Un amor imposible

De cuernos, desamores y las peores cuatro palabras del idioma: “Más vale que hablemos”

 

“Que cosa es el amor, medio pariente del dolor”.

(A nadie, Liliana Felipe.)

 

 

Hace un tiempo el colega Sebastián Lidijover me acercó dos libros de Nora Ephron que no había leído pero que en estas vacaciones me acompañaron y me hicieron reír y pensar. Uno se llama Ensalada loca y está integrado por agudas observaciones periodísticas sobre fenómenos socio-culturales en los Estados Unidos de los años ‘70. El otro es Se acabó el pastel, la única novela de la autora (Nueva York, 1941-2012). Los leí rápidamente y los dos me gustaron por igual, al punto que de inmediato los recomendé y los presté. En especial la novela me permitió establecer que Nora y yo no solo éramos contemporáneos, sino también conocidos y compinches de toda la vida.

Voy a contar algo que me pasó y no me sorprendería que creyeran que me volví loco: creo que me enamoré de Nora Ephron a través de su alter ego, la protagonista de su ficción, Rachel Samstat, judía neoyorquina, hija de un actor retirado y de una madre representante de artistas demasiado específicos: enanos o con cicatrices. Rachel es periodista, además de exitosa autora de libros de cocina, especialidad que también desarrolla en la televisión pública. Nora es su doble, y lleva ese nombre tan común en una época, lindo, recordable, corto. De esa misma manera se llamaban (se llaman) tantas Noras argentinas que pasaron por los barrios sentimentales que frecuenté. Como cabal cumplidor de buena parte de los estatutos de las décadas del ‘60 y del ‘70, Rachel está embarazada de siete meses. Mientras espera a su segundo hijo, percibe que algo huele mal en su vida matrimonial con Mark Feldman. Su pareja es un reconocido e influyente periodista de investigación que cuando no está en aviones entre Washington y Nueva York frecuenta los salones políticos más vinculados al poder. Como si todo eso fuera poco, Mark se enamora de Thelma, la mejor amiga de su mujer. El diálogo de Jonathan (esposo de Thelma, funcionario de gobierno en temas internacionales) con Rachel es de un elevado porcentaje de desolación, a la que solo salva el refinado sentido del humor de la mujer, cultora de la vital idea de que risa-mata-victimización. También prueba que, aquí y en especial allá, a 12.000 kilómetros de distancia aérea, en donde se deciden parte de los padecimientos del mundo, toda metida de cuernos es política.

 

La escritora, guionista y directora de cine Nora Ephron.

 

Es válido pensar que la novela tiene una fuente de inspiración en la propia vida de Nora. Su segundo marido fue el periodista Carl Bernstein, el mismo que con Bob Woodward construyó esa fenomenal investigación conocida en todo el mundo como “el Caso Watergate”. Y así como puso en jaque a los Estados Unidos, un mal día pateó el tablero matrimonial con la primicia más difícil de soportar para quien era su lectora cercana: le confiesa que está chiflado por otra. Entre llantos, dolores difíciles de reparar y propósitos de venganza, Nora arma una historia que se balancea con habilidad, sensibilidad y humor entre la más cruel verdad y la más irreverente imaginación. Rachel establece que “más vale que hablemos” son las peores cuatro palabras que hay en nuestro idioma. Y Nora le confiesa a un amigo que los temas de candente actualidad la agobian. “No me hables de Irán –le comparte, como si se lo estuviera pidiendo a su esposo–. Nada podría interesarme menos”. A ambas, la Nora de la vida y la Rachel de la literatura, lo que les importa es el amor y, especialmente, el desamor. Le importa su hijo Sam y el que lleva en su panza que, mala sangre mediante, y como si hubiera algún apuro, llegará al mundo prematuro. Y mucho le importa la cocina. A lo largo del libro se publican 15 recetas, empezando por una justiciera reivindicación de las papas. “Nada como un buen puré de patatas (papas) cuando uno está triste”, receta, y sugiere otras posibilidades: papas hervidas, papas asadas, papas ralladas y fritas, papas a la suiza y a la francesa. Y unas papas cortadas en rodajas muy finas a las que llama Anna.

Nora, que pena que nunca nos conocimos. Tendría tantas preguntas para hacerte. Algunas como ejemplos, pero hay muchas más: ¿qué cosa es un príncipe judío?; ¿y una princesa?; princesas y príncipes judíos, ¿son igualmente reconocibles en Manhattan y en Villa Crespo?; ¿es cierto, como afirmás en el libro, que “el matrimonio son pedazos rotos que se vuelven a pegar”?; ¿está chequeada esa estadística tan inquietante que en cualquier noche neoyorquina 200 mujeres salen a buscar a un solo hombre disponible?; ¿y qué pasa si dan con él? Además de preguntarte me gustaría agradecerte el guión de la película Cuando Harry conoció a Sally y tu tarea como directora de comedias tan encantadoras como Tienes un e-mail, Algo para recordar, Sintonía de amor y Julia y Julie. En estos días busco con ahínco la versión fílmica de la novela, estrenada en 1986 y protagonizada por Meryl Streep y Jack Nicholson.

Los dos libros de Nora Ephron se ocupan de cuestiones existenciales, sorprendentes, variadas, luminosas, amargas, de resolución compleja o imposible, siempre muy actuales. Y especialmente en Se acabó el pastel habla del amor. Eso que en los días que corren parece una anomalía difícil de abordar. Aunque para personas como Nora y como yo –somos de la misma generación– continúan siendo bastiones de resistencia. Ya lo dije: leer a Nora Ephron en el verano 2023 me resultó muy placentero. Pero entre su lectura y yo hubo un pequeño obstáculo que aprendí a sortear. Publicados por Anagrama, viene traducida de España. Mal que mal a tomar por culo, patatas y gilipollas se entienden porque las escuchamos bastante en películas y series, pero chalado, quejica, pelmazo o manitas son de interpretación más difícil. Y ni hablar de ese verbo que lo españoles usan en lugar de agarrar. Más allá de esta dificultad menor me gustó mucho meterme en la vida de la dura, imprevisible y chistosa Rachel Samstat. Porque de ese modo –franquicias que la literatura ofrece– por un rato me creí enamorado de Nora Ephron.

 

El libro que pinta una época en Estados Unidos y en el mundo.

 

 

 

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