 

 

Su desobediencia política y jurídica en cadena nacional agitó en la comunidad sus peores instintos y sus más oscuros temores, y en modo contrario a sus falsos dichos convocó a abrir las puertas de la ignorancia. Fue la puesta en acto del terror en una escenificación como aquella de la escena final en la película Joker, con cuyo personaje que desprecia la vida y llama a la desobediencia civil tantas veces se lo ha asociado aunque antes lo era por su máscara y ahora lo es y lo será por la develación de su rostro inhumano.

 

 

Primero, la vida

Con el Libro I del Tratado Hipocrático Epidemias (hacia finales del siglo V a.C.) los médicos aprendimos que lo que vaya a ocurrir en una epidemia se debe investigar describiendo lo pasado, conociendo lo presente y pronosticando el futuro, y que debemos ejercitarnos respecto a las enfermedades en dos cosas: ayudar o al menos no dañar. Los veinticinco siglos posteriores profundizaron el conocimiento médico en modo maravilloso y sin embargo aquella enseñanza sigue teniendo plena vigencia. Ayudar y no dañar.

Los médicos también utilizamos la palabra kairós, aprendida de la medicina griega antigua, para referirnos a la elección del momento oportuno para actuar por el bien del paciente. Y desde ese marco se entiende al 18 de abril como el kairós de una elección aunque maligna. Al hipostasiar a la presencialidad en la educación, Larreta destruyó en un solo movimiento la noción de sociedad y sujetos de derecho, y al valor de la vida humana como sustrato material del goce de todo derecho y fundamento de toda sociedad, política y cultura.

Por eso es que mientras decía que “todas las decisiones que tomamos son basadas en los datos, en las evidencias” y “todos los expertos del mundo coinciden en eso” (la escuela no contagia), queriendo dar fuerza a su engaño y sus mentiras con gestos impostados de mal actor, lo que estaba ocultando era a los 10.000 muertos de la ciudad de Buenos Aires, a los centenares de pacientes que estaban muriendo y a los que irían a morir.

Estaba mintiendo y engañando a la población en su bien más preciado. Su ministro de Salud se lo habría dicho: si quería basar sus decisiones políticas en datos y evidencias, los más robustos en el campo de las investigaciones en salud son los que tienen como punto final de evaluación a la muerte individual y a la mortalidad de un colectivo. No hace falta siquiera ser investigador para intuirlo. Cualquiera se da cuenta de que los 10.000 muertos en su ciudad eran el dato más duro en su evidencia para guiar las políticas públicas en la pandemia.

Un funcionario público debe hacer política y no manipular la ciencia en modo inescrupuloso. Como político tiene la obligación de considerar todos los datos y evidencias y con ellos establecer prioridades. Y la prioridad de todo político, sea del partido que sea, debe ser la vida de las personas. Usted lo sabía y lo sabe, Larreta. Por eso lo suyo y lo de su círculo es antipolítica o indiferencia ante la muerte.

 

 

Diálogo, gustos y planteos

No era verdad que abrir las escuelas no tiene impacto alguno en la propagación de la epidemia como lo han señalado numerosos estudios y las políticas de tantos países. Pero el problema más grave de su decisión es que aún si por vía hipotética se quisiera poner en debate a distintas interpretaciones sobre la cuestión en el ámbito científico, lo cierto es que los valores en juego en su disputa eran la vida y la educación. Y que en el peor momento de la pandemia el gobierno federal había optado ante toda duda y en modo precautorio por la vida. Y que siempre ante la duda se debe proteger al bien mayor como supuesto elemental de toda ética.

Pero usted, negando a los muertos, a sus seres queridos y a todos los que trabajan y cuidan la vida propia y de los otros, eligió priorizar en modo terrorista un valor que como la salud y los hospitales públicos no sólo nunca defendió sino que persiguió y trató en modo inhumano, como lo comprobaron trabajadores de salud y pacientes con la represión del Hospital Borda. Aquello no fue un exceso. Hoy queda más claro que nunca: es su identidad.

Usted se mostró indignado por no haber sido consultado por el Presidente antes de firmar el DNU de la discordia y repitió su convicción de diálogo con la actuación de nuevos gestos que buscaban dar fuerza emocional a su disociación ideo-afectiva. En ese momento recordé la nota “Desmentir el diálogo”, que publiqué el 27 de mayo de 2018 en El Cohete, en la que analizaba que el 10 de diciembre de 2015, en su mensaje de asunción presidencial, Mauricio Macri había convocado a todos los argentinos a poner en marcha “un tiempo de diálogo” para después endeudar al país sin consulta alguna, y que María Eugenia Vidal y usted se declaraban “dispuestos al diálogo” mientras ella imponía paritarias desvalorizantes a los docentes y usted decía que no rediscutirían paritarias mientras reprimía a los trabajadores del transporte subterráneo por resistirse.

En esa nota analizaba el significado verdadero de la idea de diálogo y el falseamiento de la misma por parte de los tres, cuando con una apariencia de cercanía y correspondencia para la búsqueda de la verdad y la justicia buscaban imponer dogmáticamente a una razón sobre otra. Es lo que le hizo notar la periodista Daniela Ballester a Diego Santilli al entrevistarlo el viernes 16.

 

Daniela Ballester entrevista a Diego Santilli.

 

DB: Si han pedido una reunión para dialogar con el Presidente de la Nación ¿por qué ya tienen decidido recurrir a la justicia?

DS: Porque si el Decreto sale de esa manera la definición es esa… Nos hubiera gustado que nos consulten

DB: (Pero) hay algo que sucedió hace poco que luego de una reunión en la que ustedes acordaron las medidas con el Presidente y lo que habían planteado a puertas cerradas no fue lo mismo que sostuvieron después en conferencia de prensa y hablo del horario nocturno.

DS: Nosotros cumplimos con lo que planteamos… que en los locales no puede ingresar nadie después de las once de la noche pero que el comensal que está allí se puede quedar hasta las doce.

DB: Pero usted reconoce que era una diferencia fundamental con lo que planteaba el gobierno nacional…

DS: No, no, yo reconozco que era lo que nosotros planteamos…

 

 

 

 

Como los militares de otros tiempos, el PRO hace planteos. Enuncia algo y lo ejecuta con independencia de lo que sostenga su interlocutor aunque se trate del Presidente de la Nación y se esté analizando el impacto de una pandemia sobre la vida de las personas. Y si no puede ejecutarlo por vía directa acude a cualquier vía que le lleve a imponer lo que desea aunque sea necesario mentir, engañar, perseguir, manipular a la Justicia o cualquier otro acto inescrupuloso. Así es su falso diálogo.

 

 

 

 

 

Escuelas abiertas, respiración cerrada

El cierre de las escuelas causó mucho daño en los niños y en algunos casos irreparable, dijo después el ministro de salud Fernán Quirós, que es médico y por eso sabe que si hay algo irreparable eso es la muerte, que se lleva con su vida todo lo que una persona junto a otras pueda intentar reparar en el tiempo.

En la pandemia que enfrentamos esa muerte que se lleva el tiempo de la vida debe llegar en una cama hospitalaria en la que se pueda luchar con todos los recursos disponibles para darle el nivel más alto posible de atención a cada enfermo. Y entre esos recursos destacan los respiradores mecánicos que horas antes de su proclama Larreta sabía que se habían agotado en la ciudad, como le había informado Quirós, que acababa de pedirle 60 al gobierno nacional porque ellos les había cedido 50 de los suyos al sector privado.

Por eso Larreta también sabía que en pocos días se agotarían las camas de terapia intensiva de los hospitales públicos y se haría visible el dato y la evidencia de su colapso. Aumentaron las derivaciones, contrataron camas de cuánto establecimiento pudieron, quisieron privatizar un sector del Muñiz, hicieron cuanto pudieron para seguir diciendo que los hospitales públicos no estaban al 100%, pero el porcentaje de ocupación de las terapias seguía aumentando y la amenaza del colapso anunciaba el inminente cierre de la boca de entrada a los hospitales. Y siendo que las puertas de los hospitales son las únicas que tienen que estar abiertas todo el tiempo en situación de pandemia, creyó que le sería útil invertir el foco de atención y poner las luces de la atención de todo un país en las puertas de las escuelas. Miserable. Canallesco.

 

 

 

 

 

Quiero decirle, Larreta

Con usted no corresponde entrar en un debate de datos y evidencias, que si fuera de buena fe mostraría la falsedad ético-política de sus dichos. Y no corresponde porque en defensa de los intereses que representa usted manipula perversa y cínicamente todo dato y evidencia. Por eso le menciono, aunque la ignore y no le importe, una cita de origen latino con veinte siglos de antigüedad y consenso sin necesidad de diálogo alguno que en toda escuela de filosofía se enseña en la primer clase: primero vivir, después filosofar (Primum vivere deinde philosophari). Ese pensamiento latino se basaba en los griegos y su Paideia, esto es, en el lugar central de la educación para la armonía de la sociedad. Pero ni griegos ni latinos apelaban a esa educación para ignorar la verdad fundamental de la prioridad de la vida. Es el pragmatismo que su política representa el que muestra perversamente en nombre de la escuela a la mayor e imperdonable de las ignorancias.

Los trabajadores de la salud tenemos la misma variedad de creencias y posiciones políticas que la sociedad en la que vivimos. Pero nuestras profesiones enseñan y obligan a un respeto universal de la vida y la salud de las personas. Sólo actuamos como buenos profesionales en tanto atendemos a toda persona en situación de enfermedad o con amenaza para su vida sin distinción alguna, sean de la condición que sean: pobres o ricos, blancos o “negros”, nacionales o extranjeros, empresarios o trabajadores, heterosexuales o transgénero, y hasta asesinos o genocidas. Eso nos enseña a querer al otro en la vida y la salud de su cuerpo aunque tengamos diferencias con sus ideas y sus actos. Ese es el principio fundamental que nos permite la unidad en la más amplia diversidad de ideas políticas.

 

 

El buen político tiene el mismo mandato universalista de trabajar por la vida y el bienestar general de la población con independencia de su partido. Eso debería permitir la unión nacional de la democracia en la diversidad de ideas políticas. Pero sabemos de las transgresiones a esa obligación y usted y varios de quienes lo rodean en su partido lo acaban de demostrar de la peor manera convocando a la anti-política.

Y con eso usted ha ofendido en modo repudiable a todos los trabajadores de salud que hoy como siempre dedican su mayor esfuerzo a proteger la salud y la vida de todas y cada una de las personas. Ha ofendido a todo ciudadano respetuoso de la vida y el vivir en una comunidad justa de ayuda mutua. Y ha ofendido en su dignidad a todo ser humano. Por eso es repudiable.

Usted se ha declarado enemigo del pueblo y no ya de su ciudad sino del pueblo de la Nación. Y si acaso se propone emular al actual Presidente de Brasil será un enemigo de la familia humana. Su desprecio por la vida le priva de la integridad debida para ser funcionario público y por eso es que no tiene las virtudes que se exigen para ocupar el cargo que ocupa ni el que dicen que persigue la desmesura de su ambición política.

Ni usted ni ese pequeño grupo que lo acompaña en su ofensa del orden y la moral pública para perjuicio de terceros tiene esas virtudes cívicas, aunque llegue al cargo que ambicione como otros han llegado con el apoyo y el manual de operaciones golpistas de un país extranjero y la ayuda de grupos de poder mediático y económico amparados por las decisiones de jueces venales. Jueces que acaso intervengan ahora para no aplicarle la norma que más allá de toda duda razonable corresponde a su conducta: “Será reprimido con prisión de seis meses a dos años el que violare las medidas adoptadas por las autoridades competentes para impedir la introducción o la propagación de una epidemia”. Sería justicia con los vivos y con los muertos.

 

 

 

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